Aca les va mi 2º post: Conosco a Romina porque hemos compartido la misma habitacion ambulatoria cuando ambos haciamos la quimioterapia y recien me entero que ella escribio este libro que la nota hace mencion.
Quiero agregar que yo tambien me sigo tratando por un Linfoma de Hodgkin, hace 4 años que estoy en tratamiento (quimioterapia, radioterapia y transplante de medula osea) a pesar de todo nunca me senti mal emocianalmente, ni menos de perder la fe, ya que si uno se bajonea es peor y acelera a que la enfermedad progrese en el organismo. En mas tengo una nena de 2 años asi que a no hacerle mala sangre que se puede salir de esto.
Romina, la chica que decidió honrar la vida a cada paso
En 2004 a Romina Widmer le diagnosticaron un linfoma no Hodking, un tipo de cáncer en los ganglios. Desde entonces decidió que la enfermedad se asemejaba a una aventura que ama: escalar el Champaquí. El testimonio de su travesía hoy ayuda a miles de personas.
¿Quién iba a esperar que a los 28 años su vida diera un giro definitivo? ¿Quién iba a imaginar que una chica, que aspiraba a ganar un buen puesto en una empresa, súbitamente cambiara el sentido de su vida, se volviera solidaria, se aferrara a los afectos y se convirtiera en un ícono de la alegría de vivir? Nadie. Ni ella misma. Así empieza el testimonio de Romina, volcado en las páginas del libro "¡Viva Vida! El cáncer no impide gritarlo" que ya tiene dos ediciones. La autora ya está trabajando en un segundo libro. En esas páginas la joven rosarina relata la experiencia de vivir con un cáncer y revela los descubrimientos que realizó en cada etapa de la enfermedad. Hoy está nuevamente en tratamiento. Luchando y disfrutando apasionadamente cada instante de la vida.
Romina es oriunda del barrio Alberdi. Su vida no tenía nada de especial en relación a la de sus compañeras de la carrera de Administración de Empresas y con las que viajó a Europa de mochilera. Eso sí, es fanática del Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, al que trepó 11 veces. Sin embargo, en enero de 2004, su realidad se alteró rotundamente. Luego de dos estudios, el diagnóstico fue claro: en su cuerpo se había alojado un tumor que la medicina denomina Linfoma no Hodking. Desde el primer momento afrontó el nuevo panorama como un desafío. Como se levanta la montaña ante el escalador, así vio Romina la cuesta que le esperaba atravesar.
Cargada con la mochila de sus dolores se propuso escalar acompañada de sus amigos, aferrada a su profunda fe en Dios y sostenida por sus padres y sus dos hermanas. Desde entonces ya subió la "montaña" cinco veces, cada vez que reapareció el linfoma en otra parte de su cuerpo. Hubo momentos en los que el camino se hizo más estrecho y empinado, y fue allí donde encontró compañeros que la sostuvieron en el desafío, que se sumaron a su andar y hoy ya son más de mil.
Sin saber bien porqué, desde el primer momento, la joven comenzó a enviar mails a sus amigos en los que relataba su experiencia. Hoy esos mensajes recorren el mundo y fueron recopilados en su libro. Pero lo que Romina nunca soñó fue que su propia experiencia ayudaría a innumerables personas a afrontar los obstáculos de la vida con espíritu deportivo, optimismo y una alegría contra todo pronóstico.
Cáncer no es sinónimo de muerte. Esa es la impresión que causa Romina apenas se la conoce. Habla de la enfermedad con una espontaneidad que sorprende. Transmite ánimo, energía y nadie puede imaginar que carga encima un padecimiento que la llevó a sufrir interminables horas de un dolor tan profundo como nunca había sentido.
El diagnóstico cayó como una bomba en la familia. Una molestia en la zona superior de los riñones fue decisiva para Romina y sus seres queridos. Se sucedieron médicos, consultas, estudios y finalmente la primer quimioterapia (es la única forma de tratamiento que tiene el linfoma no Hodking, además del transplante de médula).
Desconcierto, angustia, temor, tristeza, desaliento, ansiedad. Todos esos sentimientos se agolparon de pronto en la mente y en el corazón de Romina. El cáncer se había alojado en su cuerpo y debía combatirlo. La vida le presentaba una encrucijada que ella nunca hubiera sido capaz de imaginar.
En ese momento comenzaron los mails a sus amigos. Les pidió que la acompañaran y los llamó "peregrinos" y "compañeros de camino" desde el primer mensaje. Los necesitaba. Deseaba que todos la alentaran en esta apuesta fuerte que le había hecho la vida. A cada paso Romina fue descubriendo un mundo nuevo: al principio decenas, luego cientos y hoy miles de personas, que se empezaron a contactar con ella a través de Internet, se hicieron parte de sus horas. Los relatos sinceros y francos de Romina conmovieron. De allí surgieron amistades inesperadas, se consolidaron afectos, y sobre todo, empezó a percibir que ella también "cargaba" con la mochila de otros.
Fue como una onda expansiva "enormemente edificante", relata. Y fueron dejando huella. Una de las respuestas dice "Estoy haciendo fuerzas por tu subida". Otro: "Me hizo muy bien lo que escribiste. Ayuda a poner lo que nos pasa día a día en su justa perspectiva". A su casilla de correo llegan mensajes de personas que también tienen cáncer u otra enfermedad y que le cuentan sus vivencias. Ese fue el caso de una mujer de Buenos Aires enferma de cáncer. Había abandonado la quimioterapia. Estaba agotada y no quería luchar. Una amiga le dejó el libro de Romina en la mesa de luz. Y la mujer le escribió decidida a volver al campo de batalla y retomar los tratamientos.
El número de "peregrinos" creció y luego de las dos ediciones de su libro cada vez son más las personas que le piden un consejo, le dan aliento, o se animan a manifestar sus propias experiencias.
La cadena de mails se expandió rápidamente porque cada uno que lee estos mensajes se siente edificado, y necesita compartirlo con otros. Surgió un "foward" instantáneo. Porque sus palabras alientan. Porque su experiencia libera de la queja cotidiana. Porque sus relatos son realistas y derrochan amor a la vida.
La fuerza de la fe
"En la cumbre del Champa suceden cosas inexplicables y muchas personas descubren a Dios", relata Romina. La difusión de los mails pronto se convirtió en una sucesión de oraciones. "Siempre les pido que recen y a los que no son creyentes que me manden energía", dice convencida. Sabe de lo que habla. "Experimenté en mi propio cuerpo el poder de la oración de tantas personas. Estoy más que segura de que Dios intervino en todo momento".
Son muchas las personas que desde todo el globo se unieron en oración a pedido de Romina, incluso gente que ella todavía no conoce, como aquel padre de familia que luego de leer uno de sus correos lo imprimió y una vez en su casa, reunido con sus hijos pequeños, rezó una oración por esta chica que aunque no saben quién es la sienten muy cerca.
Lo perdido, lo ganado
"Es fácil decir que no hay que abandonar la lucha, pero cuando todo te duele, cuando no podés ni abrir los ojos, ni comer por las náuseas, ni dormir, y cuando no sabés si esto va a terminar es muy difícil ponerlo en práctica ¡pero no imposible!". Así escribe Romina en uno de sus mails luego del autotransplante, una de las peores etapas de su tratamiento.
En los momentos de gran dolor y debilidad, "cuando sentí el límite y toqué fondo", fue cuando experimentó el cariño de la gente en lo más profundo de su ser. "Fue una etapa en la que agradecí cada día por mi familia". Al dolor lo contrasta con el amor. Al hundimiento con la fuerza del resurgir.
"Creo que es fundamental hablar, compartir lo que a uno le pasa", expresa Romina. Está segura de que eso puede ayudar a quienes sienten algún dolor. "Cuando uno se abre descubre que tiene a muchas personas valiosas a su alrededor". Así le sucedió a ella y de su propia cosecha extrae los consejos: "Quisiera decirles que no dejen de encontrar un sentido a lo que nos pasa, porque seguramente lo tiene. No dejen de compartir su tristeza porque se convertirá en media tristeza. No dejen de agradecer. Aférrense a lo lindo de la vida, que son los afectos, y por sobre todas las cosas nunca dejen de gritar: ¡Viva Vida!".
Libro
Romina Widmer firmará ejemplares de su libro y hablará con la gente el sábado 19 de enero, a las 19.30 en la librería Cúspide del Shopping Portal Rosario.
Para contactarse con Romina Widmer: [email protected].
ttp://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/01/13/noticia_0020.html
P.D.: Sory por la falta de colores e imagenes pero estoy a full en el laburo, y ojala les sirvo esta nota como una muestra de esperanza de que nada esta perdido
Quiero agregar que yo tambien me sigo tratando por un Linfoma de Hodgkin, hace 4 años que estoy en tratamiento (quimioterapia, radioterapia y transplante de medula osea) a pesar de todo nunca me senti mal emocianalmente, ni menos de perder la fe, ya que si uno se bajonea es peor y acelera a que la enfermedad progrese en el organismo. En mas tengo una nena de 2 años asi que a no hacerle mala sangre que se puede salir de esto.
Romina, la chica que decidió honrar la vida a cada paso
En 2004 a Romina Widmer le diagnosticaron un linfoma no Hodking, un tipo de cáncer en los ganglios. Desde entonces decidió que la enfermedad se asemejaba a una aventura que ama: escalar el Champaquí. El testimonio de su travesía hoy ayuda a miles de personas.
¿Quién iba a esperar que a los 28 años su vida diera un giro definitivo? ¿Quién iba a imaginar que una chica, que aspiraba a ganar un buen puesto en una empresa, súbitamente cambiara el sentido de su vida, se volviera solidaria, se aferrara a los afectos y se convirtiera en un ícono de la alegría de vivir? Nadie. Ni ella misma. Así empieza el testimonio de Romina, volcado en las páginas del libro "¡Viva Vida! El cáncer no impide gritarlo" que ya tiene dos ediciones. La autora ya está trabajando en un segundo libro. En esas páginas la joven rosarina relata la experiencia de vivir con un cáncer y revela los descubrimientos que realizó en cada etapa de la enfermedad. Hoy está nuevamente en tratamiento. Luchando y disfrutando apasionadamente cada instante de la vida.
Romina es oriunda del barrio Alberdi. Su vida no tenía nada de especial en relación a la de sus compañeras de la carrera de Administración de Empresas y con las que viajó a Europa de mochilera. Eso sí, es fanática del Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, al que trepó 11 veces. Sin embargo, en enero de 2004, su realidad se alteró rotundamente. Luego de dos estudios, el diagnóstico fue claro: en su cuerpo se había alojado un tumor que la medicina denomina Linfoma no Hodking. Desde el primer momento afrontó el nuevo panorama como un desafío. Como se levanta la montaña ante el escalador, así vio Romina la cuesta que le esperaba atravesar.
Cargada con la mochila de sus dolores se propuso escalar acompañada de sus amigos, aferrada a su profunda fe en Dios y sostenida por sus padres y sus dos hermanas. Desde entonces ya subió la "montaña" cinco veces, cada vez que reapareció el linfoma en otra parte de su cuerpo. Hubo momentos en los que el camino se hizo más estrecho y empinado, y fue allí donde encontró compañeros que la sostuvieron en el desafío, que se sumaron a su andar y hoy ya son más de mil.
Sin saber bien porqué, desde el primer momento, la joven comenzó a enviar mails a sus amigos en los que relataba su experiencia. Hoy esos mensajes recorren el mundo y fueron recopilados en su libro. Pero lo que Romina nunca soñó fue que su propia experiencia ayudaría a innumerables personas a afrontar los obstáculos de la vida con espíritu deportivo, optimismo y una alegría contra todo pronóstico.
Cáncer no es sinónimo de muerte. Esa es la impresión que causa Romina apenas se la conoce. Habla de la enfermedad con una espontaneidad que sorprende. Transmite ánimo, energía y nadie puede imaginar que carga encima un padecimiento que la llevó a sufrir interminables horas de un dolor tan profundo como nunca había sentido.
El diagnóstico cayó como una bomba en la familia. Una molestia en la zona superior de los riñones fue decisiva para Romina y sus seres queridos. Se sucedieron médicos, consultas, estudios y finalmente la primer quimioterapia (es la única forma de tratamiento que tiene el linfoma no Hodking, además del transplante de médula).
Desconcierto, angustia, temor, tristeza, desaliento, ansiedad. Todos esos sentimientos se agolparon de pronto en la mente y en el corazón de Romina. El cáncer se había alojado en su cuerpo y debía combatirlo. La vida le presentaba una encrucijada que ella nunca hubiera sido capaz de imaginar.
En ese momento comenzaron los mails a sus amigos. Les pidió que la acompañaran y los llamó "peregrinos" y "compañeros de camino" desde el primer mensaje. Los necesitaba. Deseaba que todos la alentaran en esta apuesta fuerte que le había hecho la vida. A cada paso Romina fue descubriendo un mundo nuevo: al principio decenas, luego cientos y hoy miles de personas, que se empezaron a contactar con ella a través de Internet, se hicieron parte de sus horas. Los relatos sinceros y francos de Romina conmovieron. De allí surgieron amistades inesperadas, se consolidaron afectos, y sobre todo, empezó a percibir que ella también "cargaba" con la mochila de otros.
Fue como una onda expansiva "enormemente edificante", relata. Y fueron dejando huella. Una de las respuestas dice "Estoy haciendo fuerzas por tu subida". Otro: "Me hizo muy bien lo que escribiste. Ayuda a poner lo que nos pasa día a día en su justa perspectiva". A su casilla de correo llegan mensajes de personas que también tienen cáncer u otra enfermedad y que le cuentan sus vivencias. Ese fue el caso de una mujer de Buenos Aires enferma de cáncer. Había abandonado la quimioterapia. Estaba agotada y no quería luchar. Una amiga le dejó el libro de Romina en la mesa de luz. Y la mujer le escribió decidida a volver al campo de batalla y retomar los tratamientos.
El número de "peregrinos" creció y luego de las dos ediciones de su libro cada vez son más las personas que le piden un consejo, le dan aliento, o se animan a manifestar sus propias experiencias.
La cadena de mails se expandió rápidamente porque cada uno que lee estos mensajes se siente edificado, y necesita compartirlo con otros. Surgió un "foward" instantáneo. Porque sus palabras alientan. Porque su experiencia libera de la queja cotidiana. Porque sus relatos son realistas y derrochan amor a la vida.
La fuerza de la fe
"En la cumbre del Champa suceden cosas inexplicables y muchas personas descubren a Dios", relata Romina. La difusión de los mails pronto se convirtió en una sucesión de oraciones. "Siempre les pido que recen y a los que no son creyentes que me manden energía", dice convencida. Sabe de lo que habla. "Experimenté en mi propio cuerpo el poder de la oración de tantas personas. Estoy más que segura de que Dios intervino en todo momento".
Son muchas las personas que desde todo el globo se unieron en oración a pedido de Romina, incluso gente que ella todavía no conoce, como aquel padre de familia que luego de leer uno de sus correos lo imprimió y una vez en su casa, reunido con sus hijos pequeños, rezó una oración por esta chica que aunque no saben quién es la sienten muy cerca.
Lo perdido, lo ganado
"Es fácil decir que no hay que abandonar la lucha, pero cuando todo te duele, cuando no podés ni abrir los ojos, ni comer por las náuseas, ni dormir, y cuando no sabés si esto va a terminar es muy difícil ponerlo en práctica ¡pero no imposible!". Así escribe Romina en uno de sus mails luego del autotransplante, una de las peores etapas de su tratamiento.
En los momentos de gran dolor y debilidad, "cuando sentí el límite y toqué fondo", fue cuando experimentó el cariño de la gente en lo más profundo de su ser. "Fue una etapa en la que agradecí cada día por mi familia". Al dolor lo contrasta con el amor. Al hundimiento con la fuerza del resurgir.
"Creo que es fundamental hablar, compartir lo que a uno le pasa", expresa Romina. Está segura de que eso puede ayudar a quienes sienten algún dolor. "Cuando uno se abre descubre que tiene a muchas personas valiosas a su alrededor". Así le sucedió a ella y de su propia cosecha extrae los consejos: "Quisiera decirles que no dejen de encontrar un sentido a lo que nos pasa, porque seguramente lo tiene. No dejen de compartir su tristeza porque se convertirá en media tristeza. No dejen de agradecer. Aférrense a lo lindo de la vida, que son los afectos, y por sobre todas las cosas nunca dejen de gritar: ¡Viva Vida!".
Libro
Romina Widmer firmará ejemplares de su libro y hablará con la gente el sábado 19 de enero, a las 19.30 en la librería Cúspide del Shopping Portal Rosario.
Para contactarse con Romina Widmer: [email protected].
ttp://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/01/13/noticia_0020.html
P.D.: Sory por la falta de colores e imagenes pero estoy a full en el laburo, y ojala les sirvo esta nota como una muestra de esperanza de que nada esta perdido