InicioArteDavid Alfaro Siqueiros y George Gershwin.

David Alfaro Siqueiros y George Gershwin.

Arte1/9/2014
David Alfaro Siqueiros y George Gershwin.

¡Saludos, amigos!

Un joven Julio Scherer García, actual decano del periodismo en México, entrevista durante los años sesentas a David Alfaro Siqueiros, en su celda de la cárcel de Lecumberri. Fruto de todos los arrebatos, recuerdos, nostalgias, amores, sueños, pesadillas y proyectos del gran pintor, es el libro titulado “La piel y la entraña”, donde Julio Scherer nos muestra algunas facetas de este monstruo de la pintura. Espero que disfrutes estas selecciones de ese libro!

musica

Gershwin






Capricho a la Gershwin.


Policromía y ritmo, movimiento en la pintura y sonoridad en la música eran para George Gershwin y para Siqueiros expresiones distintas de una misma idea. Los términos dinámica y estática –decían- pueden aplicarse lo mismo a la combinación de los siete colores del arco iris que a las siete notas del pentagrama, y de manera particular al juego de los contrarios, clave de todo arte, esencia de cualquier drama, raíz de este mundo inagotable y profundo. En pintura, por ejemplo, la mayor brillantez se produce dentro de la mayor oscuridad e igual acontece con la música. Si todo fuera ruidoso, -argumentaba Gershwin- nada sería ruidoso, porque sólo a una mayor riqueza de tonos bajos circundantes corresponde una más viva sonoridad acústica en la polifonía. Cuántas veces captaban a través de la emoción, Gershwin sonidos en la pintura y Siqueiros colores y formas en la música. En cuántas ocasiones equiparaban una nota a una pincelada y en cuántas se sorprendieron al comprobar que una mezcla de rojos en alguno de los cuadros equivalía casi de manera matemática a determinados crescendos, o cómo ciertos rompimientos de toda armonía, golpes sorpresivos en la creación musical, equivalían a rasgos que marcan, además de un efecto en la obra pictórica, su carácter.

arte

Poliforum Cultural Siqueiros. Ciudad de México.


Siqueiros se ingeniaba. Sin embargo, para que en sus conversaciones prevaleciera la pintura sobre la música y así le decía a Gershwin: “Tú, George, puedes amar a una mujer por su cuerpo, por sus ojos, seguramente, pero jamás por sus oídos. Que yo sepa aún no se escribe un poema a la oreja de la amada y en cambio no hay un número para contar los versos inspirados en un par de hermosos ojos. ¿No recuerdas, acaso, que han sido comparados con las estrellas, con el cielo, con los lagos, con el mar, con lo insondable y lo infinito?
Los ojos, George, son quintaesencia de la belleza y el arte de la pintura está hecho para ellos. En cambio, ¿cuál es el origen de la música? La oreja, la fea oreja, sin luz, sin color, sin formas sugerentes, siempre igual, apenas un apéndice, un pobre añadido a ese conjunto soberanamente plástico que es el rostro humano.
La vida es relación. Y si la pintura es hija de la mirada, como el agua de la nube, y si la música nació de los oídos, como el ritmo de la armonía, no hay duda posible acerca de cuál de las dos manifestaciones estéticas es superior.”

Pintura

David Alfaro Siqueiros. Nuestra imagen actual. Museo Nacional de Arte Contemporáneo, México, D.F.


Gershwin y Siqueiros fueron muy amigos. Un día el compositor le pidió que le pintara un retrato.
-¿De qué tamaño?
-Sólo la cabeza, Siqueiros.
Horas después, cuando el pintor llegó al lujoso departamento de Park Avenue con un lienzo de 40 por 60 centímetros bajo el brazo, Gershwin amplió su idea:
-Estuve pensando por qué no me pintas mejor un retrato de cuerpo entero. ¿Tendrías algún inconveniente?
-No, ninguno. Pero en ese caso encargaré una tela mayor, cuando menos de 1.80 metros de largo por algo así como 1.25 de ancho.
Al día siguiente, dispuesto a trabajar, se presentó Siqueiros.
-¿Listo, George?
Pero Gershwin había vuelto a cambiar de opinión.
-Sabes, preferiría que me pintaras en pleno concierto y de ser posible en un gran teatro rebosante de público.
-Lo que tú quieres entonces no es un cuadro, sino un pequeño mural,…, pero lo haremos.
En una tela de tres metros de largo por dos de ancho empezó, por fin, la obra de George Gershwin. Durante varias semanas trabajó en su elegante estudio. Observaba al compositor frente al piano, ajeno a todo, sin más horizonte que el blanco y negro de las teclas, evadido de este mundo, distante, feliz.

Siqueiros

George Gershwin.


Para el pintor tampoco había paredes ni ventanas. Los ojos lo llevaban donde quería. No sospechaba en esa época que los muros podían desplazarse, avanzar, cercarlo a uno, oprimirlo, reducirlo como a un perro dentro de una perrera. Pero entonces no estaba en la cárcel. Pintaba en Park Avenue.

lecumberri

David Alfaro Siqueiros en la cárcel de Lecumberri.


Siqueiros creaba un teatro a su gusto, inmenso, pues cabían en él unas cincuenta mil personas. A casa una la hacía nacer, aunque no fuera más que con los rasgos indispensables que identificaran su lugar en este mundo, su presencia en un concierto de Gershwin.
Cuando la obra estuvo terminada, el compositor, como si surgiera a la luz después de días de oscuridad, casi gritó:
-El cuadro es maravilloso, Siqueiros. Estoy seguro que nadie, ni el mejor pintor del mundo, podría agregar algo que aumentara su valor. Pero yo, tu amigo, quiero pedirte un servicio más: que en las primeras localidades del lunatario pintes a todos los miembros de mi familia, a mi papá ya muerto, al más querido de mis tíos, al hermano de mi padre, ya muerto también; a la esposa de mi sobrino recién casado y que no olvides a mi mamá, que también vive, ni a mi primo el tramposo, al que tanto quiero, ni a su hermano, aquél que estudió para cura metodista y acabó en gigoló. Y si te quedan butacas, por favor no olvides a los dos únicos buenos administradores que he tenido en mi larga carrera.
Nunca se había conocido pedigüeño igual. El compositor se manifestaba como el niño mimado que era en el fondo. Su conciencia había borrado cualquier limitación y para él hacía tiempo que no existían los confines. Todo podía abarcarlo. ¿Por qué no?
Como primer paso, empezaron a localizar las fotografías de los cadáveres que tenían derecho a ser retratados y a fijar fechas para las sesiones en que los vivos deberían posar, encabezados, naturalmente, por la mamá de Gershwin. En los retratos de los muertos y a lo largo de la periódica presencia de quienes aún no se les unían, Siqueiros trabajó como miniaturista, pues hubo de pintar figuras de dos centímetros.

David Alfaro Siqueiros y George Gershwin.

América Tropical. David Alfaro Siqueiros.


Un buen día, exhausto, concluyó aquel inmenso conjunto.
Hubo abrazos y carcajadas cuando Gershwin contempló la obra terminada. El buen éxito reclamaba la mejor celebración posible.
-Con dos mujeres.
-¿Con dos?
-Bueno, con cuatro. Dos para cada uno.
-¿Sólo dos?
-Está bien: que sean diez.
-¿Diez para los dos o diez para cada uno?

musica

Escultopintura de Davis Alfaro Siqueiros. Edificio de Rectoría de Ciudad Universitaria.


“No hablamos mucho. Esa noche, en un salón del Waldorf Astoria, el compositor y yo nos vimos rodeados de treinta mujeres. ¡Pero qué mujeres! Yo no las podía concebir más hermosas. Reunían esa doble condición de espiritualidad y descaro que representa la cima, la suprema combinación en un tipo especial de señoras. Si miraba uno hacia arriba, al rostro, encontraban los ojos pureza y candor, pero si la mirada empezaba a descender, poco a poco, sin perder detalle, no había manera de llegar a las piernas sin haber sufrido un vértigo.
De repente, en plena bacanal, George me hizo una seña y me pidió que saliéramos al corredor. No tuve duda y sonreí con un gesto de orgullosa superioridad: el maestro Gershwin se ahogaba en tanta miel.

Gershwin

La nueva Democracia. David Alfaro Siqueiros. Palacio de Bellas Artes.


Pero no. Con voz que me pareció positivamente patética, me dijo:
-A ese retrato, Siqueiros, le falta algo.
-¿Cómo? ¿Qué le falta algo? Pero si hay cincuenta mil espectadores en el teatro y como tú ya empezaste a tocar cerraron las puertas y no dejan entrar a nadie. No, George, de ninguna manera. Al cuadro no le falta nada, absolutamente nada.
Pero él, separando cada una de las sílabas y sacudiéndome los hombros, me contestó:
-Le faltas tú, ¿no comprendes?
Sintiéndome lastimado, le pregunté de mal humor:
-¿Cómo? ¿Tienes la impresión de que no parece una obra mía?
-No, le faltas tú, tú mismo, tú en persona. Le falta tu autorretrato.
Yo creo que en este momento pegué un salto.
-¿Pero dónde me coloco, George, si allí no cabe ni un perro pequinés debajo de los asientos?
Pero Gershwin fue implacable: faltaba yo y tuve que pintarme. Pero como efectivamente no había sitio, con violación de elementales reglamentos de teatro metí la cabeza en un rincón del foro, al lado de los focos, de esos que calientan como brasas.
Y allí estoy desde entonces, rodeado milagrosamente de todos sus pariente muertos y vivos…”

[/img]





¡Vamos todos a leer!



Siqueiros


Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés:






¡Visita mis otros posts!


arte

Pintura
Datos archivados del Taringa! original
289puntos
1,138visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

r
Usuario
Puntos0
Posts75
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.