El Hospital de Muñecas de
Lisboa
, un antiguo y curioso atractivo turístico, funciona desde 1830 como cualquier otro centro médico, con sala de espera, quirófano o urgencias, y con la única diferencia de que todos sus pacientes son inanimados, reseña Efe. Allí, el paciente entra, es examinado para determinar su gravedad, se le atribuye una ficha con número de cama y se procede a las intervenciones que sean necesarias para curarle.
“Es un trabajo de mucha paciencia e imaginación, no hay dos muñecos que tengan como origen exactamente el mismo problema”, explica a Efe Manuela Cutileira, responsable del Hospital de Muñecas, mientras enseña la sala de espera en la que varios “pacientes” esperan su turno.
Al hospital llegan muñecos que van desde los más actuales, como modernos peluches o barbies de última generación, a los más antiguos, incluidos los de porcelana, a los que sus dueños llevan por cariño personal y no valor monetario, asegura la responsable de este centro. Tras pasar por la sala de espera, los muñecos son transferidos para una de las dos salas, con diferentes especialidades médicas cada una, de acuerdo con los síntomas que presenten y también con su antigüedad.
Las principales intervenciones se realizan mostrando a los pacientes, que suelen ser objetivo común de las bromas y juegos de los niños, sobre todo en el ámbito ortopédico, en el que se tratan incidentes relacionados con brazos y piernas rotos o dislocados.
Las instalaciones del hospital cuentan también con un museo que se fue creando con las muchas piezas adquiridas a través de donaciones realizadas diariamente por quien visita el espacio, ya sean clientes nacionales o internacionales. En este apartado es posible encontrar muñecos de varios tipos y tallas, que son vestidos a su llegada al hospital, la mayoría de ellos procedentes de España, donde aún hoy, destaca la responsable del hospital, hay una importante producción de juguetes.
Hay también muñecos vestidos con atuendos que representan varias tradiciones portuguesas. El museo cuenta asimismo con un lugar dedicado a la Escuela Primaria Nº78, que antes estaba en ese mismo espacio, y que regularmente visitan antiguos alumnos, muchos de los cuales dejan allí recuerdos que enriquecen el rincón.
El complejo se completa con una pequeña tienda, a la entrada del hospital, en la que se venden las muñecas ataviadas con trajes creados en este peculiar centro, así como algunos accesorios o casas de madera en las que las muñecas pueden cumplir cómodamente su posoperatorio.
“Es un trabajo de mucha paciencia e imaginación, no hay dos muñecos que tengan como origen exactamente el mismo problema”, explica a Efe Manuela Cutileira, responsable del Hospital de Muñecas, mientras enseña la sala de espera en la que varios “pacientes” esperan su turno.
Al hospital llegan muñecos que van desde los más actuales, como modernos peluches o barbies de última generación, a los más antiguos, incluidos los de porcelana, a los que sus dueños llevan por cariño personal y no valor monetario, asegura la responsable de este centro. Tras pasar por la sala de espera, los muñecos son transferidos para una de las dos salas, con diferentes especialidades médicas cada una, de acuerdo con los síntomas que presenten y también con su antigüedad.
Las principales intervenciones se realizan mostrando a los pacientes, que suelen ser objetivo común de las bromas y juegos de los niños, sobre todo en el ámbito ortopédico, en el que se tratan incidentes relacionados con brazos y piernas rotos o dislocados.
Las instalaciones del hospital cuentan también con un museo que se fue creando con las muchas piezas adquiridas a través de donaciones realizadas diariamente por quien visita el espacio, ya sean clientes nacionales o internacionales. En este apartado es posible encontrar muñecos de varios tipos y tallas, que son vestidos a su llegada al hospital, la mayoría de ellos procedentes de España, donde aún hoy, destaca la responsable del hospital, hay una importante producción de juguetes.
Hay también muñecos vestidos con atuendos que representan varias tradiciones portuguesas. El museo cuenta asimismo con un lugar dedicado a la Escuela Primaria Nº78, que antes estaba en ese mismo espacio, y que regularmente visitan antiguos alumnos, muchos de los cuales dejan allí recuerdos que enriquecen el rincón.
El complejo se completa con una pequeña tienda, a la entrada del hospital, en la que se venden las muñecas ataviadas con trajes creados en este peculiar centro, así como algunos accesorios o casas de madera en las que las muñecas pueden cumplir cómodamente su posoperatorio.