El bello proceso de la fabricación de agua por parte de la naturaleza comienza a impactarlo a uno tan pronto se pasa por la Tribuna y se inicia la bajada hacia Albán.
Una neblina centinela se hace presente a lo largo del camino, disipándose, a veces, para dejar ver el insospechado e infinitamente cautivador paraje que poco a poco, y gota a gota, destila el preciado líquido que nos da y sostiene la vida: ¡agua!, ¡agua pura!
Pero, solo es hasta llegar a Guayabal de Síquima donde el milagro acuífero es más evidente y cautivador. Sí, este se aprecia mejor ahí, cautivando el alma de los sensibles, pocos kilómetros más abajo, y por la vía que lleva a Bituima, Vianí, San Juan, Cambao, y, por un ladito: a Chaguaní, mi cuna en donde forjé mis primeras letras y sueños.
Es en Guayabal de Síquima donde aquel festival de gotas furtivas, entre sus brumosos bosques protegidos por moras y guayabos silvestres, se unen en una sinfonía inconclusa de alegría montaraz, formando quebradas, que luego se vuelven riachuelos y torrentes, cada vez más portentosos... hasta ir a morir al sedimentado Magdalena, el río de la patria.
En aquella bucólica fábrica de agua, el espíritu se comprime... es cuando uno se pregunta: ¿Cómo no querer vivir, escribir y amar, hasta el día final de los adioses del olvido, aquí, bajo el abrigo de paz que brinda este paisaje?
Hasta ese escondido remanso llegó wrenciso.com y su iniciativa literaria: "Una novela para cada escuela" para donar a la biblioteca municipal 3 de sus obras, con el sello de +Pukiyari Editores/Publishers y @Ani Palacios Mc Bride.
Obras disponibles en Amazon.com, wrenciso.com, tiendas de internet y [email protected]
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