El Señor de los GlobosSe dice que los globos negros significan muerte, ya que en los funerales siempre hay globos de color negro, además en fiestas u otros eventos no se encuentran…Pues existe una persona desconocida que siempre tiene en la mano derecha algunos globos negros, tiene siempre una sonrisa macabra y un traje negro, si te lo encuentras en la calle es recomendable irte del lugar aunque algunos te consideren loco ya que tu solo puedes verlo…Mientras lees esto posees el poder de verlo y tales es recomendable que cuando acabes de leer esto no vayas a tu cuarto pero si estás en tu cuarto no voltees para atrás en un tiempo, ya que si lo haces el estará parado con una sonrisa macabra y unos globos negros… El te pedirá que lo acompañes…Se Desconoce a la persona algunos dicen que no existe pero ellos no lo ven visto y los únicos que lo en podido ver en desaparecido como si se los tragara la tierra. ALGO PASO EN LA BASE AEREA DE TORREJON Esta historia es real porque yo mismo la viví. Ocurrió en la base aérea de Torrejón donde la guardia solía hacer ronda pasando por delante delhospital abandonado por losamericanos que allí se encuentra. Una noche, en una de esas rondas, mi compañero y yo junto con un perro policíade la guardiapatrullábamos en Patrol por delante, y vimos que se encontraban encendidas las luces de los servicios de la plantade abajodel hospital, cosa rara, pues sabíamos que allí no había luz, pero pensamos que quizá la hubiesenconectado para realizaralgunas obras o algo, así que no le dimos importancia y fuimos a apagar los interruptores del cuarto de baño,con bastanterespeto, ya que el lugar daba bastante miedo en sí y además conocíamos varias historias del sitio. Allí pudimos comprobar que el resto de las luces no funcionaban, sólo las del baño, lo cual nos extrañóbastante pues si habíanconectado la luz del edificio deberían funcionar todas, así que la apagamos rápidamente y seguimos lapatrulla. Posteriormente, sobre las dos de la madrugada, pasamos de nuevo, y volvimos a ver luces prendidas, esta vez en una de lashabitaciones de la segunda planta, pero esta vez por miedo decidimos no apagarlas y seguir como si nada. Media hora despuéslas luces estaban apagadas, a lo que pensamos que podía ser un niño de los chalets militares que habíaal lado, el que estaba jugando en el hospital con las luces, a lo que decidimos volver al hospital, ya que allí no podia haber nadie. No habíamos salido del Patrol cuando se enciende otra luz de la segunda planta y nuestra teoría quedóreforzada. Buscamos por todo el hospital y no vimos a nadie, así que apagamos las luces, pero cuando cuando íbamos porel pasillo principaldel segundo piso buscando la salida una luz de una habitación por la que acabábamos de estar se enciende derepente; mi compañerome mira y sin decirnos nada nos dirigimos a la habitación cautelosos para ver qué ha pasado. En ese momentola tensión esmuy grande, y el lugar y los ruidos del sitio no ayudan precisamente, pero la curiosidad nos puede más que el miedo.Yo voy delante, y mi compañero tres metros detrás con el perro, pero unos diez metros antes de llegar a la habitaciónsuenaun timbre, es el ruido del ascensor que se pone en marcha, esto me aterroriza pues el ascensor tampoco ha funcionado desdeque se quedó el hospital vacío. En ese momento mi compañero está justo delante de la puerta delascensor, y después de mirarnosfijamente mi compañero se queda mirando a la puerta. Dos segundos después la puerta se abre, yo no puedo ver lo que había dentro del ascensor, pero mi compañerosí, y lo que sípuedo ver es su cara de terror. El perro enseguida se suelta de mi compañero paralizado y se va gimiendo con el raboentrelas patas. Son sólo unos tres segundos pero yo sólo puedo mirar a mi compañero,hasta que le llamo: - Carlos. Este no contesta: - Carlos ¿qué pasa? Yo no me muevo, y mi compañero sólo mira al ascensor, sin reaccionar. El ascensor se cierra entonces, y Carlossigue mirandola puerta durante un segundo, después me mira y puedo ver cómo una lágrima recorre su mejilla mientrasaún mantiene esa expresionde miedo. Ahora soy yo el que no puede reaccionar, en ese momento mi compañero se gira rápido, llama al perrocomo si se acabasede dar cuenta de que se había ido. Al ver que éste no está sale corriendo a buscarle. Esta escena sólo fue de escasos treinta segundos desde que se oye el timbre, pero lo recuerdo como si fuese una hora entea. Yo salgo detrás de Carlos, pero me pierde en el hospital. Al salir yo poco depués le veo llorando sentado enel suelo conla cabeza entre las piernas al lado del Patrol. - ¿Qué ha pasado? -Le pregunto. - Vámonos de aquí, por favor -me dice. Miro al perro que está junto a él tumbado, llorando. - Sí, nos vamos -le digo. Cogimos el patrol y seguimos patrullando, la ronda no fue igual, mi compañero no me hablo más ese día,estaba en otro sitio,ido totalmente. El nunca volvió a ser el mismo, y nunca conseguí que me dijese qué vio en el ascensordel hospital. Carlos se suicido tres meses después y a mí nadie me creyó, a pesar de que todos mis compañerosveían a un Carlos diferentedesde aquella noche.
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