InicioInfoMacedonio, la historia de un grande

Macedonio, la historia de un grande

InfoFecha desconocida
Este post esta dedicado a la memoria de un grande, una persona que revoluciono estanderes de vida con su retorica y con su filosofia de las calles.
Espero tengan el tiempo de leerlo, y disfrutarlo, entendiendo que la unica revolucion que triunfara siempre, es la de la cultura.
Leamos muchachos, leamos y seremos alguien:



Biografia[/b]
Hijo de Macedonio Fernández, estanciero y militar, y de Rosa del Mazo Aguilar Ramos. En 1887 cursa sus estudios en el Colegio Nacional Central.

Durante 1891-1892, como estudiante universitario, publica en El Progreso la serie de páginas costumbristas incluidas después en Papeles antiguos. Compañero y amigo íntimo de Jorge Borges (padre de Jorge Luis Borges), comparten el interés por el estudio de la psicología y por la filosofía de Arthur Schopenhauer.

En 1897 la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires le otorga el título de doctor en jurisprudencia. Publica en La Montaña, diario socialista dirigido por Leopoldo Lugones y José Ingenieros. Macedonio fue amigo personal de Juan B. Justo, con quien mantuvo correspondencia. En 1898, recibe su diploma de abogado. Al año siguiente, se casa con Elena de Obieta, con quien tendrá cuatro hijos.

Publica en 1904 algunos poemas en la revista Martín Fierro. En 1910 obtiene el cargo de Fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas, que desempeña durante algunos años.

En 1920 muere su esposa. Los hijos quedan al cuidado de abuelos y tías. Abandona la profesión de abogado. Al volver Jorge Luis Borges de Europa en 1921, redescubre a Macedonio, con quien comienza una prolongada amistad. Borges, hacia 1960, dicta-ya ciego- un breve y sustancioso prólogo para una antología de Macedonio. Allí se nos dice que ninguna persona lo impresionó tanto como él. Hombre que no se cansaba de ocultar, antes que mostrar, su inteligencia proverbial. Macedonio prefería el tono de consulta modesta antes que el dictamen pontificador. Su tono habitual era el del ánimo perplejo. Lo caracterizaba la veneración de Cervantes, una cierta divinidad, para él. Detestaba todo aparato erudito, que entendía como una manera de eludir el pensamiento personal. De esta manera su actividad mental era incesante. Vivía desinteresado de las críticas ajenas, de confirmaciones o refutaciones exteriores.Con desparpajo y no cuestionada generosidad, atribuía su propia inteligencia a todos los hombres. Poseía la veneración supersticiosa de todo lo argentino. Y ejecutaba, en grado eminente, el arte de la soledad, y de la inacción. Sin hacer absolutamente nada, era capaz de permanecer solo, por horas. Pensar -no escribir- era su devota tarea. Aunque también solía, en la soledad de su pieza, o en la turbulencia de un café, abarrotar carillas en caligrafía minuciosa. Empero, no le asignaba valor a su palabra escrita. Dos temores lo atravesaban: el del dolor y el de la muerte. Borges conjetura que para eludir este último postuló la metafísica inexistencia del yo. En lo que concierne a la literatura, le importaba menos que el pensamiento y la publicación le era más indiferente que la literatura. Así, su vocación fundamental era la contemplativa y la persecución del desciframiento del misterio filosófico del universo.

En 1928 se edita No toda es vigilia la de los ojos abiertos, a instancias de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal. Publica al año siguiente Papeles de Recienvenido. Durante este período, se preocupa por crear expectativas respecto a la posible aparición de la novela Museo de la Novela de la Eterna. En 1938 publica "Novela de Eterna" y la Niña del dolor, la "Dulce-persona" de un amor que no fue sabido, anticipación de Museo de la Novela de la Eterna.

Tres años más tarde publica en Chile Una novela que comienza.

En 1944 se publica una nueva edición de Papeles de Recienvenido. En 1947, Macedonio se instala en la casa de su hijo Adolfo, donde residirá hasta su muerte.


[b]Obras


* No toda es vigilia la de los ojos abiertos. Buenos Aires, Manuel Gleizer, 1928.
* Papeles de Recienvenido. Buenos Aires, Cuadernos del Plata, 1929.
* Una novela que comienza. Prólogo de Luis Alberto Sánchez. Santiago de Chile, Ercilla, c. 1940, port. 1941.
* Poemas. Prólogo de Natalicio González. México, Guarania, 1953.
* Museo de la Novela de la Eterna. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
* No toda es vigilia la de los ojos abiertos y otros escritos. Advertencia de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, CEAL, 1967.
* Cuadernos de todo y nada. Buenos Aires, Corregidor, 1972. 2a. ed. 1990.
* Teorías. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1974 (Obras completas, vol. III).
* Adriana Buenos Aires; última novela mala. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol V).
* Museo de la Novela de la Eterna; primera novela buena. Ordenación y notas de Adolfo de Obieta. Buenos Aires, Corregidor, 1975. (Obras completas, vol VI).
* Epistolario. Ordenación y notas de Alicia Borinsky. Buenos Aires, Corregidor, 1976. (Obras completas, vol. II)



Una genialidad suya:

AUTOBIOGRAFÌA DE ENCARGO

Soy argentino, desde hace mucho tiempo: padres, abuelos, bisabuelos; antes España por todos lados. Creo que desciendo de uno de los mayores o màs grandes - que feo y obligatorio modo de calificaciòn - pintores españoles, del cual heredé y he acrecentado una incapacidad completa para el dibujo, vista poderosa, pupilas de un inùtil color azul, pues veo el mundo bajo los mismos colores que lo ven los de ojos negros y el agua es incolora para mì como para ellos, de modo que el que se tomò el trabajo de pintarme las pupilas - debe haber sido Dios - no previò, por esta vez, que yo serìa torpe para utilizar adornos; o quizàs estoy mirando por debajo de las pupilas como quien se levanta los anteojos a la frente; si esto me sucede sin saberlo no es extraño, pues recién a los cuarenta años he sabido que duermo del lado derecho. De que lado duerme usted, lector? Usted me contestarà - Antes dormìa de espaldas, pero ahora... - Còmo “ahora”? Ya se duerme usted en mi primer pàgina? Déjeme hablar...- Còmo “déjeme hablar”: ya quiere usted ser autor! Y bien, sinceramente, somos dos descontentos de lo que estamos: yo escribiendo, usted leyendo, y de buena gana nos intercambiarìamos.
Soy un convencido de que jamàs lograré escribir. Ahì està ese gran pensador que se me hizo odioso desde que quiso encerrarme en el duodécimo paréntesis de su primera pàgina; salté el palito final cuando yo lo estaba parando él y me juré no leer. Pero no leer es algo asì como un mutismo pasivo, escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haber leìdo tanto.
Tengo profesiòn liberal; soy bastante pobre. Si dijera “estoy pobre”, el lector creerìa que le iba a pedir algo; es la verdadera frase pues mi mala situaciòn no es accidental. Esto lo explicaré después, recuérdenmelo.
Soy flaco y màs bien feo. En cuanto a mi salud, ni un boticario hijo de medico y casado con partera la tiene peor. tengo un lote de enfermedades, pero creo que con una me bastarà al fin. No las combato porque no sé cuàl es la que necesitaré mi ùltimo dìa, dìa que espero serà muy concurrido y en el cual todo el mundo descubrirà, con un talento que siempre disimularon, que yo era buena persona (como lo proclamaba en vano).
Por el momento no tengo màs que cincuenta años, lo que no es mucho, si se tiene en cuenta mi primera fecha. Contando lo que viviré todavìa algunos me dan sesenta; descontando lo dormido con los ojos abiertos (he leìdo tanto, se hace tanta politica en mi paìs, hay tanto vegetalistas, moralistas, salvacionistas, tantas estatuas de hombres abnegados, tantas hondas y agudas sentencias jurìdicas con “acopio de doctrina” acerca de si los pasadores de ventanas debe reponerlos el propietario o el locatarios, tantos màrtires de la obra pedagògica, tantos centenarios de hombres ilustres a causa de que cada uno de ellos tuvo su respectivo nascimiento, fecha que se soporta cada año por impulsiòn aniversaria, tantos conferencistas y concertistas, tantos discursos de “piedra fundamental” de inauguraciòn), me atengo, por contradecirlos, a cuarenta.
Mi altura no es mala; depende del uso. Por debajo empieza al mismo tiempo con la de Firpo; por arriba deja suficiente espacio hasta el cielo, pero es muy mala para erguirme bajo un postigo de ventana aunque un momento antes me ha servido bien para atarme los botines. Parece increìble que todavìa se usen los botines donde no alcanzan los brazos.
Supongan ustedes que yo nacì, desde chiquito, en una casa de modistas y supongan también que en aquel tiempo, como hoy, habìa cosas, no todas, que se hacìan a prueba, de daban a provar; y que en tal casa habìa una salita ahondada de espejos para probar las clientas los nuevos vestidos. (Creo que un ìndice cientifico del grado de felicidad de una época y comunidad es el mayor nùmero de cosas que se acostumbra “dar a probar” y no sé si hoy, me parece que sì, son màs que las que disfrutàbase en mi juventud).
En aquel tiempo, puesto lo vestido, la persona se veìa un poco menos que antes; ahora ese menos verse la persona ha aumentado, menos menos; casi el vestido no tiene nada que ver con esto de cubrirse, con la ventaja, increìble! de que se ve la persona y el vestido. (Alguna vez estudiaré còmo el desnudo se reduce a ser modestamente un escote totalitario simultàneo o la suma de todos los escotes sucesivos inocentes posibles a una sola persona).
Hasta la edad de seis años, yo entraba y salìa (hoy no hubiera salido) de la salita de pruebas y ninguna de las clientas me veìa, veìa que yo andaba viendo. Todo fue descubrirse en casa que yo habìa cumplido lo seis años (yo no creìa que se le conociera a nadie en la cara, como se sabe?) para prohibìrseme la entrada bajo pretexto de que yo antes veìa y ahora miraba. Pero saqué de ello el provecho de una gran inclinaciòn por las matemàticas en punto a curvas y àngulos.
A los siete años ya aprendì a venirme abajo de un balcòn y llorar en seguida; el golpe no me desconcertaba; no me acongojaba antes de llegar al suelo cuando todavìa no tenìa utilidad el llorar ya.
Fue demasiado grave para un principiante: caì diez metros seguidos, orientado en perfecta vertical y sin entretenerme nada en el trayecto como siempre se me ha recomandado en los “mandados”: todo lo hice sin ayuda. 10 metros para piernas de 7 años es mucho siendo uno solo el que se cae y ademàs los matemàticos no lo aprueban ni quieren creerlo por la desproporciòn de metro por año. Tan grave fue que no es seguro que yo exista después de ella y de tiempo en tiempo los diarios anuncian mi defunciòn porque algùn cronista ha oìdo en conversaciòn que hace cuarenta años me tomé de la baranda de la vertical durante diez metros continuos.
(El suelo, que està dondequiera que un porrazo se completa y que, buen compañero, no falta a nadie en la caìda, es la altura nunca menospreciada de un aviator de piso, como yo. Esos navegantes del aire que se lanzan afanosos a lo alto como si se propusieran volver a fumar el humo del cigarrillo exhalado momentos antes, harìan algo anàlogo a lo que recientemente me aconteciò a mì cuando caminando con un amigo tropecé, mientras le hablaba, tan violentamente hacia adelante, que alcancé las palabras que acababa de pronunciar: me oì a mì mismo y tuve oportunidad de corregir un cierto gran disparate comenzado en ellas).
Ejecuté tan bien el venirse abajo que se me atribuyò vocaciòn especial y en el barrio cuando algùn chico por descuido pudo caerse, viéndole todos al borde de un balcòn vacilando, corrìan a mi casa a buscarme para que yo tomara por él el encargo de la caìda. Mis chichones sobresalìa no sòlo en el cuerpo sino en el barrio; aun entre tumefaciones, ya de por sì relevantes, las mìas sobresalìan y en chichoneria comparada era yo persona de fama.
Mi norma, en fin, era: empezar con caìdas la maestrìa de equitaciòn, pero de caballos chicos.
Como escribo bajo la depresiva inseguridad de existir, basta por hoy de una literatura quizà pòstuma; soy màs prudente que Mark Twain, el otro solo caso*.

* Un merito excelso en Twain es que fuera tan jovial a pesar del terrible infortunio en que viviò todos sus años después de la edad de ocho, cuando, bañàndose con su hermano mellizo y en extremo parecido, ahogòse uno de los dos sin que nunca haya podìdo saberse cuàl.

© Macedonio Fernandez, 1928



Dijeron de el:
Jorge Luis Borges comenta el fallido intento de Macedonio por alcanzar la presidencia. Existen marcadas discrepancias a la hora de definir los años por los cuales se extendió este proyecto, pero la versión más aceptada asegura que fue entre 1926 y 1927, durante el mandato de Marcelo Torcuato de Alvear.

"El mecanismo de la fama le interesaba [a MF], no su obtención. Durante un año o dos jugó con el vasto y vago propósito de ser presidente de la República. Lo más necesario (nos repetía) era la difusión del nombre. Macedonio optó por aprovechar su curioso nombre de pila; mi hermana y algunas amigas suyas escribían el nombre de Macedonio en tiras de papel o en tarjetas, que cuidadosamente olvidaban en las confiterías, en los tranvías, en las veredas, en los zaguanes de las casas y en los cinematógrafos. De estas maniobras más o menos imaginarias y cuya ejecución no había que apresurar, porque debíamos proceder con suma cautela, surgió el proyecto de una gran novela fantástica, situada en Buenos Aires, y que empezamos a escribir entre todos. La obra se intitulaba El hombre que será presidente; los personajes de la fábula eran los amigos de Macedonio y en la última página el lector recibiría la revelación que el libro había sido escrito por Macedonio Fernández, el protagonista, y por los hermanos Dabove y por Jorge Luís Borges, que se mató a fines del capítulo noveno, y por Carlos Pérez Ruiz, que tuvo aquella singular aventura con el arco iris, y así de lo demás.

En la obra se entretejían dos argumentos: uno, visible, las curiosas gestiones de Macedonio para ser presidente de la República; otro, secreto, la conspiración urdida por una secta de millonarios neurasténicos y tal vez locos, para lograr el mismo fin. Éstos resuelven socavar y minar la resistencia de la gente mediante una serie gradual de invenciones incómodas. La primera (la que nos sugirió la novela) es la de los azucareros automáticos, que, de hecho, impiden endulzar el café. A ésta la siguen otras: la doble lapicera, con una pluma en cada punta, que amenaza pinchar los ojos; las empinadas escaleras en las que no hay dos escalones de la misma altura; el tan recomendado peine-navaja, que nos corta los dedos; los enseres elaborados con dos nuevas materias antagónicas, de suerte que las cosas grandes sean muy livianas y las muy chicas pesadísimas, para burlar nuestra expectativa; la multiplicación de párrafos empastelados en las novelas policiales; la poesía enigmática y la pintura dadaísta o cubista. En el primer capítulo, dedicado casi por entero a la perplejidad y al temor de un joven provinciano ante la doctrina de que no hay yo, y él, por consiguiente, no existe, figura un solo artefacto, el azucarero automático. En el segundo figuran dos, pero de un modo lateral y fugaz; nuestro propósito era presentarlos en proporción creciente. Queríamos también que a medida que se enloquecieran los hechos, el estilo se enloqueciera; para el primer capítulo elegimos el tono conversado de Pío Baroja; el último hubiera correspondido a las páginas más barrocas de Quevedo. Al final el gobierno se viene abajo; Macedonio y Fernández Latour entran en la Casa Rosada, pero ya nada significa nada en ese mundo anárquico. En esta novela inconclusa bien puede haber algún involuntario reflejote El Hombre que fue Jueves".

Leopoldo Marechal cuenta "Macedonio era un personaje bastante misterioso, sobre todo con respecto a su existencia cotidiana, por ejemplo, era dado a habitar viejas quintas de Adrogué o del Gran Buenos Aires, que sus propietarios abandonaban durante el invierno y que él ocupaba durante esos meses para lograr una soledad absoluta favorable a su meditación; se decía que entonces, a fin de evitarse trabajo, preparaba un puchero una vez por semana y embotellaba el caldo, embotellaba el caldo en una época en que no había refrigeradoras eléctricas, de modo que no quiero pensar cómo sería el caldo el séptimo día de estar embotellado. Y por eso algunos dicen que fue el inventor de la penicilina, porque tal vez en ese caldo se hubieran producido algunos de esos hongos en los cuales creo que se resuelve la penicilina.

Recuerdo que lo visité, estábamos con Francisco Luis Bernández, en una casa de la calle Las Heras, pensión donde él ocupaba una pieza. Era verano ya, y tenía un calentador Primus y la pava puesta sobre el calentador y echando vapor a chorros (la pava ¿no?), y cuando le preguntamos por qué tenía esa pava así, dijo que el ambiente estaba seco y el necesitaba cierta humedad, porque los porteños vivimos en un clima húmedo y necesitamos un coeficiente de humedad para subsistir bastante considerable; entonces le pregunté si él no creía que con el andar del tiempo ese aumento de la humedad no nos podría convertir a los porteños en anfibios ¿no?, y consideró la posibilidad como verdadera...."

"...Eran tantos los que habían faltado al banquete que si falta uno más no caben en la sala..."

Manuel Peyrou relata "...Un vez su hijo Adolfo tuvo que viajar y le pidió a una vecina amiga que de vez en cuando se diera una vuelta por el piso de abajo donde vivía Macedonio. Un día bajaba ella por el ascensor y vio que la puerta del departamento de Macedonio estaba entreabierta; extrañada, se acercó, no oyó nada y la cerró. En los días siguientes se repitió la escena sin variantes. Por fin un día abrió más la puerta y se metió en el departamento. Al fondo de un cuarto en penumbras estaba Macedonio sentado en un sillón. Ella lo miró interrogativamente y Macedonio repuso, con vos ronca y cachadora -trampa para rubias-..."

"...Macedonio ¿Sábe hablar en otros idiomas? -Sé estar callado en alemán, en ruso e inglés..."

Miguel S. Schapire rememora "...A mí me desconcertaba; de pronto me parecía un genio, de pronto un infradotado. Recuerdo algunas de sus rarezas: compraba masas para las cucarachas y las hormigas en su casa, a las que daba de comer como si fueran palomas; a él le gustaba hacerse huevos fritos pero decía que limpiar demasiado la sartén era impropio..."

Francisco Luis Bernárdez refiere "...Lo que Borges me dijo una vez (además lo escuché contapo por el padre de Borges, Jorge Borges) es que él y Macedonio junto con Julio Molina y Vedia y varios muchachos de aquí (por otra parte, gente de familia tradicional), entusiasmados por las ideas socialistas (no era el socialismo de ahora, sino el socialismo romántico de Saint-Simon, Lasalle. Macedonio era lector de Spencer y por lo tanto enemigo del Estado), decidieron hacer un experimento socialista en Paraguay, en unas tierras que durante la guerra de Paraguay algún ascendiente (no sé si con ese apellido) había quedado con unas tierras allá. Y creo que en el corazón de la selva paraguaya. Y allá se fueron ellos. Lo gracioso es que se fueron vestidos de jaqué, muchachos muy elegantes, de familias muy distinguidas y conocidas de Buenos Aires. Iban dispuestos a practicar el socialismo, verdad. Llegaron allí y los mosquitos los corrían, llegaron y a poco estaban aburridísimos, y suspendieron aquello. Es una anécdota de lo que es Macedonio. Estaba dispuesto a defender su singularidad de cualquier manera, un hombre que era una especie de isla en este país, entonces el país no era la sociedad de masas que es ahora.

(Estas entrevistas tuvieron lugar en 1967, publicadas en el libro Hablan de Macedonio Fernández recopilado por Germán Leopoldo García).





Fuentes:http://www.thetqr.org/Archives/TQR%2010%20int/fern.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Macedonio_Fern%C3%A1ndez
http://www.laciudadletrada.com/Archivo/Macedonio.htm


este post , habia sido posteado anteriormente, pero como me olvide la fuente, me lo borraron, espero que ahora quede bien
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
155visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
5visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

n
nadieninguno🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts47
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.