Serie: Los Pintores 314 - Gertrudis Chale Nacida en la Viena de fin de siglo, formada en la Escuela de Artes y Oficios de esa ciudad y más tarde en Munich y Ginebra, Gertrudis Chale fue una pintora cuyo arte floreció al contacto con la geografía y cultura americanas. Nacionalidad Austríaca (Austria, Viena, 1910 – Argentina, La Rioja 1954) Chale había nacido en Viena al terminar el siglo XIX, y mientras comenzaba la I Guerra se entregaba al gozo de –al fin– inscribirse en la Escuela de Artes y Oficios, luego de lo cual siguió su formación plástica en Munich. Con algo más de 20 años, cuando todavía no se decidía rotundamente por la plástica y coqueteaba con las bambalinas y la magia del varieté, participó de su primera muestra en Ginebra, con obra volcada al decorativismo y el diseño comercial, algo que –a fin de cuentas– terminó por conducirla de cabeza a París, donde “fue mi segundo nacimiento”, trabajó en decoración y descubrió estímulos que le harían cambiar el rumbo. “Disfrazada de muchacho”, recorrió Europa a pie antes de los brotes autoritarios que preludiaron la II Guerra. Se dedicó al varieté, trabajó en decoración y decidió dedicarse a la pintura cuando conoció París. Ya convertida en artista reconocida, se instaló en Argentina y abordó lo latinoamericano con la pasión de lo propio. Llegando la década del ’30, París era el lugar para estar: si era arte, debía encontrarse allí; si el nombre diría algo algún día, debía mencionarse allí; si aspiraba a generar escuelas y modificar percepciones, debía exhibirse allí. “Descubrí la arquitectura, el suelo histórico, la belleza del Sena y la vida atorrante de los bohemios y estudiantes.” Vivió, también, de la publicidad; “Juré que allí terminaría mi vida”. Pero en ese maremoto de autores cayó Gertrudis para toparse con originales de Picasso, Braque y Dufy; poco después contrajo matrimonio con un francés de ascendencia sudamericana; alguna vez ella misma escribió que su padre “soñó siempre con las pampas sudamericanas”. Cada vez que llegó a un lugar desconocido, Chale declaró haber nacido nuevamente: le pasó al pisar Ginebra, al pisar París y también al empezar su temporada española. La recorrió toda, escribió alguna vez y se dejó inundar por “la amplitud del paisaje, su austeridad”. Mientras vivió en Madrid, fue prácticamente todos los días al Prado, “el primer museo que no me mareó”, y se entregó a la experiencia de contemplar Goyas y Velásquez de cerca. Pero cuando cumplía cerca de dos años en España estalló el comienzo de la guerra civil, “empezaron las grandes huelgas, tiraban a menudo bombas...”. Cuando una bomba hizo volar la iglesia vecina a su casa, notó que su “preparación mental para el ingreso en tierras americanas” estaba completa, “era como un núcleo conocido”, porque mentalmente ya estaba fuera de Europa. Era lógico, entonces, que en 1934, cuando la voluntad del viaje era un hecho, ella y su marido decidieran migrar a Latinoamérica. Llegaron a Argentina. En 1933, temiendo la expansión del fascismo en Europa, se embarcó hacia la Argentina, adonde llegó en 1934. Aunque pronto entró en contacto con la elite modernista local (Grete Stern dejó de ella un retrato). Se instaló en Quilmes, localidad industrial del sur del conurbano bonaerense donde comenzó a pintar paisajes suburbanos que más que retratar las condiciones de vida de las barriadas pobres, convierten sus calles, viviendas y habitantes, y su desolada ubicación lindante con el campo, en elementos plásticos. “He nacido varias veces, tengo varias patrias sucesivas o ninguna, como sucede a los nómades. Soy nómade, quiero andar sin pensar. Siempre miro adelante y siento que tengo aún muchas vidas y paisajes que abarcar y vivir. Viajar y conocer. No como turista, sino como habitante sucesivo. No viajo porque sí con mis recuerdos. Sé hacerme página blanca en la que el viaje inscribe su nueva historia.” Eso escribió Gertrudis hacia fines de los ’50, cuando alguien (un “querido amigo” sin nombre) le demandó datos biográficos y ella comenzaba con que “creo que se nace varias veces y que la edad es un dato sin importancia, también el lugar de nacimiento”. Para entonces, estaban terminando los ’40, y ella llevaba más de una década fundando(se) moradas e identidades sucesivas en distintos puntos de Argentina. De recién llegada, había aprendido a tejer las amistades correctas: Oliverio Girondo y su esposa Norah Lange, las celebrities varias que visitaban el salón de Lange y también las que iban llegándose al salón que la misma Chale iba armando, tales como Horacio Cóppola y Grete Stern Pronto, quedó claro que era tan pero tan europea que no pudo evitar el gesto clásico: criticar la ansiedad latinoamericana (de acuerdo, argentina; es verdad: porteña) de mirar hacia Europa en lugar de concentrarse en el cercano mundo alrededor. Tanto criticó esa vista orientada hacia el lugar del que ella venía que no tardó en aprender en español y estudiar historia americana; no negaba ser europea, por otro lado, sino que insistía en que era una ventaja pero no por los motivos eurocéntricos, sino porque le permitía saber qué era lo auténticamente americano. De Argentina, de América en general, le interesaban los suburbios: no quiso vivir en Buenos Aires, sino que se instaló en Quilmes, “donde el suburbio se abría al campo y el Río de la Plata”. Era lo más próximo que encontraba a un universo donde el artificio, en vez de revelarse mañosamente pomposo, se podía hallar en términos de artimaña de supervivencia. A la alegría despojada del suburbio, se contrapuso su experiencia de los campos tan asfixiantes como liberadores de la Puna y la Patagonia. “Frente a cierto tipo de paisaje americano, estamos en ambientes de ‘desmedida’. El mundo fenomenal colinda aquí y hasta se yuxtapone con la creación arbitraria. Pintando tal ambiente trato de insinuar algo de su tamaño físico: lo vasto, lo inmenso, lo insólito. En vez de llenar mis cuadros, los vacío hasta dejar sólo lo más significativo. Odio el ‘motivo’ decorativo. Donde se encuentra el paisaje más depurado, la pampa y la Puna, le hallo sus más sobresalientes cualidades estéticas.” En 1954, mientras volaba sobre La Rioja, volviendo a Buenos Aires desde Mendoza, se estrelló contra la cordillera. Fuentes: Wiki https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2998-2006-11-16.html Nota: Todas las fotografías son propiedad de sus respectivos dueños. Todas las fotografías que aparecen en esta página Web son para uso no comercial. Las imágenes que se ven son extraídas en su mayoría de Internet a los efectos meramente ilustrativos de las entradas como así otras que componen el entorno de la publicación. 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