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Cuento Personal anonimo "De gatos y metaforas&quo

Arte6/14/2009
De gatos y metáforas:
Pablo Taquito era un chico tranquilo, no acostumbraba molestar a nadie y, más allá de su adicción a la naftalina era un mexicano argentinizado común y corriente.
La vida de Pablo seguía una línea bastante común (no de cocaína, sino de acontecimientos rutinarios). El debacle de su aburrida vida comenzó el día que su novia Jazmín (una puta, de nombre y profesión) lo echó de su departamento, donde pablo vivía como todo buen mexicano: mantenido.
Pablo se vio en la calle, solo, sin comida, era feo y encima tenía la pija corta. Se propuso enderezar su vida luego de una breve siesta de dos días y medio (breve para el común de las siestas mexicanas). Una vez despierto fue a visitar a su primo Eddy Ficio, quien dirigía una empresa de bienes raíces como cortina del tráfico de efedrina que realizaba la familia de Edgar Gajo (el traficante más importante de México, a pesar de su problema de mucosa). Eddy le dijo a Pablo que tenía una casa donde vivía una señora mayor, pero según Eddy, “Estaba con un pie en la tumba”.
Pablo se dirigió a la casa de la anciana y toco el timbre, la señora tardo un buen rato en abrir la puerta, pero Pablo entendió a la perfección, ya que si estaba con un pie en la tumba, tendría que conseguir una pala de alguna forma, desenterrarse, e ir a abrir la puerta. La señora le dijo a Pablo que pasara y así lo hizo.
Una vez adentro pablo noto dos cosas:
Primero que había más gatos que en un callejón y un cabarulo boliviano juntos
Segundo que de la casa emanaba un olor a mierda que haría que incluso un mexicano se repugne.
La anciana dijo que iría a la cocina a prepararle un té, que se pusiera cómodo (en realidad fue a guardar el consolador tamaño “matafuegos” que estaba usando cuando pablo interrumpió su auto-complacimiento), asique Pablo decidió ir al baño, donde encontró sobre el inodoro, cinco píldoras de colores: roja, azul, naranja, verde y amarillo. Debido a su naturaleza de pelotudo decidió tomar dos de esas extrañas píldoras; agarro la roja y la azul y las enjerió con lo que él creía era un jugo de naranjas (lo que en realidad era la muestra de orina de la vieja, aunque Pablo no sintió la diferencia). Pablo no noto efecto alguno además de la terrible diarrea que lo mantuvo atornillado al inodoro durante dos horas y media.
Al salir del baño Pablo vio que se hallaba solo en la casa, solo, a excepción de los gatos, quienes, estáticos, no le sacaron los ojos de encima hasta que éste se metió en la cocina y se sentó a leer el periódico. Pablo busco en los avisos clasificados alguna mujer que pudiera complacerlo en el duro momento que estaba pasando (una puta). Fue así que llamó a una tal “Jennifer” que decía cobrar $5 o media docena de facturas, lo cual le agradó a Pablo , ya que era un terrible amarrete. Pero no se imaginan la cara de Pablo cuando abrió la puerta y vio una vieja en tanga a la cual le llegó la menopausia antes de la segunda guerra mundial, que resulto ser Jennifer. Pablo le cerró la puerta en la cara a la vieja rompiéndole el tabique y se dirigió a la cocina donde notó que el diario que estaba leyendo era del 3 de marzo de 1934. Razón por la cual pablo se clavó una paja, luego de la cual, dijo “gracias manito!” y se quedó dormido
Al despertarse, Pablo se dirigió a la cocina a prepararse algo de comer y, como lo único que había allí eran ratas, tomó la más grande y la metió al horno. En ese momento se dio cuenta de que los 20 gatos de la casa se encontraban aglomerados atrás de él, mirándolo con una mirada penetrante y Pablo , harto de esos gatos de mierda, dijo “piches gatos cabrones…”. Los gatos se miraron unos a otros como sorprendidos, sin saber qué hacer y, aprovechando la distracción de Pablo , uno de ellos tomo una lámpara y se la rompió en la cabeza. Aturdido, sin saber qué es lo que lo había dejado tirado en el suelo, pablo escucho como los gatos discutían:
- Tenemos que eliminarlo, creo que ya descubrió nuestro secreto
- Si, tiene razón, vamos a tener que encargarnos de él antes de lo planeado, pero no nos queda otra…
Pablo se levanto como pudo y salió corriendo, sin estar seguro de si lo que había oído fue fruto de su imaginación; Salió al palier de la casa y miró atentamente a sus alrededores, donde no vio más que gatos.
- Tengo que ir a esconderme
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