
Los dioses más importantes de los griegos son comúnmente llamados los doce Olímpicos por residir en el monte Olimpo. Ciertamente, ellos eran trece divinidades de peso y, además, había numerosas figuras menores.



Zeus: jefe de los dioses
Urano: personificación del cielo
Gea: la tierra
Poseidón: dios del mar
Hades: dios de lo subterráneo
Deméter: diosa de los cultivos
Hera: esposa de Zeus
Ares: diosa de la guerra
Hefesto: dios guerrero
Hebe: diosa de la juventud
Ilitía: diosa de los partos
Afrodita: diosa del amor
Atenea: diosa de la sabiduría y la guerra
Metis: personificación del consejo
Perséfone: diosa del Inframundo
Apolo: dios de la música y la poesía
Artemis: la diosa cazadora
Dioniso: dios del vino y las fiestas
Hermes: dios mensajero




Datos a tener en cuenta.-
Urano cubrió a Gea, la Tierra, que produjo innumerables hijos, de los que el menor era Crono. Cansada de dar a luz, Gea consiguió la ayuda de Crono, que amputó los genitales de su padre con una hoz y los arrojó al mar. Crono se casó a continuación con su hermana Rea, pero como sabía que estaba destinado a su vez a ser destronado por uno de sus hijos, se comió a sus primeras tres hijas y dos hijos tan pronto como nacieron. Cuando se quedó embarazada de Zeus, Rea escapó a Creta y dio a luz en una gruta del monte Ida; dejó allí al niño al cuidado de las ninfas, mientras que ella regresó junto a Crono y le presentó una gran piedra envuelta en mantillas, que él se tragó creyendo que era su hijo recién nacido.
Cuando Zeus creció, obligó a su padre a vomitar a todos sus hermanos y hermanas mayores; después ellos le declararon la guerra a Crono, venciéndolo y confinándolo para siempre en las profundidades del Tártaro, bajo la superficie de la Tierra.
Seguidamente, Zeus y sus hermanos hicieron partes para determinar cómo se tenía que dividir su poder. A Posidón le tocó el control y dominio de los mares, mientras que a Hades le correspondió el no menos importante poder sobre el mundo subterráneo y sobre la muerte; por su parte Zeus consiguió la soberanía sobre todo, gobernando la tierra y el cielo. Sus tres hermanas eran Hestia, diosa del hogar; Deméter, diosa de los cultivos y el grano, y Hera, la esposa de Zeus.


Hera, mujer de Zeus, parió a Ares, el dios de la guerra, y el cojo Hefesto; también a Hebe, diosa de la juventud, y a ilitía, diosa de los partos. Hay muchas versiones sobre el nacimiento de Afrodita, la diosa del amor, una de las cuales nos cuenta que nació de la espuma cuando Crono arrojó al mar los genitales de Urano.
Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra, era la hija de Zeus y Metis, la personificación del consejo; su nacimiento fue inusual, porque cuando Metis estaba embarazada, Zeus supo de una profecía según la cual, si daba a luz a una niña, a continuación tendría un hijo que gobernaría el universo. Por eso, Zeus se tragó a Metis, y, pasado el tiempo, Atenea surgió de la cabeza de su padre plenamente desarrollada y totalmente armada con la ayuda de Hefesto, que se encargó de abrir la cabeza de Zeus.



AFRODITA:

La bella Afrodita, diosa del amor, estaba casada con Hefesto, quien ostentaba el título de dios del fuego y del trabajo del metal. Sin embargo, Afrodita se enamoró de Ares, dios de la guerra. Hefesto, aunque era un virtuoso herrero y artesano, era cojo y feo, mientras que Ares era todo lo contrario que él: guapo y viril.
Afrodita y su amante acostumbraban a encontrarse fugazmente en secreto en el palacio de Hefesto, hasta que un día el Sol los vio y le contó al dios guerrero lo que sucedía. Hefesto se enrabió, e inmediatamente inventó una red maravillosa, sutil como una telaraña pero fuerte como el acero, e invisible a simple vista; puso la red alrededor del lecho de Afrodita antes de partir para un viaje a la isla de Mente junto a Afrodita.
Pero cuando la pareja se abrazó estrechamente, la red cayó sobre ellos y los atrapó, dejándolos colgados de manera que no podían moverse ni escapar. Hefesto, avisado otra vez por el Sol, corrió velozmente a su casa y dio salida a su cólera; parado delante de la puerta, llamó gritando a todos los dioses para que acudieran y vieran a la descarada pareja. Posidón, Apolo y Hermes acudieron, aunque las diosas permanecieron decorosamente en casa, sin querer ver lo que ya sabían que pasaba.
Cuando vieron la astuta trampa de Hefesto, surgieron varias sugerencias, como por ejemplo que Ares debería dar a Hefesto el pago de los adúlteros a los maridos. Apolo le preguntó a Hermes si le gustaría estar en el lugar de Ares; Hermes replicó que incluso si las cadenas fueran tres veces más fuertes e incluso si todos los dioses y diosas estuvieran mirando, él no renunciaría a la oportunidad de dormir al lado de Afrodita. Posidón estaba muy preocupado por el suceso y le pedía a Hefesto que los dejara libres.
Finalmente, la pareja huyó deshonrada: Ares hacia Tracia y Afrodita hacia el santuario de Pafos, donde las tres Gracias la bañaban y vestían con espléndidas ropas.


LOS TRABAJOS DE HÉRCULES:

Hércules fue un héroe tébano hijo de Zeus y de Alcmena, mujer del general Anfitrión. Para engendrarlo, puesto que Zeus deseaba fervientemente que su madre fuera Alcmena, se convirtió en la figura de su marido y se unió a ella en su lecho la misma noche que Anfitrión, volviendo de una expedición, concibió junto a su mujer a Ificles, que nació al mismo tiempo que Hércules.
Hera, realmente convencida de dar muerte al hijo de su infiel marido, y mucho más enfurecida por el hecho de que Zeus se jactara de su hazaña entre los otros dioses, envió dos grandes serpientes para que acabaran con su retoño. A pesar de que el niño era aún muy pequeño estranguló a ambas bestias. Sin embargo, su madre le abandonó temiendo la ira de Hera y el bebé fue recogido por Hermes, quien engañó a Hera de tal modo que ésta dio de amamantar a Hercules convirtiéndolo en inmortal.
Las doce pruebas.-
Hércules debía obediencia a Euristeo, rey de Micenas. Esto se debe a que la diosa de la fortuna había decidido que el que naciera antes de entre ellos dos debería ser siervo del otro. Hera provocó el adelantamiento del nacimiento de Euristeo dos meses porque odiaba a Hércules. Euristeo, tirano despótico, llamó a su corte a Hércules y le encomendó la realización de doce pruebas a cuya ejecución no pudo negarse.
La primera prueba a la tuvo que enfrentarse nuestro personaje fue matar al león de Nemea, creado por Tifón. Era este un animal al que no podía herirle arma alguna. A pesar de todo, Hércules no se amedrentó ante el reto: primero aturdió al león con su garrote, le lanzó todas las flechas de su carcaj y después lo estranguló. La piel del animal sirvió como trofeo ante tamaño reto.
En su segunda prueba mató a la Hidra, que vivía en un pantano en Lerna, cerca de Argos. Este monstruo tenía nada menos que nueve cabezas. Una cabeza era inmortal y, cuando le cortaban cualquiera de las otras, crecían dos en su lugar. Hércules quemó cada cuello mortal con una antorcha para impedir que crecieran otras nuevas y finalmente sepultó la cabeza inmortal bajo una roca. Después mojó sus flechas en la sangre de la Hidra para envenenarlas y poder luchar con más potencia contra sus enemigos.
Posteriormente Hércules tuvo que capturar viva a una cierva con cuernos de oro y pezuñas de bronce que estaba consagrada a Artemisa, diosa de la caza, y que corría a una enorme velocidad. Para lograr esta hazaña, Hércules la persiguió durante doce meses sin parar y finalmente cayó en sus trampas.
El cuarto trabajo consistió en cazar a un gran jabalí cuya guarida estaba en el monte Erimanto en Arcadia. Cuando lo trajo, Euristeo tuvo que esconderse en un tonel del espanto que le produjo la presa que le trajo Hércules.
A continuación, Hércules tuvo que limpiar en un día la suciedad acumulada durante treinta años por un rebaño de tres mil vacas en los establos de Augias. Para ello, desvió el cauce de dos ríos, haciendo que corrieran por los establos y se llevaran a su curso todo rasto de suciedad.
En su siguiente trabajo apartó una enorme bandada de aves de picos, garras y alas de bronce que vivían junto al lago Estínfalo y atacaban a las gentes del lugar, devastando sus campos y cosechas, mediante flechas.
Para cumplir su séptimo trabajo, Hércules entregó a Euristeo un toro furioso que Poseidón, dios del mar, había enviado para aterrorizar a Creta.
Posteriormente, Hércules tuvo que someter a las Amazonas, mujeres que mataban a sus hijos y educaban a sus hijas en la lucha. Para ello contó con la ayuda de Teseo, y finalmente, logró su objetivo: entregar el cinturón de la reina de todas ellas, Hipólita, a Euristeo.
En su camino a la isla de Eritia para capturar los bueyes de Gerión -el monstruo de tres cabezas- Hércules erigió dos grandes columnas (que, actualmente, conocemos como los peñones de Gibraltar y de Ceuta) como monumentos conmemorativos de su hazaña en las que grabó la frase "non plus ultra" logrando comunicar el Mar Mediterráneo y el Atlántico.
Después de que Hércules se llevara los bueyes, que eran custodiados noche y día por un perro de siete cabezas, inició el que era su undécimo trabajo. Fue a buscar las manzanas de oro de las Hespérides para lo que Atlas, padre o tío de éstas según las diferentes versiones, tuvo que ayudarle. Hércules consiguió adormecer al dragón protector que velaba por las frutas y que nunca dormía; una vez logrado esto, levantó el mundo bajo sus espaldas mientras Atlas recogía las manzanas de debajo de éste. Sin embargo, Hércules observó extrañado como Atlas no mostraba la más mínima intención de ocupar de nuevo su lugar, lo que preocupó a nuestro héroe. Entonces, Hércules le dijo a Atlas que cogiese un momento el firmamento mientras se acomodaba una almohada. Al hacer eso, Atlas soltó las manzanas y Hércules las cogió y desapareció de allí haciendo fracasar los intentos del gigante de desquitarse de su pesada obligación.
El último y más difícil y decisivo trabajo de Heracles fue capturar a Cerbero, el perro de los infiernos, lo que consiguió sin ayuda de armas, como Hades le había hecho asegurar. Después de mostrarlo en Micenas, lo devolvió a su lugar.
La sola presencia de Aquiles empavorecía a los troyanos, pero Tetis, la madre del héroe, sabiendo por ser diosa que su hijo iba a morir en la guerra, hizo lo posible para evitarlo. Así, cuando adolescente, lo disfrazó de mujer en la corte del rey Licomedes, en la isla de Scyros.
Merced al truco de Odiseo -quien lo descubrió y lo hizo unirse a la flota aquea- el hijo de Tetis y Peleo se manifestó no sólo como el más homicida sino como el irresistible de los griegos. Este gigante, que a su fuerza aunaba la velocidad (su primo Ayax, más lento, tiene una configuración notoriamente defensiva, de torre) era demoledor en la batalla pero también en el lecho. Deidamía, Briseida, Diomede, Criseida, entre las damas, y mientras estuvo vivo, y luego de muerto también Medea, Ifigenia e incluso la propia Helena.
Entre los varones, Homero recuerda a Patroclo, pero también Troilo, el más joven de los hijos de Príamo, le flechó el corazón. Como este último se le resistiera, el hijo de Tetis lo mató. No obstante su natural impulsivo, obedecía a Tetis como lo añoran todas las madres: cuando, enceguecido por la muerte de Patroclo quiere volver al campo de batalla a vengarse, todavía Tetis lo convence de que, hasta que Hefesto le traiga una nueva armadura, salga desnudo apenas hasta la empalizada griega, para aterrar al enemigo. Aquiles, ciego de furia, no da un paso más de lo que la madre prescribiera. Este coloso, a criterios de hoy resultaría un poco faldero, pero hay que recordar que en estos tiempos nadie es hijo de una diosa.



EL MITO DE PROMETEO:

Prometeo, hijo del titán Jápeto y de la ninfa del mar Clímene, y su hermano Epitemeo fueron los encargados de crear la Humanidad y de la ¿titánica¿ tarea de proveer a los seres humanos y a todos los animales de los recursos necesarios para la subsistencia.
Epitemeo creó a todos los animales; por su parte, Prometeo fue modelando una mezcla de tierra y agua creó a los hombres. Prometeo, empeñándose en que éstos fueran superiores al resto de las criaturas mortales, les concedió el fuego.
El desencadenante de la ira de Zeus contra Prometeo y los hombres fue la disputa realizada por los hombres y los dioses en MeKone (Tesalía) por las partes de los animales sacrificados. Prometeo dividió por un lado la carne y las entrañas ricas en grasa, ocultándolas dentro del estómago del buey en disputa. Por otro lado colocó, con engañoso arte, los huesos de buey cubiertos con grasa blanca. Luego le pidió a Zeus que eligiese entre las dos divisiones, el dios optó sin dudar por la grasa y se encolerizó al descubrir lo que ocultaba. A partir de ese momento sólo las grasas y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; mientras que la buena comida era utilizada para su consumo por los mortales.
Zeus, dolido y resentido por el engaño que acababa de sufrir, decidió vengarse de ellos privando a los mortales del fuego, elemento fundamental no sólo para la cocción de los alimentos, sino también para sobrevivir de las heladas. Prometeo, realmente desesperado, robó la luz del fuego eterno utilizando una caña hueca, sabiendo que esta acción originaría un castigo por parte de Zeus. A pesar del riesgo, los mortales recuperaron el fuego gracias a su valentía.
Pero esta vez Zeus no perdonó ni a Prometeo, ni a los humanos y ordenó encadenar a Prometeo a una columna. Esa misma columna, según Esquilo, era sostenida por otro hermano de Prometeo: Atlas. Lanzó, además, un águila para que durante el día le comiera el hígado, un órgano que durante la noche se regeneraba por completo. Prometeo sería liberado de tanto sufrimiento muchos años más tarde por Hércules, que mató el águila con una flecha, debiendo cargar con las cadenas toda su eterna vida.

LA GUERRA DE TROYA

La guerra de Troya es el episodio más importante que ha sobrevivido en la mitología y en las leyendas griegas. Se trata de una historia romántica y con un gran atractivo humano: nos encontramos ante la historia del hombre y su lucha por la vida frente al destino y los dioses.
Causas de la guerra.-
La mujer más hermosa del mundo era Helena, hija de Zeus y Leda. Helena se casó con Menelao, rey de Esparta, y cuando Paris fue a visitarlos acababan de tener una hija, Hermíone. Menelao recibió a Paris en su casa, pero Paris pagó su hospitalidad secuestrando a Helena y escapando con ella a Troya.
El inicio de la expedición.- Menelao utilizó una estrategia muy buena para conseguir un buen ejército. Lo que hizo fue reunir a todos los pretendientes de Helena y a todos los reyes y nobles de Grecia para poder recuperar a su esposa. El jefe de las fuerzas griegas era Agamenón, rey de Micenas y hermano de Menelao. Todos los héroes griegos acudieron de todo el continente para cruzar el río Egeo y dirigirse hacia Troya.
Algún héroe, como fue el caso de Odiseo, fingió tener locura para no ir a la guerra porque sabía que no volvería. Tampoco quería que fuera a la guerra su hijo Telémaco a quien disfrazó de mujer y envió a Esciros para mezclarlo con las hijas del rey Licomedes. Durante su estancia se casó con una de las hijas, Didamía.
Más tarde, Odiseo se dio cuenta de que sin Aquiles no conquistarían Troya y fue a buscarlo otra vez.
La enorme fuerza militar griega formada por Agamenón, Menéalo, Odiseo, Áyax, Diomedes y Aquiles, estaba lista para zarpar, pero el viento se mantuvo en su contra. Finalmente, el profeta Calcante reveló que la diosa Artemis exigía el sacrificio de la hija de Agamenón, Infigenia, antes de que el viento cambiase de dirección. Agamenón se horrorizó, pero la opinión general lo obligó a realizarlo: Ifigenia, convocada con el pretexto de que iba a casarse con Aquiles, fue muerta sobre el altar. De este modo, el viento cambió y los barcos zarparon.
Después de saquear Troya se repartieron el botín, pero Agamenón, para reafirmar su autoridad sobre Aquiles, le quitó su joven esclava Briseida.
Fue aquí cuando Aquiles se encolerizó. No sólo era un insulto a su honor, sino que era una gran injusticia, ya que Aquiles había hecho la mayor parte de lo necesario para conseguir todo el tesoro y el botín del que Agamenón creía que tenía derecho a disfrutar. Como consecuencia, Aquiles se retiró a su tienda y decidió no tomar parte en la lucha.
La lucha se fue agravando poco a poco y los griegos sufrían una fuerte presión sin Aquiles. Agamenón se vio forzado a ofrecer a Aquiles riquezas de todo tipo y la devolución de Briseida, pero el gran guerrero se negó.
Patroclo, hermano de Aquiles, tomo parte de la lucha dirigiendo sus tropas y con su armadura. Finalmente, fue asesinado por Héctor, el mejor guerrero del bando troyano. Aquiles, apenado por la pérdida de su armadura, mando llamar a su madre Tetis quien le trajo una nueva armadura. Aquiles se reconcilió con Argamenón y regresó al campo de batalla. Tras haber matado a muchos troyanos y sobrevivir al ataque del río Escamandro, Aquiles pudo finalmente encontrar a su principal adversario, Héctor.
Finalmente, ambos héroes se encontraron y tras dar tres vueltas a la muralla de Troya, se enfrentaron cara a cara. Aquiles envió su lanza a la garganta de Héctor y posteriormente lo sometió a numerosas vejaciones para vengar la muerte de su hermano Patroclo.
A continuación, Aquiles organizó un funeral por su hermano. Los restos de Patroclo se pusieron en una urna y se enterraron en un montículo. Cada día, al alba, Aquiles arrastraba el cuerpo de Héctor alrededor del montículo. Príamo, padre de Héctor, se dirigió al campamento de Aquiles para pedirle que enviara el cuerpo de Héctor a Troya para poderle hacer un funeral por su muerte. Aquiles se conmovió y aceptó su súplica.
Tras la muerte del guerrero más grande, los griegos decidieron aplicar la astucia para tomar Troya.
Casi todo el mundo conoce la leyenda del Caballo de Troya: los griegos, que asediaban la ciudad de Troya, construyeron un enorme caballo de madera, se metieron en él y dejaron que los troyanos, pobres ingenuos, lo introdujeran dentro de la ciudad creyendo que era un regalo. Los griegos habían quemado sus tiendas y les hicieron creer que Troya ya no sería tomada.
Al caer la noche, los griegos salieron del caballo y se unieron a sus compañeros que llegaban en barcos. Posteriormente, los troyanos despertaron para encontrarse su ciudad en llamas. Entre los pocos que consiguieron escapar de las llamas estaba Eneas, hijo de Anquises y Afrodita. Avisado por su madre, abandonó la ciudad con su hijo Ascanio y su anciano padre, llevándose con él los dioses de Troya. Finalmente, Eneas llegó a Italia donde fundó una nueva Troya más grande.

Fuentes:
http://www.apocatastasis.com/glosario-dioses-heroes-mitologia-griega.php
http://www.portalplanetasedna.com.ar/mitologia_griega1.htm
http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Hamed/Troyanas.htm
