Había desaparecido, se impulsada en el cosmos como una flor, cuyos pétalos dejaban de existir en su alma, sus ojos azules estaban enlazados con lo que tenía en frente, pero… incluso eso, ella no sabía qué era eso que estaba en frente de sus ojos, veía estrellas, veía galaxias, podía admirar aquello que el ser humano nunca pudo mirar, y que si lo viera de por sí, no comprendería tal belleza, las luces eran claras, brillantes, demasiado brillante, ella tenía miedo, no sabía dónde estaba, donde iba, cuál era su destino, lo recordaba nada de lo sucedido, era una con el espacio, la oscuridad la invadía, pero aquella oscuridad, muy diferente a la oscuridad humana, era una oscuridad pacífica, un limpio color negro, no había ruido, no había sonido, sus oídos, que aún no desaparecían, estaban tapados de la falta de necesidades corporales que obtenemos en nuestro cuerpo terrenal llamado Tierra, no podía comprender donde estaba, incluso sentía como el frío espacial chocaba con sus rojas mejillas pero con una increíble suavidad, era una brisa, muy diferente a la que nos produce el viento, esta brisa no le molestaba, sentía las caricias de su hermana, a quien amaba con todo su corazón cuando estaba en ese lugar terrenal, ya la extrañaba, incluso después de haber recordado a su hermana, seguía confundida, no sentía las extremidades, no sentía su cuello, solo alcanzaba a mirar su nariz y de reojo su pecho, estaba desnuda, está materializándose con el entorno cósmico, poco a poco comenzó a cerrar sus ojos, no mencionó nada, no gritó por ayuda, no sintió la necesidad de llamar a alguien, ni siquiera a su hermana, quien la recordaba, de espaldas, en frente de ella, junto a un hermoso prado de lavandas, su cabello era negro, liso y largo hasta la cintura, ese color negro destacaba con su piel pálida como las nubes en medio de la primavera, de esas que uno, en los campos suele observar figuras, sintió como su hermana se alejaba caminando al sol, de pronto aquel resplandor se cerró y solo se alcanzó a sentir la nada nuevamente, aquel silencio, ese horrible y hermoso silencio incomprensible para el ser humano, era increíble lo que estaba sucediendo, primero despertó y estaba ahí, luego, en su piel ya marchita y mezclada con el polvo estelar, comenzó a desaparecer como las cenizas de un muerto, siendo guiadas al viento, donde la rosa de los vientos la oriente, solo quedaron dos círculos azulados, maravillosos, hermosos, cristalinos, divinos, azules como el cielo mismo y profundos como el océano, eran sus ojos, que veían todo, todo aquello que va más allá de la ciencia humana, imposible de narrar aquellas maravillas inexplicables, ella desapareció, ¿Pero dónde estaba?.