Desde la Federacion Paraguaya en Buenos Aires se envio al Diario La Nacion un articulo con la intencion que lo publiquen en respuesta al articulo mencionado en: http://www.taringa.net/posts/offtopic/1073462/Polemica-por-la-Guerra-del-Paraguay.html F E P A R A FEDERACION PARAGUAYA EN LA REPUBLICA ARGENTINA Personería Resolución I.G.J. N° 0001568 / 03 Buenos Aires, 16 de enero de 2008 Al Sr. Director.: Diario La Nación Sobre publicaciones anteriores en las ediciones de fecha 6 Dic. 07 y 6 Ene. 08, sobre opiniones expresadas primero en su editorial y segundo como entrevista a Francisco Doratioto sobre el mismo tema. Obligados a la reflexión sobre el caso, solicitamos tenga la gentileza de publicar este articulo que expresa en resumen el sentir de la colectividad Paraguaya en la Argentina y que a través de esta Federación transmitimos el sentimiento del pueblo paraguayo respecto al de sus héroes nacionales. Atte. Arq. Claudio A. Insfran Presidente ¿De qué hablan cuando hablan? Acerca de Doratioto y La Nación o la forma de hablar de la Guerra de la Triple Alianza sin hablar de ella Por Gerardo Halpern (7/01/08) En una llamativa y no menos “interesante” entrevista de Pablo Mendelevich al historiador Francisco Monteoliva Doratioto, el domingo 6 de enero de 2008 el diario La Nación se introdujo lineal, parcial y no muy ecuánimemente en una polémica que atraviesa los debates historiográficos acerca de la constitución de los estados modernos latinoamericanos, específicamente el caso del Paraguay. La figura de Francisco Solano López, invocada desde su aparente lugar de dictador y su responsabilidad al frente del Paraguay de la década de 1860 (el Paraguay víctima de la “Guerra de la Triple Alianza” –según la denominación de la historiografía oficial y que algunos historiadores, no pocos, se han animado a poner en discusión e incluso a denunciar-), ha sido sometida a una actualización por parte del diario como complemento de su cobertura noticiosa acerca del bautismo del Grupo de Artillería Blindada 2 de Rosario Tala, Entre Ríos, bajo el nombre de Mariscal Francisco Solano López que decidió el Ejecutivo Nacional. Lo que el actual gobierno Argentino –acertada o desacertadamente, no es tema de estas líneas- postuló como un reconocimiento simbólico al Paraguay destruido por la guerra (y que, como han demostrado cada uno de los investigadores que trabajan sobre la actualidad de aquel país, al día de hoy no ha logrado recuperarse), guerra que alió a Argentina, Brasil y Uruguay en su contra (son pocos –Doratioto, entre ellos-, quienes descreen del rol clave de Inglaterra en la contienda y en lo que siguió a ella), fue retomado por La Nación como una ejemplificación del autoritarismo, anacronismo y desconocimiento gubernamental –según su óptica-, recurriendo a una vieja estratagema de la prensa “cuasi facciosa”: la invocación al “científico” (impoluto, neutral, ascético) para que refuerce la postura esgrimida de manera más o menos vedada por el medio. Ser Juez, Parte (y medio) no es democrático El 6 de diciembre de 2007 La Nación estableció una analogía entre Francisco Solano López y Hitler para, 31 días después entrevistar a Doratioto, quien, más allá de su excelente compilación de documentos de la época, no duda en considerar su interpretación de la historia como a-política, en una muestra de… autoritarismo y anacronismo científico y cientificista. O La Nación cometió un exabrupto, o Doratioto piensa igual que el diario, o ambos cometieron sendos exabruptos, pero de una coherencia y coincidencia destacables. No vamos a hacer de estas escasas líneas un espacio para el debate acerca de la rigurosidad científica o histórica (sería fantástico, sin embargo, el formato mediático no puede contener la extensión necesaria para ello), pero basta con leer a prestigiosos historiadores de orígenes y posturas disímiles –a las que Doratioto descalifica autoritariamente- como para relativizar algunas afirmaciones de este historiador que por concluyentes que perezcan no son menos interesadas y polémicas que las que él denosta. El diario que hace 140 años sirvió de punta de lanza ideológica para legitimar la invasión al Paraguay y la posterior repartición del botín –su dueño y fundador, Bartolomé Mitre, fue quien comandaba las fuerzas invasoras- ahora se lanza a deslegitimar la figura (polémica, sin dudas) de Solano López sin mediación ni matiz alguno, creyendo ingenua o interesadamente en la afirmación de Doratioto acerca del carácter neutral de la historia (como si esa afirmación no fuera una declaración política en sí misma). Pero se trata de un doble juego. Por un lado, un historiador que construye una lectura de la Guerra de la Triple Alianza muy particular (muy particular en serio) y que tiende a ver en el Paraguay (y en Solano López, específicamente) al responsable de la guerra y de sus consecuencias. Por el otro, un diario que supone que cada acción que desarrolla la gestión Kirchner debe ser lapidada, sobre todo las que operan sobre la historia de la Argentina (indudablemente, esto se expresa de manera predominante en la postura de La Nación respecto de la política de Derechos Humanos del gobierno). En un gesto escasamente sutil, que se corresponde con la línea editorial del periódico desde 2003 y que funciona como síntesis de ese doble juego, La Nación ataca a Solano López para atacar a la presidenta Kirchner (tampoco es intención de estas líneas defender o vilipendiar a la mandataria), lo que hace más absurdo o mezquino el recurso, dado que de manera sumamente descontextuada el diario pretende en ¡dos notas! –una editorial y una entrevista- “resolver” la interpretación de una guerra que, entre otras cuestiones: 1) duró cinco años, 2) tuvo como corolario entre trescientos mil y un millón de muertos (dato que La Nación olvida y que, de manera “poco científica”, Doratioto escamotea en la entrevista y relativiza en sus libros) además de que 3) implicó la enajenación de la totalidad de las propiedades públicas del Paraguay y 4) marcó el inicio de una deuda con el Brasil y Argentina que recién se fue condonando a medida que el Paraguay se hundía a la luz de las disputas de ambos países por el control político y material del territorio paraguayo –central en la geopolítica regional que vivió más de ochenta años bajo la hipótesis de la agresión bélica entre Brasil y Argentina- (dato ausente en las notas y que debería obligar a una reinterpretación de la guerra y de ciertas visiones que se han montado sobre ella y dato que el diario oculta utilizando la palabra de un historiador que, decididamente, ha eliminado de la interpretación de aquella contienda las consecuencias y los beneficiarios de la misma). Olvidos, complicidades y lecciones Se podrá discutir mucho sobre Francisco Solano López (La Nación no lo hace, sino que sentencia), pero es indudable que, a diferencia de lo que muchos pretenden, no es posible juzgarlo rápida e irreflexivamente, dado que el contraste del Paraguay previo a 1865 respecto del saqueo mitrista y aliancista desde 1870 obliga a cierta cautela que La Nación (a través de la voz de Doratioto) pareciera no tener. Entre tantas cuestiones, La Nación olvida la centralidad de aquella guerra en el inicio de la más asombrosa inestabilidad política del continente (entre 1870 y 1954 se sucedieron tantos presidentes en Paraguay como cantidad de golpes de estados promovidos por los poderes ora del Brasil, ora de la Argentina), solamente “suspendida” por la violencia golpista Stronista –apoyada por amplios sectores de la oligarquía argentina beneficiaria de aquella guerra- que marcó el ascenso y consolidación política de los carroñeros locales en connivencia con sus pares brasileños y argentinos copartícipes de la apropiación de los restos del Paraguay postbélico: el ascenso de Stroessner –a quien Doratioto iguala a Solano López- es inentendible sin analizar la forma en que Argentina y Brasil disputaron el poder del gobierno de Asunción (y Stroessner, en definitiva, ascendió de la mano argentina para luego gobernar de la mano del Brasil), del mismo modo que la destrucción de la economía y el Estado paraguayo (que perdura al día de hoy) es inexplicable si no se exponen las formas en que se fue repartiendo la tierra del Paraguay tras la guerra (ejercicio que Doratioto no hace y que lo debilita como “buen” historiador). Por ende, y con el ánimo de reivindicar la práctica democrática de la discusión y la reflexión como un desafío pedagógico, creemos importante revisar algunas consideraciones de La Nación e invitar a sus lectores (por qué no también al mismo medio) a recorrer caminos más amplios acerca de la historia del Paraguay, de la región y del papel de la Argentina (y del Brasil, y de Uruguay y de Inglaterra) en la Guerra de la Triple Infamia, como la llamó Milcíades Peña, y, consecuentemente, en la actual situación del Paraguay y en la transformación de aquel país antes y después de la guerra así como en las causas que llevaron a la misma. Y no lo hacemos desde ningún “nacionalismo de izquierda ni de derecha” como descalifica Doratioto –en una ensalada ideológica-, sino desde el desafío de creer que sería sensato que un diario que tuvo un rol protagónico en la legitimación de la invasión hiciera, por un lado una autocrítica de su papel de entonces, pero por el otro, al menos que sincere desde dónde y hacia dónde escribe. Sería un gesto que mostraría que La Nación intenta dejar de ser autoritario y anacrónico. Una lección de prensa en la que no se use un tema para hablar de otro, ni se use un tema de manera tan maniquea e infundada para lavar las manos de los responsables que se han escondido siempre detrás del cientificismo cómplice. Por: Gerardo Halpern Dr. En Sociología Docente investigador de la UBA
Polemica por la Guerra del Paraguay III
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