PICHI... Ahora te conocen como EL PANQUEQUE, dado vuelta como un SOQUETE! dice: es un hecho totalmente veridico PICHI... Ahora te conocen como EL PANQUEQUE, dado vuelta como un SOQUETE! dice: en cada detalle Sin poseer ningún título de la Marina y sin siquiera tener pasión por la navegación o las aguas, Osvaldo se embarca rigurosamente todos los días en el buque del vicio. El atuendo es siempre el mismo, o pareciera que lo es: saco, pantalón y corbata de color negro como sus ojos. También porta siempre la misma expresión en su rostro, rígida e inamovible. Dicen que nunca nadie logró robarle una sonrisa y quizás por todo esto se ganó el cruel apodo de “funebrero”. “Yo no soy funebrero. No se quién habrá sido el mal nacido que me puso ese apodo”, confiesa con rabia y con la misma cara de siempre, para variar. Sus más de 70 años se notan en las arrugas de su cara y manos, únicos fragmentos de piel visibles en él. Lo cierto es que nadie sabe cuál es su verdadera ocupación, la misma incógnita que envuelve a todos los fieles de esta atrapante embarcación lujuriosa. Tranquilamente Osvaldo podría decir que su profesión es jugador de póker, ya que allí cumple diariamente con el horario de oficina, por ejemplo, si bien lo reparte en varios turnos: mañana, tarde y noche. Como buen habitué de este antro de perdición, “el funebrero” es conocido por todos los crupiers, camareras y guardias del lugar. Y gracias a su injuriosa lengua se ganó el odio y el desprecio de todos ellos. De todas maneras sigue concurriendo al lugar, imantado por la adicción al juego. Seguramente sigue yendo porque la suerte está de su lado, algo que asombra y provoca una cruel envidia en los ojos que allí lo observan. En su historial lúdico existen todo tipo de jugadas, desde las más increíbles e inesperadas hasta las más comunes, pasando por un gigantesco éxito y también por un estrepitoso fracaso. La más comentada en el ambiente fue cuando Osvaldo obtuvo en una mano el gran premio de $150.000, la combinación máxima en el póker. En el momento en que cobraba la altísima suma su rostro seguía igual que siempre. Precisó del chicaneo de varios crupiers para que su cara sufriera una leve modificación y así fue como aquél día quedó marcado como “el día que se rió el funebrero”. Dicen que le dolió la cara. roberto calzoni
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