La Mulánima o Mala Mula es un animal de color negro o castaño oscuro, largas orejas y crin al viento que galopa de noche por los campos en loca carrera, echando fuego por la nariz y por la boca y destellos aterradores por los ojos. Lleva un freno de oro que cruje cuando emite sus dolientes relinchos o rebuznos que hacen estremecer a quien los oye.
Cuando atraviesa las estancias, los perros ladran como enloquecidos pues la Mulánima, espectro temible, corre a las ovejas y a otros animales, ya que se alimenta de carne y se dice que aun devora niños.
Quien se atreva a mirarla perderá la vida o sufrirá enormes desgracias.
Pero la Mulánima no fue siempre un animal sino una mujer transformada en mula por su gran pecado que, según uno, consistio en tener relaciones amorosas con un cura y, según otros, haber cometido incesto. La mujer puede haber sufrido esta transformación en vida o después de su muerte pero es posible salvar su alma condenada si se la aguarda oculto y al pasar se atusan sus crines con un cuchillo o se le corta la oreja.
Hay quien sostiene que sólo se la podrá detener con un hachazo en la frente y que la sangre que entonces vierta redimirá de la maldición a su alma en pena.
Por último, se aconseja asestarle dos tajos en cruz, cuya cicatriz conservará en la frente al recuperar su forma humana, si ha sido transformada en Mulánima estando aún viva. En este último caso se puede convertir en una bella y atractiva mujer que hará morir consumido por la pasión al gaucho que se haya atrevido a mirarla a los ojos.