
¡Saludos, amigos!
Entre los meses de febrero a abril de 2013, se presentó en las Galerías Abiertas (vulgarmente, la reja exterior del Bosque de Chapultepec) la exposición José Guadalupe Posada, Trasmisor, un muestrario de la exposición de grabados más grande que se estaba presentando en el Museo Nacional de Arte (calle de Tacuba 8, en el Centro Histórico). Allá me fui armado con mi cámara, y saqué fotografías de casi todos los trabajos expuestos de este gran artista popular hidrocalentano. Ahora aprovecho para armarlo aquí y presentártelo. Espero que disfrutes estas fotografías!


JOSE GUADALUPE POSADA, TRANSMISOR.
Genealogía de un personaje
José Guadalupe Posada nació, según sus biógrafos, el 2 de febrero de 1852 en el barrio de San Marcos de la ciudad de Aguascalientes en el estado del mismo nombre. Penúltimo de nueve hermanos, hijo de Germán Posada, panadero de oficio y de Petra Aguilar, asistió a la Academia de dibujo de Antonio Varela y entró como aprendiz de litógrafo en el taller de impresión de José Trinidad Pedroza, donde en 1871, a sus 19 años, comenzó a cobrar prestigio por sus ilustraciones satíricas en el periódico El Jicote.
En 1872 Posada y Pedroza se trasladaron a León de los Aldamas, en Guanajuato, para reabrir su negocio en esa ciudad, en aquel tiempo la segunda más importante de México. En 1873 Posada asumió la propiedad del taller litográfico y, a partir de entonces, el negocio recibió encargos de las fábricas locales, para las que Posada realizó estampas religiosas, ilustraciones para libros, cajetillas de cigarros y etiquetas de puros.

En 1888 Posada llegó a la ciudad de México y desde entonces, colaboró en la editorial de Antonio Vanegas Arroyo, la más grande en su género, de la cual no habría de separarse hasta su muerte. En esta empresa se publicaban textos dirigidos al consumo de la población de escasos recursos, sobre todo hojas volantes de papel de estraza, oraciones, historias de santos, corridos, descripciones de casos espeluznantes, milagros, curiosidades, comentarios a veces humorísticos y acontecimientos de actualidad, además de las calaveras para el Día de muertos.
Posada se ocupaba de ilustrar con un grabado las hojas, que podrían contener un texto en prosa o en verso (décimas, por lo general), para que, posteriormente, los vendedores ambulantes las ofrecieran en todas partes de la República, en los mercados y las ferias.
José Guadalupe Posada y su ámbito social
La producción visual de José Guadalupe Posada estaba pensada para compradores, en su mayor parte analfabetos, que encontrarían en la ilustración la representación del acontecimiento.
Por las propias necesidades de las publicaciones era necesario desarrollar una técnica que consistía en el uso de una pluma de metal y una tinta especial con la que dibujaba directamente sobre planchas de zinc, para posteriormente darles un baño de corrosivo y, después, imprimir. La producción de José Guadalupe Posada trascendió el taller de Vanegas Arroyo ya que, al margen de su empleo fijo, trabajaba para otras imprentas y hacía caricaturas políticas para diversos periódicos.
Por los trabajos que llevan su firma podemos calcular el número de sus dibujos en más de veinte mil. En gran parte de su obra se pueden identificar referencias a los acontecimientos cotidianos de interés para los sectores populares, reflejando sus penas y carencias.

En muchas de sus estampas se muestra una denuncia contra los abusos de patrones, policías y autoridades de todo tipo. En otros casos se habla sobre caudillos y sucesos revolucionarios.
En su obra se pueden identificar sucesos que ocurrían a su alrededor, sin discriminar temas o personajes. La obra de Posada se convirtió en un monitor en donde todo resultaba digno de ilustrarse y mostrarse al público.
Las repercusiones de la estética de Posada
Tras su muerte, ocurrida el 20 de enero de 1913, el trabajo de Posada siguió publicándose por la editora de Vanegas Arroyo, sin embargo fue hasta mediados de la década de 1920 cuando varios artistas e intelectuales posrevolucionarios revaloraron su contribución.
Este redescubrimiento permitió su inserción en el programa artístico de la nueva pintura mexicana, ya que fue considerado como uno de los precursores de la Revolución y de la representación de “lo mexicano”.
Este proceso comenzó con el descubrimiento de Posada por parte del pintor francés Jean Charlot quien, en un artículo publicado en el año de 1925 en Revista de revistas, lo define como “un precursor del movimiento de arte mexicano”.
Por su parte José Clemente Orozco, en su Autobiografía, cuenta que desde muy joven vio trabajar a Posada en su taller al salir de sus clases en la Academia, y afirma: “ése fue el primer estímulo que despertó mi imaginación”.
En 1930, la revista Mexican Folkways publicó la primera monografía de la obra de Posada donde, en el texto introductorio firmado por Diego Rivera, Posada es comparado con Goya y Callot.

Por su parte André Breton, durante su estancia en México en 1938, tuvo la oportunidad de conocer las obras de José Guadalupe y en su antología literaria sobre el humor negro otorgó a Posada el crédito de ser padre de este tipo de humor en las artes visuales.

Con la fundación del Taller de Gráfica Popular en 1937 toda una generación de grabadores recuperó la tradición de Posada.
Sus agremiados vieron en él un modelo a seguir, el paradigma del creador comprometido con la causa revolucionaria, el artista proletario, el intelectual de vanguardia que surge del pueblo y se debe sólo al pueblo y como uno de los precursores de la Revolución Mexicana.
Así la gran diversidad de imágenes creadas por Posada se fue convirtiendo en sustrato iconográfico de la cultura visual mexicana.
José Guadalupe Posada entre la comunicación y la transmisión
El término comunicación se ha convertido en un concepto central para los teóricos de la cultura. Esto ha permitido la identificación de una problemática definida por la diferencia y relación de dos procesos: comunicar y transmitir.
Distinguir entre la comunicación y la transmisión implica que ésta siempre refiere a la memoria colectiva, es decir, se trata del acervo simbólico que sostiene las relaciones de un grupo a lo largo del tiempo.
Por otra parte, el término comunicación refiere a la circulación de mensajes en un momento dado, es decir, con limitado impacto histórico.
En ese sentido, el Posada transmisor que muestra esta exposición da pauta para la reflexión sobre la relación entre la imagen, el medio y el espectador, que sostiene el flujo de símbolos dentro de la cultura, ya que dentro de ellos se aseguran, al interior de la sociedad mexicana, las solidaridades existentes entre pasado y presente.
Las prácticas artísticas son uno de los fenómenos que condensan la transmisión simultánea de símbolos.
Por esta razón, José Guadalupe Posada, Transmisor plantea identificar en la obra de este personaje un agente de transmisión que ha sido fundamental para la alimentación de una porción importante de la cultura visual hasta nuestros días, ya que su legado ha impactado en distintos períodos y en diversos campos de la imagen.
¡Vamos todos a leer!

Algunas Comunidades que podrían ser de tu interés:
¡Visita mis otros posts!
