Usted tenía razón, señora Sylvia:
la vida muerde
como un perro rabioso
que no quiere desprenderse
de su presa.
Usted tenia razón:
el mar asume su papel de matrona,
y quisiera darnos un refugio
de pequeños pensamientos,
para amalgamar nuestros nombres
para siempre;
pero las cosas tienden a querer ser personales,
y a difuminarse entre las calles
de la máquina-ciudad
que se disgrega en los oídos.
¿Por qué tuvo hijos?,
el linaje del suicida persigue su destino,
y se aparca en los moteles de la muerte anticipada;
para estar en la quietud que a todo llena.
Quizá se arrepintió de todo,
y por todos;
pero nunca lo sabremos:
porque lo cotidiano nos reclama a cada instante:
la ropa que debe lavarse,
los cordones que deben amarrarse,
y los platos sucios de la cocina.
Ahora debo cerrar sus ojos,
ahora debo ocultarlos de nuestras ocupaciones.
la vida muerde
como un perro rabioso
que no quiere desprenderse
de su presa.
Usted tenia razón:
el mar asume su papel de matrona,
y quisiera darnos un refugio
de pequeños pensamientos,
para amalgamar nuestros nombres
para siempre;
pero las cosas tienden a querer ser personales,
y a difuminarse entre las calles
de la máquina-ciudad
que se disgrega en los oídos.
¿Por qué tuvo hijos?,
el linaje del suicida persigue su destino,
y se aparca en los moteles de la muerte anticipada;
para estar en la quietud que a todo llena.
Quizá se arrepintió de todo,
y por todos;
pero nunca lo sabremos:
porque lo cotidiano nos reclama a cada instante:
la ropa que debe lavarse,
los cordones que deben amarrarse,
y los platos sucios de la cocina.
Ahora debo cerrar sus ojos,
ahora debo ocultarlos de nuestras ocupaciones.