
Nocturne op.9 no.2 (chopin)
Siempre he creído que los genios de la música clásica hablan un idioma desconocido para nosotros, un idioma que sólo se puede expresar mediante una serie de acordes perfectos que desembocan en una idea, un sentimiento, un estado de ánimo, …
Con este ” Nocturno” Chopin definió ese estado tan difícil de explicar que es la nostalgia, o al menos eso es lo que me viene a la cabeza al oírlo. Pero no es una nostalgia triste, es una catarata de recuerdos en cámara lenta que viene a explicarme lo que he llegado a ser ahora, siempre me pasa ésto cuando la oigo, echo la vista atrás y veo mi vida como una película en cuyos giros del pasado se explica todo como por arte de magia. Decía Chaplin que el mejor director de cine era la vida, porque siempre tenía un final perfecto. No puedo estar más de acuerdo.
Hablando del autor, Chopin estuvo marcado desde niño por una deficiente salud. Su vida tiene bastantes paralelismos con la de Mozart: ambos fueron niños prodigio y vivieron a salto de mata, fueron pioneros de lo que hoy son las giras de los grupos de rock (con las diferencias de estilo y época, claro está). Entre exilios (Polonia tuvo conflictos con Austria y Rusia) y la búsqueda de un clima más favorable para su delicada salud recorrió casi toda Europa, inclusó pasó una temporada en Mallorca (en la que por desgracia para él no paró de llover). Más o menos fue en París donde pasó la mayor parte de sus días, haciendo amistad con la flor y nata cultural de la época: Balzac, Victor Hugo, Delacroix, …
La gran pasión de su vida fue Aurore Dupin, más conocida como George Sand. Esta escritora era la femme fatale de la época, vestía como un hombre, fumaba puros y coleccionaba hombres. Ella se convirtió en su amante y en una segunda madre hasta que se distanciaron, tras lo cual la salud de Chopin empeoró hasta que acabó muriendo de tuberculosis a los 39 años. Para la posteridad quedó su magnífico libro “Un invierno en Mallorca”, donde retrata su convivencia conjunta.
Creo que nunca un piano sonó mejor:
