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Poesía y experiencia / Daniel Grozo

Arte3/12/2018
¿Qué es experiencia? ¿Qué es poesía? ¿Qué es la experiencia de la poesía? y ¿Qué es la poesía de la experiencia? La filosofía en ocasiones ha pensado la experiencia y en otras ha cavilado sobre la poesía; ha intentado dar respuestas sobre lo uno o lo otro. Aquí me gustaría indagar sobre su relación si es que, naturalmente, ésta existe.
A modo de introducción daré a conocer algunas reflexiones pertinentes sobre la cuestión de la experiencia a partir de Walter Benjamin y sobre el lugar que ocupa la poesía en Heidegger.

Experiencia y pobreza


A principios del siglo pasado, Walter Benjamin advertía con notoria sagacidad que la contemporaneidad en la que se veía envuelto padecía como ningún otro momento de la historia niveles de vasta incertidumbre. La historia ya no era concebida como un devenir teleológico y lineal basado en lo racional y en la idea de progreso indefinido. Deificar la ciencia había sucumbido a millones de hombres en la miseria y a otros tantos a morir en la Primera Guerra Mundial.
La historia, ya no lineal, ya no teleológica, ya no racional, avanzaba entonces a velocidades nunca antes vistas y en una incertidumbre laberíntica. La certitud devino en extravío. El cambio que Heráclito había teorizado se dejaba observar como nunca antes. ¿Qué valor podía ostentar en ese paisaje la experiencia?

“La cosa está clara: la cotización de la experiencia ha bajado y precisamente en una generación que de 1914 a 1918 ha tenido una de las experiencias más atroces de la historia universal. Lo cual no es quizás tan raro como parece. Entonces se pudo constatar que las gentes volvían mudas del campo de batalla. No enriquecidas, sino más pobres en cuanto a experiencia comunicable.”

La quietud medieval fue extinguiéndose vez tras vez en el proyecto de la modernidad. Antes, las generaciones se sucedían y una tras otra iban encarnando prácticamente la misma vida que la anterior. Allí, en lo estático, la firmeza y la estabilidad sostenían la vida social. Era más sencillo creer en los postulados de Parménides y la valoración de la experiencia acariciaba las nubes.
Los años de Benjamin no eran el caso. ¿Se podía hablar de modernidad sin concepciones metafísicas que la respalden? Lo cierto era lo incierto. -Esa podría haber sido una actualización atinada de la célebre reflexión socrática-. La experiencia, como se ve, no va de la mano con la incertidumbre.
Muchos autores plantean que no se puede acceder al pensamiento de Benjamin sino mediante el análisis inherente de su vida, de su biografía. Benjamin viene de una tradición errante que en esa época estaba sufriendo una de las peores persecuciones nunca vistas. La condición de judío de Benjamin puede ser esclarecedora al acercarnos a la respuesta que esgrime este autor ante la pobreza de la experiencia que observa en su generación: el pensamiento mesiánico. El pensamiento mesiánico abandona las concepciones hegelianas predominantes de la realidad para entender el mundo con una idea de tiempo rupturista, una idea de tiempo relativo que es tal a partir de la irrupción de un acontecimiento que lo modifica todo. El pensamiento mesiánico se relaciona con lo kairótico. Por consiguiente, descarta los planteos marxistas tan seductores por aquellos años.

El habitar poetizante


“El decir que proyecta es un poema: el relato del mundo y la tierra, el relato del espacio de juego y su combate y, por tanto, del lugar de toda proximidad y lejanía de los dioses. El poema es el relato del des-ocultamiento de lo ente”


Si Platón en la Grecia antigua arremetió contra los poetas por distorsionar la realidad, Heidegger, probablemente el filósofo más importante del siglo XX, va a ostentar una mirada opuesta y reivindicadora de la poesía. El pensador alemán entendía que su época, aquella misma en donde Benjamin hablaba de la desvalorización de la experiencia, estaba teñida por el olvido del ser. Heidegger nos describe un hombre entregado al dominio de los entes, de las mercancías, de la técnica. Un hombre que ha sustituido la reflexión, el pensar meditativo, por un pensar calculador.
La filosofía heideggeriana hace hincapié en la existencia inauténtica que ha acorralado al hombre de su tiempo. Existencia inauténtica producto, según este autor, de la tradición metafísica predominante en todos los ámbitos del pensar humano desde, justamente, Platón. El hombre es incapaz de habitar si está sumergido en una existencia inauténtica. Éticamente (Ethos, “lugar de habitar”) no puede arraigarse.
La poesía, según Heidegger, representa el arma más eficaz en pos de la autenticidad, una herramienta fundamental contra el pensar calculador y la técnica. Aquí el poeta señala la topología del “ser-en-el-mundo”, una morada histórica de sentido y permanencia en la cercanía del ser.
Heidegger entiende que el poeta muestra la apertura del “ente” como medida del habitar del hombre, en donde él mismo debe habitar primero, y así consolidar el habitar con su palabra. La obra de arte revela un mundo, funda un mundo y lo vuelve a la tierra que es la casa, la morada, el suelo natal. Poéticamente el artista transforma esta tierra en su morada mientras la tierra oculta la permanente reserva de significaciones que esperan ser explicitadas.

El morar fundante cerca del origen es el morar original en que empieza a ser fundado lo poético en cuyo fundamento luego han de habitar los hijos de la tierra, si es que habitan poéticamente en esta tierra. El poetizar de los poetas es ahora la fundación del permanecer.



Poesía y experiencia


Encontrar poesía en la experiencia y experiencia en la poesía requiere, ante todo, definir ambas. Preguntarse por la poesía es preguntarse por el arte en general.
El arte no radica en el propio y específico acto de crear, territorio confinado al concepto de cultura, sino que ostenta un lugar preciso dentro de esta última. Es una equivocación profunda asegurar sin reparo alguno, que “todo es arte” haciendo referencia a que todo acto humano es en potencia una manifestación artística. Al contrario, es, en absoluta solidez, una manifestación cultural.
El arte se sitúa inmerso en la integridad cultural que abarca todo el quehacer humano. El arte es análisis estético. Mora exactamente en el juicio o reflexión estéticos. El artista, es entonces quien lleva a cabo la experiencia o percepción estéticas siempre que pueda describir mediante la lengua, dicho suceso.
No es propiamente artista quien crea, sino quien, de una creación propia o ajena, experimenta un encuentro con la belleza que percibe del objeto o manifestación cultural, cualesquiera sean estos últimos.
Se desprende, naturalmente, de estos entendimientos, que un creador puede ser o no un artista a medida, ¿Por qué no?, que va dando vida a su obra. A medida que se halla en conexión con la belleza incluso desde el boceto, reflexionando sobre este encuentro estético para su interior o exterior, desde la oralidad o a través del mero pensamiento. Mismamente puede ser artista el espectador de dicho proceso creativo.
Debemos apartar definitivamente las ideas de arte y creatividad. Arte no es la poesía en sí, sino más bien, la cavilación acerca de la belleza que transmite la poesía.
Ahora es el turno de la experiencia. Si hay que aproximarnos a una definición de experiencia es atinado empezar por un análisis etimológico.
Tenemos el prefijo EX que indica separación del interior. El mismo EX de Extranjero, de Exterior, de Experimentar.
La raíz PERI del verbo griego peiran que significa intentar, arriesgar, ir a la aventura. Es el mismo PERI de perito (experimentado) o jurisperito (experto en derecho).
Y por último el sufijo compuesto ENTIA. ENT es Agente. IA, utilizado para crear abstractos.
Solo hay experiencia cuando salimos de un interior, de un adentro, (EX) dejándonos tomar por la intemperie, por la vulnerabilidad en un arrojarse a la aventura (PERI), en un arriesgar. Egresar de lo que podríamos llamar “la zona de confort”, lo conocido, lo predecible y dejarnos tomar por lo no dicho, dejarnos afectar por aquello que aún no es y que solo “va a ser” en la medida que le pongamos el cuerpo a la experiencia.
Aquí nos acercamos a la poesía de la experiencia. No hay que ser un experto en arte para descubrir la belleza que habita en la experiencia.
La experiencia de la poesía tendrá que ver con el fugarse del PERÍ-metro que cerca la actividad artística y encarnar el devenir de la belleza. Arriesgarse a nuevas formas de Arte aunque el peligro sea la incomprensión, la desconexión, incluso el oprobio.


BIBLIOGRAFÍA

Experiencia y pobreza. Walter Benjamin. 1933.
De la experiencia del pensar y otros escritos afines. Martin Heidegger. 1947.
Caminos de Bosque. Martin Heidegger. 1950.
Tesis de filosofía de la historia. Walter Benjamin. 1940.
Epifanía del acaso. Daniel Grozo. 2018
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