A principios de años algo desmotivado y sin ganas de continuar con esta actividad que tanto me apasiona decidí retomar mi escritura y desarrollé un poema relacionado al proceso de la muerte, claro, no soy nadie para hablar de ella sin haber experimentado algo similar pero me base en mis pesadillas y las sensaciones que ocasionaban mis paralisis del sueño, caracterizando la muerte como una entidad física y viva, detallando su actuar que en principios puede ser muy violento y aterrador o sigiloso y arrazador pero que se va tornando tan calmado y atrayente aludiendo al hecho de aceptar su presencia y su abrumadora llegada que sin avisar de apoco nos consume.
Delirios con la muerte.
Me miró tan profunda y penetrante, liberando la consciencia de las sogas que la atan a este saco de carne que sólo es calcio y organo, tejidos, venas, sangre, tripas con hambre, un par de heridas que arden, ojeras en su enjambre.
Me sentía preso de un peso que ya ni recuerdo y pronto me sentí parte de este universo que no es real ni ficticio, tan sólo texto.
Con su voz cautivadora y sensual, casi hipnotica, susurró a mi oído: "¿Aún le vez brillo al decoloro de estar vivo?" Yo no le entendía por más que sus palabras orbitasen mi cerebro, me había librado de toda carga, pero fuí esclavo de la locura y de otras cosas que hoy no entiendo.
¡Basta ya! ¡Qué te calles! Le dije en un intento de parecer cuerdo, negando que disfrutaba de aquellos delirios, de la paranoia que me aturdía, negando que la amaba, que amaba su voz, que en mi patético estado la deseaba, negando mi presente, y que la tenía enfrente.
"¿Vamos? (¿Vamos?) Ya es hora" en ecos aquella voz ahora con dulzura pronunciaba, pero comencé a sentir que era onírico lo que me pasaba.
De la fantasia al fin desperté y en jadeos recordé todo lo que antecedió, volvió a mi memoria el accidente, pero el cielo que estaba frente a mis ojos se borraba distorcionando la realidad, por más que intentase ponerme de pie el suelo me arrastraba, tratando de levantarme termine agotando la poca energía que me quedaba y entre sonidos de sirenas mis parpados sedieron.
Para cuando desperté, en la camilla de hospital me encontraba, era yo un sobreviviente a la muerte.
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¡Gracias por pasar a mi humilde post, espero te haya gustado!
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