Antes que nada quiero aclarar que si bien estos relatos tienen títulos independientes, son hechos reales de los cuales fui partícipe, algunos, por lo que pude saber hablando con mis compañeros, muy comunes en varias comisarías. Los policías más viejos contaban historias de atrocidades que "supuestamente" (y recalco supuestamente porque no se si hubo alguna investigación al respecto ya que yo entré hace 15 años a la fuerza) se cometieron durante la dictadura, lo que yo entiendo como torturas, muertes, etc. Espero que los disfruten, a mi me dio mucho miedo vivir estos momentos, y el motivo de estos relatos es transmitirles a ustedes aunque sea un poco de ese temor. Enjoy!!!
También quiero agregar que estos relatos fueron inspirados por este post http://www.taringa.net/posts/paranormal/17290887/Les-han-pasado-cosas-paranormales.html?notification#comment-1138027 del usuario @whisbell - Venezuela debido a un comentario que hice, a raíz del cual varios usuarios mediante respuesta al comentario o MP, me pidieron que relate estos hechos.
Por último y para no entretenerlos más, les dejo el link del primer relato de esta serie:
La historia del cabo San Juan
Desde que comencé a trabajar en la comisaría donde actualmente estoy destinado, me llamó la atención una placa recordatoria de bronce colocada en la pared de uno de los pasillos, la misma recuerda al Cabo RUBEN OSCAR SAN JUAN, fallecido el 04 de Septiembre de 1978, con una simple dedicatoria. A pesar de mis intentos por saber que fue lo que le ocurrió al Cabo San Juan, no pude averiguar nada, ya que los archivos de la comisaría, pasados un tiempo, son enviados a la Jefatura, donde se archivan (supuestamente) en inmensos galpones, hasta que el tiempo los destruye, o la falta de espacio obliga a prescindir de ellos.

La placa recordando al Cabo SAN JUAN (la foto la acabo de sacar con mi celular)
Cuando empecé a trabajar de noche en las oficinas de sumarios, generalmente solo ya que la mayoría de mis compañeros prefieren trabajar durante el día, comencé a escuchar ruidos que no me eran ajenos, ya que también los había escuchado en otras comisarías donde trabajé. Los teclados. Parecía que alguien estaba escribiendo sin parar en las computadoras de las otras oficinas, porque llegaba a mis oídos, bien claro, el ruido de las teclas (quiero aclarar que esto ocurre hasta el día de hoy). Las primeras veces iba a las otras oficinas para mirar, pero inmediatamente el ruido se detenía y, como seguramente habrán adivinado, no había nadie.
Al principio no me preocupé, ya que es común para nosotros escuchar estos ruidos, ocurre en todas las comisarías, y prácticamente no hemos acostumbrado. Lo que pasó en los días, o mejor dicho las noches que siguieron, si se salía de lo común.
Una de esas noches, me encontraba trabajando, cuando comenzaron a teclear las otras computadoras. No le presté atención y subí el volumen de la radio que estaba escuchando para no perder la concentración. Estuve así un rato, hasta que empezaron a escucharse claramente ruidos de pisadas en el piso de parquet de una de las oficinas. Como esa oficina tiene una ventana que da a la calle, la cual está siempre abierta porque se rompió la falleba y nunca hubo presupuesto para repararla, pensé que alguien había entrado. Me levanté de mi escritorio y fui corriendo, abrí la puerta de la oficina, y no vi a nadie. La ventana estaba arrimada y las luces apagas. Les juro que seguía escuchando los pasos caminando delante mio, hasta que encendí la luz y automáticamente dejaron de escucharse. Esa noche no pude seguir trabajando del miedo que me dio, junté mis cosas y me fui a la guardia a tomar mate con mi compañero que estaba a cargo del Libro de Guardia hasta que se cumplió mi horario y me retiré.
Los días que siguieron no pasó nada fuera de lo normal, entonces me olvidé de lo ocurrido. Hasta una noche en que estaba en la oficina junto a un compañero que se había quedado a terminar un trabajo. Escuchábamos una radio de esas rectangulares de proporciones similares a una cartuchera escolar o canopla, que estaba apoyada sobre una de las estanterías. Habrá sido más o menos la una de la mañana, cuando dimos por finalizada la jornada y nos dispusimos a retirarnos, mi compañero apagó y desenchufó la radio, acostándola sobre la estantería para evitar que algún despistado la haga caer, y cuando estábamos saliendo nos detuvimos ante la puerta de la oficina para conversar sobre algo, no recuerdo qué. No puedo explicar por qué los dos estábamos conversando parados y mirando hacia esa estantería, cuando vimos claramente como la radio se desplazó como si alguien la estuviera empujando, llegó hasta el borde de la estantería y cayó al suelo. Quedó intacta, creo yo, porque estaba envuelta en el cable de corriente que pudo haber amortiguado la caída. Con mi compañero nos miramos, los dos nos habíamos puesto pálidos, él fue un poco más valiente que yo, caminó hasta la radio, la levantó colocándola nuevamente sobre la estantería y nos fuimos sin decir una palabra. Cuando nos estábamos alejando hacia la guardia, comenzaron a escucharse nuevamente los teclados y las pisadas en el suelo de parquet, pero esta vez nadie fue a ver que ocurría.

La radio era muy similar a esta
Siguieron más días en que no ocurrió nada, una semana o algo así. Volví a olvidarme de lo ocurrido, hasta una noche que para mi fue la noche que más terror sentí en mi vida. En esa oportunidad estaba trabajando en la otra oficina, la del suelo de parquet, otro de mis compañeros que tenía que cubrir una guardia esa noche y aprovechó para adelantar trabajo con sus papeles. Como a las dos y media de la mañana se fue para la guardia y me quedé solo en las oficinas. Acá hay que aclarar que las oficinas se encuentran en la parte delantera de la comisaría, y la guardia en un bloque atrás de las mismas. Para llegar a la guardia hay que salir por el pasillo donde está la placa recordatoria del Cabo SAN JUAN, salir al patio y cruzar unos metros hasta la puerta de ingreso. Mi oficina, por un engendro arquitectónico del cual desconozco al responsable, tiene la pared trasera de vidrio de blindex, o sea, yo desde la oficina veo la guardia, y viceversa. Dejé de trabajar un momento para tomar unos mates en la guardia, y cuando pasaron unos cinco minutos, una compañera me dijo "QUIÉN ESTÁ EN TU OFICINA? TENÉS GENTE A ESTA HORA?", le respondí que no, y también por qué me lo preguntaba. Me contestó que a través del vidrio había visto de reojo una persona caminando dentro de mi oficina, pero cuando miró bien no lo vio más, y creyó que se había ido al sector de Atención al Público (también ubicado en la zona de las oficinas). No le di importancia y le dije que probablemente había visto su propio reflejo en el vidrio, lo que suele pasar porque es como espejado, depende como le dé la luz. Unos minutos después volví a trabajar, y pasado unos cinco o diez minutos, escuché un ruido en la otra punta de la oficina, miré y vi como caía una hoja desde un block que estaba sobre una de las estanterías (la misma desde la cual cayó la radio), no le presté atención, pensando que había sido el viento, o que a lo mejor ya se estaba por caer y lo hizo justo en ese momento, pero enseguida comenzaron a caer todas las hojas, una por una, como si alguien la estuviese tirando a propósito. Una hoja salía disparada desde el block, flotaba unos instantes y caía al suelo, cuando llegaba, inmediatamente otra hoja del block hacía lo mismo. Sentí un frio terrible y comenzaron a temblarme las piernas, me levanté para salir de la oficina, y en ese momento unos libros y carpetas que estaban sobre la estantería que tenía al lado de mi silla, me cayeron encima sin que nadie los tocara. Creo que grité (aunque mis compañeros me dijeron luego que no escucharon nada), y salí disparado hacia la guardia, estaba temblando (interrumpo acá el relato para comentarles que lo estoy escribiendo en mi oficina, y acabo de ver pasar una sombra por delante de mi puerta, se los juro por lo que más quieran. Bueno, sigo...). Tenía que terminar si o si un sumario que debía estar en el juzgado a primera hora de la mañana, así que cuando recuperé el aliento, le pedí por favor a uno de mis compañeros que me acompañara a la oficina y se quedara conmigo hasta que me vaya. Creo que vio el terror en mi cara, y me acompañó sin decir nada. Esa noche no ocurrieron más cosas...
Una mañana poco días después, estando de turno (lo que significa que estoy durante todo el día en la comisaría a cargo de las causas que ingresan), se presentó a hacer una denuncia del robo de una rueda de auxilio, un señor de unos setenta años, mientras estaba tomándole la denuncia, vi que miraba a su alrededor como con nostalgia, hasta que finalmente dijo "QUE CAMBIADA QUE ESTÁ LA COMISARÍA". Le pregunté si había estado antes, y me contestó "SOY EL PADRE DEL CABO SAN JUAN, MI HIJO TRABAJÓ ACÁ HACE MÁS DE TREINTA AÑOS, NUNCA VINE MIENTRA ÉL TRABAJABA, SOLO ENTRÉ A LA COMISARÍA EL DIA DE SU MUERTE". No aguanté la ansiedad, y le comenté que la historia del Cabo San Juan me había interesado desde que llegué a la comisaría, y que siempre sospeché que su muerte había tenido algo que ver con lo ocurrido durante la dictadura. El viejito me miró sonriendo y me dijo "NO, NADA QUE VER. MI HIJO EN ESA ÉPOCA TENÍA UNA NOVIA, ESTABA MUY ENAMORADO Y YA HABÍA HECHO PLANES PARA CASARSE, PERO UNOS MESES ANTES ELLA LO DEJÓ PORQUE QUERÍA IRSE A OTRA CIUDAD A ESTUDIAR, ÉL NO LO SOPORTÓ. ESTA OFICINA POR ESOS AÑOS ERA LA GUARDIA DE LA COMISARÍA, Y ÉL ERA EL OFICIAL DE GUARDIA. UNA NOCHE, POCO DESPUÉS DE QUE SU NOVIA LO DEJÓ, ESTANDO SOLO ACÁ, SE DISPARÓ CON SU ARMA. YA LO HABÍA SUPERADO, PERO ENTRAR ACÁ ME TRAJO A LA CABEZA ESOS RECUERDOS". Me mostró una foto de su hijo con el uniforme de la policía de esa época, terminó su denuncia, se fue con los ojos llenos de lágrimas.

El uniforme policial en esa época era algo similar a este.
A la noche siguiente, hablando con una compañera de todo lo ocurrido, le dije que creía que el fantasma del Cabo San Juan era quien hacía todas esas cosas. Ella me dijo que muchas veces había visto alguien en mi oficina cuando sabía perfectamente que no debía haber nadie, y que una de esas veces, al pasar por la puerta, vio que había un policía parado en medio de la oficina, tenía cara de cansado o preocupado, me dijo que el uniforme era distinto al que usamos ahora, y me describió algo parecido al de la foto que puse, solo que con una bandolera de cuero cruzada de la cual colgaba la pistolera con el revólver. Inmediatamente recordé la foto que me había mostrados el padre de San Juan, y era como si mi compañera hubiese visto la misma foto cuando me lo describió. Ella es oriunda de un pueblo del norte de Santa Fe, me dijo que creía en fantasmas, y que su abuela le había dicho que la forma de que dejen de molestar, era pidiéndoselo. Me acompañó a la oficina, me dijo que me quede en la puerta, entró ella sola, y en un tono campechano dijo en voz alta "CHE SAN JUAN, SOMOS TUS COMPAÑEROS, NO NOS MOLESTÉS A NOSOTROS QUE NO TE HICIMOS NADA. POR QUÉ NO VAS Y MOLESTÁS A LA YEGUA QUE TE DEJÓ ANTES DE CASARTE? SI QUERÉS QUEDATE POR ACÁ, PERO DEJÁ DE ASUSTARNOS A NOSOTROS QUE NO TENEMOS NADA QUE VER...
Depués de esto, no volví a ser molestado, y nunca más se movieron solas las cosas, aunque algunas noches todavía se escuchan los teclados y las pisadas en las otras oficinas...

Bueno, eso fue todo para esta segunda parte, espero que les haya gustado y que lo recomienden..., y nuevamente les juro que fue totalmente verídico...