hola gente de T! Esto de escribir es algo que lo hago habitualmente y decidi postearlo para ver si a alguien le puede llegar a interesar. mas que todo es sobre historias de amor sin dueño, relatos abstractos sin destino, paranoias de mi mente pero en fin, talvez alguien se encuentre en la misma sintonia.
un saludo grande.
Muerte ideal
Acaricio el desierto interminable con sus ojos secos. Se dejo caer sobre la arena infinita. La cabeza cayo sobre el mentón, se derramaron los brazos y se hundió en un sueño abrasador. La pose lo convertía en una postal inquietante de la derrota ideal. Cuando despertó pensó en todo el tiempo que faltaba para morir, dejando de imaginar la muerte como a una tragedia, pues ahora la añoraba con amor fraternal. La necesitaba más que al agua que ya su boca no podía recordar.
Vio nacer del confuso horizonte una figura negra, que se deslizaba entre el humo de su comprensión. Estaba acostumbrado a los espejismos y sabia que su mente nunca mas volvería poder diferenciar la realidad de la fantasía. Sin embargo mantuvo la mirada casi fija en lo que creía ver.
El que llegaba mantenía un andar pausado, como todas las criaturas que habitan en el interminable mar de arena. No hay tiempo en el viejo desierto, la continuidad es algo de lo que carece. La silueta fue creciendo al tiempo que avanzaba hacia la dirección en la que estaba el cuerpo inerte del que moría.
Eran negras telas lo que sostenían al ser que ahora contemplaba muy de cerca al que imploraba la muerte. Lo rodeaba acariciándolo con unos ojos desesperantes, manchados de ébano y plomo. Se arrodillo delante de la derrotada estatua.
-¿Qué prefieres moribundo?- Susurro la figura en los oídos del desdichado, al mismo tiempo que le enseñaba una daga y un cuero con agua.
-Quiero el agua.- Dijo el moribundo con una tímida sonrisa que le sangraba en su destrozada boca.
-Piénsalo bien hermano, no sabes donde esta el próximo pozo, que bebieras haría que pronto te encontraras una vez más en tan terrible situación.- Aparto con la suavidad de las manos de una madre un mechón que velaba la vista del hombre.
-¡Pues dame la daga!- Gimió el que sufría.
-Te daré la daga mi hermano, por que he preferido amarte a tener que engañarte-Contesto el moro con voz de plegaria.
Beso la daga el escuálido pecho, no hubo mas ruido que el rajarse de la piel, la sangre se derramo lentamente, conciente de su impertinente color en aquel monótono dorado.
No se si alguien tuvo la mala suerte de vivir toda su vida mudandose de casa en casa por problemas economicos, yo en esa epoca plata no tenia y bueno ... asi aplacaba mi bronca. Esto dice asi...
Circulos
Las mudanzas, pequeñas tragedias. Al menos para mí, nunca fueron por una buena causa, siempre se trataba de un ajuste en la economía familiar o por culpa de un locatario poco paciente.
Recuerdo el olor de las cajas, todas distintas, de galletas, de papel higiénico, las bolsas negras que parecían estar llenas de perros muertos. Y claro, el color tan marrón y triste de la cinta de embalar.
La camioneta repleta de muebles, dispuestos en extrañas coreografías, cuyo director era el pequeño hombrecito que la piloteaba. Quien por cierto, solo cumplía con la labor de coordinar los movimientos que mi padre y yo realizábamos con las sillas, macetas, mesas, cajas, roperos. Bailarinas muertas en el aire.
Siempre pensé, que se trataba de algo que todas las personas realizaban a modo de ritual, como si cada casa tuviera un ciclo que cumplir, por lo que se debía dejar lugar al próximo inquilino. Un acto de bondad sin duda.
Lo que mas me entristecía era el momento en que el hombre de la camioneta ataba toda la carga con esas cuerdas mugrientas y de diferentes colores, apretaban la piel descolorida de los sumisos colchones que parecían sufrir por permanecer doblados de forma antinatural, respirándose sus extraños estampados, aquellas flores blancas gigantes, en un celeste pardo. Arte, sin duda, el de los colchones.
El primer final era el ruido de la casa vacía, las ridículas habitaciones llenas de mosaicos y paredes. Un eco que no devolvía nada, solo eco.
El nudo en la garganta y tanto miedo que siempre salía corriendo, temiendo quedar atrapado en aquel lugar y luego tener que formar parte de la próxima familia que viniera, no me sentía propio, si no mas bien de la casa, una habitación mas que también respiraba. Sin eco.
Casi limpia, como la gente pobre en los velorios y casamientos, así se presentaba la nueva casa, con torpes pinceladas blancas violando la frontera entre el techo y la pared, con los pisos sucios. Que esperaban en silencio el futuro ruido de los muebles, las caricias cúbicas de las patas de las sillas, el indiferente trajinar de pasos, pisos ciegos, tendidos de espaldas condenados a imaginar por siempre.
Es mentira que uno pierde cosas en las mudanzas, yo nunca he encontrado nada en los misteriosos cajones de los roperos abandonados, ni una pista en los patios cubiertos de descuidado césped. Un viejo diario, un retazo de tela, una fotografía. No son cosas que uno pierda, mas bien son sacrificios inconscientes, un tributo para la rueda del mundo y de las mudanzas, hitos en el gran circulo, un viejo diario, un retazo de tela, una fotografía.
Solo marcas para salvarnos del infinito.
Nunca se sintieron muy solos? Esto dice asi..
Nocturno
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telarańa que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
żA qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cańerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.
Cada domingo me ataca la depre, creo no ser el unico. Que mas puedo hacer que encender ese sucio cigarro y entregar mi alma a este teclado ..
Dios
Llovió todo el maldito día, la resaca se mantuvo hasta las siete de la tarde, no la llame, no me llamo.
Supongo que estábamos demasiado tristes los dos como para escucharnos, a veces uno quiere extrañarse y nada mas.
No hay nada que le quede mejor a un domingo lluvioso que un disco de Piazolla, como me hicieron falta sus piernas, su espalda. Toda ausente y yo muriéndome en domingo.
Siempre queda el bar, pero los días de lluvia se llena de dos clases de personas, las que no quieren suicidarse y las que son demasiado estupidas como para hacerlo, voy a ser benévolo conmigo y no me incluiré en ninguna de las dos, pero eso si, los detesto a todos.
Tome café de saquito y con los ojos cerrados imagine un ristretto. Que sería de algunas almas sin la bendita imaginación, seres ciegos y torpes babeando realidad todo el tiempo, no necesitaríamos ni siquiera tener expresiones en el rostro estaría todo aclarado desde un principio, un café en saquito sería eso, un café en saquito y las piernas y la espalda de ella se quedarían en donde están y no habría forma de dibujarlas en la mente. Dios es piadoso sin ninguna duda.
Unas horas mas tarde paso algo curioso, en el bar en el que trabajo entro una pareja, el llevaba un traje sin corbata, ella un vestido de novia que gritaba que era alquilado, se había puesto el saco de él, seguía lloviendo. Se sentaron pidieron media muzzarella y una cerveza. Venían de casarse, y esta parecía ser la fiesta.
No pude contener las ganas de pensar que Dios no entiende nada de nada. ¿Cómo puede ser que pasen estas cosas un domingo con lluvia?
La llame, después me llamo, claro que le dije que la amaba, y también que todos los días era mejor solo por haberla conocido. No le conté de los novios, hubiera llorado y la hubiera amado demasiado.
¿Qué hace Dios los domingos de lluvia? Se deprime, como todos.
tengo mas.. pero no quiero ni aburrirles ni ocupar espacio en taringa con este tipo de cosas que talvez a nadie le interese..
Saludos gente .!