InicioOfftopicCrónica de una noche en un putero…

“Un cabaret es un lugar donde hay chicas... que se desnudan... que ganan plata...
donde uno va con amigos a divertirse un rato... donde muchas veces yo he ido”

Hector R. Veira




Una suave luz roja. La música suena y a cada golpe de la cumbia mi corazón late
con fuerza. El plano se abre y la mano de mi amigo se posa sobre mi hombro y lo
veo junto a mí. Me guiña el ojo y me dice “vení, hoy reinarás por una noche”.
Luego de una carcajada compartida emprendemos viaje hacia la escalera que nos
llevará al Cielo. Siempre estarás listo para una aventura. Las reglas del pirata
marcan el paso, no se puede evitar. La fachada del edificio es oscura y una fuerte
luz de neón llama al gremio a hacerle honor a la noche. Risas, egos inflados,
lujuria y deseo son copas que brindan cómplices de la trampa. El humo tapa el
plano a medida que nos acercamos al gran salón.


Corte. Se cierra una ducha y escucho caer las pocas gotas que quedan en la
regadera. Todavía duelen los golpes de aquel partido de fútbol que jugué a la
tarde. Tu cuerpo no conocerá el cansancio me repito a mí mismo mientras me
miro al espejo recordando los 10 mandamientos que rigen nuestro grupo. La
cadenita enchapada en oro resalta en el plano de un cuello y una cara llena de
barba, mientras el vapor se comienza a condensar en los azulejos fríos del baño.
La cámara enfoca desde arriba. Me termino de secar con un toallón viejo y el
perfume se impregna en mi piel mientras se funde con gotas de agua que no supe
secar, pero que no matan el aroma que destila.

Nuevo corte. Cambia el plano. Un ejército interminable de espejos encuadra una
obra de arte mezcla de lo vulgar y lo bizarro. La música ya más fuerte no me deja
entender lo que me dice mi amigo pero sin embargo le digo que si y me río con él.
Tacos altos, medias de red, portaligas y encaje. Miradas de deseo. Una pequeña
Sodoma y Gomorra toda para mí. Diría que un 4.5 en la escala del Richter es lo
que marca mi cuerpo cuando camino por el lugar y me vuelvo a reír. Veo mujeres
de todo tipo, ébano y oro caminan de un lado para otro mientras que bailan
derrochando sensualidad y pasión. Mientras esté tibia y tenga pulso cae recordé,
pero hoy no era así, hoy tenía para elegir. Primer plano a mi derecha. Un hombre
gordo, de cabellos enmarañados y con la mirada perdida grita incontrolablemente
imitando algo parecido a una risa, aunque sentía que veía una hiena del Animal
Planet regocijándose con un cadáver que acaba de encontrar. Las dos mujeres a
su lado, atrapadas bajo sus brazos sonreían a la par, pero la tristeza en las
miradas eran un derroche de hipocresía. La hiena, ya pasada de copas se miraba
el pecho poblado de pelos y con una cadena de oro que dejaba ver a través de su
camisa.

La cámara se mueve lentamente hacia arriba y enfoca una luz blanca. Se corta la
música. Se vuelve a alejar. Abro la puerta del baño y ya vestido camino hacia mi
pieza. La televisión esta pasando un partido de Tenis que se jugó a la mañana. Ya
lo vi, pero como no tengo ganas de buscar el control remoto lo dejo. Primer plano
a mi mesa de luz. Mi celular, las llaves, boletos viejos del colectivo y unos DVDs
convierten el paisaje en zona de guerra. El celular comienza a sonar. Casi lo
ignoro y me duermo pero después de pestañear un par de veces me logro
reincorporar y atiendo. “Preparate, hoy enderezamos la nave y partimos”. No tuve
tiempo a reaccionar pero como dice el mandamiento número diez, Siempre
estarás dispuesto a ayudar a un amigo en una aventura.

Todo negro. Vuelve la música y me doy cuenta que la imaginación y algo más me
habían hecho volar un poco de más. Veo mis zapatillas, extrañamente limpias y
veo que están desatadas como para variar, por lo que me agacho a unir en
sagrado matrimonio a mis cordones, pero obviamente es otra de esas uniones que
nunca llegan a durar. De repente, levanto lentamente la mirada, como si el tiempo
no pasara nunca y sigo un par de tacos con piernas tan largas y bellas que
hubiesen llevado a la guerra a cualquiera que se digne de ser hombre. Su cintura
clamaba por quien la domara y sus ojos invitaban a ser jinete. El humo del lugar,
las caras rojas, las luces rojas, los espejos, las ovejas y los lobos, todos juntos
aunque a esta altura ya no se sabía cuál era cuál. La miro fijo, ella me habla pero
no puedo entender lo que me dice. La cámara enfoca mi mano izquierda y
muestra como hago girar mi anillo de compromiso mientras me repito a mí mismo
“esta todo bien”.

Punto de partido para Federer. Suena la bocina y apago el televisor. Estoy vestido,
agarro las llaves y me dispongo a partir. El plano amplio del pasillo muestra como
camino hacia la puerta a paso lento. La bocina suena otra vez. Todo muy oscuro.
Prendo la luz y el silencio del garaje le da palabras a la consciencia pero no quiero
escucharla así que abro la puerta y salgo. Me subo al auto y escucho una canción
conocida “Riiing.... Riiiing.... Miau....”.

Se cierra la puerta y la mirada que tiempo atrás invitaba a la locura se transforma
en un ejemplo claro de indiferencia. La noche da paso al día y al Rey muerto Rey
puesto dice el dicho. Mi caminata suave deja paz a cada paso y el cruce de
miradas vuelve a terminar en carcajadas. Me acerco a mi amigo y empezamos a
caminar juntos. No hablamos, no es necesario hablar, el silencio lo dice todo. Se
aleja el plano, las luces son cada vez más suaves y ya a lo lejos, en el fondo de
ese pasillo lo único que se llega a ver es un cartel luminoso que dice Cuando
estás en el baile, hay que bailar.

Espero que les haya gustado, esto aunque no lo crean es un Parcial Domiciliario que tuvo nota 9,50 en la materia Taller de Escritura I de la Catedra Vàzquez de Lotito de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA je. Tengo planes de hacer un corto asi que cuando lo tenga les aviso, gracias al que lo leyó!

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