Exorcismo: limpieza y purificación Un exorcismo es un ritual mediante el cual se intenta la expulsión de una entidad la cual se ha apoderado del cuerpo de alguna persona. Por otro lado podemos decir que un exorcismo en la limpieza y purificación de las energías negativas que habitan en algún lugar físico, y a pesar de que la mayoría de las veces se trata de posesiones por espíritus malignos, también hay casos en los cuales se debió llevar a cabo un ritual de exorcismo sobre una persona poseída por espíritus de difuntos que a pesar de que no tenían ninguna intención de realizar la posesión, en su desesperación de no entender su muerte lo hicieron. Como bien hemos dicho, la limpieza y purificación de una casa, un comercio o algún lugar físico; también es considerado un ritual de exorcismo, ya que son abundantes los casos que hay en el mundo de entidades que se meten en las casas de la gente con la finalidad de apoderarse de la propiedad. El ritual de exorcismo no tiene un origen específico aunque se cree que el primero en realizarlo fue el mismísimo Jesús, a partir de allí la iglesia y el cristianismo adoptaron un ritual que se lleva a cabo siempre que el caso lo amerite. Hay varias historias acerca de diferentes casos de exorcismo que gracias a las habladurías populares se hicieron conocidos en los pueblos, ciudades, países, comenzaron a extenderse alrededor del mundo, a tal punto que muchos de ellos se han inmortalizado en películas cinematográficas. A pesar de que al principio de nuestra época, el exorcismo era puesto en duda y se creía que toda la práctica era únicamente un truco del catolicismo con la finalidad de llamar la atención, debemos decir que gracias al avance tecnológico, con el correr de los años se pudieron grabar en audio e incluso filmar en video diferentes rituales de exorcismo practicados a personas que se encontraban poseídas. Sin ir más lejos, Internet está plagado de vídeos e incluso se han realizado documentales, artículos informes periodísticos y de investigación acerca de la veracidad de los mismos, ya que a pesar de todo, un video o una grabación pueden manipularse perfectamente. Entonces ¿Cómo sabemos cuando un exorcismo es real y no una puesta en escena? La respuesta más lógica a esa pregunta sería presenciar un exorcismo en vivo y en directo, pero cada uno es libre de creer lo que sienta. Los casos de exorcismo más actuales suelen estar relacionados más con la expulsión espíritus que con la de demonios, ya que estos últimos suelen ser muy pocos, pero es importante decir que a pesar de que el daño es menor cuando se trata de un espíritu (siempre y cuando el mismo no tenga intenciones de dañar a la persona) las consecuencias que puede sufrir la victima a nivel psíquico pueden ser muy graves, por ello el ritual de exorcismo es fundamental. Ritual de exorcismo El ritual que se realiza en los casos de exorcismo es oficiado siempre por un sacerdote, ministro o pastor que contará con la ayuda de al menos tres asistentes que puedan sostener a la victima (si la posesión es muy fuerte, el exorcismo se puede tornar un tanto violento y siempre es mejor tener sujeta a la victima para evitar tragedias), y las herramientas fundamentales que suelen utilizar los exorcistas son cruces, agua bendita y la Biblia. Existe un libro llamado “el ritual romano de exorcismo” el cual acompaña a cada uno de los sacerdotes encargados de realizar el ritual, y allí no solo se relata la forma en la cual el ritual debe ser llevado a cabo, sino que también, hay escritas muchas frases y oraciones que deben ser recitadas a medida que se vaya desarrollando el ritual. Es importante tener en cuenta dos factores que han marcado una enorme diferencia entre los casos de exorcismo católico y de otras religiones. Generalmente en este último caso, cuando se le informa a un pastor, reverendo o ministro acerca del caso de posesión, el mismo suele realizar un corto estudio acerca de éste y proceder con el exorcismo si es que considera que la persona lo necesita, ahora bien, los casos de exorcismo católicos son otra historia. Para que un sacerdote pueda llevar a cabo un ritual, primero debe estudiar el caso durante un tiempo considerable hasta obtener alguna prueba concisa de que efectivamente se trata de una posesión, y cuando lo hace, debe mandar un informe al Vaticano. Una vez allí, estudian dicho informe y mandan a algún corresponsal a que verifique la situación, y a partir de lo que explique el mismo, el Vaticano decide si realmente vale la pena realizar el exorcismo; la mayoría de las veces la respuesta suele ser negativa, y los familiares deben recurrir a otra congregación que los pueda ayudar. Por último queremos mencionar dos cosas que la gente siempre se pregunta acerca de los rituales de exorcismo; la duración de los mismos es incierta ya que dependerá de la fuerza que tenga la entidad que ha tomado el cuerpo; hay casos de exorcismo que han durado 10 minutos y otros que han durado hasta 6 años, y por otro lado, también existe una controversia acerca de que si la victima puede morir durante el ritual. Lo cierto es que existe un alto riesgo de que esto pase, aunque la mayoría de las veces el ritual es terminado exitosamente. La vida de la victima dependerá de la fuerza que tengan ambas partes, recordemos que el ritual del exorcismo es la mejor representación que puede haber acerca de la lucha entre el bien y el mal. Ritual Romano Renovado según el decreto del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II Promulgado por la autoridad de S.S. Juan Pablo II RITUAL DE LOS EXORCISMOS Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos Prot. 1280/98/L Notificación El Rito de Exorcismos La edición latina del renovado rito de Exorcismos aprobada el 1° de Octubre de 1998 por el Sumo Pontífice Juan Pablo II, fue dada a conocer en el día de ayer y, conforme al decreto de este Dicasterio, puede ser utilizada por aquellos a quienes compete por Derecho desde este mismo momento. La Congregación del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos, por la peculiar facultad otorgada a la misma por el Sumo Pontífice (cfr. Decretos de la Secretaría de Estado n. 434.563 del día de 2 de Octubre de 1998), establece y declara lo que sigue. Dado que compete al Obispo diocesano, en la diócesis a él confiada, la moderación de la Sagrada Liturgia y el ejercicio de la tarea pastoral es por ello que, para aliviar misericordiosamente a los fieles en la lucha contra el poder del diablo, examinada con diligencia cada situación, podrá pedir a la Santa Sede que un sacerdote, a quien el cargo de exorcista fuere confiado, pueda también emplear el rito hasta ahora usado según el título XII de la edición de 1952 del Ritual Romano. La Congregación del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos, atendiendo a las peticiones de los Ordinarios, que conocen enteramente la realidad pastoral de su jurisdicción, concede gustosamente la facultad pedida. Dadas en la Sede de la Congregación, a los veintisiete días del mes de enero de mil novecientos noventa y nueve. Jorge A. Card. Medina E. Prefecto Mario Marini Subsecretario Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos Prot. 1280/98/L Decreto La Iglesia, obediente a la oración dominical,cuidó misericordiosamente, desde los tiempos antiguos a través de sacramentales, que con súplicas piadosas a Dios se procurase que los fieles cristianos fueran librados de todos los peligros y, especialmente, de las insidias del diablo. Así, de una manera peculiar, fueron instituidos en la Iglesia los exorcismos, para que a través de ellos, imitando la caridad de Cristo, fueran curados los poseídos por el Maligno, y expulsados los demonios en nombre de Dios, de modo de evitar a las criaturas humanas todo perjuicio. Ahora bien, actualmente parece oportuno rever las normas transmitidas y las oraciones suplicantes, como también las fórmulas empleadas por el título XII del Ritual Romano, para que el rito de exorcismos responda a lo decretado por la Constitución “Sacrosanctum Concilium” del Concilio Vaticano II, especialmente en su artículo 79. Por lo tanto, esta Congregación promulga el Rito de los Exorcismos, aprobado por el Sumo Pontífice Juan Pablo II el día 1° de Octubre de 1998, para que se aplique en lugar de las normas y fórmulas que, bajo el título XX del Ritual Romano, hasta ahora se empleaban. La edición latina, tan pronto como sea editada, puede ser utilizada por aquellos a quienes compete según Derecho. No obstante, las Conferencias Episcopales vigilen que las ediciones en lengua vernácula, cuidadosamente preparadas y adaptadas de acuerdo a las normas del Derecho, sean sometidas a la confirmación de la Sede Apostólica. Sin que obste nada en contrario,se emite este Decreto, en la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en el día doce de Noviembre de mil novecientos noventa y ocho, en la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Jorge Card. Medina Estévez Prefecto + Gerardo M. Agnelo Arzobispo Secretario INTRODUCCIÓN A lo largo de la historia de la salvación, se hacen presentes las criaturas angélicas, ya sea prestando un servicio como mensajeros divinos, ya ayudando de manera misteriosa en la Iglesia; también aparecen criaturas espirituales caídas, llamadas diabólicas, que, opuestas a Dios y a su voluntad salvífica consumada en Jesucristo, se esfuerzan por asociar al hombre en su propia rebelión contra Dios.1 En las Sagradas Escrituras, el Diablo y los demonios son llamados con varias apelaciones, entre las cuales, algunas muestran del algún modo, su naturaleza y origen .2 El Diablo, llamado Satanás, “serpiente antigua” y “dragón”, seduce él mismo a todo el orbe y lucha contra quienes guardan los mandatos de Dios y también contra quienes dan testimonio de Jesús (cf. Apoc. 12, 9.17). Se lo designa “adversario de los hombres” (cf. 1 Ped. 5, 8) y “homicida desde el comienzo” (cf. Jn. 8, 44), cuando por el pecado hace al hombre sujeto a la muerte. Dado que, por sus insidias provoca al hombre para la desobediencia a Dios, a este malvado se lo llama también “tentador” (cf. Mt. 4, 3 y 26, 36-44), “mentiroso” y “padre de la mentira” (cf . Jn. 8, 44): él obra con astucia y falsedad, como lo atestiguan el relato de la seducción de los primeros padres (cf. Gen. 3, 4.13), el intento de desviar a Jesús de la misión aceptada del Padre (cf. Mt. 4, 1-11; Mc. 1, 13; Lc. 4, 1-13) y su transfiguración en ángel de luz (cf. 2 Cor. 11, 14). Se lo llama, también, “príncipe de este mundo” (cf. Jn. 12, 31 y 14, 30) en referencia a aquel ámbito que en su totalidad fue puesto en el Maligno (cf. 1 Jn. 5, 19) y no conoció la verdadera luz (cf. Jn. 1, 9-10), como también a aquellos que odian la Luz, que es Cristo, y arrastran a los hombres a las tinieblas. Puede considerarse que a los demonios que, con el diablo, no acataron el principado de Dios (cf. Jud. 6), se hicieron réprobos (cf. 2 Ped. 2, 4), constituyen los espíritus del mal (cf. Ef. 6, 12) y se los llama “ángeles de Satanás” (Cf. Mt. 25, 41; 2 Cor. 12, 7; Apoc. 12, 7.9),les fue confiada cierta misión por su príncipe mayor.3 Las obras de todos los espíritus inmundos, seductores (cf. Mt. 10, 1; Mc. 5, 8; Lc. 6, 18; 11, 26; Hech. 8, 7; 1 Tim 4, 1; Apoc. 18, 2) fue disuelta por la obra de Cristo (cf. 1 Jn. 3, 8). Aunque “a la historia universal le invade la ardua lucha contra los poderes de las tinieblas” y “hasta el último día… persistirá”,4 Cristo, por su misterio pascual de muerte y resurrección, nos “libró de la esclavitud del diablo y del pecado”5 derribando su poder y librando todas las cosas de su influencia maligna. Con todo, dado que la dañosa y contraria acción del Diablo y de los demonios afecta a las personas, cosas y lugares y aparece de diversas maneras, la Iglesia, conocedora de que “estos tiempos son malos” (Ef. 5, 16), oró y ora para que los hombres sean librados de las insidias diabólicas. PRENOTANDOS I - LA VICTORIA DE CRISTO Y LA POTESTAD DE LA IGLESIA CONTRA LOS DEMONIOS 1.La Iglesia cree firmemente que uno solo es el verdadero Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, único principio de todos los seres: creador de todo lo visible e invisible.6 Más aún, todas las cosas que Dios creó (cf. Col. 1, 16), las conserva y gobierna con su Providencia7 y nada hizo que no fuera bueno8; también “el diablo (…) y los otros demonios fueron creados por Dios ciertamente buenos por naturaleza, pero ellos se hicieron malos por sí mismos”9 de donde puede pensarse que también ellos serían buenos si, de acuerdo a cómo habían sido creados, así hubiesen permanecido. Debido al mal uso que hicieron de su natural excelencia y por no permanecer en la verdad (cf. Jn. 8, 44), sin transformarse en sustancialmente distintos, fueron separados del sumo Bien, a quien debieron adherirse.10 2.En realidad, el hombre ha sido creado a imagen de Dios “en la justicia y en la verdadera santidad” (Ef. 4, 24) y su dignidad requiere que obre según su conciencia y elección.11 Ahora bien, persuadido por el Maligno, el hombre abusó del don de su libertad y por esa desobediencia fue puesto bajo la potestad del diablo y de la muerte, convertido en siervo del pecado (cf. Gen. 3; Rom. 5, 12).12 Por esa razón, “en la universal historia de los hombres persiste la ardua lucha contra el poder de las tinieblas que, comenzado en el origen del mundo, persistirá hasta el último día, según lo dicho por el Señor (cf. Mt. 24, 13; 13, 24- 30.36-43)”.13 3.El Padre omnipotente y misericordioso envió al Hijo de su amor al mundo para que librase a los hombres de la potestad de las tinieblas y lo trasladase a su reino (cf. Gal. 4, 5; Col. 1, 13). Por lo tanto, Jesucristo, “primogénito de toda la creación” (Col. 1, 15), a fin de renovar al hombre viejo, vistió la carne del pecado, “para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio” (Heb. 2, 14) y, por el don del Espíritu Santo, transformase la naturaleza humana herida en una nueva criatura por medio de su Pasión, Muerte y Resurrección.14 4.En los días de su vida terrena, el Señor Jesús, vencedor de la tentación en el desierto (cf. Mt. 4, 1-11; Mc. 1, 13; Lc. 4, 1-13), expulsó por propia autoridad a Satanás y a otros demonios, imponiéndoles su divina voluntad (cf. Mt. 12, 27- 29; Lc. 11, 19-20). Haciendo el bien y sanando a todo los oprimidos por el diablo (cf. Hech. 10. 38), manifestó la obra de su salvación, para librar a los hombres del pecado así como del primer autor del pecado, Satanás, que es homicida desde el comienzo y el padre de la mentira (cf. Jn. 8, 44).15 5.Al llegar la hora de las tinieblas, el Señor “obediente hasta la muerte” (Filip. 2, 8), repelió el último ataque de Satanás (cf. Lc. 4, 13; 22, 53) por el poder de la Cruz16 y triunfó así sobre la soberbia del antiguo enemigo. Esta victoria de Cristo fue manifestada en su gloriosa resurrección, cuando Dios lo levantó de entre los muertos y lo colocó a su derecha en los cielos sometiendo todas las cosas bajo sus pies (cf. Ef. 1, 21-22). 6.En el ejercicio de su ministerio, Cristo entregó a sus Apóstoles y a otros discípulos el poder para expulsar los espíritus inmundos (cf. Mt. 10, 1.8; Mc. 3, 14-15; 6, 7.13; Lc. 9, 1; 10, 17.18-20). A ellos mismos, el Señor prometió el Espíritu Santo Paráclito, procedente del Padre por el Hijo, el cual argüiría al mundo acerca del juicio, porque el príncipe de este mundo ya fue juzgado (cf. Jn. 16, 7-11). El Evangelio atestigua que entre los signos que caracterizarían a los creyentes, se encuentra la expulsión de los demonios (cf. Mc. 16, 17). 7.Por tanto, la Iglesia ejerció la potestad, recibida de Cristo, de expulsar a los demonios y repeler su influjo ya desde la época apostólica (cf. Hech. 5, 16; 8, 7; 16, 18; 19, 12) por lo cual, en el nombre de Jesús, ora continua y confiadamente, para ser ella misma librada del Maligno (cf. Mt. 6, 13).17 También en el mismo nombre, por virtud del Espíritu Santo, manda de diversos modos a los demonios que no impidan la tarea de la evangelización (cf. 1 Tes. 2, 18), y que restituya “al más fuerte” (cf. Lc. 11, 21-22) el dominio tanto del universo entero como de cada hombre. “Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída de su dominio, se habla deexo rcismo”.18 II LOS EXORCISMOS EN EL MINISTERIO SANTIFICADOR DE LA IGLESIA II - LOS EXORCISMOS EN EL MINISTERIO SANTIFICADOR DE LA IGLESIA 8.La antigua tradición de la Iglesia, guardada sin interrupción, atestigua que en el camino de la iniciación cristiana se anuncia con claridad y, de hecho comienza, la lucha espiritual contra la potestad del diablo (cf. Ef. 6, 12). Los exorcismos que han de ser hechos de forma simple en el tiempo del catecumenado sobre los elegidos, se llaman exorcismos menores19; son las preces de la Iglesia para que aquellos elegidos, instruidos con el misterio liberador de Cristo, se libren de las secuelas del pecado y de la influencia del diablo, se fortalezcan en su camino espiritual y abran los corazones a los dones que el Salvador les ofrece.20 Finalmente, en la celebración del bautismo, los elegidos renuncian a Satanás y a sus fuerzas y poderes, y le oponen su propia fe en Dios uno y trino. También en el bautismo de niños, se eleva la plegaria del exorcismo sobre los párvulos, “que habrán de experimentar las seducciones de este mundo y lucharán contra las insidias del demonio” para ser fortalecidos por la presencia de Cristo “en el camino de la vida”.21 Por el lavado de la regeneración bautismal, el hombre participa sobre la victoria de Cristo sobre el diablo y el pecado, cuando pasa “del estado de hijo del primer Adán al estado de gracia y “de adopción de los hijos” de Dios por obra del segundo Adán, Jesucristo,”22 y es liberado de la esclavitud del pecado, con la libertad con la que Cristo nos liberó (cf. Gal. 5, 1). 9.Los fieles, si bien han renacido en Cristo, experimentan sin embargo las tentaciones que hay en el mundo y, por lo tanto, deben vigilar en oración y sobriedad de vida, porque su enemigo “el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Ped. 5, 8). A él le deben resistir firmes en la fe “fortalecidos en el Señor con la fuerza de su poder” (Ef. 6, 10) y, sostenidos por la Iglesia que ruega para que sus hijos estén protegidos de toda perturbación,23 tomar fuerzas por la gracia de los sacramentos, en especial, mediante la asidua celebración de la penitencia, para llegar así a la plena libertad de los hijos de Dios (Cf. Rom. 8, 21). 10. Con todo, el misterio de la divina piedad resulta para nosotros bastante difícil de comprender25 cuando, permitiéndolo Dios, algunas veces ocurren casos de peculiares asechanzas o posesiones de parte del demonio sobre algún miembro del pueblo de Dios, iluminado por Cristo y llamado a caminar como hijo de la luz hacia la vida eterna. Aun cuando el diablo no pueda traspasar los límites puestos por Dios, es entonces que se manifiesta claramente el misterio de la iniquidad que obra en el mundo (Cf. 2 Tes. 2, 7; Ef. 6, 12). Esta forma de potestad del diablo sobre el hombre difiere de aquella otra que llamamos pecado y que deriva del pecado original.26 Sucediendo estas cosas, la Iglesia implora a Cristo, Señor y Salvador, y confiando en su virtud, otorga muchas ayudas al fiel atormentado o poseído para que sea liberado de estos males. 11. Entre estas ayudas, hay una de carácter más solemne, el exorcismo mayor,27 que es una celebración litúrgica. El exorcismo, que “procura expulsar los demonios o librar del influjo demoníaco y constante con la autoridad espiritual que Cristo confió a su Iglesia” es una petición del género de los sacramentales, por lo tanto, es un signo sagrado con el cual “los efectos, especialmente espirituales, se significan y se obtienen por la impetración de la Iglesia”. 12. En los exorcismos mayores, la Iglesia unida al Espíritu Santo, suplica para que Él mismo ayude nuestra debilidad (Cf. Rom. 8, 26) a fin de rechazar a los demonios para que no dañen a los fieles. Confiada en aquél soplo divino con el cual el Hijo de Dios donó el Espíritu Santo después de su resurrección, la Iglesia obra en los exorcismos no en nombre propio sino únicamente en el nombre de Dios o de Cristo el Señor a quien deben obedecer todas las cosas, incluidos el diablo y los demonios. III - EL MINISTRO Y LAS CONDICIONES PARA EFECTUAR EL EXORCISMO MAYOR 13.El ministerio de exorcizar a los poseídos se concede por especial y expresa licencia del Ordinario, que regularmente será el mismo obispo diocesano.30 Dicha licencia debe concederse únicamente a un sacerdote dotado de piedad, ciencia, prudencia e integridad de vida.31 Además debe estar preparado específicamente para este oficio. Se exhorta al sacerdote, a quien se le encomiende el oficio de exorcista de manera estable o por un caso aislado, ejercitar esta delicada y caritativa tarea con humildad y confianza, bajo la dirección del obispo diocesano. En este Ritual cuando se indica “exorcista”, siempre debe entenderse como el “sacerdote exorcista” que aquí se ha mencionado. 14.El exorcista, en caso de alguna, así llamada, intervención diabólica, debe observar la máxima circunspección y prudencia, imprescindible en estos casos. En primer lugar no debe creer fácilmente que alguien que padece alguna enfermedad, especialmente psicológica, esté poseído por el demonio.32 Del mismo modo, no debe creer que hay posesión por la sola afirmación de alguien que expresa estar especialmente tentado, desolado o atormentado por el diablo, pues la persona podría estar engañada por la propia imaginación. Por el contrario, es necesario advertir también, para no equivocarse, que el diablo usa artes y fraudes para engañar al hombre, para persuadir al endemoniado que no es necesario someterse a exorcismo alguno, que su padecimiento es natural y debe someterse simplemente a la ciencia médica. Por lo tanto, siempre debe indagarse y quien es tenido como endemoniado debe ser especialmente tenido en cuenta para verificar si está realmente atormentado por el diablo. 15.También deben distinguirse los ataques diabólicos de los casos de credulidad mediante la cual algunos fieles juzgan que son objeto de maleficios, de mala suerte o maldiciones, ya sea ocasionados por otras personas contra ellos mismos o bien allegados contra sus bienes. En estos casos, no debe acudirse de modo alguno al exorcismo, si bien no debe negarse la ayuda espiritual necesaria, sobre todo con oraciones aptas, de tal manera que encuentren la paz de Dios. Tampoco ha de rehusarse la ayuda espiritual a los creyentes que quieren guardar fidelidad al Señor Jesús y al Evangelio y en quienes el Maligno sin entrar (cf. 1 Jn. 5, 18) tienta fuertemente. En estos casos, pueden ser empleadas las preces y las súplicas adecuadas por un presbítero que no es exorcista e incluso por un diácono. 16.El exorcista, por lo tanto, debe proceder a celebrar el exorcismo sólo cuando tenga seguridad de la verdadera posesión demoníaca33 y, si fuera posible, con el consentimiento del mismo sujeto. Según una probada praxis se juzgan como signos de la posesión demoníaca hablar con muchas palabras en una lengua desconocida o entender al que la habla, movilizar cosas distantes u ocultas, manifestar fuerzas por encima de la naturaleza de la edad o condición del sujeto poseso. Estos signos pueden ser un indicio pero podrían no ser atribuidos necesariamente a la posesión diabólica en cuyo caso debe prestarse atención a otros posibles signos de índole espiritual o moral que pudieren manifestar, de algún modo, la intervención diabólica, como por ejemplo la aversión vehemente a Dios, al Santísimo Nombre de Jesús, a la Bienaventurada Virgen María y a los santos, a la Iglesia, a la Palabra de Dios, a los objetos sagrados, a los ritos, especialmente sacramentales y a las imágenes sagradas. Conviene, finalmente, examinar la relación que existe de todos los signos indicados con la fe y la vida espiritual teniendo en cuenta que el Maligno es enemigo de Dios y de todo aquello que los fieles tienen para experimentar la acción salvífica de Dios en ellos. 17. Corresponde al exorcista juzgar con respecto a la necesidad de apelar al rito del exorcismo, después de realizar una diligente investigación, guardando siempre el secreto de confesión, y consultados, en cuanto sea posible, los expertos de vida espiritual; también, si fuere necesario podrá consultar a expertos en la ciencia médica y psiquiátrica que tengan sentido de las cosas espirituales. 18.En los casos que afecten a personas no católicas y en todo lo que parezca más difícil de discernir, llévese el asunto al obispo diocesano, quien por razones prudenciales podrá reclamar el parecer de algunos expertos antes de tomar la decisión acerca del exorcismo. 19. El exorcismo se realiza de tal manera que manifieste la fe de la Iglesia y que por nadie pueda ser considerado como una acción mágica o supersticiosa. Debe cuidarse que el rito no se convierta en un espectáculo para los presentes. De ningún modo se dé espacio a los medios de comunicación social mientras se realiza el exorcismo; tampoco corresponde divulgar la noticia del exorcismo antes o después de realizado, pues debe guardarse la debida discreción. IV - EL RITO QUE DEBE EMPLEARSE 20. En el rito que se propone, fuera de las fórmulas mismas del exorcismo, préstese una atención especial a aquellos gestos y aspectos rituales que tienen el primer lugar y sentido, por ejemplo aquellos que forman parte de la purificación en el camino catecumenal (el signo de la cruz, la imposición de las manos, el soplo, la aspersión con el agua bendita, etc.). 21.El rito comienza con la aspersión del agua bendita, con la cual se recuerda la purificación bautismal y el atormentado se defiende de las insidias del enemigo. El agua puede bendecidse fuera del rito o dentro del rito antes de la aspersión y, si es oportuno, junto con una mezcla de sal. 22. Sigue la oración letánica con la cual se implora la intercesión de todos los santos sobre el atormentado. 23.Después de las preces letánicas el exorcista puede recitar uno o varios salmos que imploran la protección del Altísimo y proclaman la victoria de Cristo sobre el Maligno. Los salmos pueden decirse de modo corrido o responsorial. Terminado cada salmo, el exorcista puede añadir una oración sálmica. 24. Luego se proclama el Evangelio, como signo de la presencia de Cristo quien, por su propia Palabra en la proclamación de la Iglesia cura las enfermedades de los hombres. 25. A continuación el exorcista impone las manos sobre el atormentado, con lo cual se invoca el poder del Espíritu Santo, para que el diablo salga de aquel que por el bautismo fue hecho templo de Dios. Al mismo tiempo puede soplar sobre el rostro del atormentado. 26.Se recita, entonces, el símbolo de la fe, o bien, se renueva la promesa de fe bautismal con la abjuración previa a Satanás. Sigue la oración dominical, con la cual se implora al Dios y Padre nuestro que nos libre de todo mal. 27.Terminados los ritos precedentes, el exorcista muestra al atormentado el crucifijo que es fuente de toda bendición y gracia, y se hace la señal de la cruz sobre él señalando así la potestad de Cristo sobre el diablo. 28. Finalmente dice la fórmula deprecativa, con la cual se ruega a Dios, así como la fórmula imperativa, con la que el diablo, en nombre de Cristo, es conjurado directamente para que salga del atormentado. No debe utilizarse la fórmula imperativa si no precedió la fórmula deprecativa, en cambio ésta puede emplearse sin aquélla. 29.Todos los pasos del rito indicados pueden repetirse cuantas veces sean necesarias tanto en la misma celebración (atendiendo a lo que se indica en el n.34) como en otro momento, hasta que el atormentado sea liberado totalmente. 30. El rito concluye con el canto de acción de gracias, con la oración y la bendición. V - OBSERVACIONES Y ADAPTACIONES 31. Conviene recordar que la raza de los demonios no puede ser expulsada sin ayuno y oración, por lo cual se recomienda, siguiendo el ejemplo de los Santos Padres, emplear estos dos remedios para pedir la ayuda divina, tanto por el mismo exorcista como por otros en cuanto sea posible. 32. Si fuera posible, el fiel atormentado debe rogar a Dios, ejercitar la mortificación, renovar frecuentemente la fe recibida en el bautismo, acudir al sacramento de la Reconciliación frecuentemente y fortalecerse con la sagrada Eucaristía, todo esto sobre todo, antes del exorcismo. Del mismo modo pueden ayudar con la oración, los familiares, amigos, el confesor o director espiritual, sobre todo si al sujeto le facilita rezar con la ayuda y la presencia de otros fieles. 33.Si es posible, realícese el exorcismo en un oratorio o en otro lugar oportuno, apartado de la multitud, en donde esté destacada la imagen del crucifijo. También debe tenerse en el lugar una imagen de la Bienaventurada Virgen María. 34.Teniendo en cuenta las características del atormentado, el exorcista puede usar de las varias opciones que le ofrece el rito, siempre siguiendo la estructura básica y optando por las fórmulas y oraciones que mejor se acomoden a las condiciones de la persona. a.En primer lugar debe tenerse en cuenta el estado físico y psicofísico de la persona como también atender las variaciones posibles dentro del día y aun dentro de una misma hora. b.Cuando no hay presencia ni siquiera de unos pocos fieles –que por prudencia y sabiduría podrían requerirse-, el exorcista debe recordar que la Iglesia está presente en él mismo y en el fiel atormentado y esto recuérdeselo a éste. c.Procúrese siempre que el fiel atormentado, mientras es exorcizado, se concentre lo mejor posible y se convierta a Dios, reclamándole con profunda humildad y con fe firme la liberación. Exhórteselo a tolerar con paciencia su situación sin desconfiar en el auxilio de Dios y en el ministerio de la Iglesia. 35.Si para la celebración del exorcismo parece oportuno que deba admitirse un grupo elegido de personas, debe indicarse a éstas que rueguen con empeño por el hermano atormentado ya sea de manera privada ya uniéndose en el rito, pero absteniéndose siempre de emitir cualquier fórmula de exorcismo tanto deprecativas como imperativas dado que éstas quedan reservadas al exorcista y solamente él puede pronunciarlas. 36. Es muy conveniente que el fiel librado del tormento exprese su acción de gracias a Dios por la paz recibida, haciéndolo solo o unido a sus familiares. Además debe inducirse al fiel recuperado para que persevere en la oración, con ayuda de la Sagrada Escritura y que frecuente la celebración de la Reconciliación y la Eucaristía; invíteselo también a llevar una vida cristiana caracterizada por las obras de caridad y de amor fraterno hacia todos. VI ADAPTACIONES QUE COMPETEN A LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES 37. Pertenece a las Conferencias Episcopales: a.Preparar las versiones de los textos, observando su integridad y cuidando su fidelidad. b.Si se juzga oportuno, adaptar signos y gestos del mismo rito atendiendo a la cultura y al genio del pueblo, sometiendo las variaciones al consentimiento de la Santa Sede. 38. Además de la versión propia de los Prenotandos, que debe ser íntegra, si parece oportuno, las Conferencias Episcopales pueden añadir un “Directorio pastoral para el uso del exorcismo mayor”, con el cual los exorcistas puedan entender más profundamente la doctrina de los prenotandos, comprendan más plenamente la significación de los ritos y, con indicaciones de autores probados, conozcan el mejor modo de obrar, de hablar, de interrogar y de juzgar. Estos directorios, que pueden componerse con la colaboración de sacerdotes versados en ciencia y madura experiencia por un largo ejercicio del ministerio del exorcismo, deben ser reconocidos por la Sede Apostólica, según la norma del derecho. CAPÍTULO I RITO DEL EXORCISMO MAYOR 39.Antes de comenzar el rito del exorcismo, el ministro que ha de ejercerlo debe disponerse adecuadamente, según las circunstancias, diciendo la siguiente oración en secreto:Señor Jesucristo, Verbo de Dios Padre, Dios de toda criatura que diste a tus santos Apóstoles la potestad de someter a los demonios en tu nombre y de aplastar todo poder del enemigo; Dios santo, que al realizar tus milagros ordenaste: “huyan de los demonios”; Dios fuerte, por cuyo poder Satanás, derrotado, cayó del cielo como un rayo; ruego humildemente con temor y temblor a tu santo nombre para que fortalecido con tu poder, pueda arremeter con seguridad contra el espíritu maligno que atormenta a esta criatura tuya. Tú que vendrás a juzgar al mundo por el fuego purificador y en él a los vivos y los muertos. Amén. El exorcista puede añadir también otras oraciones, como por ejemplo “En el nombre de Jesucristo…” (Apéndice II, 7), “Bajo tu amparo” (Apéndice II, 8), “San Miguel Arcángel…” (Apéndice II, 9), “Príncipe gloriosísimo…” (Apéndice II, 6). Ritos iniciales 40.El sacerdote exorcista accede al lugar de la celebración, con los ornamentos adecuados que, según la costumbre será el alba, o el sobrepelliz sobre la vestidura talar, y la estola morada. Hecha la debida reverencia al altar o, faltando éste, a la cruz, se encamina a la sede. El sacerdote y los fieles hacen la señal de la cruz de la manera habitual: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos responden: Amén. Luego el exorcista saluda a los fieles extendiendo las manos: Dios, Padre omnipotente que quiere que todos los hombres se salven esté con todos ustedes. Todos responden: Y con tu espíritu. O bien: El Señor esté con ustedes. Todos responden: Y con tu espíritu. Entonces, el sacerdote puede preparar al fiel atormentado por el diablo y a los demás presentes con delicada humanidad a través de breves palabras. 41.Si fuera oportuno, el exorcista bendice el agua, diciendo con las manos juntas una de las siguientes oraciones: Dios, que para la salvación del género humano, hiciste brotar de las aguas el sacramento de la nueva vida, escucha, con bondad, nuestra oración e infunde el poder de tu bendiciónX sobre esta agua, para que sirviendo a tus misterios, asuma el efecto de la divina gracia que espante los demonios y expulse las dolencias y así, al ser rociados, tus fieles sean liberados de todo daño; que en el sitio que será aspegido con esta agua, no resida el espíritu del mal y se alejen todas las insidias del oculto enemigo; haz que tus fieles, manteniéndose firmes por la invocación de tu santo nombre sean libres de todas las asechanzas. Te lo pedimos, por Cristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. 42. O bien: Dios todopoderoso, fuente y origen de la vida del alma y del cuerpo, bendice X esta agua, que vamos a usar con fe para implorar el perdón de nuestros pecados y alcanzar la ayuda de tu gracia contra toda enfermedad y asechanza del enemigo. Concédenos, Señor, por tu misericordia, que las aguas vivas siempre broten salvadoras, para que podamos acercarnos a ti con el corazón limpio y evitemos todo peligro de alma y cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. 43. Si se hace la mezcla de la sal, en la bendición del agua, el exorcista la bendice diciendo: Te suplicamos, Dios todopoderoso, que bendigas en tu bondad esta sal creada por ti. Tú mandaste al profeta Eliseo arrojarla en el agua estéril para hacerla fecunda. Concédenos, Señor, que al recibir la aspersión de esta agua mezclada con sal nos veamos libres de los ataques del enemigo, y la presencia del Espíritu Santo nos proteja siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. Luego mezcla la sal con el agua, sin decir nada. 44. Luego, el exorcista, asperge con el agua bendita al fiel atormentado, a los presentes y al lugar, diciendo: Esta es el agua que Dios ha bendecido. Que ella sea para nosotros fuente de salvación y de vida. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos responden: Amén. O bien: Que esta agua nos recuerde que hemos sido bautizados y con ella, hagamos memoria de Jesucristo, que nos redimió con su muerte y resurrección. Todos responden: Amén. Súplica litánica 45. Después el exorcista, con estas u otras palabras semejantes, se dirige a los presentes y los invita a la oración: Queridos hermanos, supliquemos intensamente la misericordia de Dios para que movido por la intercesión de todos los santos atienda bondadosamente la invocación de su Iglesia a favor de nuestro hermano(a) N. que sufre gravemente. 46. En seguida el exorcista y los fieles, en la medida de las posibilidades, se arrodillan. Quien preside la celebración u otra persona comienza las letanías. Pueden agregarse, en el lugar correspondiente, algunos nombres de santos o santas (por ejemplo, del patrono del lugar, del fiel atormentado, etc.) y también alguna intención especialmente apta para la situación. Quienes participan se unen en las respuestas comunes. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Santa María, Madre de Dios, ruega por él (por ella). San Miguel, Gabriel y Rafael, rueguen por él (por ella). Todos los santos Ángeles de Dios, rueguen por él (por ella). San Elías, ruega por él (por ella). San Juan Bautista, ruega por él (por ella). San José, ruega por él (por ella). Todos los santos Patriarcas y Profetas, rueguen por él (por ella). Santos Pedro y Pablo, rueguen por él (por ella). San Andrés, ruega por él (por ella). Santos Juan y Santiago, rueguen por él (por ella). Todos los santos Apóstoles y Evangelistas, rueguen por él (por ella). Santa María Magdalena, ruega por él (por ella). Todos los santos Discípulos del Señor, rueguen por él (por ella). San Esteban, ruega por él (por ella). San Lorenzo, ruega por él (por ella). Santas Perpetua y Felicidad, rueguen por él (por ella). Todos los santos Mártires, rueguen por él (por ella). San Gregorio, ruega por él (por ella). San Ambrosio, ruega por él (por ella). San Jerónimo, ruega por él (por ella). San Agustín, ruega por él (por ella). San Martín, ruega por él (por ella). San Antonio, ruega por él (por ella). San Benito, ruega por él (por ella). Santos Francisco y Domingo, rueguen por él (por ella). Santos Ignacio (de Loyola) y Francisco (Javier), rueguen por él (por ella). San Juan María (Vianney), ruega por él (por ella). Santa Catalina (de Siena), ruega por él (por ella). Santa Teresa de Jesús, ruega por él (por ella). Todos los Santos y Santas de Dios, rueguen por él (por ella). Muéstrate propicio, líbranos (líbralo), Señor. De todo mal, líbranos (líbralo), Señor. De todo pecado, líbranos (líbralo), Señor. De las insidias del diablo, líbranos (líbralo), Señor. De la muerte eterna, líbranos (líbralo), Señor. Por tu nacimiento, líbranos (líbralo), Señor. Por tu santo ayuno, líbranos (líbralo), Señor. Por tu cruz y tu pasión, líbranos (líbralo), Señor. Por tu muerte y sepultura, líbranos (líbralo), Señor. Por tu santa resurrección, líbranos (líbralo), Señor. Por tu admirable ascensión, líbranos (líbralo), Señor. Por la venida del Espíritu Santo, Paráclito, líbranos (líbralo), Señor. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Tú que por nosotros fuiste tentado por el diablo, ten piedad de nosotros. Tú que libraste a los atormentados de los espíritus inmundos, ten piedad de nosotros. Tú que diste a tus discípulos el poder sobre los demonios, ten piedad de nosotros. Tú que sentado a la derecha del Padre intercedes por nosotros, ten piedad de nosotros. Tú que vendrás a juzgar a vivos y muertos, ten piedad de nosotros. Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos. Para que nos perdones, te rogamos, óyenos. Para que nos indultes, te rogamos, óyenos. Para que nos confortes y conserves en tu santo servicio, te rogamos, óyenos. Para que eleves nuestras mentes hacia deseos celestiales, te rogamos, óyenos. Para que concedas a tu Iglesia servirte con plena libertad, te rogamos, óyenos. Para que le concedas la paz y la verdadera concordia a todos los pueblos, te rogamos, óyenos. Para que nos escuches, te rogamos, óyenos. Cristo, óyenos. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos. 47. Concluidas las letanías, el exorcista dice, de pie, la siguiente oración: Señor y Dios nuestro, a quien pertenece compadecerse siempre y perdonar, escucha nuestra súplica para que la compasión de tu misericordia libere a este servidor tuyo N. (servidora tuya N.) que está sujeto(a) por las cadenas del dominio diabólico. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. Todos se ponen de pie. 48. O bien: Dios y Padre nuestro, que nos ves quebrantados por nuestra fragilidad, te rogamos suplicantes por este hermano nuestra N. (hermana nuestra N.), para que apartes de él (ella) el espíritu del mal y lo (la) restituyas a la plena libertad de tus hijos para que así, te alabe siempre con la multitud de tus santos. Por Cristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. Todos se ponen de pie. Oración con salmos 49. Después el exorcista puede recitar, según las circunstancias, uno o varios salmos, o bien algunos versículos o estrofas escogidas. Aquí se propone un solo salmo pero pueden añadirse otros, según los textos indicados en el capítulo II. Los salmos pueden ser introducidos con una sentencia neotestamentaria y concluidos con una oración, tal como puede verse a continuación. Quienes están presentes en la celebración pueden participar de los modos acostumbrados en la Liturgia para la oración con salmos. 50.Salmo 90 Bajo la protección del Altísimo Les he dado poder de caminar sobre serpientes y para vencer todas las fuerzas del enemigo. (Lc. 10,19) R. Tú eres, Señor, mi refugio. Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío». R. Tú eres, Señor, mi refugio. Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa; te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas. No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol. R. Tú eres, Señor, mi refugio. Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, tú no serás alcanzado: su brazo es escudo y coraza. Con sólo dirigir una mirada, verás el castigo de los malos, porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo. R. Tú eres, Señor, mi refugio. No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo R. Tú eres, Señor, mi refugio. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes. R. Tú eres, Señor, mi refugio. «Él se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación». R. Tú eres, Señor, mi refugio. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. R. Tú eres, Señor, mi refugio. Oración Señor, tú eres nuestra defensa y nuestro refugio; te pedimos que libres a tu hijo(a) N. de la trampa de los demonios y de la palabra cruel de los perseguidores. confiaron, y tú los libraste; clamaron a ti y fueron salvados, confiaron en ti y no quedaron defraudados. R. Sálvame de la boca del león. Pero yo soy un gusano, no un hombre; la gente me escarnece y el pueblo me desprecia; los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto». R. Sálvame de la boca del león. Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre; a ti fui entregado desde mi nacimiento, desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios. No te quedes lejos, porque acecha el peligro y no hay nadie para socorrerme. R. Sálvame de la boca del león. Me rodea una manada de novillos, me acorralan toros de Basán; abren sus fauces contra mí como leones rapaces y rugientes. Soy como agua que se derrama y todos mis huesos están dislocados; mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior; mi garganta está seca como una teja y la lengua se me pega al paladar. R. Sálvame de la boca del león. Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies y me hunden en el polvo de la muerte. Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo, se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. R. Sálvame de la boca del león. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme Libra mi cuello de la espada y mi vida de las garras del perro. Sálvame de la boca del león, salva a este pobre de los toros salvajes. Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: R. Sálvame de la boca del león. «Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel. Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio» R. Sálvame de la boca del león. Por eso te alabaré en la gran asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles: los pobres comerán hasta saciarse y los que buscan al Señor lo alabarán. ¡Que sus corazones vivan para siempre! Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor; todas las familias de los pueblos se postrarán en su presencia. R. Sálvame de la boca del león. Porque sólo el Señor es rey y él gobierna a las naciones. Todos los que duermen en el sepulcro se postrarán en su presencia; R. Sálvame de la boca del león. Todos los que bajaron a la tierra doblarán la rodilla ante él, y los que no tienen vida glorificarán su poder. Hablarán del Señor a la generación futura, anunciarán su justicia a los que nacerán después, porque esta es la obra del Señor. R. Sálvame de la boca del león. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. R. Sálvame de la boca del león. Oración Dios, que reconciliaste contigo al mundo por la pasión de tu Hijo, te suplicamos humildemente que no postergues el auxilio que necesita de ti, este hijo tuyo (hija tuya) N.; defiéndelo (defiéndela) y líbralo (líbrala) de la boca del león que busca arrebatarlo (arrebatarla). Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. 51. Salmo 30 Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró (Lc. 23,46). R. Líbrame del poder de mis enemigos. Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, R. Líbrame del poder de mis enemigos. Porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. R. Líbrame del poder de mis enemigos. Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. Yo detesto a los que veneran ídolos vanos y confío en el Señor. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! Cuando tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, no me entregaste al poder del enemigo, me pusiste en un lugar espacioso. que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Todos responden: Amén. 52 Otra fórmula imperativa (cfr. n. 62) Por el Dios vivo, por el Dios verdadero, por el Dios santo, yo te exorcizo, espíritu inmundo, enemigo de la fe, enemigo del género humano, conductor de la muerte, padre de la mentira, raíz de todos los males, seductor de los hombres, provocador de los dolores. Te adjuro, maldito dragón, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para que abandones de raíz y que huyas de este ser plasmado por Dios. El mismo Jesucristo te lo ordena, quien te mandó sumergirte desde lo alto de los cielos a los lugares más bajos de la tierra. El mismo Cristo te lo ordena, que calmó al mar, a los vientos y a las tempestades. El mismo Cristo te lo ordena, que es la eterna Palabra de Dios hecha carne, y que se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte por la salvación del género humano perdido por tu envidia. Témelo a Él, que en Isaac fue inmolado, en José vendido, en el Cordero, muerto, en el hombre, crucificado, y en el infierno, triunfador. Dale lugar a Cristo, en quien ninguna de tus obras has podido encontrar. Humíllate bajo la potente mano de Dios; tiembla y huye, pues invocamos el santo nombre de Jesús, ante quien tiemblan los infierno, a quien están sujetas las Virtudes de los cielos, las Potestades, las Dominaciones, y a quien los Querubines y los Serafines aclaman con una sola voz diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor, Dios de los ejércitos. Retrocede ya, en el nombre del Padre X y del Hijo X y del Espíritu X Santo. Dale el lugar al Espíritu Santo por este signo de la Santa X Cruz de nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Todos responden: Amén. APÉNDICES SÚPLICAS Y EXORCISMOS QUE PUEDEN AGREGARSE EN PECULIARES CIRCUNSTANCIAS 1.La presencia del diablo y de otros demonios aparece no solamente en personas tentadas o atormentadas, sino también en las cosas y en los lugares que están en contacto, de algún modo, con ellas o su actividad. Asimismo pueden hacerse presente en las variadas formas de oposición y persecución a la Iglesia. De acuerdo a los sucesos y las circunstancias, el Obispo diocesano puede considerar oportuno congregar a los fieles para orar, presididos y animados por un sacerdote, para lo cual se disponen los elementos siguientes. 2.Congregada la asamblea de los fieles, el sacerdote dice: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Todos se signan y dicen: Amén. 3. Luego el sacerdote, saluda a los presentes con las manos extendidas: Dios, Padre omnipotente que quiere que todos los hombres se salven esté con todos ustedes. Todos responden: Y con tu espíritu. O bien: El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. O bien: Puede usarse otro saludo tomado de los libros litúrgicos aprobados. 4. Luego el sacerdote habla brevemente a los presentes, para disponer su atención a la celebración. A continuación es conveniente dar lugar a una Liturgia de la Palabra en la que se incluya una breve homilía del sacerdote que preside; en ella, inspirado por los textos bíblicos que se proclamen, el sacerdote invite a los fieles a la esperanza en la victoria de Cristo y las disposiciones de Dios a favor de los hombres, como las angélicas. Los textos bíblicos a proclamarse y los salmos responsoriales correspondientes pueden elegirse de entre los propuestos en los Leccionarios aprobados. 5. Pueden recitarse las letanías de los santos, que el sacerdote puede concluir con la oración siguiente: Espíritu Santo Creador, asiste bondadosamente a la Iglesia Católica; fortalécela y confírmala con tu poder contra los embates de los enemigos, y renueva el espíritu de tus servidores fieles a quienes ungiste con tu caridad y tu gracia para que en ti glorifiquen al Padre y a su Hijo Unigénito, Jesucristo, nuestro Señor. Todos responden: Amén. 6. Puede también, en lugar de las letanías, rezarse la Oración Universal con intenciones apropiadas. Al final se dice el Padre nuestro. 7. Después el sacerdote, con las manos juntas, agrega: En nombre de Jesucristo, Dios y Señor nuestro, y con la intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del bienaventurado Miguel Arcángel, de los bienaventurados apóstoles, Pedro y Pablo, y de todos los santos, y confiando en la sagrada autoridad del ministerio recibido de la Iglesia me encamino seguro a enfrentar las vejaciones producidas por el engaño diabólico que han de ser repelidas. 8. Todos recitan a la vez: Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos y huyen de su rostro quienes lo enfrentan. Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecen los pecadores delante del Señor. V. Huyan de la Cruz de Cristo, enemigos del Señor. R. Ha vencido el león de la tribu de Judá, la raíz de David. V. Señor, que venga tu misericordia sobre nosotros. R. Como lo esperamos de ti. V. Señor, oye mi oración. R. Y llegue a ti mi clamor. 9. El sacerdote dice con las manos juntas: Oremos. Y todos oran en silencio. Entonces el sacerdote con las manos juntas dice la siguiente oración: Dios del cielo, Dios de la tierra, Dios de los ángeles, Dios de los arcángeles, Dios de los patriarcas, Dios de los profetas, Dios de los apóstoles, Dios de los mártires, Dios de los sacerdotes, Dios de las vírgenes, Dios de todos los santos y santas, Dios que tienes poder para dar vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, no hay otro Dios fuera de ti, creador de todo lo visible e invisible, cuyo reino no tiene fin; humildemente suplicamos a la majestad de tu gloria, para que, con tu poder, libres a tus hijos de toda potestad, engaño y perversidad de los espíritus del infierno y nos custodies incólumes. b. Por tu encarnación, líbrame, Señor. Por tu nacimiento, líbrame, Señor. Por tu bautismo y ayuno santo, líbrame, Señor. Por tu cruz y tu pasión, líbrame, Señor. Por tu muerte y sepultura, líbrame, Señor. Por tu santa resurrección, líbrame, Señor. Por tu admirable ascensión, líbrame, Señor. Por la efusión del Espíritu Santo, líbrame, Señor. Por tu gloriosa venida, líbrame, Señor. c. Cuando nombra a la cruz, el fiel puede signarse. Sálvame, Cristo Salvador, por el poder de la Cruz X tú que salvaste a Pedro en el mar, ten misericordia de mí. Por la señal de la Cruz X líbranos de nuestros enemigos, Dios nuestro. Por tu Cruz X sálvanos, Cristo redentor, tú que muriendo destruiste nuestra muerte y resucitando restableciste la vida. Tu Cruz X adoramos, Señor, tu gloriosa Pasión recordamos, ten compasión, tú que padeciste por nosotros. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos porque por tu Cruz X redimiste al mundo. 8. Invocaciones a la Virgen María Bajo tu amparo, nos refugiamos santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los males, Virgen gloriosa y bendita. Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros. Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros. Hazme digno de alabarte, Virgen santa; dame poder contra tus enemigos. Madre mía, confianza mía. Virgen Madre de Dios, María, ruega a Cristo por mí. Dignísima Reina del mundo, siempre Virgen María, intercede por nuestra paz y salvación tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos. María, Madre de gracia, Madre de misericordia, protégenos del enemigo y recíbenos en la hora de la muerte. Socórreme, piadosísima Virgen María, en todas mis tribulaciones, angustias y necesidades y alcánzame de tu amado Hijo la liberación de todos los males y de los peligros del alma y del cuerpo. Recuerda, piadosa Virgen María, que no se ha oído en el mundo que alguien que ha recurrido a tu apoyo, que haya implorado tu auxilio, que haya pedido tu ayuda, haya sido abandonado. Yo animado por tal confianza corro hacia ti, Madre, Virgen de las vírgenes y como un pecador que llora sus culpas comparezco ante ti. No quieras desdeñar mis palabras, Madre de Dios, sino que óyelas bondadosamente y recíbelas. 9. Invocación a san Miguel Arcángel San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla sé un refugio contra la malicia y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. 10. Preces litánica Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros (por mí). San Miguel, ruega por nosotros (por mí). San Gabriel, ruega por nosotros (por mí). San Rafael, ruega por nosotros (por mí). Santos Ángeles custodios, rueguen por nosotros (por mí). San Juan Bautista, ruega por nosotros (por mí). San José, ruega por nosotros (por mí). San Pedro, ruega por nosotros (por mí). San Pablo, ruega por nosotros (por mí). San Juan, ruega por nosotros (por mí). Todos los Apóstoles, rueguen por nosotros (por mí). Santa María Magdalena, ruega por nosotros (por mí). (Pueden añadirse los nombres de otros santos o beatos) De todo mal, líbranos (líbrame), Señor. De todo pecado, líbranos (líbrame), Señor. De las insidias del diablo, líbranos (líbrame), Señor. De la muerte eterna, líbranos (líbrame), Señor. Cristo, óyenos (óyeme). Cristo, escúchanos (escúchame). ESPERO QUE LES SIRVA ESTE PEQUEÑO EXTRACTO DEL LIBRO DE RITUALES ROMANOS DE EXORCISMOS ... TAL VEZ LO NECESITEN TAL VEZ NO PERO POR LAS DUDAS!! NOTA: ESTE ES UN TEMA BASTANTE POLEMICO ASI QUE SI ARMAN FOROBARDO ELIMINO AUTOMATICAMENTE LOS COMENTARIOS QUE GENEREN DISTURBIOS ... GRACIAS POR ENTENDER!
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