Señores este es un cuento de mi humilde autoria, me gustaria que lo leyerean y lo critiquen, apeciare sus comentarios por muy sinceros que sean. Saludos a todos
Amor eres, y en polvo te convertiras.
Ella llegó tarde, él también llegó tarde. Ambos se habían evitado durante siglos. Habían recorrido el mundo en soledad cientos de veces, quizá miles de vueltas habían dado a la tierra. Siempre con el miedo inexplicable de cruzar los caminos.
Se conocieron unos miles de siglos antes de que existiera este trozo flotante de rocas y agua. Y su último encuentro aconteció cundo los volcanes eran jóvenes y las aguas inquietas como adolescentes. Viajan siempre por las tardes, y sus sombras dibujan la tristeza del abandono sobre el piso, siempre en sentido contrario, han estado a punto de encontrarse innumerables veces al terminar el recorrido por este planeta tan pequeño para un amor eterno como el suyo. Las veces que han sentido el latir del otro, siempre toman rumbo distinto, el sur o e norte, no importa a donde ir, siempre estarán pensándose, siempre van con la idea de evitarse, de seguir un camino distinto. Huyendo siempre han pasado la existencia, pero hoy no lo han logrado, han sido vencidos por los instintos y aquí están frente a frente.
Quien quiera entender a los amantes que lo intente, yo me limito a contar su historia, que tan patética los va llevando de la soledad a la muerte, si es que estas son cosas distintas y no el reflejo de un ente superior y destructivo. Cuando ellos se amaron, las fieras eran mansas, los idiomas no existían, y el amor era solo uno: el suyo.
Se amaron durante tanto tiempo que llegaron a ser un único ser, a donde iba uno iba el otro, lo que pensaba uno lo sentía el otro, y lo que los hacia felices era sencillo y hermoso. Pero el enemigo siempre ha tenido formas distintas, y una tarde en que sonreían y jugaban a ser uno, del cielo cayó una espada en llamas que los separó; en vano intentaron unirse una vez más, ahora estaban divididos cada uno con medio corazón y sin fuerzas para llorar, ella lo miró con dolor y él entendió su adiós silencioso. Lanzaron al cielo los puños y rabiaron sin moverse, se dieron la espalda y comenzaron a andar.
Nadie los ha podido entender, y nunca se les ha oído hablar, hasta hoy que se encuentran y se miran fijamente, uno y otro son vestigios del amor que ya no existe sobre la tierra, y como tales inexistencias viene a morir juntos y abrazándose como lo hicieron entonces, se han fundido de nuevo en el polvo que se han convertido y los miro con ansias de prestarles mi voz para escucharlos una vez decirse: Amor.
Amor eres, y en polvo te convertiras.
Ella llegó tarde, él también llegó tarde. Ambos se habían evitado durante siglos. Habían recorrido el mundo en soledad cientos de veces, quizá miles de vueltas habían dado a la tierra. Siempre con el miedo inexplicable de cruzar los caminos.
Se conocieron unos miles de siglos antes de que existiera este trozo flotante de rocas y agua. Y su último encuentro aconteció cundo los volcanes eran jóvenes y las aguas inquietas como adolescentes. Viajan siempre por las tardes, y sus sombras dibujan la tristeza del abandono sobre el piso, siempre en sentido contrario, han estado a punto de encontrarse innumerables veces al terminar el recorrido por este planeta tan pequeño para un amor eterno como el suyo. Las veces que han sentido el latir del otro, siempre toman rumbo distinto, el sur o e norte, no importa a donde ir, siempre estarán pensándose, siempre van con la idea de evitarse, de seguir un camino distinto. Huyendo siempre han pasado la existencia, pero hoy no lo han logrado, han sido vencidos por los instintos y aquí están frente a frente.
Quien quiera entender a los amantes que lo intente, yo me limito a contar su historia, que tan patética los va llevando de la soledad a la muerte, si es que estas son cosas distintas y no el reflejo de un ente superior y destructivo. Cuando ellos se amaron, las fieras eran mansas, los idiomas no existían, y el amor era solo uno: el suyo.
Se amaron durante tanto tiempo que llegaron a ser un único ser, a donde iba uno iba el otro, lo que pensaba uno lo sentía el otro, y lo que los hacia felices era sencillo y hermoso. Pero el enemigo siempre ha tenido formas distintas, y una tarde en que sonreían y jugaban a ser uno, del cielo cayó una espada en llamas que los separó; en vano intentaron unirse una vez más, ahora estaban divididos cada uno con medio corazón y sin fuerzas para llorar, ella lo miró con dolor y él entendió su adiós silencioso. Lanzaron al cielo los puños y rabiaron sin moverse, se dieron la espalda y comenzaron a andar.
Nadie los ha podido entender, y nunca se les ha oído hablar, hasta hoy que se encuentran y se miran fijamente, uno y otro son vestigios del amor que ya no existe sobre la tierra, y como tales inexistencias viene a morir juntos y abrazándose como lo hicieron entonces, se han fundido de nuevo en el polvo que se han convertido y los miro con ansias de prestarles mi voz para escucharlos una vez decirse: Amor.