Para entender qué representa el icono para
los cristianos ortodoxos, basta entrar en una
iglesia de rito bizantino. Ante las imágenes
sagradas, iluminadas por lámparas y velas,
todos los fieles se arrodillan, hacen la señal
de la cruz (juntando los tres dedos, el pulgar,
el índice y el corazón, para simbolizar la
Trinidad) y besan los iconos de Cristo, de la
Virgen y de los santos locales. El icono (del
griego eikon, «imagen») es un signo de la •
presencia de Dios, y la forma más sencilla e
inmediata de reconocimiento eclesial de que
disponen los pueblos bizantinos y eslavos.
Ante el icono, cualquier fiel puede decir:
«iEsta es mi fe, aquello en lo que creo, las
personas divinas y los santos, visibles en
formas y colores!».
El icono, lejos de cualquier forma de idolatría,
se enraíza en una sólida teología y surge de
un crisol de luchas ideológicas y físicas
(persecuciones y destrucciones de imágenes).
Salió victorioso en el 843, fiesta del triunfo de
la Ortodoxia. La victoria del icono se
identifica con la victoria de la Ortodoxia
contra las herejías de los primeros siglos, que
negaban la encarnación de Cristo y rechazaban
cualquier representación de su imagen. Queda
claro, pues, que en el icono no se adoran la
madera y los colores, sino lo que representan,
en un recorrido desde lo visible hasta lo
invisible, desde lo material hasta lo espiritual.
Durante la celebración de la Divina Liturgia,
el fiel ortodoxo tiene siempre a la vista el
iconostasio, una pared de iconos ante la cual
el oficiante consagrará el pan y el vino.
El iconostasio, auténtica suma teológico-visual
del cristianismo ortodoxo, parece esconder el
misterio, pero lo cierto es que revela como una
ventana abierta de par en par. Por eso la
tradición le asigna un origen divino, revelado,
como lo fueron los textos de los Evangelios.
Los primeros iconos de la Virgen con el Niño
en brazos se atribuyen a san Lucas,
evangelista, médico y pintor; y se dice que el
lienzo sagrado con su retrato (mandylion) que
Cristo envió al rey de Edesa, Abgar, (o bien el
velo de la Verónica, en el que Cristo dejó
impreso su rostro sufriente) es el origen del
icono de la Santa Faz, «no hecho por mano de
hombre». Algunos expertos afirman que estas
imágenes son las «copias» del verdadero
retrato de Cristo, el hombre de la Sábana
Santa. De hecho, el sudario que rodeó el
cuerpo de Cristo, y que muestra las facciones
de su rostro «en negativo», estuvo expuesto en
Santa Sofía de onstantinopla con seguridad
hasta 1204, el año de la cuarta cruzada. Según
el concepto de «copia» que caracteriza el arte
I ristiano antiguo y medieval, la autenticidad de
u/la imagen depende de su similitud con el
original. La autenticidad del icono como copia
(o copia de una copia) demuestra la verdad de ...
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