Nadie supo quién había matado al señor Perkins. Todos se lo preguntaban en silencio aquella mañana de Londres de 1921, sin embargo, nadie quería comentarlo.
La policía secreta estaba en la escena, indagando a los presentes para obtener datos sobre la tragedia.
De pronto, un idiota con sombrero se aproxima y dice:
-El cuerpo está que arde, dame un poco de su sangre.
El médico policía lo oyó, abrió lentamente la caja de primeros auxilios. Sacó una fina jeringa y, ante la mirada de todos los presentes, la incrustó en el pecho de Perkins.
Lentamente se fue llenando de rojo escarlata. Una vez llena, la extrajo del pecho del cadáver, miró al hombre con sombrero y dulcemente le dijo:
-Aquí tiene un poco de su sangre, majestad.
El Idiota con Sombrero - Horacio Quiroga