Cataclismo Carmesí
3 de Marzo, borrador.
---Prólogo.
Me he aventurado a escribir algo apegado a la realidad, escrito desde mi perspectiva y usando los pedazos de borrador que escribo en mí teléfono cuando algo me viene a la mente. Lo difícil es acomodar todo lo que he acumulado, darle una forma de continuidad manteniendo la idea del contenido. Lo intento aunque en ocasiones no consigo lograrlo.
--- El día.
He decidido dormir más temprano un poco más de lo habitual pues no sé los tiempos de llegada a ese nuevo trabajo, tenía mucha emoción y entusiasmo, algo nuevo. Pensaba en todo ese tiempo que pasó esperando ese momento y no podía parar de dejar de creer que nuevamente estaba renovando mi vida, de todas esas noches donde me la pasé dando vueltas en una de mis tres camas y hasta en la hamaca, resulta complicado pero en mi desesperación y estrés, logré hacerlo. En casa no paraban las miradas, de esas miradas que avientan cuando esperan que hagas algo y no sucede nada, y es verdad, no sucedía nada pero no era del todo mi culpa porque siempre busqué y traté de encontrar trabajo, hasta me hice un experto en entrevistas, porque eso sí, tuve muchas entrevistas pero en ninguna me quedé. Llegué a pensar que algo raro pasaba en mi o que en definitiva no estaba destinado a reactivar mi actividad laboral.
Sí recuerdo el piso frío cuando me levante nuevamente a las siete de la mañana para mandar mi documentación a los correos que previamente junté, me senté en la cama y sentí cómo era ese frío que se convirtió en un frío habitual de cada mañana, al menos de lunes a viernes porque sábados y domingos no enviaba nada. Volví mi cabeza hacia arriba y me preguntaba el por qué en casa no me presionaban para encontrar trabajo, todo era como cuando estaba de vacaciones, en aquella época en que iba a la universidad, mis brazos no estaban reaccionando nada bien pero sentía un ligero hormigueo en mi brazo derecho, lo más probable, dormí otra vez sobre él.
Pude escuchar cómo se abría la puerta del pasillo mientras yo trataba de aclarar la mirada en una televisión que estaba prendida y sin volumen, pues resulta que no me gusta dormir en total oscuridad, pero ese es tema de otra hoja.
Pensé en otra vez hacer lo mismo, y lo mismo de siempre, sí, eso que no me ha dado resultados pero qué más da. Como pude logré levantar mi pesado cuerpo de 98kilos y caminé descalzo, sintiendo el piso frío de la mañana de finales de enero, nada fuera de lo común, acababa de terminar mi curso de Supervisor de seguridad e higiene industrial, un giro bastante grande a lo que había estado haciendo en mis anteriores trabajos. Dormí en el cuarto que está cerca del baño, como si cuidara mis energías, como si esperara usarlas en algún momento, las ventanas sin cortinas reflejaban un neblinoso sol y sus rayos que calentaban el piso, pude sentir la diferencia entre el piso que no recibía los rayos del sol y el piso que se calienta por las mañanas, pensando si de verdad vale la pena seguir con lo mismo, de seguir enviando solicitudes de empleo a lugares donde no sé si lo reciben o si acaso me tomarán en cuenta, estaba mi ánimo en el más grande esplendor de decepción, volví a sentir el frío del piso mientras caminaba al cuarto donde tengo la computadora, que por cierto siempre está prendida, no me gusta apagarla porque me gusta que siempre esté lista, además que genera un poco de luz en medio de la oscuridad, no es que se miedoso pero de algo ayuda cuando se tiene que caminar sin punto de referencia que esté más lejos de mi nariz.
Me senté como si volviera a la cama, dejé caer todo mi peso y frotaba mis ojos, como si todo el cuerpo se hubiera levantado y los ojos tercos de querer cerrarse para volver a la dimensión donde lo perdido toma forma, o simplemente no querían volver a ver la rutina y la realidad por la cual estaba pasado en ese momento, comencé a buscar en las páginas que guardé para encontrar vacantes disponibles, siempre más de lo mismo, ojalá hubiera tomado un diplomado en Ventas, siempre solicitan gente que quiera vender algo y yo que no sé vender. Centro mi atención en vacantes que se asemejan al perfil que tengo, pero es lo más extraño, solicitan gente recién egresada pero con uno o dos años de experiencia,-¿he?- me pregunto si acaso eso es posible dentro de lo lógico habitual, busqué subiendo y bajando la página de internet, como si fuera el vaivén de la ruleta de la suerte esperando encontrar algo a lo que pueda postularme. Junté como cuatro vacantes del puesto en el cual acabo de terminar mi curso de Seguridad e higiene industrial, cosa sencilla, en una en especial decía “Gente sin experiencia pero con ganas de aprender” pensé que el sueldo sería quizá una vacilada, pero eso me ayudaría a no perder el tiempo, o seguir matándolo.
Busqué nuevos correos de nuevas empresas y comencé a enviar mis solicitudes como barajitas repartidas de un mazo viejo y mal cuidado, cumplí con el día, lo que restaba era para mí o para lo que tenía que hacer, no importaba qué sucediera ya hice mi día y no eran ni las 8:30 Am. Recargué mi cuerpo sin desayunar sobre el respaldo de una silla lijada y sin barniz, meditaba si continuar con mi proyecto de terminar de lijar las puertas y ventanas, para hacerlo necesitaba removedor de pintura o en su defecto uno cuantos pliegos de lija gruesa, esos marcos de madera tenían como cuatro o cinco capas de pintura que no pensaban ceder a la primera, y mi brazo no estaba en su mejor momento.
Un sábado, de esos habituales jugando frontenis con su amigo, le dijo algo que lo puso a pensar, "Wey, pero si has notado que desde ese momento en que comenzaste a jugar frontón y te llenaste de actividades como antes, has reactivado tu vida ¡hasta trabajo conseguiste!" La verdad el amigo tenía razón, un momento se fastidió y decidí que mi estancamiento sería sólo una etapa de mi vida y debía seguir.
Sólo venía por la vacante de supervisor de seguridad e higiene, pero en el momento de la entrevista hicieron notar mi experiencia en sistemas de gestión de calidad, y me preguntaron acerca de mi trabajo en Campeche y en Refinería, recuerdo que contesté a todas las preguntas y al final de una manera muy informal me dijo:
-Te lo avientas, o no (?)
-Sí- Con toda la seguridad del mundo respondí.
-Pues bueno, hoy es jueves así que, vente el lunes para que comiences con la semana- Me dijo, mientras sentí la emoción de un niño que va a una fiesta a comer pastel.
El camino de la empresa hacia donde tomaría el carro de ruta lo recuerdo como el camino más placentero en mucho tiempo, era un día un poco nublado pero sentía cómo la armonía se hacía presente en el entorno, comenzó a salir el sol, y sentía ese aroma de campo, ese aroma que tanto me gusta, en ese momento algo mágico estaba pasando, todo estaba bien. Sentado en el carro de ruta, seguía sin creer que estaba por fin contratado, mi experiencia en entrevistas no sirvió de nada y fue al final una entrevista informal en la cochera de una casa (que simulaba ser las instalaciones de una empresa) donde comenzó lo que pronto llenaría mi cabeza de incertidumbre, ansia, desesperación y suspenso.
Dormir, era algo que no podía hacerlo tan fácilmente, adiós a mis noches interminables de lectura y de búsqueda de información de lo que me gusta investigar. Será mejor poner todas las alarmas que tenga disponibles, no puedo fallar.
Parecía el día más común pero bueno mis días no son tan comunes porque en ocasiones no sé en qué día vivo, suelo perder la secuencia natural de los días por imaginar cosas o pensar en cosas diferentes.
Mi primer día en un trabajo que tiene unas instalaciones tan retiradas que tengo que tomar dos transportes y caminar un poco. Es la primera vez que tengo que hacer esto pues la ubicación de mi casa me da para tomar casi cualquier transporte y me lleva a mi destino, pues vivo en la zona centro y aunque al principio fue la novedad, hoy carece de entusiasmo y da más flojera con el pasar de los días.
Llegué demasiado temprano, media hora para ser exacto y decidí esperar en una banca donde el transporte pasa, mirando a mí alrededor pensaba en qué tan lejos estaba y no entendía cómo fue que llegué en donde estoy. Un señor con una maleta lonchera bajando del transporte me hizo pensar que se dirigía al mismo lugar que yo, una señora regañando a su hijo porque se le hace tarde, un gato, un perro, la vida de una colonia en todo su esplendor y yo perdiéndome de esos detalles de la vida, entre transportes, gente vendiendo riñones y agua de horchata. Un coche blanco dirigiéndose en la misma dirección donde se fue el señor con la lonchera, me dio curiosidad porque en mi casa no gustan de las cosas en color negro, siempre han preferido más el blanco, seguro van a la misma empresa.
La emoción de lo nuevo, la excitación de enfrentar a lo desconocido, caras nuevas mentes nuevas, personas con otra visión, esa sensación de frescura social ya podía percibirla a cada paso que daba en un camino pavimentado y semi cubierto de tierra.
Pensaba más en lo que tenía que hacer y dejaba a un lado las complicaciones que en ese momento hacían de mi vida deleite tormentoso de cualquier calumniador.
¡Ah!, parece ser que aún no se bajan del coche blanco, quizá llegaron tan temprano como yo, o sólo viene a dejar a su pareja, seguro será una compañera del lugar que es mi nuevo trabajo.
-¡Buenos días!
-¿Qué se le ofrece? ¡ah! es de nuevo ingreso, ¿no es así?
-Así es, vengo al área de calidad.
-Sí, ya me habían comentado, pase de éste lado y espere un momento mientras localizo al de recursos humanos.
Mientras me hacen esperar, pienso un poco en las cosas que tengo que hacer a mí llegada al departamento de calidad, lo primero que tengo que revisar y lo primero que tengo que preguntar, cosa fácil. No me preocupé por revisar mi vestimenta ni nada por el estilo, cuando se es guapo tantos años, uno se puede quitar ese tipo de preocupaciones.
Los del coche blanco se acercan, pero qué inseguridad, la acompaña hasta la puerta, pero bueno, ante tan buen ejemplar no puedo culparlo del todo debe marcar su territorio. Tremenda sorpresa me llevo cuando de la voz de ella y de él anuncian su llegada como “nuevos” ahora somos tres esperando al de Recursos Humanos, y pues, qué chido.
Él: una cosa poco común pues es de pelo rojo y es en realidad poco común encontrar a un zanahorio(sic) por estos rumbos, me hizo recordar aquella época en que salía con una chica que tenía el pelo teñido de rubio y al cambiar su tono por un rojo, me fascinó, le daba un toque antojable y de mucha tentación.
Ella: una mujer atractiva con zapatillas rojas y altas con ropa bastante ajustada, pero, no apretada en realidad parecía hecha a medida, su ropa se fundía con su delgada y bien formada figura, la tela en cada curva daba la silueta de una figura cuidada y trabajada, “seguro va a un GYM” pensé.
Él prefirió observar más de cerca lo que estaba en un pasillo y se perdió en él, parece ser que fue al baño; realmente no hacía otra cosa que mirarla, a veces de reojo, pero era suficiente. Seguro es una mujer creída, de esas que saben que por su apariencia las joyas de la corona le quedan chicas, seguro nunca nadie es suficiente para sus altos estándares de exigencia, ¡pero qué cosas piensas, si aún no le conoces! Recuerda a Issis, una mujer tan hermosa como naca, hay de todo en esta vida y hasta no tratarla no se debe juzgar.
Pasamos los tres a la sala de espera, al menos ya no estaba en una cochera y me encontraba en un cuarto que carecía de iluminación, un poco abandonado en cuanto al ambiente y un poco solitario, mmm, mejor me hubiera quedado afuera, al menos afuera circula más el aire. La conversación no pude hacerla esperar, y empezando con un simple:
-¿A qué área viene ustedes?
-Vengo a apoyar en calidad- dijo él, mientras su mirada y sus labios brotaba la inseguridad-
-Yo no sé a qué área vengo, aún no me han dicho- Ella, con una sonrisa impecable.
-Pues yo vengo al departamento de Calidad, a encargarme del sistema de gestión.
-A lo mejor estoy contigo- decía él con una expresión de empatía y un poco de tranquilidad.
El de recursos humanos salió por una puerta que dirigía a unas escaleras, y salió por la misma puerta por la que entramos, me paré y ajusté un poco mi camisa, esto de ser gordo desacomoda mucho mi camisa, bueno, no estoy tan gordo, sólo me he descuidado un poco pero nada que no pueda arreglar cerrando un poco la boca a la hora de la comida. Entró intempestivamente el de recursos humanos y yo estaba parado, dijo “vengan para acá” y nos metió a los tres a otro cuarto, que más bien era una oficina de varios sin cubículos, estábamos parados y sentí que la situación iba de mal en peor, de nuevo el de recursos humanos entra rápidamente y me dice: “ven tú, ustedes espérenme” Entramos en la misma puerta donde primero salió, unas escaleras en forma de caracol con azulejos color café eran el acenso a lo que estaba esperándome. Me presentó con la persona que ahí se encontraba, la odisea comenzaba.
Mi nueva oficina no parecía mi oficina, un señor en el lumbral de la tercera edad sentado con una laptop en un escritorio que da la pauta de un ambiente de oficinas ochenteras, el viejo toque de simulación a madera en la pared era exótico y generaba bastante distracción. El desorden era el rey indiscutible y el silencio era permanente, un cuarto semi-vacio con un librero de madera que posiblemente ha sido improvisado.
Revisaba documentación y mi mente se distraía poco a poco, comenzando con preguntas tan raras, preguntas como: ¿en qué área estará? ¿Vendrá para secretaria o será profesionista? En un parpadeo como un reflejo de un piquete de abeja, volví a mi lectura técnica tediosa.
El día, quizá el más largo que he vivido en mucho tiempo, un señor que decía poco y en su mirada tenía la sensación del remplazo, yo, analizando cada ángulo que podía encontrar. Y por fin la jornada laboral terminó.
-------La curiosidad.
El lonche era de nuevo un sándwich de jamón con queso amarillo, mi madre sigue olvidando que no me gusta cómo pone el queso amarillo al sandwich, siempre pone muchas rebanadas, hace sentir mi lengua seca en cada masticar, no me gusta. Estaba en la mesa con unas personas que amenizaban la hora de la comida con plática popular, que si mi esposa no hace el lonche como yo quiero, que si a aquél le truena la reversa, que si me invitas un poco de tu lonche, etc. Como era de costumbre, había llegado a la hora exacta al comedor, podía sentir su llegada, desde siempre, ha marcado su presencia con esos tacones que afirman la feminidad en cada paso, recuerdo a muchas mujeres usando tacones eso no es novedad, pero en esta ocasión era muy distinto, le acompaña un gran toque de personalidad, mucha seguridad, la belleza impecable y la sonrisa perfecta. Llegó como siempre; sonriendo, como abriendo el camino en el lugar donde no había sendero ése es su estilo, marca la diferencia, muchas veces me ha dejado sin palabras y en muchas otras ocasiones simplemente no me da tiempo de pensar.
Pero, tiene más cosas que le hacen diferente, podría apostar que en su estilizada figura el viento pasa de lado, como acariciándola sin que ella se dé cuenta, ¿vieron eso? pero qué elegancia, qué porte, qué manera de acomodar las cosas, hay demasiado orden; pero nada de eso está mal, el que está mal soy yo, no sé qué estoy pensando, ¿y si lo pienso y en realidad lo estoy diciendo? ¿Estaré hablando solo? de inmediato vuelvo a comer mi sandwich lentamente y me percato que siguen comiendo, siguen en su plática. El susto pasó rápido, me pregunto si dejarán que me una a ellos en su mesa, no parecen tan hostiles, parecen ser buena gente. Será mañana, porque hoy ya casi termino con el segundo sandwich, ese sabor a queso terminó escaldándome la lengua pero mi madre lo hace con mucho amor o al menos eso quiero pensar.
Temprano a la hora de entrada me encontré con ella mientras él, su compañero firmaba la hora de llegada, estábamos los dos frente a frente, yo no sé por qué estaba ahí sólo habíamos coincido en la entrada pero bien pude seguir mi camino, aunque en realidad quería contemplar aquel ejemplar que la naturaleza da como regalo, una mirada como de recién levantada, seguro durmió tarde porque eso de ser guapo 24 horas al día es muy agotador. Lo sé.
No cruzamos palabra alguna, ¡pero claro, pues teníamos pocos días de conocernos de qué podríamos hablar! es cuestión de paciencia, algún tema surgirá pues, trabajamos en la misma compañía.
Siempre he pensado en esos que se enamoran a primera vista “bola de ridículos” esos que se enamoran a primera vista son los mismos que se llenan al primer antojo, tan superficiales como simples, no saben disfrutar del contemplar las características de otra persona, no tienen idea de lo que es sentir sólo devoran a cada bocado lo que encuentran por lo que ven en una persona. Sonsos.
Mi compañero y yo escuchamos todas las mañanas unos tacones que suben y bajan escaleras que andan en el pasillo y que suenan, como símbolo de la feminidad. ¿Quién es ella y por qué está con él? Fue la primera pregunta que brotó en el aire de la oficina, y aunque no teníamos una respuesta certera, teníamos la libre sospecha de todo y especulábamos acerca de nada. Fue hasta en una hora de comida cuando nos aclararon a todos su parentesco familiar, ¡pero qué cosa tan particular y uno pensando en sospechas sin fundamento! Pero, no estaba yo tan convencido de ello y aunque no debía de dudar de su palabra sentía algo diferente, pues su vibra era muy distinta y era eso lo que no terminaba de convencerme.
En una ocasión mientras comíamos celebrábamos la noticia de la fortuna en una tapa rosca de coca cola, ¡Una hamburguesa gratis! ¡yo también! Y yo, una entrada al cine al dos por uno, parecía eso una burla mientras batallaba por quitar el ultimo hilo de una relación; mi tapa rosca me invitaba a ofrecer una entrada gratis al cine para un acompañante; “Así no” pensé, y con un poco de desánimo dije: “Ammm yo tengo un dos por uno para el cine, y no tengo pareja” de inmediato ella contestó de una forma bastante cómica pero sin mirarme “pues si me invitas, yo voy” Su actitud junto con el pensamiento de él, me hizo sentir eso tan raro que me daba indicios que algo no andaba bien. “Mera sospecha infundada, sólo especulaciones de una intuición desgastada por no prestar atención” pensé.
Sin embargo, cada visita a su oficina, se podía sentir el olor a disgusto e inconformidad, alegría con llanto, estrés y frustración, todo en el mismo rincón cuando un golpe de aire envuelve mi mente recibiendo cada sensación extraña, sí, de esa sensación confusa donde todo es verdad y es mentira al mismo tiempo; complicado de descifrar, no había encontrado algo tan confuso, sentía que no había sentido alguno. También pensé que por fin estaba volviéndome loco, tantos años leyendo de temas poco comunes, investigando y haciendo mis propios experimentos de error y prueba, tantas cosas que he visto y sentido pero ante la misma reacción a burla pensé en mejor callarme, aveces se burlan sólo regalándome sonrisas, pero ella y él me brindaban confianza y así los sentí cuando los conocí, había ciertas gotas de afinidad y empatía. Me sentía en una zona segura.
Pensé en algo un poco más de lo habitual, algo que me dé ese momento para conocerla un poco más para desengañarme o para de plano confirmar lo que pensaba y creo yo, estaba sintiendo. No podía pensar en algo, mira, que yo siendo una persona que piensa mucho, no sabía qué hacer.
-------La verdad.
Entre oscuridad de luz y sombras, así estaba el secreto tan cautivo como un búnquer de la guerra fría y tan a la vista como una nube solitaria en un cielo despejado, su voz muy tenue y con una expresión entre nervios y pena. La verdad, ya sentía lo que se pudiera venir, esas visitas a su oficina y esa sensación extraña tenían algo que ver.
Ella, con la emoción y nervios a flor de piel, como si fuese a declamar una oratoria ante un público exigente, él, pues, quizá por nervios pero sólo veía la tele y se desconectó del mundo, de momento sentí en esos segundos que eso que me tenían que decir era sólo un “te tengo que decir” pues no sentí que fueran dos personas, de haberse puesto de acuerdo para platicar conmigo, pues sin hablar, la atención sólo está en el tema, no en una película del México innovador de los años cuarenta, con efectos especiales hechos con el mayor logro de la tecnología y maquillaje de ese entonces.
Oficialmente formé parte de un círculo prestigioso de un secreto, la verdad no entendí lo que seguramente era para ella muy importante, para él, pues; no sé. “Sin son pero no deben” es como logro resumir ese escurridizo secreto que a la luz de la gente es completamente oscuro y que detrás de una puerta puede ser toda luz, aunque no sé si sea así para los dos, pero al menos creo que para ella sí, sentí que ella tenía mucha pena, y que estaba ante la recepción de la expectativa a lo que yo fuera a decir, la verdad, no me sentí muy impactado pues ya tenía una sospecha, pero era una sospecha de ella hacia él, pensé que era ella la enamorada de él y no él de ella, pensé que ese secreto era más de ella que de él.
-¿Qué piensas? (le dije a él)
-Pues no sé qué pienses tú (mientras miraba sin preocupación lo que para él era más importante, o quizá eran nervios).
-Si piensas que voy a juzgar que está bien o está mal, estas equivocado, hagan lo que tengan que hacer y lo demás sólo va a caminar.
-¿A qué te refieres?
-¿Cuánto tiempo van a estar así?
-Llevamos seis años, juntos. (Me decía ella mientras sentía fruncir su frente).
- ¿Y luego qué sigue? ¿A dónde va todo esto?
-No lo sé, supongo que tendremos que irnos de aquí para ser felices.
-Es lo que terminarán haciendo, pues no parece que alguien vea bien lo que para ustedes es un instinto, sentirán incomodidad y se irán.
Un ambiente un poco hostil se paseaba indiferente, pues me parece había dejado una situación real. Harían unas compras, y yo sólo me quedaría en el camino a esperar un transporte que me llevara a casa, en el caminó pregunté si le ha dicho que la amaba, pero interrumpí abruptamente para hacer una aclaración, que ella no se lo haya pedido. La respuesta fue sólo simple, un sí, pero de titubear. No me convenció.
-------Una tormenta.
Lo que el tiempo puede acumular suele ser muy peligroso, hay que tener cuidado de lo que se guarda en una bolsa tan cercana al corazón.
-------Lluvia de Mayo.
Entró a mi oficina y ya parecía un día poco común, sentí por la expresión en sus labios que algo no andaba bien. Mi compañero seguro buscando la tecla “F” o simplemente haciéndose como que no sabía para hacer tiempo. Acomodándose en esa silla con respaldo roto platicábamos con la incomodidad de un tercero que su presencia era más incómoda que simbólica. Se levantó y miró a la ventana con la mirada buscando algo para aferrarse a no sacar de su alma lo que ya estaba a punto de explotar, de pronto, comenzó a llover, entre plática burlesca y sin sentido brotaban de sus ojos la gota[sic] que derramó el vaso, no lo puedo negar, sentía mis latidos uno a cada pulso; no sabía qué hacer no sabía qué decir, sentía como un río de tristeza me arrastraba y yo sin poder hacer algo, sólo dejar llevarme con la corriente, lo único (y creo más torpe) que se me ocurrió fue tomarle la muñeca, en ese momento debí decirle a mi compañero que fuera a ver si ya puso la marrana pero la impotencia me congeló.
Nunca he podido justificar el llanto de una mujer, me parece el símbolo del fracaso de un hombre plasmado en una mejilla roja y húmeda, desde que era niño y vi llorar una vez a mi mamá no he podido concebir tal atrocidad.
Mi compañero como si el mensaje telepático que le mandaba le impulsara a levantarse e irse, se fue: entonces, ¡La tormenta brotó! mi hombro se convirtió en el soporte de una desdicha y yo por dentro paralizado completamente sin fuerza en mis piernas para poder levantarme y abrazarla, ¡era eso lo que tenía que hacer! pero sentía tanta tristeza sobre mí que no pude levantarme, dejé ser yo quien absorbiese el dolor de su alma caída, aunque después no pueda soportar el dolor de mí espalda, el dolor de su alma, el dolor que ella sentía ese dolor que se siente cuando pierdes, cuando ya no hay nada más que hacer, ese dolor que sólo se siente cuando el fracaso te mira de frente y se burla como si fuese él mismo quien te deja ganar y crear tu castillo, para después con un plumazo tirarlo todo.
Cada palabra que salía de sus labios tenía una gota de sangre, no podía contenerlo todo ella sola, no podía soportar ver lo que ha convertido el tiempo, de un paraíso perfecto a un desierto caluroso de día, frío de noche.
Ella preguntaba ¡por qué! y yo queriendo tener una respuesta para no verla así, pero no sabía qué decir, no sabía qué hacer; no sabía ¡por qué! Si es una persona muy perfecta en muchos sentidos, no sabía el por qué de las cosas, no lo entendía y quería saber. Siempre trato de tener las mejores respuestas a todo, pero no pude con semejante reto, sólo sentía esa sensación, un color muy oscuro y no podía ni sabía qué hacer.
En un instante sentía que algo se acercaba, que algo estaba a punto de entrar por la puerta y después sentí que todo ya lo había vivido ¡entró alguien! pero no era la persona que pensaba, era él, algo había alterado el espacio-tiempo, algo había cambiado por completo el curso de las cosas, así no era como debía pasar, había un error ¡algo estaba mal! lo podía sentir, había cambiado todo y su curso también. Después, entro la persona que debía llegar, pero demasiado tarde algo cambio la escena. Ya no se sabrá lo que puso suceder estaba confundido porque algo había intervenido, sentía su mirada sobre mis hombros. Y eso era sólo el principio.
Todos comenzamos a platicar como si nada hubiese sucedido, ella se fue; él se fue; y me quedé como en un principio, en una oficina con mi compañero, que seguramente ya había encontrado la letra “F”
-------La transformación.
Parecía el día perfecto, hasta que me di cuenta a las seis de la mañana que no tenía desodorante. Me tocó venir vanamente al trabajo y fue sólo a poner el coffee Break, un momento tanto incómodo, pero lo que venía no lo tenía contemplado. No tenía en mente la tremenda bomba que estaba por caer justo dentro de mi cabeza y hacer explotar, como un globo lleno de agua en pleno sol de primavera; así me sentía de felicidad.
Sin pensarlo llegamos casi al mismo tiempo al café, y jamás creía que fuese esa coincidencia algo relevante, bueno, no fue nada relevante pero así lo quise creer.
La plática transcurrió entre una orden de enchiladas suizas y unas tazas de café que parecían interminables, que por cierto, yo no tomo café pero no me importó, realmente no sentía el sabor ni el olor del café, lo que sentía era una presencia llena de luz, un aroma que cautivaba mis pupilas gustativas a tal grado que cubrían cualquier sensación de olor o sabor que pudiera tener el café.
Pero qué belleza, y sí, ella es muy guapa físicamente pero tiene un mundo de cualidades y a eso no le encuentro una definición que pueda capturar cada característica que en ella abarca. Sí, el día era muy espectacular, la comida, el cine, la plática, parecía otra vida y en otro tiempo o en otro mundo.
---Dios.
¡Pero qué te pasa! ¡Seguro estás sonriendo! ¡Qué ganas con esto, ¿te divierte? ¿debo agradecerte después?! ¡¿Tu magnífica presencia en el todo, no te es suficiente?! ¡¿Qué se supone debo aprender?! ¿debo aprender algo? ¿te divierte? ¡Contesta, con una chingada! ¡a veces estoy harto de tanto misticismo!
Nunca te he entendido y pienso que de eso se trata, pero entonces me pregunto, para qué estas. Te gusta ver y contemplar el sufrimiento humano, sólo porque uno te falló, esa es una respuesta aceptable ante tu biopolaridad de amar y hacer sufrir para aprender.
Ya sabe que escribo algo que se asemeja a una novela, o algo así, y mi error fue decirle que ella es la protagonista, aunque platicando entre los dos, supimos que el protagonista soy yo y que puede ser un relato de lo que pienso.
Me sugirió un par de finales que realmente son interesantes pero una fatalidad no me hace tan feliz. Es eso.
-------Un sueño.
Me arrepiento, y no es común que lo haga, a veces no me queda más que echar culpas, aún cuando sepa que el problema soy yo, aún cuando la culpa se la dé a Dios , porque no le responde, directamente.
Mi pronóstico está basado únicamente en lo que veo, quitarme una idea de la mente es más difícil de lo que se puede esperar, sí, eso de borrar algo que no se puede tocar ¡caray, pero qué complejo! Pasé la noche pensando en babosadas, meciéndome en mi hamaca y dibujando un universo con acuarelas de colores incandescentes. Me quedó muy bien, notaba cierto grado de felicidad y me sentía muy a gusto, entonces entendí que todo estaba mal de eso, la vida no se trata de ser feliz o al menos eso es lo que he visto a lo largo de mis pequeños 28 años.
Siempre he sentido mi autoestima por encima del promedio, sin embargo en esta ocasión siento que no puedo rendir lo suficiente para esa persona, me siento menos y eso no es normal en mí, bueno, hay muchas cosas que no han sido normales en mí y en muchas ocasiones simplemente he pensado en arrojar todo a la chingada y volver a comenzar.
La verdad, es una lástima que la vida no sea como el SuperNintendo, ahí un Reset bastaba para borrar todo y comenzar como si nada hubiese pasado, no importaba si había dedicado toda la tarde en llegar a algún nivel, si no me gustaba mi record, podía volver a empezar.
-------Necesito olvidar.
Pero qué hago.
No puedo pedir y hacer algo que no está en su tiempo, ella se encuentra en un periodo de transición, aunque pienso que no lo ha superado del todo, ¡pero claro! no es tan fácil borrarlo todo, no es un "abre la puerta y ciérrala" pero él me hace sentir incómodo, bastante, en la oficina de ellos sentí cómo daba patada de ahogado, pues no pensaba dejar libre a quien por años ha sido de su uso privado.
-------Terapia.
Yo sólo quiero sentirme libre, pero no quiero que se aleje de mí, disfruto mucho su presencia, estar y platicar con ella, tanto, que hasta el tiempo siente esa envidia y corre desesperadamente para terminar con ese mágico momento (al menos para mí).
Quiero disfrutar de esa ñoñes de sentirme romántico, yo era un romántico empedernido por la vida, escribía desde muy chico, hasta que se burlaban de lo que escribía y pensé en no hacerlo más. Quiero pasear de la mano con una persona, pero con una persona que disfrute su personalidad, con una persona que haga de mí una mejor persona, que sea mi copiloto en la vida y por supuesto, que haga caritas y gestos.
Me siento muy incómodo conmigo, me siento como si me taladrara la cabeza, porque las ganas de decirle que es una persona muy especial, no puedo guardarlas en una mente tan retorcida como es la mía, duele.
Mi psiquiatra de cabecera me recomendó decírselo, que no importando el resultado yo me sentiría libre, pero sí me importa el resultado, no quiero lejos a alguien ya ha estado lejos toda mi vida. Aun cuando una formalidad no exista, es su energía, sus gestos, su compañía me agrada mucho, me nutre, me hace volver a mis raíces, a volver a sentirme yo.
Pensé en hacerlo, hacerlo hoy y aunque aún no acabo de escribir y darle forma a esto hay muchos detalles que necesito añadir, he pensado en una segunda parte, el final de esta primera parte, no será un “final” porque le daré a leer esto y escribiré en la segunda parte lo que pasó. Ya habré dado forma a esto y a mi vida también.
-------Libertad.
El tiempo se suspendió, el silencio era más que profundo, si alguien estaba taladrando una pared no podía sentirse vibración alguna, pues era un punto cero donde el antes y el después pasarían a hacer la diferencia entre una estupidez y la sinceridad. No sabía qué decir, hasta que dejé ir un poco de lo que rodeaba mi mente, que al decir verdad, era una bola de ideas sin control.
Los nervios haciendo de las suyas y mi bote de agua estaba sufriendo la fuerza y la presión que dejaba salir por mis manos confusas y ansiosas, ansiosas de nada porque no esperaba algo que pudiera cambiar el curso de la historia, de momento pensé en qué rayos había hecho y que no tenía sentido, pero sentí mucha libertad y calma, de esa libertad que me dejó los labios secos de hablar lo que ahora ya no recuerdo. La metí en problemas o en aprietos, y quizá pueda arrepentirme de ello, pero qué más da, si soy un egoísta que sólo buscaba una puerta fácil ante tanta presión por todas las paredes, lo que viniera era ganancia para mí o al menos eso pensé.
Parada frente a mí, con su expresión aterradora de no saber cómo reaccionar ante tan precipitada lectura, nadie la preparó para tal impacto emocional, nadie lo sabía ni yo estaba preparado para semejando muestra, no me gusta que lean lo que escribo y de pronto, mostré más de lo que pudiese mostrar, prácticamente exhibí una parte de mi pensamiento, una parte de lo que me suena en la cabeza. Pero fue la presión que él originó preguntándome el por qué estaba tan raro, interrogando el quizá estuviera yo enamorado, fue una bomba mental, yo, que no había contemplado detalles tan ajenos a los prototipos de mujer cotidiana, y mi psicóloga de cabecera, afirmando lo que en una especulación de conclusiones superficiales le puede dar, pero si sólo tengo una curiosidad, aun no niego nada, pero eso de enamorarse tan rápido sí me parece una barbaridad, una afirmación sin fundamento.
---Fue martes.
Cuando notaba que las cosas que supuestamente seguirían normal, no lo estaría y no puedo hacer yo tampoco como si nada hubiese pasado, me sentía desnudo ante su mirada. No quería dejar las cosas así.
La invité a leer lo que avanzaba en lo que escribía, pensé muchas veces en hacerlo o no hacerlo, y cuando pensé en hacerlo quedaría en ella si gusta de leer lo que pudiera seguir. Me arrepentí, y cuando le decía por celular que no viniera, ya escuchaba sus pasitos subiendo por la escalera. Pasitos chiquitos e inquietos. Me sudaban las manos y por naturaleza pudimos aclarar un par de cosas. Sentada a mi lado con una mirada crítica ante lo que había escrito, relataba lo poco que recordaba de ese día que leyó y pasmó el día de impresiones no encontradas, brotó tan repentinamente que no me dio tiempo de pensarlo y por impulso instantáneo de una idea nueva le hice una tremenda aclaración que parecía un poco déspota y arrogante, pero más real que la imaginación creada por todo lo sucedido
-¡Espérate! Tienes un error en tus palabras- su mirada desconcertada y aturdida decía
-¡Cómo!
-A pesar de lo que piensas y de lo que leíste, yo no estoy enamorado de ti.
-¡En serio! Me quitas un gran peso de encima.
-Tengo una curiosidad por lo poco que te conozco, quiero y tengo ganas de seguir conociéndote, no puedo enamorarme de una persona así de rápido.
-Es verdad.
-Sólo dame ése chance porque lo que no quiero es que te alejes por algo que en definición no es, es muy curioso ver y encontrar una persona con características tan diferentes a los estándares femeninos tradicionales, cansado de toparme con mujeres que sólo me dan por mi lado y no me cuestionan para no molestarme, con poca iniciativa, voluntad y organización, tengo sólo la curiosidad de cómo eres. Quizá no eres del todo lo que pienso que eres.
-Quizá no soy lo que esperabas.
-Quiero seguir explorando ¿me das chance? quiero más sábados como los anteriores.
-Bueno- decía mientras movía su cabeza de arriba abajo sin quitar su mirada fija, que interpretaba la sinceridad con lo que estaba diciéndole todo.
El ambiente cambió tan radicalmente que podía sentir una sensación de tranquilidad. Su entusiasmo volvió.
Al correr de la semana parecía que todo había vuelto a la normalidad, quizá no tomó la importancia que pensé tenía, quizá no sea nada relevante y soy yo quien toma importancia a algo que nadie toma en cuenta.
La invitación para ir a mi casa al día del padre estaba hecha, y se veía intenciones por cumplir, yo, estaba más nervioso de lo que acostumbro aunque no tenía por qué tener ningún tipo de nervio pero antes como antesala un día de desastres con un final feliz.
---Sin sincronía.
Tan común como un sábado cualquiera me levanté temprano con todas las ganas de ir a jugar frontenis, aunque sea solo, pero mis ganas se mecieron en la hamaca y terminaron dormidas ¡Las diez de la mañana! ¡Pero qué descuido y tantas cosas por hacer! ¡No alcanzaré estar listo a la una de la tarde! Tan apurado como cuando voy por las tortillas lavé mi ropa y limpié la casa, no vaya a ser que se le ocurra venir, aunque no lo creo pero uno nunca sabe las mujeres siguen siendo lo más parecido a un material radioactivo, siempre a punto de explotar y tan impredecibles como sólo ellas suelen ser, mi día tan atareado como un restaurante de comida rápida pero qué más da lo que venía estaría mucho mejor. ¡Un mensaje! Era ella explicando el por qué no podíamos vernos a la hora acordada, “bueno” pensé, me da tiempo para terminar de hacer el quehacer en la casa.
Pasando las horas y la casa limpia, la ropa limpia, yo limpio, todo parecía ir bien, estaba casi listo y con un plan entre manos para recibirla y darle un sorpresa, si todo salía bien y en el tiempo que tenía fijado, sería ese algo en una imagen capturada en mí memoria.
Visité a mi amiga Sharon, lamentablemente tiene cáncer, y hace meses le dieron la mala noticia que quizá este año sea el último de su vida, tiene una hija y las mejores ganas de vivir, es la típica amiga que se lleva bien con todos, es un amor. Cuando recibí la noticia lo tomé como algo que no trascendería, a una persona como ella no puede pasarle algo como eso, es buena persona aunque a veces es como la chingada, ella siempre está disponible para cualquier amigo y sabe ser una amiga de verdad, me tocó ver la evolución de su mejoramiento y sus decaídas hasta el punto en que llegué a dudar si se mejoraría, pero un mal día visitándola cuando en ese tiempo tenía un local en el Macalito me dijo que su último diagnostico era de seis meses, más o menos. Sentí mucho frío, jamás imaginas a una persona como ella decir ese tipo de cosas, sus ojeras marcadas como un desvelo de preocupaciones por tratar de resolver qué será de su hija sin ella, la niña no tiene papá y de él, mejor ni hablar.
La visito todos los domingos y de vez en cuando la visito entre semana, se me ocurrió preguntarle acerca de lo que piensa hacer y no ha realizado, con tristeza lentamente dijo que su último deseo es muy difícil de cumplir, sin pensarlo le pregunté cuál es ese deseo tan imposible, el ruido de la gente se enmudeció con su mirada al vacío, no recuerdo verla tan triste, miró hacia arriba y volteó a verme.
-En mí situación no creo que pueda hacer eso.
-¿Qué es? ¿Quieres tirarte de un paracaídas? ¡No friegues!
-No, tú me conoces hace más de diez años que somos amigos sabes lo buena y mala que he sido hasta lo puta que fui, y la verdad, nunca pude llenar un vacío que ahora es más difícil.
-¡Sharon, por Dios; dime!
-(…) quiero casarme, quiero saber qué se siente despertarse por la mañana con una persona que decidió darte su vida hasta sus últimos días, que esa persona me abrace por las mañanas y que en un beso me diga que me quiere, que esté conmigo porque a veces me siento muy sola, tantos hombres que han pasado por mi vida y ninguno supo llenar ese hueco, y ahora, ahora que estoy muriéndome sé que no se puede, dime la verdad: quién va a querer a una persona que se está muriendo de cáncer, que está pelona y que en cualquier momento se puede ir, la verdad yo la sé, y sé que eso jamás va a suceder.
-Pero Sharon, ¿y tu novio? .-Tenía un novio.
-De ese Wey no me hables, lo dejé ir porque no quería que viera como yo sufría cuando tengo mis recaías, mejor decidí que hiciera su vida con alguien que tenga más futuro, más vida ¿No quieres casarte conmigo?- Me dijo entre espacios de burla y comicidad para relajar ese amargo momento
-Hay Sharon, eres una excelente persona y yo encantado me caso contigo.
-¡Já! ¡Cabrón! si yo sí te conozco, se de cuanta vieja tuviste hasta con la Issis anduviste.
-Sí pero no funcionó.
-Ay sí, ella tan bonita, me sorprendió que anduviera contigo, pero tú pisas y corres no quieres comprometerte, si yo sí te conozco.
-Es que siento que me presionan o a veces no me siento a gusto, ya sabes cómo soy de mamón y sangrón.
-Hay sí ya sé, ni quien te aguante pero no me casaría contigo, no eres de fiar.
-¿Por qué dices eso?
-Ya te dije, tu sólo pisas y corres y yo no estoy para esos juegos, ni correr puedo.
-Pero ya no tengo 18 años ya no busco lo mismo, ya no tan superficial.
-Algún día tenía que pasar ya te veré, te van a traer bien cortito y te van a tratar tan mal que te vas a acordar de Fanny y Araceli, como las tratabas, mamón.
-¡Ay Sharon!
-Es verdad, esa Fanny te adoraba y tú ni la pelabas, se ponía a tus pies.
-Eso no me gusta y bien lo sabes.
-Pero no valorabas lo que hacían por ti.
-No quiero hablar del tema.
-Sabes que hiciste mal.
-Pero ya cambié.
Siendo una persona de confianza, se me ocurrió hablarle de ella, la mirada de Sharon era muy distinta, era muy analítica.
-¿Qué piensas, Sharon? ¿Por qué me miras así?
-Te das cuenta de lo que dijiste.
-Sí, ¿qué tiene?
-No la describiste como lo haces con otras, te interesa algo más que su físico, y tú siendo tan superficial.
-¡Yo no soy superficial!
-¡Ay yayay! Hombres, pero me da gusto por ti que ahora veas otra cosa que te ha llamado la atención, esa manera en que la vez es muy curiosa y más viniendo de ti, jamás pensé que dirías: “Deberías de verla, tan elegante como ordenada, tan femenina como disciplinada, con metas en la vida, tan entusiasta, con una sonrisa perfecta, con mucha iniciativa.
-Y ahora tú, qué ves en eso ahora por qué.
-No lo sé, bueno, sí pero es que no había notado eso. Fanny, un desmadre su casa, me invitaba a pasar y no entendía si no tenía vergüenza o yo era el mamón. Araceli, con respeto ¡pero qué cochina! No sé si sea por mamón pero tampoco tolero eso, y así, no.
-Y por eso vienes así.
-¿así como?
-Así de arreglado ¿Vas a ir a verla?
-Más tarde, iremos a comer y al cine.
-¡Milagro, tu que eres tan codo!
-Bien que me conoces.
Llegaron su hija y su hermana y un nuevo amigo cubano con unas tortas de la barda que nada más de verlas me daban ganas de darle una mordida de esas mordidas profundas. Sin dudarlo me invitaron y todos comenzaron a preparar la improvisación de la mesa cuando dije que no quería porque estaba a dieta.
-¿Tu, a dieta? ¿Sí sabes qué es eso, verdad?-Decía Sharon-
-Sí.
-¿Y por qué estás a dieta?, bueno, estas gordo pero eso te ha valido un cacahuate.
El cubano dejó de masticar ante tan agresiva y segura afirmación, seguro sentía que vendría lo peor.
-Pues aunque no lo creas ya he dejado el refresco, es un viejo amor que cuando lo veo ya no siento nada.
-Sí tu, y luego el refresco. ¿Por qué, estás enfermo?
-No, la verdad ella observo que sí llevo una mala alimentación, y la verdad es que tiene razón.
Su hermana me miraba con ojos de sospecha y no cambiaba su mirada, ha de ser ese tipo de instinto raro que se cargan las mujeres, así lo sentí.
Paró Sharon de comer su torta y me dijo:
-¿Y por qué le haces caso? A ti no te importa lo que digan los demás.
-Pues, no sé también hemos visto unos colores para pintar mi casa y eligió uno que me gustó –en mi intento de desviar el tema, resultó peor-
-¡Como de que eligió un color! No entiendo por qué dejas que se meta tanto en tu vida y le das permiso hasta de elegir un color para pintar tu casa.
El cubano sintió un poco de calor en la situación y se alejó un poco con su torta, aunque no había de qué espantarse, así es ella, sólo que no la conoce.
-Pues no veo mal lo que está haciendo por mí, además sí estoy un poco gordo y un nuevo color le vendría bien a mí casa.
-Hay niño mejor come, que soy yo la enferma y te queda una vida por delante- Me dice Sharon mientras todos retoman su lugar y la salsa de chicharrón comenzaba a escurrirse en el mostrador.
Platiqué con su hermana unos minutos y con su hija, en cuanto al cubano, pues es de lo más expresivo, me di una buena divertida con sus anécdotas en cuba hasta que a Sharon se le ocurrió ver el reloj y comenzó a molestarme diciendo:
-Se me hace que te dejaron plantado, señor mamón –La hermana sonrió y no pudo evitar aventar la carcajada.
-No creo, seguro se le atravesó algo.
-Y para tus pulgas, se me hace que ya valió.
-Sólo estoy esperando ese mensaje y me voy.
-¡Uy sí! tu, el guapo, el galán, esperando un mensaje, pues quién es.
Su hermana y el cubano no paraban de reír y de burlarse en mi cara, mientras que su hija se comía las quesadillas que tanto antojo me dieron.
-El libro
Insoportable sus caras de burla, y yo con lo poco tolerante que soy mejor comencé a despedirme de todos y sin haber recibido algún mensaje de confirmación, mi exprés paseo por el centro pintaba el día de un color diferente, podía respirarlo en el aire y podía sentir el ahora que cambiaba de, sudores de medio día, a un aroma más o menos a su perfume.
Cuando logré conseguir transporte público, pensaba seriamente en hacer eso que había pensado desde hace mucho, sí, regalarle un libro. Un regalo poco casual o poco común para una señorita promedio, pero claro, ella no es una señorita promedio, gusta de la lectura y de la lectura extensa, bien descrita y de muchas hojas. El transporte iba a exceso de velocidad, y como siempre estaba a un centímetro de cometer un accidente, sólo espero un día de estos no estar en los zapatos del accidente que vi ese día, fierros retorcidos pues los autos de hoy día parecen hechos del más delgado aluminio, un recargón y ya quedó plasmado en el cobre.
Si bien ni un mensaje y ya me parecía sospechoso, decidí tomar por hecho lo que pretendía hacer, sí, regalarle un libro, ese libro que le gusta para leerlo de una sentada, aunque para mí leer semejante libro en un sorbo es imposible, pero en fin. El lugar se ha llenado de jovencitos que esperan la hora de comienzo de su película favorita, chamacada de 17 años, a lo mucho, sus pieles nuevas no tienen marca alguna. Supe mezclarme con “la chaviza” y me dirigí al área de libros. Sin alguien que me atendiera comencé a observar el tipo de libros que sin querer tenía enfrente, sí, ahí estaba ese libro que desde hace tiempo me habían recomendado se llama: “Amor se escribe con H” estaba a escasos segundos de comprarlo pero en cuestión de segundos mi mente hizo cálculos a velocidad atómica y confirmó que mi semana estaría un poco apretada, será para la próxima.
Un joven se apiadó de mi impaciencia y me preguntó si buscaba algo
-¿Buscaba algo en particular? – se acercó a mí, un muchacho, seguro tengo calcetines con más edad que él.
- ¡Claro! Estoy buscando el libro Game of thrones, el primero.
- ¡Claro que sí, por aquí lo tengo!
¡Madre mía! Lo pensaba un poco más barato, pero qué más da, en realidad no estaba tan caro, lo que pasa es que soy un codo y estoy acostumbrado a gastar sólo en mí. Lo compré y sentí que estaba haciendo algo que no sabía que estaba haciendo, ni si quiera sabía por qué lo estaba haciendo, pero lo hice. Me pareció un poco simple entregar algo en estas condiciones, algo sin envoltura o sin algo que le dé más énfasis a la intención, pero si no sabía cuál era mi intención, entonces no sabía qué escoger para llevarlo, se volvió confuso al ver envolturas y bolsas conspirando contra mí, y pensaba eso porque todas y cada una eran para regalos de pareja, entre bolsas de frases de amor y bolsas de regalo para cumpleaños de niño, me gustó uno, decía ¡Feliz cumpleaños! Pero tenía la seriedad que necesitaba y daba píe al sarcasmo que justificaba la entrega, un ¡Feliz NO cumpleaños! Podía solucionar el por qué compre algo sin motivos aparentes.
Envolverlo se convirtió en una batalla de sugerencias y ceño fruncido, tanto mío como de la persona que me ayudaba amablemente a envolverlo, si bien no era su responsabilidad hacerlo, me ayudaba y como soy el cliente, si le digo que me ayude, tengo la razón, además que estoy guapo y no creo que se niegue.
-¿Así le gusta joven? –Enseñándome una obra maestra de un niño de prescolar-
-Amm, pues, si subes un poco más las puntas del papel china quedaría mejor, es que casi nos se ve.
-¿Así está bien, joven?- Lo sentía demasiado arriba y no me parecía su forma de acomodarlo-
-Pues mira, si lo acomodamos de esta manera –yo metiendo las manos porque si no lo hago yo, no está bien- se verá mucho mejor.
Me miró como diciendo “aparte de estar loco, tiene feos gustos” pero para mí estaba bien, hasta que quise tomar el regalo por las asas y me di cuenta que estaban bastante arriba y estorbaban.
-Así déjelo, lo tomo por los lados, se me hace tarde.
Me senté en la jardinera del cine que está aún lado de la tienda donde compré el libro, a mí lado estaban dos jovencitas adolescentes que peleaban por la cosa más estúpida.
-¡Wey! Es que no me habla y no le voy a hablar.
-Que se chingue, para que vea quién es más cabrona, total, por un wey no nos vamos a pelear.
No sentí en qué momento las nuevas generaciones adoptaron un lenguaje tan vulgar, pero en fin, estaba desesperándome porque no tenía la llamada o el mensaje prometido, volteaban a verme y su sonrisa burlona me daba la razón que hasta ese momento me han dejado plantado, cosa que hace mucho no me sucedía, en la mayoría de las ocasiones soy yo quien se va antes pues no me gustaba esperar si habíamos acordado una hora, pero en este caso fue un “yo te aviso cuando vaya para allá”
Las horas pasaron, muchas horas y mi paciencia estaba en un borde, no logré notar cuándo se fueron las jovencitas que estaban a mi lado, sólo noté que ya estaban sentadas en otro lado y desde ahí se burlaban de mí. En el pequeño limbo de la espera me llegó el tan afamado mensaje, argumentando que no asistirá por problemas de transporte, sentí un poco de coraje, no por ella, si no porque se convertía en uno de esos días en que se planean las cosas bien y al final el resultado no es lo planeado, le llamé para decirle que iba para allá, mientras me contestaba ya iba de salida del cine.
-Voy a tú casa.
-¡No!, por qué.
-Porque tengo algo en mis manos que debo darte y no pienso quedarme con ello.
-No, ya te dije que no.
-Por qué no-
-Porque no quiero que vengas.
Pero qué forma tan tajante, cortante y enfurecida. Tomé el transporte para ir de regreso a mí casa, mientras le enviaba un mensaje diciéndole que estaba en el cine, y que de recibir el mensaje diciendo que venía en camino, pensaba decirle que se fuera de largo al cine y que ahí le esperaba, ese era el plan, sí, ese plan que se hizo nada.
Avancé bastante en el camino de regreso a casa, y mi celular vibró lo suficiente como para sentirlo y pensar que era ella contestando mi anterior mensaje
“¡Como de que ya estás en el cine, deja le digo a mi primo si me lleva!”
En seguida confirmó que ya iba hacia el cine, mi coraje se endureció porque yo estaba más cerca de mi casa que del afamado cine, no quedó otra cosa más que bajarme y regresar, por suerte no batallé en encontrar un transporte que me llevara rápido. No entendía por qué pasaba esto, pero estaba pasando y mi coraje poco a poco estaba disminuyendo, pues pensaba en a fin de cuentas nos veríamos y aunque no viéramos película alguna por lo tarde que era, iríamos a cualquier otro lugar.
Como un Déjà vu estaba de nuevo en el mismo lugar, pero en diferente hora, pero pareciera el día de los mensajes pues recibí uno más y diciendo
“Espérame del lado en que me bajo del carro, tengo zapatillas altas y batallo”
Y pues, cualquier pedir ya era un apéndice sin importancia, y por supuesto, la esperé. Llegó y se bajó, sí, tenía una cara apenada y un poco molesta decía: “a ver, qué es eso que tenías en las manos que tenías que darme” regresé donde había dejado la bolsa y se la entregué, entonces sucedió:
Asombro fue el comienzo pues se lo entregué entre mi cara de disgusto y un gusto por verle ese día,
-¡Qué hiciste! – Y decía mi nombre mientras su mano se adentraba a la bolsa de lo desconocido-
-Pues espero y te guste.
-¡¡QUÉ HICISTE!! – entre una sonrisa traviesa tomó y saco con su mano lo que adentro esperaba desde hace horas.
-¡OH! –su mirada se transformó en una expresión de asombro y sus ojos más grandes se hicieron
-¡No puede ser!
-Muchas gracias, en serio –Entonces ocurrió, logré plasmar en mi mente una fotografía a ráfaga rápida esa expresión en su mirada, que hacía juego con una sonrisa que antes no le había visto, tan rápido pasó y tan rápida fue mi memoria que aún sigue en mi mente, una mirada pícara con una sonrisa apenada, una amalgama de muchas expresiones y no sé si de sentimientos, pero logré ese cometido que pretendía obtener, una reacción sutilmente original, algo que no ha repetido o que al menos no he visto otra vez en ella, y aunque me gustaría volver a ver esa expresión, no sé cómo volver a reproducir tan original expresión.
-La comida.
-La disculpa.
Un día tan común pasó a ser no tan común, pues tenía papeles y copias llenando mi escritorio mientras mi compañero revisaba las noticias del día, decidí comenzar a poner en orden tanto documento que si bien no era desordenado debía de poner más en orden. Logré distribuir en el entorno de toda mi oficina ese papeleo casi imposible de acomodar, tomaba cada una de las hojas y la clasificaba conforme a la distribución que no me había dejado espacio alguno.
En ese momento que logré sentarme para hacer una pequeña revisión en la computadora, tocó él para poder entrar, entró con su mirada un poco distraída, saludó a quien es mi asistente y comenzó a caminar en forma pendular enfrente de mí, dando seguimiento a cada paso que daba.
-Entonces, has leído lo que yo he leído –haciendo referencia a esos libros de superación económica-
-Sí, he leído gran parte de la bibliografía que tienes, ya te había mencionado que mi hermano está bien sumergido en ese tipo de temas, y ha comprado una gran variedad esos libros.
-Y qué te parece, a qué conclusión llegaste (?).
-Pues, pienso que son puras jaladas, decirte lo que tienes que hacer cuando si por interés e instinto lo terminas haciendo, además, dudo mucho que el tipo de personas que logran ese tipo de éxito, hayan leído una fracción de ese tipo de libros. En mi opinión personal, no me gusta.
Sus tonos comenzaron a hacerse más gruesos, y trataba de cuestionarme acerca de mi manera de pensar, acerca de cómo hablo y las palabras que digo, contando cada una y concluyendo por el número de veces que repito una palabra.
-¡Ves, dijiste otra vez yo! – decía mientras caminaba en círculos siguiendo un pie delante de otro pie, con la mirada hacia abajo y en tonos muy burlescos.
El interrogatorio llegó a muchos puntos extremos, desde mi manera de debatir, que si bien siempre trato de dejar en claro que es sólo mí opinión, suelen tomarlo muy personal. También tocamos temas muy profundos, acerca de la humanidad, su origen y su dirección.
-Este planeta tierra terminará llamándose planeta Piedra. –Dije, mientras seguía acomodando esas hojas que parecían interminables.
Mi compañero de oficina sólo escuchaba, aunque tenía sus audífonos puestos, yo sé que escucha, le gusta escuchar y sacar sus conclusiones de ello y en esta ocasión no dejaría pasar esta confrontación que sentí vinieron a hacerme, para que me diera su punto de vista
No paraba de citar autores y de referenciarse ante libros y opiniones que si bien no podía juzgar si eran correctas o no, no eran suyas. Su nerviosismo decreció y formaba en cada paso de su andar semi circular un ambiente bastante hostil, al punto que mi compañero dejó por un instante lo que estaba haciendo y miró por encima de su computadora, sólo para dar certeza de manera visual lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos. Sí, estaba mi compañero frente a una suave discusión de ideas de dos machos alfa, sin embargo, tomé la postura que debía de tomar hablando con un tono muy suave y expresando poca preocupación si he de tener la verdad o no.
Dejó de dar vueltas y de cuestionar mi pensar por un momento y entonces ella entró, saludando cordialmente, me sentí un poco desconcertado y todo se quedó en blanco, al menos en mi mente, fue una visita bastante fugaz pero estaba casi de frente a mí y podía ver el café de sus ojos, al despedirse se cubrió tras la puerta y trataba de decirme algo con sus labios pero sin sonido, y no podía entender palabra alguna, pero sí comprendí el final, fue un “luego te digo” lo que tranquilizó en ese instante mi duda.
-Es acerca de un negocio –me dijo él mientras tocaba mi escritorio con su mirada y de inmediato se contestó, yo terminaba de cerrar la puerta donde me despedí de ella.
-No, no es nada, es algo que no debo de meterme- Su mano en la barbilla dotaba de dudas su mente.
-Dime.
-No, olvídalo, es algo que no debo de meterme –repitió mientras comenzaba de nuevo a caminar en círculos por mí oficina.
Su llegada amortizó ese debate sin reglas, donde mis ideas parecían el ataque asechador. Sin mucho que decir y quedándose callado, decidió irse. Me sentí confundido y un poco cansado mentalmente, pues estaba reacomodando muchos papeles y estaba contestando preguntas muy directas, esas preguntas que en el tono de voz puede sentir un golpe verbal.
-Qué opinas. –le dije a mi asistente y sin dudarlo se recargó en su silla y quitándose sus lentes bajo una mirada de juiciosa.
-Siento que es un joven que no sabe quién es. Tiene ideas de otros, no forma su propio juicio, todo te responde en palabras de otra persona. Es una persona que puede adoptar la personalidad de otra persona, es como si yo leyera acerca de la madre Teresa de Calcuta y eso me convierte en un pacifista. Una cosa es que tengas influencia de autores o de personas, otra cosa es lo que le pasa a él. Piensa que está en lo correcto sólo porque a otras personas le funcionó, y no siempre puede ser así, es bueno tomar algo como referencia pero no hacerlo una verdad absoluta.
Mi compañero de oficina tomó un punto de vista que yo no sentía, yo sentía su presencia tratando de imponer su idea. Cosa que no pasó a mayor pues tenía mucho trabajo y estaba bastante atareado.
Con tanta hoja regada por mi oficina, salí de ella para ver otro color que fuera el blanco del papel, pensaba ir con mi psicóloga de cabecera pero en el camino me topé con ella, mi impresión de inquietud cada vez que nos topamos en esa circunstancia; los dos; en un espacio se-mi libre; sin nadie y sólo se me ocurrió tomarla y llevarla a la aula de capacitación. No sabía lo que había pasado antes de que él llegara a mí oficina, ni después de irse, no supe qué pasó, claramente traté de decir que estaba yo en mi oficina; trabajando, y que él fue quien llegó a hacer lo que en una palabra puedo describir “confrontarme”
Su mirada un poco dudosa como si no creyera lo que yo le decía, como si lo inventase pues no le creía ser capaz a él de hacer eso. Charlamos un rato de negocios y un poco de nuestras vidas, la situación de convirtió en un rato más ameno y todo parecía estar bajo control. Como si algo se le hubiese perdido, entró él nos sorprendimos y más yo, porque su mirada era (al menos para mí) muy intensa.
-El ingeniero está buscándote.
-Voy.
Se la llevó y la sala de capacitación enmudeció con un silencio muy denso. Decidí continuar mi día pues ya no había nada más qué hacer.
Bajé a la hora de salida estaba en el pasillo para llegar a ellos, entraba dentro de lo común, no había cambios aparentes, él estaba lavando las tasas donde comúnmente toman café, su mirada con el cuello torcido capturó mi atención llamándome, con una sonrisa poco tranquila aclaraba que su visita a mi oficina no era en un plan tan retador como aparentemente lo
inineo.wordpress.com/
3 de Marzo, borrador.
---Prólogo.
Me he aventurado a escribir algo apegado a la realidad, escrito desde mi perspectiva y usando los pedazos de borrador que escribo en mí teléfono cuando algo me viene a la mente. Lo difícil es acomodar todo lo que he acumulado, darle una forma de continuidad manteniendo la idea del contenido. Lo intento aunque en ocasiones no consigo lograrlo.
--- El día.
He decidido dormir más temprano un poco más de lo habitual pues no sé los tiempos de llegada a ese nuevo trabajo, tenía mucha emoción y entusiasmo, algo nuevo. Pensaba en todo ese tiempo que pasó esperando ese momento y no podía parar de dejar de creer que nuevamente estaba renovando mi vida, de todas esas noches donde me la pasé dando vueltas en una de mis tres camas y hasta en la hamaca, resulta complicado pero en mi desesperación y estrés, logré hacerlo. En casa no paraban las miradas, de esas miradas que avientan cuando esperan que hagas algo y no sucede nada, y es verdad, no sucedía nada pero no era del todo mi culpa porque siempre busqué y traté de encontrar trabajo, hasta me hice un experto en entrevistas, porque eso sí, tuve muchas entrevistas pero en ninguna me quedé. Llegué a pensar que algo raro pasaba en mi o que en definitiva no estaba destinado a reactivar mi actividad laboral.
Sí recuerdo el piso frío cuando me levante nuevamente a las siete de la mañana para mandar mi documentación a los correos que previamente junté, me senté en la cama y sentí cómo era ese frío que se convirtió en un frío habitual de cada mañana, al menos de lunes a viernes porque sábados y domingos no enviaba nada. Volví mi cabeza hacia arriba y me preguntaba el por qué en casa no me presionaban para encontrar trabajo, todo era como cuando estaba de vacaciones, en aquella época en que iba a la universidad, mis brazos no estaban reaccionando nada bien pero sentía un ligero hormigueo en mi brazo derecho, lo más probable, dormí otra vez sobre él.
Pude escuchar cómo se abría la puerta del pasillo mientras yo trataba de aclarar la mirada en una televisión que estaba prendida y sin volumen, pues resulta que no me gusta dormir en total oscuridad, pero ese es tema de otra hoja.
Pensé en otra vez hacer lo mismo, y lo mismo de siempre, sí, eso que no me ha dado resultados pero qué más da. Como pude logré levantar mi pesado cuerpo de 98kilos y caminé descalzo, sintiendo el piso frío de la mañana de finales de enero, nada fuera de lo común, acababa de terminar mi curso de Supervisor de seguridad e higiene industrial, un giro bastante grande a lo que había estado haciendo en mis anteriores trabajos. Dormí en el cuarto que está cerca del baño, como si cuidara mis energías, como si esperara usarlas en algún momento, las ventanas sin cortinas reflejaban un neblinoso sol y sus rayos que calentaban el piso, pude sentir la diferencia entre el piso que no recibía los rayos del sol y el piso que se calienta por las mañanas, pensando si de verdad vale la pena seguir con lo mismo, de seguir enviando solicitudes de empleo a lugares donde no sé si lo reciben o si acaso me tomarán en cuenta, estaba mi ánimo en el más grande esplendor de decepción, volví a sentir el frío del piso mientras caminaba al cuarto donde tengo la computadora, que por cierto siempre está prendida, no me gusta apagarla porque me gusta que siempre esté lista, además que genera un poco de luz en medio de la oscuridad, no es que se miedoso pero de algo ayuda cuando se tiene que caminar sin punto de referencia que esté más lejos de mi nariz.
Me senté como si volviera a la cama, dejé caer todo mi peso y frotaba mis ojos, como si todo el cuerpo se hubiera levantado y los ojos tercos de querer cerrarse para volver a la dimensión donde lo perdido toma forma, o simplemente no querían volver a ver la rutina y la realidad por la cual estaba pasado en ese momento, comencé a buscar en las páginas que guardé para encontrar vacantes disponibles, siempre más de lo mismo, ojalá hubiera tomado un diplomado en Ventas, siempre solicitan gente que quiera vender algo y yo que no sé vender. Centro mi atención en vacantes que se asemejan al perfil que tengo, pero es lo más extraño, solicitan gente recién egresada pero con uno o dos años de experiencia,-¿he?- me pregunto si acaso eso es posible dentro de lo lógico habitual, busqué subiendo y bajando la página de internet, como si fuera el vaivén de la ruleta de la suerte esperando encontrar algo a lo que pueda postularme. Junté como cuatro vacantes del puesto en el cual acabo de terminar mi curso de Seguridad e higiene industrial, cosa sencilla, en una en especial decía “Gente sin experiencia pero con ganas de aprender” pensé que el sueldo sería quizá una vacilada, pero eso me ayudaría a no perder el tiempo, o seguir matándolo.
Busqué nuevos correos de nuevas empresas y comencé a enviar mis solicitudes como barajitas repartidas de un mazo viejo y mal cuidado, cumplí con el día, lo que restaba era para mí o para lo que tenía que hacer, no importaba qué sucediera ya hice mi día y no eran ni las 8:30 Am. Recargué mi cuerpo sin desayunar sobre el respaldo de una silla lijada y sin barniz, meditaba si continuar con mi proyecto de terminar de lijar las puertas y ventanas, para hacerlo necesitaba removedor de pintura o en su defecto uno cuantos pliegos de lija gruesa, esos marcos de madera tenían como cuatro o cinco capas de pintura que no pensaban ceder a la primera, y mi brazo no estaba en su mejor momento.
Un sábado, de esos habituales jugando frontenis con su amigo, le dijo algo que lo puso a pensar, "Wey, pero si has notado que desde ese momento en que comenzaste a jugar frontón y te llenaste de actividades como antes, has reactivado tu vida ¡hasta trabajo conseguiste!" La verdad el amigo tenía razón, un momento se fastidió y decidí que mi estancamiento sería sólo una etapa de mi vida y debía seguir.
Sólo venía por la vacante de supervisor de seguridad e higiene, pero en el momento de la entrevista hicieron notar mi experiencia en sistemas de gestión de calidad, y me preguntaron acerca de mi trabajo en Campeche y en Refinería, recuerdo que contesté a todas las preguntas y al final de una manera muy informal me dijo:
-Te lo avientas, o no (?)
-Sí- Con toda la seguridad del mundo respondí.
-Pues bueno, hoy es jueves así que, vente el lunes para que comiences con la semana- Me dijo, mientras sentí la emoción de un niño que va a una fiesta a comer pastel.
El camino de la empresa hacia donde tomaría el carro de ruta lo recuerdo como el camino más placentero en mucho tiempo, era un día un poco nublado pero sentía cómo la armonía se hacía presente en el entorno, comenzó a salir el sol, y sentía ese aroma de campo, ese aroma que tanto me gusta, en ese momento algo mágico estaba pasando, todo estaba bien. Sentado en el carro de ruta, seguía sin creer que estaba por fin contratado, mi experiencia en entrevistas no sirvió de nada y fue al final una entrevista informal en la cochera de una casa (que simulaba ser las instalaciones de una empresa) donde comenzó lo que pronto llenaría mi cabeza de incertidumbre, ansia, desesperación y suspenso.
Dormir, era algo que no podía hacerlo tan fácilmente, adiós a mis noches interminables de lectura y de búsqueda de información de lo que me gusta investigar. Será mejor poner todas las alarmas que tenga disponibles, no puedo fallar.
Parecía el día más común pero bueno mis días no son tan comunes porque en ocasiones no sé en qué día vivo, suelo perder la secuencia natural de los días por imaginar cosas o pensar en cosas diferentes.
Mi primer día en un trabajo que tiene unas instalaciones tan retiradas que tengo que tomar dos transportes y caminar un poco. Es la primera vez que tengo que hacer esto pues la ubicación de mi casa me da para tomar casi cualquier transporte y me lleva a mi destino, pues vivo en la zona centro y aunque al principio fue la novedad, hoy carece de entusiasmo y da más flojera con el pasar de los días.
Llegué demasiado temprano, media hora para ser exacto y decidí esperar en una banca donde el transporte pasa, mirando a mí alrededor pensaba en qué tan lejos estaba y no entendía cómo fue que llegué en donde estoy. Un señor con una maleta lonchera bajando del transporte me hizo pensar que se dirigía al mismo lugar que yo, una señora regañando a su hijo porque se le hace tarde, un gato, un perro, la vida de una colonia en todo su esplendor y yo perdiéndome de esos detalles de la vida, entre transportes, gente vendiendo riñones y agua de horchata. Un coche blanco dirigiéndose en la misma dirección donde se fue el señor con la lonchera, me dio curiosidad porque en mi casa no gustan de las cosas en color negro, siempre han preferido más el blanco, seguro van a la misma empresa.
La emoción de lo nuevo, la excitación de enfrentar a lo desconocido, caras nuevas mentes nuevas, personas con otra visión, esa sensación de frescura social ya podía percibirla a cada paso que daba en un camino pavimentado y semi cubierto de tierra.
Pensaba más en lo que tenía que hacer y dejaba a un lado las complicaciones que en ese momento hacían de mi vida deleite tormentoso de cualquier calumniador.
¡Ah!, parece ser que aún no se bajan del coche blanco, quizá llegaron tan temprano como yo, o sólo viene a dejar a su pareja, seguro será una compañera del lugar que es mi nuevo trabajo.
-¡Buenos días!
-¿Qué se le ofrece? ¡ah! es de nuevo ingreso, ¿no es así?
-Así es, vengo al área de calidad.
-Sí, ya me habían comentado, pase de éste lado y espere un momento mientras localizo al de recursos humanos.
Mientras me hacen esperar, pienso un poco en las cosas que tengo que hacer a mí llegada al departamento de calidad, lo primero que tengo que revisar y lo primero que tengo que preguntar, cosa fácil. No me preocupé por revisar mi vestimenta ni nada por el estilo, cuando se es guapo tantos años, uno se puede quitar ese tipo de preocupaciones.
Los del coche blanco se acercan, pero qué inseguridad, la acompaña hasta la puerta, pero bueno, ante tan buen ejemplar no puedo culparlo del todo debe marcar su territorio. Tremenda sorpresa me llevo cuando de la voz de ella y de él anuncian su llegada como “nuevos” ahora somos tres esperando al de Recursos Humanos, y pues, qué chido.
Él: una cosa poco común pues es de pelo rojo y es en realidad poco común encontrar a un zanahorio(sic) por estos rumbos, me hizo recordar aquella época en que salía con una chica que tenía el pelo teñido de rubio y al cambiar su tono por un rojo, me fascinó, le daba un toque antojable y de mucha tentación.
Ella: una mujer atractiva con zapatillas rojas y altas con ropa bastante ajustada, pero, no apretada en realidad parecía hecha a medida, su ropa se fundía con su delgada y bien formada figura, la tela en cada curva daba la silueta de una figura cuidada y trabajada, “seguro va a un GYM” pensé.
Él prefirió observar más de cerca lo que estaba en un pasillo y se perdió en él, parece ser que fue al baño; realmente no hacía otra cosa que mirarla, a veces de reojo, pero era suficiente. Seguro es una mujer creída, de esas que saben que por su apariencia las joyas de la corona le quedan chicas, seguro nunca nadie es suficiente para sus altos estándares de exigencia, ¡pero qué cosas piensas, si aún no le conoces! Recuerda a Issis, una mujer tan hermosa como naca, hay de todo en esta vida y hasta no tratarla no se debe juzgar.
Pasamos los tres a la sala de espera, al menos ya no estaba en una cochera y me encontraba en un cuarto que carecía de iluminación, un poco abandonado en cuanto al ambiente y un poco solitario, mmm, mejor me hubiera quedado afuera, al menos afuera circula más el aire. La conversación no pude hacerla esperar, y empezando con un simple:
-¿A qué área viene ustedes?
-Vengo a apoyar en calidad- dijo él, mientras su mirada y sus labios brotaba la inseguridad-
-Yo no sé a qué área vengo, aún no me han dicho- Ella, con una sonrisa impecable.
-Pues yo vengo al departamento de Calidad, a encargarme del sistema de gestión.
-A lo mejor estoy contigo- decía él con una expresión de empatía y un poco de tranquilidad.
El de recursos humanos salió por una puerta que dirigía a unas escaleras, y salió por la misma puerta por la que entramos, me paré y ajusté un poco mi camisa, esto de ser gordo desacomoda mucho mi camisa, bueno, no estoy tan gordo, sólo me he descuidado un poco pero nada que no pueda arreglar cerrando un poco la boca a la hora de la comida. Entró intempestivamente el de recursos humanos y yo estaba parado, dijo “vengan para acá” y nos metió a los tres a otro cuarto, que más bien era una oficina de varios sin cubículos, estábamos parados y sentí que la situación iba de mal en peor, de nuevo el de recursos humanos entra rápidamente y me dice: “ven tú, ustedes espérenme” Entramos en la misma puerta donde primero salió, unas escaleras en forma de caracol con azulejos color café eran el acenso a lo que estaba esperándome. Me presentó con la persona que ahí se encontraba, la odisea comenzaba.
Mi nueva oficina no parecía mi oficina, un señor en el lumbral de la tercera edad sentado con una laptop en un escritorio que da la pauta de un ambiente de oficinas ochenteras, el viejo toque de simulación a madera en la pared era exótico y generaba bastante distracción. El desorden era el rey indiscutible y el silencio era permanente, un cuarto semi-vacio con un librero de madera que posiblemente ha sido improvisado.
Revisaba documentación y mi mente se distraía poco a poco, comenzando con preguntas tan raras, preguntas como: ¿en qué área estará? ¿Vendrá para secretaria o será profesionista? En un parpadeo como un reflejo de un piquete de abeja, volví a mi lectura técnica tediosa.
El día, quizá el más largo que he vivido en mucho tiempo, un señor que decía poco y en su mirada tenía la sensación del remplazo, yo, analizando cada ángulo que podía encontrar. Y por fin la jornada laboral terminó.
-------La curiosidad.
El lonche era de nuevo un sándwich de jamón con queso amarillo, mi madre sigue olvidando que no me gusta cómo pone el queso amarillo al sandwich, siempre pone muchas rebanadas, hace sentir mi lengua seca en cada masticar, no me gusta. Estaba en la mesa con unas personas que amenizaban la hora de la comida con plática popular, que si mi esposa no hace el lonche como yo quiero, que si a aquél le truena la reversa, que si me invitas un poco de tu lonche, etc. Como era de costumbre, había llegado a la hora exacta al comedor, podía sentir su llegada, desde siempre, ha marcado su presencia con esos tacones que afirman la feminidad en cada paso, recuerdo a muchas mujeres usando tacones eso no es novedad, pero en esta ocasión era muy distinto, le acompaña un gran toque de personalidad, mucha seguridad, la belleza impecable y la sonrisa perfecta. Llegó como siempre; sonriendo, como abriendo el camino en el lugar donde no había sendero ése es su estilo, marca la diferencia, muchas veces me ha dejado sin palabras y en muchas otras ocasiones simplemente no me da tiempo de pensar.
Pero, tiene más cosas que le hacen diferente, podría apostar que en su estilizada figura el viento pasa de lado, como acariciándola sin que ella se dé cuenta, ¿vieron eso? pero qué elegancia, qué porte, qué manera de acomodar las cosas, hay demasiado orden; pero nada de eso está mal, el que está mal soy yo, no sé qué estoy pensando, ¿y si lo pienso y en realidad lo estoy diciendo? ¿Estaré hablando solo? de inmediato vuelvo a comer mi sandwich lentamente y me percato que siguen comiendo, siguen en su plática. El susto pasó rápido, me pregunto si dejarán que me una a ellos en su mesa, no parecen tan hostiles, parecen ser buena gente. Será mañana, porque hoy ya casi termino con el segundo sandwich, ese sabor a queso terminó escaldándome la lengua pero mi madre lo hace con mucho amor o al menos eso quiero pensar.
Temprano a la hora de entrada me encontré con ella mientras él, su compañero firmaba la hora de llegada, estábamos los dos frente a frente, yo no sé por qué estaba ahí sólo habíamos coincido en la entrada pero bien pude seguir mi camino, aunque en realidad quería contemplar aquel ejemplar que la naturaleza da como regalo, una mirada como de recién levantada, seguro durmió tarde porque eso de ser guapo 24 horas al día es muy agotador. Lo sé.
No cruzamos palabra alguna, ¡pero claro, pues teníamos pocos días de conocernos de qué podríamos hablar! es cuestión de paciencia, algún tema surgirá pues, trabajamos en la misma compañía.
Siempre he pensado en esos que se enamoran a primera vista “bola de ridículos” esos que se enamoran a primera vista son los mismos que se llenan al primer antojo, tan superficiales como simples, no saben disfrutar del contemplar las características de otra persona, no tienen idea de lo que es sentir sólo devoran a cada bocado lo que encuentran por lo que ven en una persona. Sonsos.
Mi compañero y yo escuchamos todas las mañanas unos tacones que suben y bajan escaleras que andan en el pasillo y que suenan, como símbolo de la feminidad. ¿Quién es ella y por qué está con él? Fue la primera pregunta que brotó en el aire de la oficina, y aunque no teníamos una respuesta certera, teníamos la libre sospecha de todo y especulábamos acerca de nada. Fue hasta en una hora de comida cuando nos aclararon a todos su parentesco familiar, ¡pero qué cosa tan particular y uno pensando en sospechas sin fundamento! Pero, no estaba yo tan convencido de ello y aunque no debía de dudar de su palabra sentía algo diferente, pues su vibra era muy distinta y era eso lo que no terminaba de convencerme.
En una ocasión mientras comíamos celebrábamos la noticia de la fortuna en una tapa rosca de coca cola, ¡Una hamburguesa gratis! ¡yo también! Y yo, una entrada al cine al dos por uno, parecía eso una burla mientras batallaba por quitar el ultimo hilo de una relación; mi tapa rosca me invitaba a ofrecer una entrada gratis al cine para un acompañante; “Así no” pensé, y con un poco de desánimo dije: “Ammm yo tengo un dos por uno para el cine, y no tengo pareja” de inmediato ella contestó de una forma bastante cómica pero sin mirarme “pues si me invitas, yo voy” Su actitud junto con el pensamiento de él, me hizo sentir eso tan raro que me daba indicios que algo no andaba bien. “Mera sospecha infundada, sólo especulaciones de una intuición desgastada por no prestar atención” pensé.
Sin embargo, cada visita a su oficina, se podía sentir el olor a disgusto e inconformidad, alegría con llanto, estrés y frustración, todo en el mismo rincón cuando un golpe de aire envuelve mi mente recibiendo cada sensación extraña, sí, de esa sensación confusa donde todo es verdad y es mentira al mismo tiempo; complicado de descifrar, no había encontrado algo tan confuso, sentía que no había sentido alguno. También pensé que por fin estaba volviéndome loco, tantos años leyendo de temas poco comunes, investigando y haciendo mis propios experimentos de error y prueba, tantas cosas que he visto y sentido pero ante la misma reacción a burla pensé en mejor callarme, aveces se burlan sólo regalándome sonrisas, pero ella y él me brindaban confianza y así los sentí cuando los conocí, había ciertas gotas de afinidad y empatía. Me sentía en una zona segura.
Pensé en algo un poco más de lo habitual, algo que me dé ese momento para conocerla un poco más para desengañarme o para de plano confirmar lo que pensaba y creo yo, estaba sintiendo. No podía pensar en algo, mira, que yo siendo una persona que piensa mucho, no sabía qué hacer.
-------La verdad.
Entre oscuridad de luz y sombras, así estaba el secreto tan cautivo como un búnquer de la guerra fría y tan a la vista como una nube solitaria en un cielo despejado, su voz muy tenue y con una expresión entre nervios y pena. La verdad, ya sentía lo que se pudiera venir, esas visitas a su oficina y esa sensación extraña tenían algo que ver.
Ella, con la emoción y nervios a flor de piel, como si fuese a declamar una oratoria ante un público exigente, él, pues, quizá por nervios pero sólo veía la tele y se desconectó del mundo, de momento sentí en esos segundos que eso que me tenían que decir era sólo un “te tengo que decir” pues no sentí que fueran dos personas, de haberse puesto de acuerdo para platicar conmigo, pues sin hablar, la atención sólo está en el tema, no en una película del México innovador de los años cuarenta, con efectos especiales hechos con el mayor logro de la tecnología y maquillaje de ese entonces.
Oficialmente formé parte de un círculo prestigioso de un secreto, la verdad no entendí lo que seguramente era para ella muy importante, para él, pues; no sé. “Sin son pero no deben” es como logro resumir ese escurridizo secreto que a la luz de la gente es completamente oscuro y que detrás de una puerta puede ser toda luz, aunque no sé si sea así para los dos, pero al menos creo que para ella sí, sentí que ella tenía mucha pena, y que estaba ante la recepción de la expectativa a lo que yo fuera a decir, la verdad, no me sentí muy impactado pues ya tenía una sospecha, pero era una sospecha de ella hacia él, pensé que era ella la enamorada de él y no él de ella, pensé que ese secreto era más de ella que de él.
-¿Qué piensas? (le dije a él)
-Pues no sé qué pienses tú (mientras miraba sin preocupación lo que para él era más importante, o quizá eran nervios).
-Si piensas que voy a juzgar que está bien o está mal, estas equivocado, hagan lo que tengan que hacer y lo demás sólo va a caminar.
-¿A qué te refieres?
-¿Cuánto tiempo van a estar así?
-Llevamos seis años, juntos. (Me decía ella mientras sentía fruncir su frente).
- ¿Y luego qué sigue? ¿A dónde va todo esto?
-No lo sé, supongo que tendremos que irnos de aquí para ser felices.
-Es lo que terminarán haciendo, pues no parece que alguien vea bien lo que para ustedes es un instinto, sentirán incomodidad y se irán.
Un ambiente un poco hostil se paseaba indiferente, pues me parece había dejado una situación real. Harían unas compras, y yo sólo me quedaría en el camino a esperar un transporte que me llevara a casa, en el caminó pregunté si le ha dicho que la amaba, pero interrumpí abruptamente para hacer una aclaración, que ella no se lo haya pedido. La respuesta fue sólo simple, un sí, pero de titubear. No me convenció.
-------Una tormenta.
Lo que el tiempo puede acumular suele ser muy peligroso, hay que tener cuidado de lo que se guarda en una bolsa tan cercana al corazón.
-------Lluvia de Mayo.
Entró a mi oficina y ya parecía un día poco común, sentí por la expresión en sus labios que algo no andaba bien. Mi compañero seguro buscando la tecla “F” o simplemente haciéndose como que no sabía para hacer tiempo. Acomodándose en esa silla con respaldo roto platicábamos con la incomodidad de un tercero que su presencia era más incómoda que simbólica. Se levantó y miró a la ventana con la mirada buscando algo para aferrarse a no sacar de su alma lo que ya estaba a punto de explotar, de pronto, comenzó a llover, entre plática burlesca y sin sentido brotaban de sus ojos la gota[sic] que derramó el vaso, no lo puedo negar, sentía mis latidos uno a cada pulso; no sabía qué hacer no sabía qué decir, sentía como un río de tristeza me arrastraba y yo sin poder hacer algo, sólo dejar llevarme con la corriente, lo único (y creo más torpe) que se me ocurrió fue tomarle la muñeca, en ese momento debí decirle a mi compañero que fuera a ver si ya puso la marrana pero la impotencia me congeló.
Nunca he podido justificar el llanto de una mujer, me parece el símbolo del fracaso de un hombre plasmado en una mejilla roja y húmeda, desde que era niño y vi llorar una vez a mi mamá no he podido concebir tal atrocidad.
Mi compañero como si el mensaje telepático que le mandaba le impulsara a levantarse e irse, se fue: entonces, ¡La tormenta brotó! mi hombro se convirtió en el soporte de una desdicha y yo por dentro paralizado completamente sin fuerza en mis piernas para poder levantarme y abrazarla, ¡era eso lo que tenía que hacer! pero sentía tanta tristeza sobre mí que no pude levantarme, dejé ser yo quien absorbiese el dolor de su alma caída, aunque después no pueda soportar el dolor de mí espalda, el dolor de su alma, el dolor que ella sentía ese dolor que se siente cuando pierdes, cuando ya no hay nada más que hacer, ese dolor que sólo se siente cuando el fracaso te mira de frente y se burla como si fuese él mismo quien te deja ganar y crear tu castillo, para después con un plumazo tirarlo todo.
Cada palabra que salía de sus labios tenía una gota de sangre, no podía contenerlo todo ella sola, no podía soportar ver lo que ha convertido el tiempo, de un paraíso perfecto a un desierto caluroso de día, frío de noche.
Ella preguntaba ¡por qué! y yo queriendo tener una respuesta para no verla así, pero no sabía qué decir, no sabía qué hacer; no sabía ¡por qué! Si es una persona muy perfecta en muchos sentidos, no sabía el por qué de las cosas, no lo entendía y quería saber. Siempre trato de tener las mejores respuestas a todo, pero no pude con semejante reto, sólo sentía esa sensación, un color muy oscuro y no podía ni sabía qué hacer.
En un instante sentía que algo se acercaba, que algo estaba a punto de entrar por la puerta y después sentí que todo ya lo había vivido ¡entró alguien! pero no era la persona que pensaba, era él, algo había alterado el espacio-tiempo, algo había cambiado por completo el curso de las cosas, así no era como debía pasar, había un error ¡algo estaba mal! lo podía sentir, había cambiado todo y su curso también. Después, entro la persona que debía llegar, pero demasiado tarde algo cambio la escena. Ya no se sabrá lo que puso suceder estaba confundido porque algo había intervenido, sentía su mirada sobre mis hombros. Y eso era sólo el principio.
Todos comenzamos a platicar como si nada hubiese sucedido, ella se fue; él se fue; y me quedé como en un principio, en una oficina con mi compañero, que seguramente ya había encontrado la letra “F”
-------La transformación.
Parecía el día perfecto, hasta que me di cuenta a las seis de la mañana que no tenía desodorante. Me tocó venir vanamente al trabajo y fue sólo a poner el coffee Break, un momento tanto incómodo, pero lo que venía no lo tenía contemplado. No tenía en mente la tremenda bomba que estaba por caer justo dentro de mi cabeza y hacer explotar, como un globo lleno de agua en pleno sol de primavera; así me sentía de felicidad.
Sin pensarlo llegamos casi al mismo tiempo al café, y jamás creía que fuese esa coincidencia algo relevante, bueno, no fue nada relevante pero así lo quise creer.
La plática transcurrió entre una orden de enchiladas suizas y unas tazas de café que parecían interminables, que por cierto, yo no tomo café pero no me importó, realmente no sentía el sabor ni el olor del café, lo que sentía era una presencia llena de luz, un aroma que cautivaba mis pupilas gustativas a tal grado que cubrían cualquier sensación de olor o sabor que pudiera tener el café.
Pero qué belleza, y sí, ella es muy guapa físicamente pero tiene un mundo de cualidades y a eso no le encuentro una definición que pueda capturar cada característica que en ella abarca. Sí, el día era muy espectacular, la comida, el cine, la plática, parecía otra vida y en otro tiempo o en otro mundo.
---Dios.
¡Pero qué te pasa! ¡Seguro estás sonriendo! ¡Qué ganas con esto, ¿te divierte? ¿debo agradecerte después?! ¡¿Tu magnífica presencia en el todo, no te es suficiente?! ¡¿Qué se supone debo aprender?! ¿debo aprender algo? ¿te divierte? ¡Contesta, con una chingada! ¡a veces estoy harto de tanto misticismo!
Nunca te he entendido y pienso que de eso se trata, pero entonces me pregunto, para qué estas. Te gusta ver y contemplar el sufrimiento humano, sólo porque uno te falló, esa es una respuesta aceptable ante tu biopolaridad de amar y hacer sufrir para aprender.
Ya sabe que escribo algo que se asemeja a una novela, o algo así, y mi error fue decirle que ella es la protagonista, aunque platicando entre los dos, supimos que el protagonista soy yo y que puede ser un relato de lo que pienso.
Me sugirió un par de finales que realmente son interesantes pero una fatalidad no me hace tan feliz. Es eso.
-------Un sueño.
Me arrepiento, y no es común que lo haga, a veces no me queda más que echar culpas, aún cuando sepa que el problema soy yo, aún cuando la culpa se la dé a Dios , porque no le responde, directamente.
Mi pronóstico está basado únicamente en lo que veo, quitarme una idea de la mente es más difícil de lo que se puede esperar, sí, eso de borrar algo que no se puede tocar ¡caray, pero qué complejo! Pasé la noche pensando en babosadas, meciéndome en mi hamaca y dibujando un universo con acuarelas de colores incandescentes. Me quedó muy bien, notaba cierto grado de felicidad y me sentía muy a gusto, entonces entendí que todo estaba mal de eso, la vida no se trata de ser feliz o al menos eso es lo que he visto a lo largo de mis pequeños 28 años.
Siempre he sentido mi autoestima por encima del promedio, sin embargo en esta ocasión siento que no puedo rendir lo suficiente para esa persona, me siento menos y eso no es normal en mí, bueno, hay muchas cosas que no han sido normales en mí y en muchas ocasiones simplemente he pensado en arrojar todo a la chingada y volver a comenzar.
La verdad, es una lástima que la vida no sea como el SuperNintendo, ahí un Reset bastaba para borrar todo y comenzar como si nada hubiese pasado, no importaba si había dedicado toda la tarde en llegar a algún nivel, si no me gustaba mi record, podía volver a empezar.
-------Necesito olvidar.
Pero qué hago.
No puedo pedir y hacer algo que no está en su tiempo, ella se encuentra en un periodo de transición, aunque pienso que no lo ha superado del todo, ¡pero claro! no es tan fácil borrarlo todo, no es un "abre la puerta y ciérrala" pero él me hace sentir incómodo, bastante, en la oficina de ellos sentí cómo daba patada de ahogado, pues no pensaba dejar libre a quien por años ha sido de su uso privado.
-------Terapia.
Yo sólo quiero sentirme libre, pero no quiero que se aleje de mí, disfruto mucho su presencia, estar y platicar con ella, tanto, que hasta el tiempo siente esa envidia y corre desesperadamente para terminar con ese mágico momento (al menos para mí).
Quiero disfrutar de esa ñoñes de sentirme romántico, yo era un romántico empedernido por la vida, escribía desde muy chico, hasta que se burlaban de lo que escribía y pensé en no hacerlo más. Quiero pasear de la mano con una persona, pero con una persona que disfrute su personalidad, con una persona que haga de mí una mejor persona, que sea mi copiloto en la vida y por supuesto, que haga caritas y gestos.
Me siento muy incómodo conmigo, me siento como si me taladrara la cabeza, porque las ganas de decirle que es una persona muy especial, no puedo guardarlas en una mente tan retorcida como es la mía, duele.
Mi psiquiatra de cabecera me recomendó decírselo, que no importando el resultado yo me sentiría libre, pero sí me importa el resultado, no quiero lejos a alguien ya ha estado lejos toda mi vida. Aun cuando una formalidad no exista, es su energía, sus gestos, su compañía me agrada mucho, me nutre, me hace volver a mis raíces, a volver a sentirme yo.
Pensé en hacerlo, hacerlo hoy y aunque aún no acabo de escribir y darle forma a esto hay muchos detalles que necesito añadir, he pensado en una segunda parte, el final de esta primera parte, no será un “final” porque le daré a leer esto y escribiré en la segunda parte lo que pasó. Ya habré dado forma a esto y a mi vida también.
-------Libertad.
El tiempo se suspendió, el silencio era más que profundo, si alguien estaba taladrando una pared no podía sentirse vibración alguna, pues era un punto cero donde el antes y el después pasarían a hacer la diferencia entre una estupidez y la sinceridad. No sabía qué decir, hasta que dejé ir un poco de lo que rodeaba mi mente, que al decir verdad, era una bola de ideas sin control.
Los nervios haciendo de las suyas y mi bote de agua estaba sufriendo la fuerza y la presión que dejaba salir por mis manos confusas y ansiosas, ansiosas de nada porque no esperaba algo que pudiera cambiar el curso de la historia, de momento pensé en qué rayos había hecho y que no tenía sentido, pero sentí mucha libertad y calma, de esa libertad que me dejó los labios secos de hablar lo que ahora ya no recuerdo. La metí en problemas o en aprietos, y quizá pueda arrepentirme de ello, pero qué más da, si soy un egoísta que sólo buscaba una puerta fácil ante tanta presión por todas las paredes, lo que viniera era ganancia para mí o al menos eso pensé.
Parada frente a mí, con su expresión aterradora de no saber cómo reaccionar ante tan precipitada lectura, nadie la preparó para tal impacto emocional, nadie lo sabía ni yo estaba preparado para semejando muestra, no me gusta que lean lo que escribo y de pronto, mostré más de lo que pudiese mostrar, prácticamente exhibí una parte de mi pensamiento, una parte de lo que me suena en la cabeza. Pero fue la presión que él originó preguntándome el por qué estaba tan raro, interrogando el quizá estuviera yo enamorado, fue una bomba mental, yo, que no había contemplado detalles tan ajenos a los prototipos de mujer cotidiana, y mi psicóloga de cabecera, afirmando lo que en una especulación de conclusiones superficiales le puede dar, pero si sólo tengo una curiosidad, aun no niego nada, pero eso de enamorarse tan rápido sí me parece una barbaridad, una afirmación sin fundamento.
---Fue martes.
Cuando notaba que las cosas que supuestamente seguirían normal, no lo estaría y no puedo hacer yo tampoco como si nada hubiese pasado, me sentía desnudo ante su mirada. No quería dejar las cosas así.
La invité a leer lo que avanzaba en lo que escribía, pensé muchas veces en hacerlo o no hacerlo, y cuando pensé en hacerlo quedaría en ella si gusta de leer lo que pudiera seguir. Me arrepentí, y cuando le decía por celular que no viniera, ya escuchaba sus pasitos subiendo por la escalera. Pasitos chiquitos e inquietos. Me sudaban las manos y por naturaleza pudimos aclarar un par de cosas. Sentada a mi lado con una mirada crítica ante lo que había escrito, relataba lo poco que recordaba de ese día que leyó y pasmó el día de impresiones no encontradas, brotó tan repentinamente que no me dio tiempo de pensarlo y por impulso instantáneo de una idea nueva le hice una tremenda aclaración que parecía un poco déspota y arrogante, pero más real que la imaginación creada por todo lo sucedido
-¡Espérate! Tienes un error en tus palabras- su mirada desconcertada y aturdida decía
-¡Cómo!
-A pesar de lo que piensas y de lo que leíste, yo no estoy enamorado de ti.
-¡En serio! Me quitas un gran peso de encima.
-Tengo una curiosidad por lo poco que te conozco, quiero y tengo ganas de seguir conociéndote, no puedo enamorarme de una persona así de rápido.
-Es verdad.
-Sólo dame ése chance porque lo que no quiero es que te alejes por algo que en definición no es, es muy curioso ver y encontrar una persona con características tan diferentes a los estándares femeninos tradicionales, cansado de toparme con mujeres que sólo me dan por mi lado y no me cuestionan para no molestarme, con poca iniciativa, voluntad y organización, tengo sólo la curiosidad de cómo eres. Quizá no eres del todo lo que pienso que eres.
-Quizá no soy lo que esperabas.
-Quiero seguir explorando ¿me das chance? quiero más sábados como los anteriores.
-Bueno- decía mientras movía su cabeza de arriba abajo sin quitar su mirada fija, que interpretaba la sinceridad con lo que estaba diciéndole todo.
El ambiente cambió tan radicalmente que podía sentir una sensación de tranquilidad. Su entusiasmo volvió.
Al correr de la semana parecía que todo había vuelto a la normalidad, quizá no tomó la importancia que pensé tenía, quizá no sea nada relevante y soy yo quien toma importancia a algo que nadie toma en cuenta.
La invitación para ir a mi casa al día del padre estaba hecha, y se veía intenciones por cumplir, yo, estaba más nervioso de lo que acostumbro aunque no tenía por qué tener ningún tipo de nervio pero antes como antesala un día de desastres con un final feliz.
---Sin sincronía.
Tan común como un sábado cualquiera me levanté temprano con todas las ganas de ir a jugar frontenis, aunque sea solo, pero mis ganas se mecieron en la hamaca y terminaron dormidas ¡Las diez de la mañana! ¡Pero qué descuido y tantas cosas por hacer! ¡No alcanzaré estar listo a la una de la tarde! Tan apurado como cuando voy por las tortillas lavé mi ropa y limpié la casa, no vaya a ser que se le ocurra venir, aunque no lo creo pero uno nunca sabe las mujeres siguen siendo lo más parecido a un material radioactivo, siempre a punto de explotar y tan impredecibles como sólo ellas suelen ser, mi día tan atareado como un restaurante de comida rápida pero qué más da lo que venía estaría mucho mejor. ¡Un mensaje! Era ella explicando el por qué no podíamos vernos a la hora acordada, “bueno” pensé, me da tiempo para terminar de hacer el quehacer en la casa.
Pasando las horas y la casa limpia, la ropa limpia, yo limpio, todo parecía ir bien, estaba casi listo y con un plan entre manos para recibirla y darle un sorpresa, si todo salía bien y en el tiempo que tenía fijado, sería ese algo en una imagen capturada en mí memoria.
Visité a mi amiga Sharon, lamentablemente tiene cáncer, y hace meses le dieron la mala noticia que quizá este año sea el último de su vida, tiene una hija y las mejores ganas de vivir, es la típica amiga que se lleva bien con todos, es un amor. Cuando recibí la noticia lo tomé como algo que no trascendería, a una persona como ella no puede pasarle algo como eso, es buena persona aunque a veces es como la chingada, ella siempre está disponible para cualquier amigo y sabe ser una amiga de verdad, me tocó ver la evolución de su mejoramiento y sus decaídas hasta el punto en que llegué a dudar si se mejoraría, pero un mal día visitándola cuando en ese tiempo tenía un local en el Macalito me dijo que su último diagnostico era de seis meses, más o menos. Sentí mucho frío, jamás imaginas a una persona como ella decir ese tipo de cosas, sus ojeras marcadas como un desvelo de preocupaciones por tratar de resolver qué será de su hija sin ella, la niña no tiene papá y de él, mejor ni hablar.
La visito todos los domingos y de vez en cuando la visito entre semana, se me ocurrió preguntarle acerca de lo que piensa hacer y no ha realizado, con tristeza lentamente dijo que su último deseo es muy difícil de cumplir, sin pensarlo le pregunté cuál es ese deseo tan imposible, el ruido de la gente se enmudeció con su mirada al vacío, no recuerdo verla tan triste, miró hacia arriba y volteó a verme.
-En mí situación no creo que pueda hacer eso.
-¿Qué es? ¿Quieres tirarte de un paracaídas? ¡No friegues!
-No, tú me conoces hace más de diez años que somos amigos sabes lo buena y mala que he sido hasta lo puta que fui, y la verdad, nunca pude llenar un vacío que ahora es más difícil.
-¡Sharon, por Dios; dime!
-(…) quiero casarme, quiero saber qué se siente despertarse por la mañana con una persona que decidió darte su vida hasta sus últimos días, que esa persona me abrace por las mañanas y que en un beso me diga que me quiere, que esté conmigo porque a veces me siento muy sola, tantos hombres que han pasado por mi vida y ninguno supo llenar ese hueco, y ahora, ahora que estoy muriéndome sé que no se puede, dime la verdad: quién va a querer a una persona que se está muriendo de cáncer, que está pelona y que en cualquier momento se puede ir, la verdad yo la sé, y sé que eso jamás va a suceder.
-Pero Sharon, ¿y tu novio? .-Tenía un novio.
-De ese Wey no me hables, lo dejé ir porque no quería que viera como yo sufría cuando tengo mis recaías, mejor decidí que hiciera su vida con alguien que tenga más futuro, más vida ¿No quieres casarte conmigo?- Me dijo entre espacios de burla y comicidad para relajar ese amargo momento
-Hay Sharon, eres una excelente persona y yo encantado me caso contigo.
-¡Já! ¡Cabrón! si yo sí te conozco, se de cuanta vieja tuviste hasta con la Issis anduviste.
-Sí pero no funcionó.
-Ay sí, ella tan bonita, me sorprendió que anduviera contigo, pero tú pisas y corres no quieres comprometerte, si yo sí te conozco.
-Es que siento que me presionan o a veces no me siento a gusto, ya sabes cómo soy de mamón y sangrón.
-Hay sí ya sé, ni quien te aguante pero no me casaría contigo, no eres de fiar.
-¿Por qué dices eso?
-Ya te dije, tu sólo pisas y corres y yo no estoy para esos juegos, ni correr puedo.
-Pero ya no tengo 18 años ya no busco lo mismo, ya no tan superficial.
-Algún día tenía que pasar ya te veré, te van a traer bien cortito y te van a tratar tan mal que te vas a acordar de Fanny y Araceli, como las tratabas, mamón.
-¡Ay Sharon!
-Es verdad, esa Fanny te adoraba y tú ni la pelabas, se ponía a tus pies.
-Eso no me gusta y bien lo sabes.
-Pero no valorabas lo que hacían por ti.
-No quiero hablar del tema.
-Sabes que hiciste mal.
-Pero ya cambié.
Siendo una persona de confianza, se me ocurrió hablarle de ella, la mirada de Sharon era muy distinta, era muy analítica.
-¿Qué piensas, Sharon? ¿Por qué me miras así?
-Te das cuenta de lo que dijiste.
-Sí, ¿qué tiene?
-No la describiste como lo haces con otras, te interesa algo más que su físico, y tú siendo tan superficial.
-¡Yo no soy superficial!
-¡Ay yayay! Hombres, pero me da gusto por ti que ahora veas otra cosa que te ha llamado la atención, esa manera en que la vez es muy curiosa y más viniendo de ti, jamás pensé que dirías: “Deberías de verla, tan elegante como ordenada, tan femenina como disciplinada, con metas en la vida, tan entusiasta, con una sonrisa perfecta, con mucha iniciativa.
-Y ahora tú, qué ves en eso ahora por qué.
-No lo sé, bueno, sí pero es que no había notado eso. Fanny, un desmadre su casa, me invitaba a pasar y no entendía si no tenía vergüenza o yo era el mamón. Araceli, con respeto ¡pero qué cochina! No sé si sea por mamón pero tampoco tolero eso, y así, no.
-Y por eso vienes así.
-¿así como?
-Así de arreglado ¿Vas a ir a verla?
-Más tarde, iremos a comer y al cine.
-¡Milagro, tu que eres tan codo!
-Bien que me conoces.
Llegaron su hija y su hermana y un nuevo amigo cubano con unas tortas de la barda que nada más de verlas me daban ganas de darle una mordida de esas mordidas profundas. Sin dudarlo me invitaron y todos comenzaron a preparar la improvisación de la mesa cuando dije que no quería porque estaba a dieta.
-¿Tu, a dieta? ¿Sí sabes qué es eso, verdad?-Decía Sharon-
-Sí.
-¿Y por qué estás a dieta?, bueno, estas gordo pero eso te ha valido un cacahuate.
El cubano dejó de masticar ante tan agresiva y segura afirmación, seguro sentía que vendría lo peor.
-Pues aunque no lo creas ya he dejado el refresco, es un viejo amor que cuando lo veo ya no siento nada.
-Sí tu, y luego el refresco. ¿Por qué, estás enfermo?
-No, la verdad ella observo que sí llevo una mala alimentación, y la verdad es que tiene razón.
Su hermana me miraba con ojos de sospecha y no cambiaba su mirada, ha de ser ese tipo de instinto raro que se cargan las mujeres, así lo sentí.
Paró Sharon de comer su torta y me dijo:
-¿Y por qué le haces caso? A ti no te importa lo que digan los demás.
-Pues, no sé también hemos visto unos colores para pintar mi casa y eligió uno que me gustó –en mi intento de desviar el tema, resultó peor-
-¡Como de que eligió un color! No entiendo por qué dejas que se meta tanto en tu vida y le das permiso hasta de elegir un color para pintar tu casa.
El cubano sintió un poco de calor en la situación y se alejó un poco con su torta, aunque no había de qué espantarse, así es ella, sólo que no la conoce.
-Pues no veo mal lo que está haciendo por mí, además sí estoy un poco gordo y un nuevo color le vendría bien a mí casa.
-Hay niño mejor come, que soy yo la enferma y te queda una vida por delante- Me dice Sharon mientras todos retoman su lugar y la salsa de chicharrón comenzaba a escurrirse en el mostrador.
Platiqué con su hermana unos minutos y con su hija, en cuanto al cubano, pues es de lo más expresivo, me di una buena divertida con sus anécdotas en cuba hasta que a Sharon se le ocurrió ver el reloj y comenzó a molestarme diciendo:
-Se me hace que te dejaron plantado, señor mamón –La hermana sonrió y no pudo evitar aventar la carcajada.
-No creo, seguro se le atravesó algo.
-Y para tus pulgas, se me hace que ya valió.
-Sólo estoy esperando ese mensaje y me voy.
-¡Uy sí! tu, el guapo, el galán, esperando un mensaje, pues quién es.
Su hermana y el cubano no paraban de reír y de burlarse en mi cara, mientras que su hija se comía las quesadillas que tanto antojo me dieron.
-El libro
Insoportable sus caras de burla, y yo con lo poco tolerante que soy mejor comencé a despedirme de todos y sin haber recibido algún mensaje de confirmación, mi exprés paseo por el centro pintaba el día de un color diferente, podía respirarlo en el aire y podía sentir el ahora que cambiaba de, sudores de medio día, a un aroma más o menos a su perfume.
Cuando logré conseguir transporte público, pensaba seriamente en hacer eso que había pensado desde hace mucho, sí, regalarle un libro. Un regalo poco casual o poco común para una señorita promedio, pero claro, ella no es una señorita promedio, gusta de la lectura y de la lectura extensa, bien descrita y de muchas hojas. El transporte iba a exceso de velocidad, y como siempre estaba a un centímetro de cometer un accidente, sólo espero un día de estos no estar en los zapatos del accidente que vi ese día, fierros retorcidos pues los autos de hoy día parecen hechos del más delgado aluminio, un recargón y ya quedó plasmado en el cobre.
Si bien ni un mensaje y ya me parecía sospechoso, decidí tomar por hecho lo que pretendía hacer, sí, regalarle un libro, ese libro que le gusta para leerlo de una sentada, aunque para mí leer semejante libro en un sorbo es imposible, pero en fin. El lugar se ha llenado de jovencitos que esperan la hora de comienzo de su película favorita, chamacada de 17 años, a lo mucho, sus pieles nuevas no tienen marca alguna. Supe mezclarme con “la chaviza” y me dirigí al área de libros. Sin alguien que me atendiera comencé a observar el tipo de libros que sin querer tenía enfrente, sí, ahí estaba ese libro que desde hace tiempo me habían recomendado se llama: “Amor se escribe con H” estaba a escasos segundos de comprarlo pero en cuestión de segundos mi mente hizo cálculos a velocidad atómica y confirmó que mi semana estaría un poco apretada, será para la próxima.
Un joven se apiadó de mi impaciencia y me preguntó si buscaba algo
-¿Buscaba algo en particular? – se acercó a mí, un muchacho, seguro tengo calcetines con más edad que él.
- ¡Claro! Estoy buscando el libro Game of thrones, el primero.
- ¡Claro que sí, por aquí lo tengo!
¡Madre mía! Lo pensaba un poco más barato, pero qué más da, en realidad no estaba tan caro, lo que pasa es que soy un codo y estoy acostumbrado a gastar sólo en mí. Lo compré y sentí que estaba haciendo algo que no sabía que estaba haciendo, ni si quiera sabía por qué lo estaba haciendo, pero lo hice. Me pareció un poco simple entregar algo en estas condiciones, algo sin envoltura o sin algo que le dé más énfasis a la intención, pero si no sabía cuál era mi intención, entonces no sabía qué escoger para llevarlo, se volvió confuso al ver envolturas y bolsas conspirando contra mí, y pensaba eso porque todas y cada una eran para regalos de pareja, entre bolsas de frases de amor y bolsas de regalo para cumpleaños de niño, me gustó uno, decía ¡Feliz cumpleaños! Pero tenía la seriedad que necesitaba y daba píe al sarcasmo que justificaba la entrega, un ¡Feliz NO cumpleaños! Podía solucionar el por qué compre algo sin motivos aparentes.
Envolverlo se convirtió en una batalla de sugerencias y ceño fruncido, tanto mío como de la persona que me ayudaba amablemente a envolverlo, si bien no era su responsabilidad hacerlo, me ayudaba y como soy el cliente, si le digo que me ayude, tengo la razón, además que estoy guapo y no creo que se niegue.
-¿Así le gusta joven? –Enseñándome una obra maestra de un niño de prescolar-
-Amm, pues, si subes un poco más las puntas del papel china quedaría mejor, es que casi nos se ve.
-¿Así está bien, joven?- Lo sentía demasiado arriba y no me parecía su forma de acomodarlo-
-Pues mira, si lo acomodamos de esta manera –yo metiendo las manos porque si no lo hago yo, no está bien- se verá mucho mejor.
Me miró como diciendo “aparte de estar loco, tiene feos gustos” pero para mí estaba bien, hasta que quise tomar el regalo por las asas y me di cuenta que estaban bastante arriba y estorbaban.
-Así déjelo, lo tomo por los lados, se me hace tarde.
Me senté en la jardinera del cine que está aún lado de la tienda donde compré el libro, a mí lado estaban dos jovencitas adolescentes que peleaban por la cosa más estúpida.
-¡Wey! Es que no me habla y no le voy a hablar.
-Que se chingue, para que vea quién es más cabrona, total, por un wey no nos vamos a pelear.
No sentí en qué momento las nuevas generaciones adoptaron un lenguaje tan vulgar, pero en fin, estaba desesperándome porque no tenía la llamada o el mensaje prometido, volteaban a verme y su sonrisa burlona me daba la razón que hasta ese momento me han dejado plantado, cosa que hace mucho no me sucedía, en la mayoría de las ocasiones soy yo quien se va antes pues no me gustaba esperar si habíamos acordado una hora, pero en este caso fue un “yo te aviso cuando vaya para allá”
Las horas pasaron, muchas horas y mi paciencia estaba en un borde, no logré notar cuándo se fueron las jovencitas que estaban a mi lado, sólo noté que ya estaban sentadas en otro lado y desde ahí se burlaban de mí. En el pequeño limbo de la espera me llegó el tan afamado mensaje, argumentando que no asistirá por problemas de transporte, sentí un poco de coraje, no por ella, si no porque se convertía en uno de esos días en que se planean las cosas bien y al final el resultado no es lo planeado, le llamé para decirle que iba para allá, mientras me contestaba ya iba de salida del cine.
-Voy a tú casa.
-¡No!, por qué.
-Porque tengo algo en mis manos que debo darte y no pienso quedarme con ello.
-No, ya te dije que no.
-Por qué no-
-Porque no quiero que vengas.
Pero qué forma tan tajante, cortante y enfurecida. Tomé el transporte para ir de regreso a mí casa, mientras le enviaba un mensaje diciéndole que estaba en el cine, y que de recibir el mensaje diciendo que venía en camino, pensaba decirle que se fuera de largo al cine y que ahí le esperaba, ese era el plan, sí, ese plan que se hizo nada.
Avancé bastante en el camino de regreso a casa, y mi celular vibró lo suficiente como para sentirlo y pensar que era ella contestando mi anterior mensaje
“¡Como de que ya estás en el cine, deja le digo a mi primo si me lleva!”
En seguida confirmó que ya iba hacia el cine, mi coraje se endureció porque yo estaba más cerca de mi casa que del afamado cine, no quedó otra cosa más que bajarme y regresar, por suerte no batallé en encontrar un transporte que me llevara rápido. No entendía por qué pasaba esto, pero estaba pasando y mi coraje poco a poco estaba disminuyendo, pues pensaba en a fin de cuentas nos veríamos y aunque no viéramos película alguna por lo tarde que era, iríamos a cualquier otro lugar.
Como un Déjà vu estaba de nuevo en el mismo lugar, pero en diferente hora, pero pareciera el día de los mensajes pues recibí uno más y diciendo
“Espérame del lado en que me bajo del carro, tengo zapatillas altas y batallo”
Y pues, cualquier pedir ya era un apéndice sin importancia, y por supuesto, la esperé. Llegó y se bajó, sí, tenía una cara apenada y un poco molesta decía: “a ver, qué es eso que tenías en las manos que tenías que darme” regresé donde había dejado la bolsa y se la entregué, entonces sucedió:
Asombro fue el comienzo pues se lo entregué entre mi cara de disgusto y un gusto por verle ese día,
-¡Qué hiciste! – Y decía mi nombre mientras su mano se adentraba a la bolsa de lo desconocido-
-Pues espero y te guste.
-¡¡QUÉ HICISTE!! – entre una sonrisa traviesa tomó y saco con su mano lo que adentro esperaba desde hace horas.
-¡OH! –su mirada se transformó en una expresión de asombro y sus ojos más grandes se hicieron
-¡No puede ser!
-Muchas gracias, en serio –Entonces ocurrió, logré plasmar en mi mente una fotografía a ráfaga rápida esa expresión en su mirada, que hacía juego con una sonrisa que antes no le había visto, tan rápido pasó y tan rápida fue mi memoria que aún sigue en mi mente, una mirada pícara con una sonrisa apenada, una amalgama de muchas expresiones y no sé si de sentimientos, pero logré ese cometido que pretendía obtener, una reacción sutilmente original, algo que no ha repetido o que al menos no he visto otra vez en ella, y aunque me gustaría volver a ver esa expresión, no sé cómo volver a reproducir tan original expresión.
-La comida.
-La disculpa.
Un día tan común pasó a ser no tan común, pues tenía papeles y copias llenando mi escritorio mientras mi compañero revisaba las noticias del día, decidí comenzar a poner en orden tanto documento que si bien no era desordenado debía de poner más en orden. Logré distribuir en el entorno de toda mi oficina ese papeleo casi imposible de acomodar, tomaba cada una de las hojas y la clasificaba conforme a la distribución que no me había dejado espacio alguno.
En ese momento que logré sentarme para hacer una pequeña revisión en la computadora, tocó él para poder entrar, entró con su mirada un poco distraída, saludó a quien es mi asistente y comenzó a caminar en forma pendular enfrente de mí, dando seguimiento a cada paso que daba.
-Entonces, has leído lo que yo he leído –haciendo referencia a esos libros de superación económica-
-Sí, he leído gran parte de la bibliografía que tienes, ya te había mencionado que mi hermano está bien sumergido en ese tipo de temas, y ha comprado una gran variedad esos libros.
-Y qué te parece, a qué conclusión llegaste (?).
-Pues, pienso que son puras jaladas, decirte lo que tienes que hacer cuando si por interés e instinto lo terminas haciendo, además, dudo mucho que el tipo de personas que logran ese tipo de éxito, hayan leído una fracción de ese tipo de libros. En mi opinión personal, no me gusta.
Sus tonos comenzaron a hacerse más gruesos, y trataba de cuestionarme acerca de mi manera de pensar, acerca de cómo hablo y las palabras que digo, contando cada una y concluyendo por el número de veces que repito una palabra.
-¡Ves, dijiste otra vez yo! – decía mientras caminaba en círculos siguiendo un pie delante de otro pie, con la mirada hacia abajo y en tonos muy burlescos.
El interrogatorio llegó a muchos puntos extremos, desde mi manera de debatir, que si bien siempre trato de dejar en claro que es sólo mí opinión, suelen tomarlo muy personal. También tocamos temas muy profundos, acerca de la humanidad, su origen y su dirección.
-Este planeta tierra terminará llamándose planeta Piedra. –Dije, mientras seguía acomodando esas hojas que parecían interminables.
Mi compañero de oficina sólo escuchaba, aunque tenía sus audífonos puestos, yo sé que escucha, le gusta escuchar y sacar sus conclusiones de ello y en esta ocasión no dejaría pasar esta confrontación que sentí vinieron a hacerme, para que me diera su punto de vista
No paraba de citar autores y de referenciarse ante libros y opiniones que si bien no podía juzgar si eran correctas o no, no eran suyas. Su nerviosismo decreció y formaba en cada paso de su andar semi circular un ambiente bastante hostil, al punto que mi compañero dejó por un instante lo que estaba haciendo y miró por encima de su computadora, sólo para dar certeza de manera visual lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos. Sí, estaba mi compañero frente a una suave discusión de ideas de dos machos alfa, sin embargo, tomé la postura que debía de tomar hablando con un tono muy suave y expresando poca preocupación si he de tener la verdad o no.
Dejó de dar vueltas y de cuestionar mi pensar por un momento y entonces ella entró, saludando cordialmente, me sentí un poco desconcertado y todo se quedó en blanco, al menos en mi mente, fue una visita bastante fugaz pero estaba casi de frente a mí y podía ver el café de sus ojos, al despedirse se cubrió tras la puerta y trataba de decirme algo con sus labios pero sin sonido, y no podía entender palabra alguna, pero sí comprendí el final, fue un “luego te digo” lo que tranquilizó en ese instante mi duda.
-Es acerca de un negocio –me dijo él mientras tocaba mi escritorio con su mirada y de inmediato se contestó, yo terminaba de cerrar la puerta donde me despedí de ella.
-No, no es nada, es algo que no debo de meterme- Su mano en la barbilla dotaba de dudas su mente.
-Dime.
-No, olvídalo, es algo que no debo de meterme –repitió mientras comenzaba de nuevo a caminar en círculos por mí oficina.
Su llegada amortizó ese debate sin reglas, donde mis ideas parecían el ataque asechador. Sin mucho que decir y quedándose callado, decidió irse. Me sentí confundido y un poco cansado mentalmente, pues estaba reacomodando muchos papeles y estaba contestando preguntas muy directas, esas preguntas que en el tono de voz puede sentir un golpe verbal.
-Qué opinas. –le dije a mi asistente y sin dudarlo se recargó en su silla y quitándose sus lentes bajo una mirada de juiciosa.
-Siento que es un joven que no sabe quién es. Tiene ideas de otros, no forma su propio juicio, todo te responde en palabras de otra persona. Es una persona que puede adoptar la personalidad de otra persona, es como si yo leyera acerca de la madre Teresa de Calcuta y eso me convierte en un pacifista. Una cosa es que tengas influencia de autores o de personas, otra cosa es lo que le pasa a él. Piensa que está en lo correcto sólo porque a otras personas le funcionó, y no siempre puede ser así, es bueno tomar algo como referencia pero no hacerlo una verdad absoluta.
Mi compañero de oficina tomó un punto de vista que yo no sentía, yo sentía su presencia tratando de imponer su idea. Cosa que no pasó a mayor pues tenía mucho trabajo y estaba bastante atareado.
Con tanta hoja regada por mi oficina, salí de ella para ver otro color que fuera el blanco del papel, pensaba ir con mi psicóloga de cabecera pero en el camino me topé con ella, mi impresión de inquietud cada vez que nos topamos en esa circunstancia; los dos; en un espacio se-mi libre; sin nadie y sólo se me ocurrió tomarla y llevarla a la aula de capacitación. No sabía lo que había pasado antes de que él llegara a mí oficina, ni después de irse, no supe qué pasó, claramente traté de decir que estaba yo en mi oficina; trabajando, y que él fue quien llegó a hacer lo que en una palabra puedo describir “confrontarme”
Su mirada un poco dudosa como si no creyera lo que yo le decía, como si lo inventase pues no le creía ser capaz a él de hacer eso. Charlamos un rato de negocios y un poco de nuestras vidas, la situación de convirtió en un rato más ameno y todo parecía estar bajo control. Como si algo se le hubiese perdido, entró él nos sorprendimos y más yo, porque su mirada era (al menos para mí) muy intensa.
-El ingeniero está buscándote.
-Voy.
Se la llevó y la sala de capacitación enmudeció con un silencio muy denso. Decidí continuar mi día pues ya no había nada más qué hacer.
Bajé a la hora de salida estaba en el pasillo para llegar a ellos, entraba dentro de lo común, no había cambios aparentes, él estaba lavando las tasas donde comúnmente toman café, su mirada con el cuello torcido capturó mi atención llamándome, con una sonrisa poco tranquila aclaraba que su visita a mi oficina no era en un plan tan retador como aparentemente lo
inineo.wordpress.com/