El Banquete
By
Gabriel Castll
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Gabriel Castll
Grande fiesta se celebraba en el pueblo de Morelia, aquel que invitado no fue al banquete, se presentó engalanado cual varón de la política ¡hecho una mierda llegó! Y quiso tomar la parte principal en la mesa del anfitrión, mas aquel que era bajito le dijo trepándose a un banquito, para estár a la altura de la ocasión:”¡chavita! ¡chavita! No fuiste requerido porque eres de grande tripa, no de aquella que te cuelga, que escasea cual fideo en sopa fría. Sino la que aloja la mierda que sirvo por aperitivo ¡ésta mugre que no llena!, No sería para ti suculenta ofrenda, porque siendo barrigona, ni con la maciza del pollino te llenas”. Aquel comentarista deportivo ufanándose de educación, carestía de su hogar, respondió al chico temido de la Vasco de Quiroga:”¡indio, prieto y ladino eres en tu casa!, más los de tu barriada vulgares son todos, ¡atiende prontamente al hombre que te habla! Y dale a chupar lo mejor de tu hogar”. Aquel hombrecito contaba los días en que su patrón se dejara atender como él deseaba hacerlo, sacó pues las bolsas de morralla y entregó al gorrón aquella para que chupara, ¡chavita como le apodan sus cuates! Se sintió feliz cual americanista, chupando de a gratis y a manos llenas, de aquella dura longaniza otorgada por su cuate el prietito de la vasco, que tanto denigra.
Las horas pasaron y aquel que no fue invitado se divertía con la panza llena, todos le convidaron de su ración y le hicieron rueda para verle en baile. Aquel con su plataforma de ataque, recibió con gusto cuanto pomo pal chupe le ofrecieron, vació cada uno con maestría y relamiendo los bigotes del samaritano que le compartía su cuerpo por pan, dijo al pueblo de Morelia:”¡hagan fiesta en Michoacán! Que a donde voy me tratan cual rey de España, me atienden mejor que al Real Madrid, llenándome la canasta de pomo para el chupe. ¡Soy pues feliz! Porque el pueblo michoacano siempre me atiende a manos llenas, llena sus manos el pueblo, con la que siempre chupo y sacia mi sed, pero aunque llenándome el intestino no mitiga mi hambre por los hombres. Le agradezco pues al pueblo michoacano, por ser comprensivo con los varones americanistas que aman a otros hombres, como yo, que soy muy mujer y comparto mi cuerpo en mesa, para el disfrute de los inexpertos”.
En Michoacán los de la tele del sistema, corrompen a los niños y los jóvenes con sus insanas costumbres, les gusta estár bien atendidos y chupando a manos llenas, de un pan líquido, en su pomo bien elodio (que para que les raspe).