Tómalo o déjalo, pero de igual manera éste es mi consejo para ti
Si decides realmente dejar una marca de fuego grabada sobre su cuerpo, pues entonces haz de cuenta que el tiempo no existe, abre tus manos, acaricia su cara, lee su cuerpo línea por línea, deja que las yemas de tus dedos sientan la calidez de su piel, y toca cada punto que erice su alma, deja que también te toquen y exploren cada centímetro de tí.
Escribe sobre su cuerpo, de pies a cabeza, versos que no se puedan borrar, sin dejar ningún rincón por tocar; siente su aroma, fúndete en su cuerpo sin temor y deja que fluya ese caudal de miel.
Bebe sorbo a sorbo de ese infinito manantial.
Ríndete a la conquista del verdadero placer.
Sentencia cada fibra de su ser a que lleve tu nombre y no lo pueda olvidar ni en otro infierno, ni en otras sábanas, ni con otros demonios, condena su cuerpo a sentir que se quema cada vez que tu recuerdo aparezca.
Pero si en cambio recorres el camino a medias, y dejas que el calor se apague cuando el amanecer llega, serás tan solo un recuerdo que se irá con el paso de los días, por desperdiciar todos los sentidos que allí se disponían.
Si quieres convertirte en olvido y quieres que rápido huyan de ti, deja todo a medio hacer, apura los tiempos, no te demores, quédate con lo básico y lo más aburrido.
Te negarás el privilegio más grande, puesto que cuando un cuerpo es grabado con fuego, el recuerdo pasa a ser para siempre inmortal.
Eres tú quien decide, si ser un “momento” que se desvanecerá; o uno que su cuerpo jamás olvidará.
Si decides realmente dejar una marca de fuego grabada sobre su cuerpo, pues entonces haz de cuenta que el tiempo no existe, abre tus manos, acaricia su cara, lee su cuerpo línea por línea, deja que las yemas de tus dedos sientan la calidez de su piel, y toca cada punto que erice su alma, deja que también te toquen y exploren cada centímetro de tí.
Escribe sobre su cuerpo, de pies a cabeza, versos que no se puedan borrar, sin dejar ningún rincón por tocar; siente su aroma, fúndete en su cuerpo sin temor y deja que fluya ese caudal de miel.
Bebe sorbo a sorbo de ese infinito manantial.
Ríndete a la conquista del verdadero placer.
Sentencia cada fibra de su ser a que lleve tu nombre y no lo pueda olvidar ni en otro infierno, ni en otras sábanas, ni con otros demonios, condena su cuerpo a sentir que se quema cada vez que tu recuerdo aparezca.
Pero si en cambio recorres el camino a medias, y dejas que el calor se apague cuando el amanecer llega, serás tan solo un recuerdo que se irá con el paso de los días, por desperdiciar todos los sentidos que allí se disponían.
Si quieres convertirte en olvido y quieres que rápido huyan de ti, deja todo a medio hacer, apura los tiempos, no te demores, quédate con lo básico y lo más aburrido.
Te negarás el privilegio más grande, puesto que cuando un cuerpo es grabado con fuego, el recuerdo pasa a ser para siempre inmortal.
Eres tú quien decide, si ser un “momento” que se desvanecerá; o uno que su cuerpo jamás olvidará.