Buenas gente les traigo un relato psicológico echo por un amigo, me gusto mucho y quise compartirlo con todos, díganme que les parece a ustedes...
He tenido ciertos problemas de nervios, debido a cuestiones del pasado que siguen atormentándome, siempre fui un hombre de exagerar las cosas, y verdaderamente, me siento ido de todo y desinteresado de lo que ocurre a mi alrededor. No me interesa nada, nadie, siento no querer, no amar, pareciera que se han robado mi capacidad de olvidar y todo lo que años antes, cercano o lejano, me ha herido, me sigue lastimando en el presente y no lo entiendo.
Me han recomendado un especialista en psicología, que hasta el día de hoy me he resistido visitarlo, no es que tenga algo contra ello, pero un poco falta de costumbre otro poco por ser reservado, me hacia tropezar con la indecisión, pero en fin, aquí estoy dispuesto.
He llegado hasta la dirección indicada, la cual telefónicamente el mismo doctor Huberto Farías me ha proporcionado. Un portón negro abierto, da paso a un pequeño halls de entrada que antecede a una escalera recta de escalones negros relucientes, primeramente un marco de doble puerta que carece de ella, exhibe una pequeña placa de metal con la inscripción: Gabinete de psicología y psiquiatría, no hay timbre ni nada que pueda anunciar mi llegada, al menos hasta este punto. Decido subir después de haberlo pensado unos minutos, llego hasta un pasillo al final de la escalera, a mi izquierda una puerta marrón oscuro, con un cartel que refiere ser el baño; a mi derecha otro letrero en letras claras dice: continuar, y una flecha señala hacia donde, hacia allí me dirijo, recto por el pasillo, hasta llegar a una puerta ancha de vidrio que deja ver del otro lado una sala de estar, me tomo el atrevimiento de pasar. Había en la sala unos sillones y asientos individuales, al sentarme en el sillón diviso de frente una única puerta con el nombre en letras doradas del especialista.
Un poco incomodo por no haberme anunciado, me quedo esperando, se escuchaba del otro lado de la puerta unas voces, que hace suponer que hay al menos dos personas, una de ellas sin dudas es la vos que por teléfono me refirió el turno de entrevista. Un tanto impaciente miro y analizo el lugar, una pequeña mesa dispone revistas y libros, me acerco para tomar uno y en tanto me aproximo empiezo a entender las palabras que desde adentro se dicen, interpreto la charla, que empieza a tener aire de confrontación. Uno de los dos hombres que ahora entiendo no es el doctor dice con entusiasmo de enojo.
_Ciertamente ya no me preocupa clarificarme nada, si me creyera ahora mismo, indagando a tal punto de estar seguro de mi locura, no me movería un pelo, porque a fin de cuentas los locos, no reconocen su locura. Escuche esto doctor, si usted no cree en el suceso que acabo de narrarle, no tiene más que pedirme pruebas fehacientes del hecho y yo con la mayor cordura posible lo aceptaría; a pesar de que la cordura en su manifestación filológica me da asco, me repugna; ¿cómo alguien puede creerse ser lo suficientemente lucido, como para tachar a alguien de desequilibrado? es esa la mayor locura, y disculpe usted si suena pretensioso emitir palabras anti doctoradas delante de un letrado, pero me es imposible tragarlas, las vomito porque me dan urticarias, las verdades no dichas que se ahogan en nuestro ser; van haciendo que floten de lo más profundo de nosotros un “yo falso” que termina a fin de cuentas devorando al “yo verdadero”.
En fin, terminare diciendo que estoy aquí solo para demostrarle a uno de ustedes, supuestos especialistas de la psiquis humana, que no siempre aquello que parece salido del ser mas perturbado de la tierra es mentira, le enseñare en nuestra próxima entrevista que todo lo narrado anteriormente es verdadero.
_Espere un momento no se vaya-dijo el doctor-puede un poco mal interpretarse el sentido de mis preguntas, no son para nada acusatorias, ni pretendo tener enemistades con mis pacientes, lo que trato en principio es que juzguen por si solos el sentido de lo que dicen. Ahora bien ¿Qué pensarías tú, o que creerías, si alguien te comenta que en el baño de su casa tiene un espejo que lo quiere matar?
_Pero no es el espejo el que quiere matarme-interrumpió el paciente- soy yo mismo atrapado en el frio cristal, es mi mente reflejada tras la oscura perturbación del vidrio…
_Entiendo. ¿Dígame entonces, como tomaría tal afirmación si se lo planteara a usted otra persona?
_ Yo miraría en sus ojos, no es en las palabras donde se encuentran las verdades de una persona, es en el destello vivo de su mirada; según lo que viera en ellos, juzgaría sus palabras y no a la inversa. Pero este juego, no quiero jugarlo, estoy sintiendo su juicio sobre mí y no quiero sentirlo, no me interesa ser paciente esta vez; tengo en claro que al venir aquí y sentarme frente a usted, me posiciona en situación de análisis, pero entiéndame, yo sé lo que parezco y entiendo que no es lo que padezco. La lucidez es cosa confusa, tampoco me considero por eso la persona más cuerda, pero en sí de los dos el que estará más confundido, será usted, no va a entender lo que ve; así como yo no lo entiendo…
_Espere, espere. Primeramente no se a que se refiere con este juego-interrumpió el doctor…
Hablaban a veces amigablemente y otras ofuscados, no tanto por parte del doctor si no de la otra persona, no entendía, por no escuchar claramente, las palabras del especialista ya que su tono era más cauto y relajado, pero la otra vos era firme y decidida, inquieta, denotaba agresividad espontanea que según las respuestas se calmaban. Estoy pegado a la puerta, creo que mi curiosidad es normal, acerco una silla y me siento y me aproximo a la puerta para escuchar mejor, siento algo de vergüenza por mi acción y me alejo, vuelvo al sillón con una revista e intento leer: “tratamiento conductual para la ansiedad y la fobia social”. No puedo, sigo oyendo desde aquí y mi atención se dirige por completo a lo que ocurre dentro de ese cuarto. Ahora es el doctor el que sube el volumen de la vos.
_Pero si usted, vino hasta mí, supongo que es para dejarse ayudar-inquirió y afirmó a la vez-¿quien le recomendó mis servicios?
_Está bien, creo necesitar ayuda, pero no confunda mi situación, no me tome por un loquito cualquiera, no tengo aires de grandeza pero tampoco soy un escarabajo. El problema ya se lo explique y para dejarlo claramente lo vuelvo a repetir y quiero una respuesta profesional de ella.
Mi propia persona reflejada en el espejo, no es mi propia persona; aunque suene ostentosa y contrapuesta. No soy yo, en imagen si lo soy, pero en sus ojos no estoy, su mirada es perturbadora me amenaza de muerte, como si pretendiera apoderarse de la situación y robarme el alma o simplemente tomar mi cuerpo y quedar “el yo original” dentro del cristal.
¿Me entiende?, se lo pregunto aunque sé no me entenderá, porque pensaría o piensa que tengo un problema psicológico, pero la normalidad es imposible de comprobar por lo tanto no lo puedo hacer…
_Aguarde-enérgico interrumpió el doctor-yo no he hecho ningún juicio sobre su persona, aun no podría hacerlo, pero lo que me incomoda o lo que me impide ayudarle, es cierta negativa que advierto en usted sobre mi profesión.
_Bueno si, es verdad, me confieso y paso a explicar el porqué, si es de su interés.
_Seria de mucha utilidad-acoto el doctor.
_ Cuando era yo apenas un chiquillo, no recuerdo desde cuando, tenia recurrentes pesadillas y sueños que me agobiaban. Una de las mas continuas, era en la que yo caía al vacío desde el vacio mismo, me visualizaba en la nada absoluta cayendo, solo cayendo, haciendo ademanes para agarrarme de algo y sintiendo cada sensación, lo experimentaba como si fuese real, no podría imaginarse usted que desesperación es caer de espaldas en lo intangible del espacio.
En fin, en mi angustia de niño, decidí contárselo a mi madre, yo vivía con ella, y con una señora que se encargaba de la limpieza y de mí en los momentos en que mi madre trabajaba.
Mi madre decidió llevarme con un especialista, un pseudo pedagogo que abrió en mi mente grietas que se llenaron de odio y rencor. El pensaba que podría tratarme como quisiera ya que mantenía una relación amorosa con mi madre, la cual lo tenía en un pedestal sublimándolo. Pero no quiero seguir hablando de ello, en parte desde allí comienza mi aberración hacia todo aquel que intenta manipular o analizar los pensamientos y conductas humanas.
Pero no es esto lo que hoy me aqueja, no tengo dudas en este punto, de la veracidad de los hechos acaecidos y que he planteado aquí, En todo caso sobran las palabras, ya no quiero hablar, me iré y volveré en una o dos horas con el espejo mismo y me dirá usted doctor lo que es verdad y lo que no lo es, si es mi reacción o mi conducta un síntoma de locura. Usted hasta ahora no ha hecho más que mirarme intrigado y pensativo, poniendo un juicio sobre mí, como si fuera yo una maquina descompuesta, en la que encontrar la pieza defectuosa seria su reto, su logro como profesional, pero no hay pieza en mi que no concuerde, solo hay un hecho planteado, hecho que mi persona asimila verosímil, y que en sus oídos suena disparatado; en parte lo entiendo para mí también lo es, pero lo descabellado no le quita veracidad.
_No es mi tarea-se antepuso el doctor con una vos amigable a las palabras del paciente-formular problemas, sino soluciones, yo veo en usted señor Ricardo, un ofuscamiento irrevocable hacia lo que respecta el tratamiento o el análisis de la psiquis humana. Es mi profesión y a la vez mi pasión, pero yo soy solo un puente entre los problemas que me plantean los pacientes, porque en realidad no puedo ayudar a alguien que afirma no tener ningún problema, y acudiendo a mí me confronta como enemigo, queriendo demostrar algo que en realidad debiéramos analizar.
_ Entiendo el punto-retomo Ricardo-aunque yo si he planteado un problema, pero este problema es tangible a cualquier persona, no es mi mente lo sé, y lo sé porque han muerto dos personas por su incredulidad del hecho, ¿si yo soy el culpable?, pues no, o no lo sé, solo sé que frente al espejo se han apagado así como por arte de magia, y los doctores no han podido, no han sabido precisar el porqué de la defunción. Y ahora me marcho, no queda más que decir; pero tenga por seguro que volveré…
Estaba yo pegado a la puerta, cuando escuche el ruido de la silla moverse, intente alejarme, pero en un segundo la puerta se abrió repentina y en mi apresurada intensión de alejarme caigo al piso torpemente, el hombre se acerca y me tiende la mano, su imagen era tísica y perturbada. De un rostro pálido, resaltaban los pómulos, como exageración caricaturesca, dos ojos oscuros, hundidos, se afirmaban fríos, y un bigote ancho amarillento, nicotínico, partía pegada de su nariz hasta el final de su barbilla.
Dijo con voz sosegada y pausada. “¿se encuentra bien?” a lo que respondí con un movimiento de cabeza y apoyándome en su huesuda mano me incorporé. Me miraba fijo, como si quisiera decirme algo, era alto y encorvado, no parecía el dueño de aquella voz que tras la puerta interpelaba enérgico al doctor. Se alejo mirándome unos pasos, luego me dio la espalda y se marcho apresurado.
Una helada sensación recorrió mi cuerpo, e hizo contraerme, quede mirando el vacio sin hallar explicación a la extrañeza de lo sucedido y el sentimiento de repugnancia que había provocado en mí aquella persona.
Siento en un momento una mano tocarme el hombro y giro asustado, allí estaba el doctor mirándome, veía su boca moverse pero no podía oírlo, a pesar de estar a unos pocos pasos; agito mi cabeza como queriendo desasirme de la sordera parcial y advierto un movimiento de sus manos que me tiende para saludarme y con la otra, haciendo el cuerpo a un costado, me invita a pasar, al serrar la puerta pude oírlo claramente.
Es un hombre pequeño de unos sesenta años aproximados, calvo con apenas unos pocos pelos canosos en los costados, cejas gruesas, el cual unos lentes exageradamente grandes amplía aun mas, recia mirada de ojos color café y una nariz ancha de rasgos afroamericanos.
Me invita a sentarme mientras se ubica detrás de su escritorio, un mueble marrón que reluce de brillo. El cuarto estaba dispuesto en forma simple, dos sillas enfrentadas separadas por la mesa, detrás del doctor, de frente a mí, una pared repleta de libros en la que apenas se percibe su color verde clarito, en discordancia con las demás paredes de un verde más oscuro.
_Bueno Carlos-me dice mientras acomoda unos papeles- cuénteme que lo trajo hasta aquí.
Yo pienso en ese instante y no se cual fue el motivo, si no habré hecho mal en venir hasta aquí, porque a fin de cuentas no tengo un problema grave, como la persona que me antecedió en la entrevista; sino sabría que responder en esta pregunta tan simple y me avergüenzo de ello, quizás debiera salir, o buscar un subterfugio que me excuse para volver otro día, si así mi ánimo lo indicara.
_En realidad, no sé si habrá sido conveniente venir hasta aquí-digo con vos tímida.
_Empecemos-animosamente prosigue el doctor-por contarme algo de usted, con quien vive, a que se dedica, y luego veremos si es de su agrado proseguir. Tómeselo con calma, no hay que forzar en estos casos la temática, son las pequeñas cosas las que llevan en germen nuestra conformación, por así decirlo.
_Mi problema es simple y escueto, en primer lugar, podría decir que son los nervios; o la fácil alteración por cosas que quizás no merezcan la pena -me quedé observando un cuadro en la pared, mientras hablaba, que algo torcido decoraba un costado del consultorio, un retrato o bosquejo de retrato que suponía la seriedad de un rostro de hombre.
Me hizo recordar al viejo Andrada o Andrade no recuerdo bien el apellido, persona detestable que en mi adolescencia he aborrecido tanto, lo veía todas las mañanas cuando salía de casa para ir a cursar la secundaria, siempre estaba sentado en su puerta mirando con ojos libidinosos a toda o todo joven que pasaba por su vereda-también es mi sentimiento de soledad a pesar de que tengo una familia, es algo que me quita el sueño, no entiendo algunos sentimientos o la falta de alguno de ellos.
_Explíqueme un poco sobre esos sentimientos y la relación que lleva con su familia.
_Tengo una sensación de vacío constante en el ámbito familiar-me quede callado unos segundos porque empezaba a desconfiar de lo que decía, o me parecía en vano decirlo o injusto, pensaba en Lucia que tanto hace por nosotros y yo aquí hablando de mi falta de sentimientos, en realidad empiezo a sentirme un poco como el paciente anterior, no tiene sentido todo esto, quizás debiera irme sin más, pagar la consulta dar las gracias y se acabó -Lucia es mi mujer con la que tengo un hijo de nueve años, no podría haber conocido una persona tan buena como ella, pero seré franco, a veces la miro como si fuera nada, ¿Puede entender lo que eso duele en el corazón?
Ser tan insensible de no sentirla cercana, cuando ella me entrega su vida y se desvive por que estemos bien. A veces me pierdo, alejándome de los dos de Lucia y de mi hijo, los veo como desconocidos, como si no formaran parte de mí, es un castigo diario prolongado muchas veces, pero no los odio, los amo con todo el corazón, y es por eso que no entiendo…
_ ¿Y podría precisar hace cuanto o desde cuando empezó a sentir esto en su familia?
_Creo que lo sentí siempre, desde que somos novios con lucia, o tal vez exagero, pero se puntualizo en la convivencia; se hizo más fuerte y punzante para mí. A veces ella, cuando me ve cabizbajo o serio, me pregunta que me pasa y yo la esquivo y le respondo, nada, porque no sé qué decirle, pienso que la lastimaría si le expreso lo que estoy diciendo aquí ahora.
Tengo miedo de quedarme aislado, siento a veces que me estoy volviendo loco, pienso en todo como un tormento, es decir la existencia misma me parece un tormento, un pesar constante. En muchas ocasiones he tenido la necesidad de irme lejos, solo, de perderme hasta de mí. Y bueno siendo sincero hasta esto me parece absurdo, en vano.
_ Hasta ahora me hablo de Lucia, en su relato aun no apareció su hijo ¿qué siente al respecto en su rol como padre, me podría decir algo sobre ello?
_ Es un poco el mismo sentimiento que con Lucia, la misma sensación, pero con la diferencia que en pablo, mi hijo, me siento reflejado; es mi viva imagen de niño, no en apariencia sino en carácter. Eso hace que a veces lo mire con desprecio, como cuando yo siendo un pequeño me miraba al espejo y me odiaba, porque no quería ser ese niño introvertido que le temía a todos y a todo, siempre tuve un complejo de inferioridad, hasta el día de hoy.
Hay otra cuestión con respecto a esto, y es que no puedo dejar el pasado atrás…
_ ¿Cómo sería eso?
_Hay situaciones o hechos que me han ocurrido, que no las puedo olvidar y no es solo que no pueda hacerlo, sino que me siguen atormentando y continúan hiriéndome. Por ejemplo, cuando yo tenía, aproximadamente, quince o dieciséis años, tenía una novia de la cual estaba sumamente enamorado, llevábamos una relación muy linda y muy profunda, el hecho es que ella quiso terminar conmigo en el momento más feliz de la relación, al menos en lo que era respecto a lo que yo sentía. Esto me provoco a tan temprana edad una inmensa desilusión y una terrible depresión.
Hace un mes atrás, yo caminaba con Lucia mirando vidrieras y hablando relajadamente, cuando de frente a nosotros por la misma vereda; la vi pasar tan hermosa como hace veinticinco años atrás, la reconocí, mi corazón la reconoció y al minuto de hacerlo se contrajo dolorosamente, haciéndome estallar en un llanto angustioso. La seguí con la mirada y en mis ojos las lagrimas no se disimulaban, me volví a sentir exactamente igual como aquella vez en la adolescencia; Lucia no comprendió lo que me ocurría y no pude explicarle, invente una mentira en el momento, pero lo que es peor, yo tampoco supe explicarme, ¿Cómo puede ser? Es algo tan absurdo…
_Partamos en principio en asimilar que aquí hay…
-se oyó un golpe en la puerta en tanto que el doctor empezaba a hablar, se levanto mientras trataba de mantener el dialogo, yo no escuchaba, estaba pensando en otra cosa, ya no le daba importancia a lo que decía. Se acercó hasta la puerta y tomo el picaporte, se quedó unos minutos mirándome y abrió. No había nadie, pero yo también había escuchado el golpe. El doctor se asomó y miro a los lados, luego serró la puerta extrañado y continuo sin decir nada al respecto
- claramente usted siente una aversión, primeramente, por usted mismo, que luego proyecta a los seres más cercanos…
No consideré una visión acertada de mi situación, el comentario del doctor. Esto me ofusco un poco y no prestaba atención, observaba el cuadro detrás en la pared, me parecía algo familiar. Otra vez se oyó un golpe y esta vez precediendo el sonido, se abrió la puerta lentamente -es mi padre, el bosquejo, el retrato en la pared es mi padre, ahora entiendo el aborrecimiento a esa figura confusa; entiendo también el odio -como una alegoría de la muerte, el rostro tísico del paciente anterior, se presenta inmutable en la puerta.
El doctor atina, confundido, a decir “¿Qué se le ofrece Ricardo?” pero Ricardo no responde, su mirada parece extraviada. En un segundo se mueve ágil y cierra la puerta, mientras pronuncia en voz grave con un sonido sobrehumano y lejano, como si proviniera de una profunda cavidad “el espejo, solo en el espejo esta la verdad” Advertí, recién allí, que en sus manos traía un marco, parecía vidrio; pero oscuro sin ningún reflejo.
El doctor se levanto impaciente, denotaba un rostro enojado, se acerco hasta Ricardo e intento tomarlo del brazo, quien repentinamente retrocedió y levantó, sobre el rostro del doctor, el cuadro -en sus ojos veo, hasta allí en el dibujo, su odio también hacia mí, siento ganas de matarlo; si lo tuviera en frente, si solo lo tuviera en frente.
Quiero borrar su maléfica sonrisa, que intente rebajarme ahora, si pudiera borrarlo de la faz de la tierra, no soporto verlo allí en la pared ¿Por qué esta allí, porque me sonríe? Maldito, no me persigas; voy a destruir ese asqueroso dibujo…-la habitación se puso oscura, no veo más que el espejo que ahora si refleja, y dentro esta la imagen del doctor, moviendo sus ojos desorbitados. No puedo ver a Ricardo que no omite ningún sonido, solo puedo observar la habitación a través del espejo pero allí no puedo verme.
El doctor pareciera atrapado dentro del cristal, comienza a golpear desesperado contra el vidrio, solo veo su reflejo; da la impresión de aquí en lo oscuro que estuviera dentro intentando salir.
No sé qué hacer, retrocedo boquiabierto y topo de espaldas con la pared, casi cayendo por tropezar con la silla. El doctor grita dentro del cristal que comienza a agrietarse; su voz es inaudible ¿Qué es de Ricardo? me pregunto ¿Qué es esto?
Siento el miedo recorrer mi cuerpo y no entiendo él porque, un sudor frio rueda por mi sien. El cristal se parte en mil pedazos, y un grito de terror martilla mi cabeza y zumba mis oídos, los retazos de vidrio caen como en detenimiento; un último destello arroja una imagen de los ojos del doctor, pareciera su persona haberse partido, atomizado.
Estoy en un rincón en el suelo, la luz vuelve, veo a Ricardo volver en sí, parece perdido, mueve la cabeza en desaprobación, después de unos segundos estalla en llanto diciendo: “otra vez no, no pude haberlo hecho, otra vez no” clava su mirada mortífera sobre mi y en un instante con un movimiento inesperado abre la puerta y sale corriendo, desaparece.
El doctor parece una estatua en la silla que antes yo ocupaba, sus ojos parecen sin vida, están fijos. Me incorporo y me acerco, le digo con una voz miedosa “doctor ¿Qué le ocurre?” Lo tomo por los hombros y al hacerlo inmediatamente se desvanece en mis brazos. Su corazón ya no late y el mío apenas si lo hace.
He tenido ciertos problemas de nervios, debido a cuestiones del pasado que siguen atormentándome, siempre fui un hombre de exagerar las cosas, y verdaderamente, me siento ido de todo y desinteresado de lo que ocurre a mi alrededor. No me interesa nada, nadie, siento no querer, no amar, pareciera que se han robado mi capacidad de olvidar y todo lo que años antes, cercano o lejano, me ha herido, me sigue lastimando en el presente y no lo entiendo.
Me han recomendado un especialista en psicología, que hasta el día de hoy me he resistido visitarlo, no es que tenga algo contra ello, pero un poco falta de costumbre otro poco por ser reservado, me hacia tropezar con la indecisión, pero en fin, aquí estoy dispuesto.
He llegado hasta la dirección indicada, la cual telefónicamente el mismo doctor Huberto Farías me ha proporcionado. Un portón negro abierto, da paso a un pequeño halls de entrada que antecede a una escalera recta de escalones negros relucientes, primeramente un marco de doble puerta que carece de ella, exhibe una pequeña placa de metal con la inscripción: Gabinete de psicología y psiquiatría, no hay timbre ni nada que pueda anunciar mi llegada, al menos hasta este punto. Decido subir después de haberlo pensado unos minutos, llego hasta un pasillo al final de la escalera, a mi izquierda una puerta marrón oscuro, con un cartel que refiere ser el baño; a mi derecha otro letrero en letras claras dice: continuar, y una flecha señala hacia donde, hacia allí me dirijo, recto por el pasillo, hasta llegar a una puerta ancha de vidrio que deja ver del otro lado una sala de estar, me tomo el atrevimiento de pasar. Había en la sala unos sillones y asientos individuales, al sentarme en el sillón diviso de frente una única puerta con el nombre en letras doradas del especialista.
Un poco incomodo por no haberme anunciado, me quedo esperando, se escuchaba del otro lado de la puerta unas voces, que hace suponer que hay al menos dos personas, una de ellas sin dudas es la vos que por teléfono me refirió el turno de entrevista. Un tanto impaciente miro y analizo el lugar, una pequeña mesa dispone revistas y libros, me acerco para tomar uno y en tanto me aproximo empiezo a entender las palabras que desde adentro se dicen, interpreto la charla, que empieza a tener aire de confrontación. Uno de los dos hombres que ahora entiendo no es el doctor dice con entusiasmo de enojo.
_Ciertamente ya no me preocupa clarificarme nada, si me creyera ahora mismo, indagando a tal punto de estar seguro de mi locura, no me movería un pelo, porque a fin de cuentas los locos, no reconocen su locura. Escuche esto doctor, si usted no cree en el suceso que acabo de narrarle, no tiene más que pedirme pruebas fehacientes del hecho y yo con la mayor cordura posible lo aceptaría; a pesar de que la cordura en su manifestación filológica me da asco, me repugna; ¿cómo alguien puede creerse ser lo suficientemente lucido, como para tachar a alguien de desequilibrado? es esa la mayor locura, y disculpe usted si suena pretensioso emitir palabras anti doctoradas delante de un letrado, pero me es imposible tragarlas, las vomito porque me dan urticarias, las verdades no dichas que se ahogan en nuestro ser; van haciendo que floten de lo más profundo de nosotros un “yo falso” que termina a fin de cuentas devorando al “yo verdadero”.
En fin, terminare diciendo que estoy aquí solo para demostrarle a uno de ustedes, supuestos especialistas de la psiquis humana, que no siempre aquello que parece salido del ser mas perturbado de la tierra es mentira, le enseñare en nuestra próxima entrevista que todo lo narrado anteriormente es verdadero.
_Espere un momento no se vaya-dijo el doctor-puede un poco mal interpretarse el sentido de mis preguntas, no son para nada acusatorias, ni pretendo tener enemistades con mis pacientes, lo que trato en principio es que juzguen por si solos el sentido de lo que dicen. Ahora bien ¿Qué pensarías tú, o que creerías, si alguien te comenta que en el baño de su casa tiene un espejo que lo quiere matar?
_Pero no es el espejo el que quiere matarme-interrumpió el paciente- soy yo mismo atrapado en el frio cristal, es mi mente reflejada tras la oscura perturbación del vidrio…
_Entiendo. ¿Dígame entonces, como tomaría tal afirmación si se lo planteara a usted otra persona?
_ Yo miraría en sus ojos, no es en las palabras donde se encuentran las verdades de una persona, es en el destello vivo de su mirada; según lo que viera en ellos, juzgaría sus palabras y no a la inversa. Pero este juego, no quiero jugarlo, estoy sintiendo su juicio sobre mí y no quiero sentirlo, no me interesa ser paciente esta vez; tengo en claro que al venir aquí y sentarme frente a usted, me posiciona en situación de análisis, pero entiéndame, yo sé lo que parezco y entiendo que no es lo que padezco. La lucidez es cosa confusa, tampoco me considero por eso la persona más cuerda, pero en sí de los dos el que estará más confundido, será usted, no va a entender lo que ve; así como yo no lo entiendo…
_Espere, espere. Primeramente no se a que se refiere con este juego-interrumpió el doctor…
Hablaban a veces amigablemente y otras ofuscados, no tanto por parte del doctor si no de la otra persona, no entendía, por no escuchar claramente, las palabras del especialista ya que su tono era más cauto y relajado, pero la otra vos era firme y decidida, inquieta, denotaba agresividad espontanea que según las respuestas se calmaban. Estoy pegado a la puerta, creo que mi curiosidad es normal, acerco una silla y me siento y me aproximo a la puerta para escuchar mejor, siento algo de vergüenza por mi acción y me alejo, vuelvo al sillón con una revista e intento leer: “tratamiento conductual para la ansiedad y la fobia social”. No puedo, sigo oyendo desde aquí y mi atención se dirige por completo a lo que ocurre dentro de ese cuarto. Ahora es el doctor el que sube el volumen de la vos.
_Pero si usted, vino hasta mí, supongo que es para dejarse ayudar-inquirió y afirmó a la vez-¿quien le recomendó mis servicios?
_Está bien, creo necesitar ayuda, pero no confunda mi situación, no me tome por un loquito cualquiera, no tengo aires de grandeza pero tampoco soy un escarabajo. El problema ya se lo explique y para dejarlo claramente lo vuelvo a repetir y quiero una respuesta profesional de ella.
Mi propia persona reflejada en el espejo, no es mi propia persona; aunque suene ostentosa y contrapuesta. No soy yo, en imagen si lo soy, pero en sus ojos no estoy, su mirada es perturbadora me amenaza de muerte, como si pretendiera apoderarse de la situación y robarme el alma o simplemente tomar mi cuerpo y quedar “el yo original” dentro del cristal.
¿Me entiende?, se lo pregunto aunque sé no me entenderá, porque pensaría o piensa que tengo un problema psicológico, pero la normalidad es imposible de comprobar por lo tanto no lo puedo hacer…
_Aguarde-enérgico interrumpió el doctor-yo no he hecho ningún juicio sobre su persona, aun no podría hacerlo, pero lo que me incomoda o lo que me impide ayudarle, es cierta negativa que advierto en usted sobre mi profesión.
_Bueno si, es verdad, me confieso y paso a explicar el porqué, si es de su interés.
_Seria de mucha utilidad-acoto el doctor.
_ Cuando era yo apenas un chiquillo, no recuerdo desde cuando, tenia recurrentes pesadillas y sueños que me agobiaban. Una de las mas continuas, era en la que yo caía al vacío desde el vacio mismo, me visualizaba en la nada absoluta cayendo, solo cayendo, haciendo ademanes para agarrarme de algo y sintiendo cada sensación, lo experimentaba como si fuese real, no podría imaginarse usted que desesperación es caer de espaldas en lo intangible del espacio.
En fin, en mi angustia de niño, decidí contárselo a mi madre, yo vivía con ella, y con una señora que se encargaba de la limpieza y de mí en los momentos en que mi madre trabajaba.
Mi madre decidió llevarme con un especialista, un pseudo pedagogo que abrió en mi mente grietas que se llenaron de odio y rencor. El pensaba que podría tratarme como quisiera ya que mantenía una relación amorosa con mi madre, la cual lo tenía en un pedestal sublimándolo. Pero no quiero seguir hablando de ello, en parte desde allí comienza mi aberración hacia todo aquel que intenta manipular o analizar los pensamientos y conductas humanas.
Pero no es esto lo que hoy me aqueja, no tengo dudas en este punto, de la veracidad de los hechos acaecidos y que he planteado aquí, En todo caso sobran las palabras, ya no quiero hablar, me iré y volveré en una o dos horas con el espejo mismo y me dirá usted doctor lo que es verdad y lo que no lo es, si es mi reacción o mi conducta un síntoma de locura. Usted hasta ahora no ha hecho más que mirarme intrigado y pensativo, poniendo un juicio sobre mí, como si fuera yo una maquina descompuesta, en la que encontrar la pieza defectuosa seria su reto, su logro como profesional, pero no hay pieza en mi que no concuerde, solo hay un hecho planteado, hecho que mi persona asimila verosímil, y que en sus oídos suena disparatado; en parte lo entiendo para mí también lo es, pero lo descabellado no le quita veracidad.
_No es mi tarea-se antepuso el doctor con una vos amigable a las palabras del paciente-formular problemas, sino soluciones, yo veo en usted señor Ricardo, un ofuscamiento irrevocable hacia lo que respecta el tratamiento o el análisis de la psiquis humana. Es mi profesión y a la vez mi pasión, pero yo soy solo un puente entre los problemas que me plantean los pacientes, porque en realidad no puedo ayudar a alguien que afirma no tener ningún problema, y acudiendo a mí me confronta como enemigo, queriendo demostrar algo que en realidad debiéramos analizar.
_ Entiendo el punto-retomo Ricardo-aunque yo si he planteado un problema, pero este problema es tangible a cualquier persona, no es mi mente lo sé, y lo sé porque han muerto dos personas por su incredulidad del hecho, ¿si yo soy el culpable?, pues no, o no lo sé, solo sé que frente al espejo se han apagado así como por arte de magia, y los doctores no han podido, no han sabido precisar el porqué de la defunción. Y ahora me marcho, no queda más que decir; pero tenga por seguro que volveré…
Estaba yo pegado a la puerta, cuando escuche el ruido de la silla moverse, intente alejarme, pero en un segundo la puerta se abrió repentina y en mi apresurada intensión de alejarme caigo al piso torpemente, el hombre se acerca y me tiende la mano, su imagen era tísica y perturbada. De un rostro pálido, resaltaban los pómulos, como exageración caricaturesca, dos ojos oscuros, hundidos, se afirmaban fríos, y un bigote ancho amarillento, nicotínico, partía pegada de su nariz hasta el final de su barbilla.
Dijo con voz sosegada y pausada. “¿se encuentra bien?” a lo que respondí con un movimiento de cabeza y apoyándome en su huesuda mano me incorporé. Me miraba fijo, como si quisiera decirme algo, era alto y encorvado, no parecía el dueño de aquella voz que tras la puerta interpelaba enérgico al doctor. Se alejo mirándome unos pasos, luego me dio la espalda y se marcho apresurado.
Una helada sensación recorrió mi cuerpo, e hizo contraerme, quede mirando el vacio sin hallar explicación a la extrañeza de lo sucedido y el sentimiento de repugnancia que había provocado en mí aquella persona.
Siento en un momento una mano tocarme el hombro y giro asustado, allí estaba el doctor mirándome, veía su boca moverse pero no podía oírlo, a pesar de estar a unos pocos pasos; agito mi cabeza como queriendo desasirme de la sordera parcial y advierto un movimiento de sus manos que me tiende para saludarme y con la otra, haciendo el cuerpo a un costado, me invita a pasar, al serrar la puerta pude oírlo claramente.
Es un hombre pequeño de unos sesenta años aproximados, calvo con apenas unos pocos pelos canosos en los costados, cejas gruesas, el cual unos lentes exageradamente grandes amplía aun mas, recia mirada de ojos color café y una nariz ancha de rasgos afroamericanos.
Me invita a sentarme mientras se ubica detrás de su escritorio, un mueble marrón que reluce de brillo. El cuarto estaba dispuesto en forma simple, dos sillas enfrentadas separadas por la mesa, detrás del doctor, de frente a mí, una pared repleta de libros en la que apenas se percibe su color verde clarito, en discordancia con las demás paredes de un verde más oscuro.
_Bueno Carlos-me dice mientras acomoda unos papeles- cuénteme que lo trajo hasta aquí.
Yo pienso en ese instante y no se cual fue el motivo, si no habré hecho mal en venir hasta aquí, porque a fin de cuentas no tengo un problema grave, como la persona que me antecedió en la entrevista; sino sabría que responder en esta pregunta tan simple y me avergüenzo de ello, quizás debiera salir, o buscar un subterfugio que me excuse para volver otro día, si así mi ánimo lo indicara.
_En realidad, no sé si habrá sido conveniente venir hasta aquí-digo con vos tímida.
_Empecemos-animosamente prosigue el doctor-por contarme algo de usted, con quien vive, a que se dedica, y luego veremos si es de su agrado proseguir. Tómeselo con calma, no hay que forzar en estos casos la temática, son las pequeñas cosas las que llevan en germen nuestra conformación, por así decirlo.
_Mi problema es simple y escueto, en primer lugar, podría decir que son los nervios; o la fácil alteración por cosas que quizás no merezcan la pena -me quedé observando un cuadro en la pared, mientras hablaba, que algo torcido decoraba un costado del consultorio, un retrato o bosquejo de retrato que suponía la seriedad de un rostro de hombre.
Me hizo recordar al viejo Andrada o Andrade no recuerdo bien el apellido, persona detestable que en mi adolescencia he aborrecido tanto, lo veía todas las mañanas cuando salía de casa para ir a cursar la secundaria, siempre estaba sentado en su puerta mirando con ojos libidinosos a toda o todo joven que pasaba por su vereda-también es mi sentimiento de soledad a pesar de que tengo una familia, es algo que me quita el sueño, no entiendo algunos sentimientos o la falta de alguno de ellos.
_Explíqueme un poco sobre esos sentimientos y la relación que lleva con su familia.
_Tengo una sensación de vacío constante en el ámbito familiar-me quede callado unos segundos porque empezaba a desconfiar de lo que decía, o me parecía en vano decirlo o injusto, pensaba en Lucia que tanto hace por nosotros y yo aquí hablando de mi falta de sentimientos, en realidad empiezo a sentirme un poco como el paciente anterior, no tiene sentido todo esto, quizás debiera irme sin más, pagar la consulta dar las gracias y se acabó -Lucia es mi mujer con la que tengo un hijo de nueve años, no podría haber conocido una persona tan buena como ella, pero seré franco, a veces la miro como si fuera nada, ¿Puede entender lo que eso duele en el corazón?
Ser tan insensible de no sentirla cercana, cuando ella me entrega su vida y se desvive por que estemos bien. A veces me pierdo, alejándome de los dos de Lucia y de mi hijo, los veo como desconocidos, como si no formaran parte de mí, es un castigo diario prolongado muchas veces, pero no los odio, los amo con todo el corazón, y es por eso que no entiendo…
_ ¿Y podría precisar hace cuanto o desde cuando empezó a sentir esto en su familia?
_Creo que lo sentí siempre, desde que somos novios con lucia, o tal vez exagero, pero se puntualizo en la convivencia; se hizo más fuerte y punzante para mí. A veces ella, cuando me ve cabizbajo o serio, me pregunta que me pasa y yo la esquivo y le respondo, nada, porque no sé qué decirle, pienso que la lastimaría si le expreso lo que estoy diciendo aquí ahora.
Tengo miedo de quedarme aislado, siento a veces que me estoy volviendo loco, pienso en todo como un tormento, es decir la existencia misma me parece un tormento, un pesar constante. En muchas ocasiones he tenido la necesidad de irme lejos, solo, de perderme hasta de mí. Y bueno siendo sincero hasta esto me parece absurdo, en vano.
_ Hasta ahora me hablo de Lucia, en su relato aun no apareció su hijo ¿qué siente al respecto en su rol como padre, me podría decir algo sobre ello?
_ Es un poco el mismo sentimiento que con Lucia, la misma sensación, pero con la diferencia que en pablo, mi hijo, me siento reflejado; es mi viva imagen de niño, no en apariencia sino en carácter. Eso hace que a veces lo mire con desprecio, como cuando yo siendo un pequeño me miraba al espejo y me odiaba, porque no quería ser ese niño introvertido que le temía a todos y a todo, siempre tuve un complejo de inferioridad, hasta el día de hoy.
Hay otra cuestión con respecto a esto, y es que no puedo dejar el pasado atrás…
_ ¿Cómo sería eso?
_Hay situaciones o hechos que me han ocurrido, que no las puedo olvidar y no es solo que no pueda hacerlo, sino que me siguen atormentando y continúan hiriéndome. Por ejemplo, cuando yo tenía, aproximadamente, quince o dieciséis años, tenía una novia de la cual estaba sumamente enamorado, llevábamos una relación muy linda y muy profunda, el hecho es que ella quiso terminar conmigo en el momento más feliz de la relación, al menos en lo que era respecto a lo que yo sentía. Esto me provoco a tan temprana edad una inmensa desilusión y una terrible depresión.
Hace un mes atrás, yo caminaba con Lucia mirando vidrieras y hablando relajadamente, cuando de frente a nosotros por la misma vereda; la vi pasar tan hermosa como hace veinticinco años atrás, la reconocí, mi corazón la reconoció y al minuto de hacerlo se contrajo dolorosamente, haciéndome estallar en un llanto angustioso. La seguí con la mirada y en mis ojos las lagrimas no se disimulaban, me volví a sentir exactamente igual como aquella vez en la adolescencia; Lucia no comprendió lo que me ocurría y no pude explicarle, invente una mentira en el momento, pero lo que es peor, yo tampoco supe explicarme, ¿Cómo puede ser? Es algo tan absurdo…
_Partamos en principio en asimilar que aquí hay…
-se oyó un golpe en la puerta en tanto que el doctor empezaba a hablar, se levanto mientras trataba de mantener el dialogo, yo no escuchaba, estaba pensando en otra cosa, ya no le daba importancia a lo que decía. Se acercó hasta la puerta y tomo el picaporte, se quedó unos minutos mirándome y abrió. No había nadie, pero yo también había escuchado el golpe. El doctor se asomó y miro a los lados, luego serró la puerta extrañado y continuo sin decir nada al respecto
- claramente usted siente una aversión, primeramente, por usted mismo, que luego proyecta a los seres más cercanos…
No consideré una visión acertada de mi situación, el comentario del doctor. Esto me ofusco un poco y no prestaba atención, observaba el cuadro detrás en la pared, me parecía algo familiar. Otra vez se oyó un golpe y esta vez precediendo el sonido, se abrió la puerta lentamente -es mi padre, el bosquejo, el retrato en la pared es mi padre, ahora entiendo el aborrecimiento a esa figura confusa; entiendo también el odio -como una alegoría de la muerte, el rostro tísico del paciente anterior, se presenta inmutable en la puerta.
El doctor atina, confundido, a decir “¿Qué se le ofrece Ricardo?” pero Ricardo no responde, su mirada parece extraviada. En un segundo se mueve ágil y cierra la puerta, mientras pronuncia en voz grave con un sonido sobrehumano y lejano, como si proviniera de una profunda cavidad “el espejo, solo en el espejo esta la verdad” Advertí, recién allí, que en sus manos traía un marco, parecía vidrio; pero oscuro sin ningún reflejo.
El doctor se levanto impaciente, denotaba un rostro enojado, se acerco hasta Ricardo e intento tomarlo del brazo, quien repentinamente retrocedió y levantó, sobre el rostro del doctor, el cuadro -en sus ojos veo, hasta allí en el dibujo, su odio también hacia mí, siento ganas de matarlo; si lo tuviera en frente, si solo lo tuviera en frente.
Quiero borrar su maléfica sonrisa, que intente rebajarme ahora, si pudiera borrarlo de la faz de la tierra, no soporto verlo allí en la pared ¿Por qué esta allí, porque me sonríe? Maldito, no me persigas; voy a destruir ese asqueroso dibujo…-la habitación se puso oscura, no veo más que el espejo que ahora si refleja, y dentro esta la imagen del doctor, moviendo sus ojos desorbitados. No puedo ver a Ricardo que no omite ningún sonido, solo puedo observar la habitación a través del espejo pero allí no puedo verme.
El doctor pareciera atrapado dentro del cristal, comienza a golpear desesperado contra el vidrio, solo veo su reflejo; da la impresión de aquí en lo oscuro que estuviera dentro intentando salir.
No sé qué hacer, retrocedo boquiabierto y topo de espaldas con la pared, casi cayendo por tropezar con la silla. El doctor grita dentro del cristal que comienza a agrietarse; su voz es inaudible ¿Qué es de Ricardo? me pregunto ¿Qué es esto?
Siento el miedo recorrer mi cuerpo y no entiendo él porque, un sudor frio rueda por mi sien. El cristal se parte en mil pedazos, y un grito de terror martilla mi cabeza y zumba mis oídos, los retazos de vidrio caen como en detenimiento; un último destello arroja una imagen de los ojos del doctor, pareciera su persona haberse partido, atomizado.
Estoy en un rincón en el suelo, la luz vuelve, veo a Ricardo volver en sí, parece perdido, mueve la cabeza en desaprobación, después de unos segundos estalla en llanto diciendo: “otra vez no, no pude haberlo hecho, otra vez no” clava su mirada mortífera sobre mi y en un instante con un movimiento inesperado abre la puerta y sale corriendo, desaparece.
El doctor parece una estatua en la silla que antes yo ocupaba, sus ojos parecen sin vida, están fijos. Me incorporo y me acerco, le digo con una voz miedosa “doctor ¿Qué le ocurre?” Lo tomo por los hombros y al hacerlo inmediatamente se desvanece en mis brazos. Su corazón ya no late y el mío apenas si lo hace.