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¿Ya te fuiste? [Escrito propio]

Arte9/9/2015
Buenas tardes.

Este es un escrito que hice recordando uno de los episodios más hermosos y a la vez triste de mi vida. Una amiga de años, una persona que quise montones, una persona en quien confié, una persona que me quiso, una persona con quien crecí, una persona única.

A una gran amiga

¿Ya te fuiste? [Escrito propio]

¿Ya te fuiste?


¿Cuánto hace ya que te fuiste? ¿Van ocho o nueve meses? ¿O han pasado años? No lo sé, en casa los relojes se han dañado, las manecillas se mueven y se están quietas, avanzan sin cambiar de sitio, el tiempo corre y se está detenido. En casa siempre es la misma hora, aunque no puedo negar el deterioro que ha dejado el paso del tiempo.


Te acabas de ir, lo recuerdo a la perfección, hace tan sólo minutos te fuiste. Aún lo recuerdo, te recuerdo llorando en silencio sobre mi hombro, recuerdo yo hacer lo mismo. Tus lágrimas mojaban mi camisa y las mías pasaban de mi mejilla a tu espalda para perderse por siempre en el infinito y oscuro túnel bajo tu blusa. Todo en silencio, únicamente con el contacto nos dijimos más que usando todas las palabras del mundo.


Pero hace años ya que pasó todo esto, vagas son las memorias que tengo de vos; y de el día en que te marchaste no sé nada. No estuve ahí ese día, andaba de viaje, no te vi partir, volví de mi viaje buscándote, esperando encontrarte, pero ya no estabas.


Fresca está en mi mente la imagen de ayer, de verte guardar en maletas tu vida, en cajas tantos buenos momentos, tantas agradables memorias. Te dí una suave palmada en la espalda, encontraste entre las cosas algo que te hizo mirarme y una vez más llorar, pero esta vez con nostalgia recordando aquella rosa roja que aunque marchita hace ya mucho tiempo, aún llena de vitalidad en tu pensamiento. Todavía me miraste una vez más y la nostalgia se convirtió en tristeza, y una de tus lágrimas en acto suicida saltó al vacío bajando por tu rostro para desprenderse por siempre de vos. Llorabas como aquella niña de once años que llegó a contarme entre sollozos que había discutido con su mejor amiga.


Hace tanto que te fuiste que ya ni me acuerdo cuanto ha pasado pero a juzgar por lo que veo podría decir que una eternidad. En casa el polvo se ha acumulado sobre los muebles, frío es el viento que pasa a través de los cristales rotos de las ventanas moviendo las cortinas a su antojo, la pintura se ha caído a pedazos de las paredes y el gris está por donde se mire, afuera el jardín se ha secado y de los rosales ya sólo quedan ramas sin vida. ¿Por qué razón las rosas tienen que tener espinas? ¿Por qué si son tan bellas te lastiman al tocarlas? Es el único defecto entre las flores que más se aproximan a la perfección.


Te fuiste hoy temprano, muy de mañana. Puedo recordar con detalle tu partida, y cómo tras un cristal miraba sin poder hacer nada como te convertías en una paloma y volaste, como te convertías en brisa y te fuiste con el viento del norte.


Pero aún te tengo aquí, te sujeto de la mano con temblor, no te quiero soltar, pero entre mis dedos te desvaneces sin que mis fuerzas te puedan retener, veo que te me escapas, me hago de tu brazo con firmeza, una fuerza invisible te jala, te sigo agarrando, la fuerza que te lleva es más fuerte que yo y me desmonta el hombro, aguanto el dolor y sigo asido de tu brazo que se me resbala, finalmente siento el desgarre mortal de un músculo, en el pecho me ha estallado el corazón y me inundo en sangre por dentro, sin fuerzas ya te suelto, observo cómo te vas, mi mirada te sigue perdida, ausente, pero ya no siento nada más, el corazón se me ha partido en cuatro, en casa ya no queda nada tuyo y recién me entero de lo poco que tengo por mi cuenta, pasó de ser un significado a ser un simple sitio que ocupa un lugar en el espacio. Ya no importa, te fuiste.


Abro los ojos y aún estás aquí, no te haz ido ni te irás. Duermes a mi lado, la ligera sabana de cubre de la cintura a los tobillos. Veo tus pies que podrían irse de mi lado con tanta ligereza si lo quisieran, pero no, acá estás durmiendo boca arriba. Tus cabellos negros y largos como una noche lluviosa bajan por tu pecho y te cubren hasta la cadera, tus ojos aunque están cerrados me iluminan el alma y tus labios entreabiertos parecieran sonreír con la más pura de las felicidades. Te giras de lado y me pierdo en el inmenso e infinito blanco de tu espalda desnuda. Siempre haz estado acá a la par mía y no te piensas ir.


Cierro los ojos y de nuevo te veo partir, el sólo pensarlo me aterra y con sobresalto vuelvo a abrirlos de golpe como quien tiene una terrible pesadilla, pero ya no estás a mi lado. Todavía está tu figura hundida en el colchón, aún está tibio el sitio donde yacías dormida hace unos segundos y tu aroma aún es perceptible en el aire. Vuelvo a cerrar los ojos, ahí estás, no te fuiste, tan sólo te mudaste a mis pensamientos, pasaste a formar parte de mí, te hiciste inmortal en mi mente. Es tu cuerpo el que se fue, pero vos te quedaste. ¿Por qué? ¿Por qué se tuvo que ir tu cuerpo? Ese cuerpo con el que pasé tantas agradables horas, quien fuera mi compañía desde mi temprana infancia. Por eso las rosas tienen espinas, para que no las podamos retener porque cuando se deben marchar no es sabio detenerlas, es un daño que nos hacemos a nosotros mismos, ellas no tienen ninguna intención. Ya no importa, no va a volver. Me da igual, si cierro los ojos ahí está.


Pero no debo restar importancia a lo que es perceptible por los sentidos, al mundo físico en el que vivo. Claro, sos única, pero no serás la única. ¿Tanto me querías que te fuiste? ¿Sabías que el insoportable dolor que mi necedad me iba a causar era algo opcional, pero que tu partida era indispensable para que llegara alguien más a casa?


En casa todo está en orden, el jardín verde, las rosas rojas y los relojes mantienen su curso normal, siempre marcando la hora con exactitud. Alguien toca a la puerta. Me asomo por la ventana y veo la silueta de una persona, con el sol de fondo no veo más que su figura, no logro distinguir su rostro ni su apariencia, sólo se que es preciosa. Abro un poco la puerta, ahí está, pero no la veo con mis ojos ni la puedo oír, afuera no hay nadie a la puerta, pero viene de camino, lo sé, está pronta a llegar, pero aún está tan lejos que hasta dudo que llegue, pero llegará.


¿Cuánto hace que te fuiste? No, no te fuiste, sólo te marchaste.
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