Pintadas de cara, abuso del champagne, pieles de antílope y otras más raras.
La inspiración puede venir de formas muy distintas, algunas más "convencionales" como una caminata, sobredosis de cafeína y algunas drogas; y otras un poco más bizarras.
Encontrar el estado de ánimo más adecuado para conducir al momento creativo es una preocupación bastante grande. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias técnicas, esos caprichos que repetimos como pequeñas ceremonias y nos acompañan en la soledad de la escritura.
Los grandes escritores no están exentos de todo esto, pero algunos desarrollaron algunas costumbres tan extrañas que es imposible no mencionarlas.
1 F. Scott Fitzgerald y su abuso del champagne.
El alcohol se convirtió un una fuente inagotable de inspiración prácticamente desde que fue descubierto. Aunque algunos ni siquiera lo sospechen, su uso va mas allá de ser un elixir que da valor para flirtear con muchachas los fines de semana, y que mejor ejemplo de esto que Scott Fitzgerald.
Muchos escritores escribían borrachos, pero Fitzgerald lo hacía exclusivamente con champagne, a él se le atribuye la frase: “Cualquier cosa en exceso es mala, pero demasiada champange es justamente buena”.
Y aseguraba que el alcohol era lo que le ayudaba a escribir: "Hace dos años me di cuenta de que cuando dejé de beber durante tres semanas más o menos, de inmediato tuve círculos oscuros bajo los ojos, estaba apático y poco dispuestos a trabajar". Esto mismo le escribió a su esposa durante la década del 30.
2 Ernest Hemingway escribía de pie.
Aunque Hemingway fue compañero de copas habitual de Scott Fitzgerald, aparentemente nunca escribió borracho. Eso sí, siempre lo hacía de pie (y estar ebrio en ese caso no ayuda mucho que digamos). Todo debido a las heridas que había sufrido durante la Primera Guerra Mundial y que le afectaron ambas piernas.
Pero iba más allá de estar parado, complementaba con hábitos de vestimenta algo excéntricos. En una entrevista que le hicieronen 1954, el periodista escribe: "Se pone de pie en un par de mocasines de gran tamaño y se tapa con la piel gastada de pequeño kudu (un antílope), con la máquina de escribir y el tablero de lectura frente a él y a la altura del pecho".
3 Edgar Allan Poe escribía en tiras de papel.
Edgar Allan Poe escribía en delgadas tiras de papel que luego pegaba con cera, formando una especie de largo pergamino que luego enrollaba. El porqué de esta costumbre es desconocido, pero la explicación que más se aproxima es que dio el biógrafo Kevin Hayes: "Él reconoció una relación entre el proceso físico de la escritura y el producto literario definitivo ... el rollo escrito prestaba continuidad a un trabajo que las hojas individuales no podían replicar."
4 T. S. Eliot se pintaba la cara de verde.
Después de terminar La tierra baldía, Eliot comenzó a pasarse polvos en la cara para pintarla de verde mientras escribía.
Rumores sobre por qué hacía exactamente eso hay varios: el crítico de arte británico Clive Bell decía que el maquillaje hacía que Eliot se viera "interesante y cadavérico".
Su biógrafo, Peter Ackroyd, dio una opción más convincente: Eliot hacía esto para “no parecer un empleado de banco” y darse un aire distintivo de poeta.
5 George Bernard Shaw escribía en un cobertizo que giraba.
George Bernard Shaw había hecho construir un cobertizo montado sobre un mecanismo giratorio que le permitía escribir siguiendo el curso del Sol todo el día mientras trabajaba. El pequeño cuarto le permitía aislarse del resto del mundo. “La gente me molesta, vengo aquí a esconderme de ellos”, escribió Shaw una vez.
Fue precisamente en ese cobertizo donde escribió algunas de sus obras maestras, como Pigmalión.
¿Tenés alguna costumbre extraña para escribir?