Orgullo
En casi todas las listas, el orgullo es considerado el original y más serio de los Siete Pecados Capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros.
El orgullo (del catalán orgull), y a veces también dicho soberbia (del latín superbia), es idea que tiene varias significaciones dependiendo mucho en la perspectiva filosófica que se propone. El mismo término significa cierto sentimiento y también las acciones, virtudes o vicios, que de él provienen.
En el Cristianismo, el orgullo se define como una estima exagerada de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y renombre. Para la Iglesia Católica encabeza la lista de los siete pecados capitales que escribiera Santo Tomás de Aquino. La causa por la que el orgullo (soberbia) ocupa el lugar principal en esa lista para la iglesia Católica, se debe a que según la biblia fue lo que provocó la rebelión de Lucifer.
Sin embargo conviene no olvidar la connotación positiva, que, ya en su origen latino posee la palabra, puesto que la calificación de un acto como soberbio or orgulloso puede ser sinónimo de óptimo o de bella factura. En la filosofía Objectivista de Ayn Rand, in particular, el orgullo es una de las seis virtudes principales y se define como estima apropiada de sí mismo que proviene de la ambición moral de vivir en plena consistencia con valores personales racionales.
Entre las varias representaciones artísticas con que se ha identificado la soberbia se encuentran el león, el caballo, el pavo real, el murciélago, el color violeta y el espejo.
En Proverbios 6:16 – 19, se dice que "Hay 7 cosas que el Señor odia y no puede tolerar". Estas son:
* Una mirada orgullosa.
* Una lengua mentirosa.
* Manos que matan gente inocente.
* Una mente que hace planes malvados.
* Pies que se apresuran a hacer el mal.
* Un testigo que dice mentira tras mentira.
* Alguien que causa problemas entre amigos.
Aunque también son siete, son bastantes diferentes de los "Siete Pecados Capitales". El único pecado que está claramente en ambas listas es el orgullo. "Manos que matan gente inocente" pueden referirse a la ira. Sin embargo, es posible un caso en que una persona mate a alguien malvado llevado, que podría ser un ejemplo de ira pero no de matar a un inocente; y de forma similar, el asesinato a sangre fría de un inocente sería de las "cosas odiadas" sin ser necesariamente un ejemplo de ira. Los otros cinco "pecados capitales" no tienen ninguna correspondencia cercana a las 'cosas odiadas'.
Según el The Picture Book of Devils, Demons and Witchcraft (Libro de imágenes de Diablos, Demonios y Hechicería), por Ernst y Johanna Lehner (Dover Publications, 1971), cada pecado tiene un castigo específico en el Infierno. Para el orgullo se usa "la rueda",que fue un método de suplicio empleado en Europa durante la época moderna.
La primera parte del suplicio consistía en atar firmemente al reo en un banco o en una cruz (para acceder con comodidad a las extremidades), tras lo cual el verdugo procedía a triturar, mediante una barra de hierro o cualquier otro instrumento, todos los huesos y articulaciones del condenado. La operación debía hacerse con cierta técnica, pues era preceptivo que el condenado no muriera por un derrame interno. No se le golpeaba, por eso, la cabeza, que quedaba intacta. El objetivo era que las extremidades pudieran ser dobladas y dislocadas por numerosos sitios..
Tras esto, el reo era colocado en una rueda de carro, de manera que los tobillos tocaran la cabeza, para lo cual las piernas debían dislocarse hacia arriba, poniéndose los brazos de manera que recorrieran todo el perímetro de la circunferencia. Tras esto, se enganchaba la rueda en un eje que a su vez se clavaba en el suelo, quedando la rueda elevada y en posición hotizontal, con el condenado sobre ella.
Si tenemos en cuenta que al reo también se le rompían las costillas, lo que hacía que la respiración fuera extremadamente penosa, la condena a «ser quebrado de arriba a abajo y luego llevado a la rueda» significaba una muerte lenta y dolorosa que se podía prolongar durante horas, e incluso hasta un día.
En 1589, Peter Binsfeld asoció cada pecado con un demonio, que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Según "La Clasificación de los Demonios por Binsfield", al orgullo le correspondia Lucifer, un arquetipo que proviene de la mitología romana y cristiana.
El término proviene del latín lux (‘luz’) + fero (‘llevar’) ‘portador de luz’) En la mitología romana, Lucifer es el equivalente griego de Fósforo o Eósforo (Έωσφόρος) ‘el portador de la Aurora’ proviene de la antigua dama oscura Luciferina.
Este concepto se mantuvo en la antigua astrología romana en la noción de la stella matutina (el lucero del alba) contrapuesto a la stella vespertina o el véspere (el lucero de la tarde o véspero), nombres éstos que remitían al planeta Venus, que según la época del año se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o después del atardecer.
No obstante, además del sentido grecolatino del término, Lucifer ya era identificado por la tradición veterotestamentaria con una estrella caída y, por añadidura, con un ángel. Un texto del profeta Isaías (Is 14.12-14) que aparentemente habla de un rey no creyente en el Dios hebreo Yahveh, podría estar contando el antiguo mito del ángel caído.
"¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú que dijiste en tu corazón; 'Al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión en el extremo Norte. Subiré a las alturas del nublado, y seré como el Altísimo."
Otro texto del profeta Ezequiel (Ez 28.12-19) podría también explicar esa leyenda.
"Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre."
Según mitos hebreos no bíblicos (es decir, que no pertenecen al corpus de la Biblia propiamente dicha) Lucifer o Luzbel era un querubín que por soberbia se rebeló contra Dios y fue expulsado del cielo por el Arcángel Miguel como castigo.
A pesar de que el judaísmo consideraba a Lucifer y a Satanás como dos entidades separadas, el cristianismo fundió ambos conceptos para identificarlos, sin más, con el Diablo (Apocalipsis 12.9).
Por lo demás, Lucifer forma parte también del panteón de deidades vuduístas, hecho éste que hace ostensible, una vez más, el carácter sincrético de este culto.
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En casi todas las listas, el orgullo es considerado el original y más serio de los Siete Pecados Capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros.
El orgullo (del catalán orgull), y a veces también dicho soberbia (del latín superbia), es idea que tiene varias significaciones dependiendo mucho en la perspectiva filosófica que se propone. El mismo término significa cierto sentimiento y también las acciones, virtudes o vicios, que de él provienen.
En el Cristianismo, el orgullo se define como una estima exagerada de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y renombre. Para la Iglesia Católica encabeza la lista de los siete pecados capitales que escribiera Santo Tomás de Aquino. La causa por la que el orgullo (soberbia) ocupa el lugar principal en esa lista para la iglesia Católica, se debe a que según la biblia fue lo que provocó la rebelión de Lucifer.
Sin embargo conviene no olvidar la connotación positiva, que, ya en su origen latino posee la palabra, puesto que la calificación de un acto como soberbio or orgulloso puede ser sinónimo de óptimo o de bella factura. En la filosofía Objectivista de Ayn Rand, in particular, el orgullo es una de las seis virtudes principales y se define como estima apropiada de sí mismo que proviene de la ambición moral de vivir en plena consistencia con valores personales racionales.
Entre las varias representaciones artísticas con que se ha identificado la soberbia se encuentran el león, el caballo, el pavo real, el murciélago, el color violeta y el espejo.
En Proverbios 6:16 – 19, se dice que "Hay 7 cosas que el Señor odia y no puede tolerar". Estas son:
* Una mirada orgullosa.
* Una lengua mentirosa.
* Manos que matan gente inocente.
* Una mente que hace planes malvados.
* Pies que se apresuran a hacer el mal.
* Un testigo que dice mentira tras mentira.
* Alguien que causa problemas entre amigos.
Aunque también son siete, son bastantes diferentes de los "Siete Pecados Capitales". El único pecado que está claramente en ambas listas es el orgullo. "Manos que matan gente inocente" pueden referirse a la ira. Sin embargo, es posible un caso en que una persona mate a alguien malvado llevado, que podría ser un ejemplo de ira pero no de matar a un inocente; y de forma similar, el asesinato a sangre fría de un inocente sería de las "cosas odiadas" sin ser necesariamente un ejemplo de ira. Los otros cinco "pecados capitales" no tienen ninguna correspondencia cercana a las 'cosas odiadas'.
Según el The Picture Book of Devils, Demons and Witchcraft (Libro de imágenes de Diablos, Demonios y Hechicería), por Ernst y Johanna Lehner (Dover Publications, 1971), cada pecado tiene un castigo específico en el Infierno. Para el orgullo se usa "la rueda",que fue un método de suplicio empleado en Europa durante la época moderna.
La primera parte del suplicio consistía en atar firmemente al reo en un banco o en una cruz (para acceder con comodidad a las extremidades), tras lo cual el verdugo procedía a triturar, mediante una barra de hierro o cualquier otro instrumento, todos los huesos y articulaciones del condenado. La operación debía hacerse con cierta técnica, pues era preceptivo que el condenado no muriera por un derrame interno. No se le golpeaba, por eso, la cabeza, que quedaba intacta. El objetivo era que las extremidades pudieran ser dobladas y dislocadas por numerosos sitios..
Tras esto, el reo era colocado en una rueda de carro, de manera que los tobillos tocaran la cabeza, para lo cual las piernas debían dislocarse hacia arriba, poniéndose los brazos de manera que recorrieran todo el perímetro de la circunferencia. Tras esto, se enganchaba la rueda en un eje que a su vez se clavaba en el suelo, quedando la rueda elevada y en posición hotizontal, con el condenado sobre ella.
Si tenemos en cuenta que al reo también se le rompían las costillas, lo que hacía que la respiración fuera extremadamente penosa, la condena a «ser quebrado de arriba a abajo y luego llevado a la rueda» significaba una muerte lenta y dolorosa que se podía prolongar durante horas, e incluso hasta un día.
En 1589, Peter Binsfeld asoció cada pecado con un demonio, que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Según "La Clasificación de los Demonios por Binsfield", al orgullo le correspondia Lucifer, un arquetipo que proviene de la mitología romana y cristiana.
El término proviene del latín lux (‘luz’) + fero (‘llevar’) ‘portador de luz’) En la mitología romana, Lucifer es el equivalente griego de Fósforo o Eósforo (Έωσφόρος) ‘el portador de la Aurora’ proviene de la antigua dama oscura Luciferina.
Este concepto se mantuvo en la antigua astrología romana en la noción de la stella matutina (el lucero del alba) contrapuesto a la stella vespertina o el véspere (el lucero de la tarde o véspero), nombres éstos que remitían al planeta Venus, que según la época del año se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o después del atardecer.
No obstante, además del sentido grecolatino del término, Lucifer ya era identificado por la tradición veterotestamentaria con una estrella caída y, por añadidura, con un ángel. Un texto del profeta Isaías (Is 14.12-14) que aparentemente habla de un rey no creyente en el Dios hebreo Yahveh, podría estar contando el antiguo mito del ángel caído.
"¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú que dijiste en tu corazón; 'Al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión en el extremo Norte. Subiré a las alturas del nublado, y seré como el Altísimo."
Otro texto del profeta Ezequiel (Ez 28.12-19) podría también explicar esa leyenda.
"Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre."
Según mitos hebreos no bíblicos (es decir, que no pertenecen al corpus de la Biblia propiamente dicha) Lucifer o Luzbel era un querubín que por soberbia se rebeló contra Dios y fue expulsado del cielo por el Arcángel Miguel como castigo.
A pesar de que el judaísmo consideraba a Lucifer y a Satanás como dos entidades separadas, el cristianismo fundió ambos conceptos para identificarlos, sin más, con el Diablo (Apocalipsis 12.9).
Por lo demás, Lucifer forma parte también del panteón de deidades vuduístas, hecho éste que hace ostensible, una vez más, el carácter sincrético de este culto.
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