Misantropia La misantropía hay que distinguirla de la fobia social. La conducta misantrópica estuvo genialmente escenificada y caracterizada por Moliére. Más que de una enfermedad se trata de una elección consciente y deliberada de aislamiento social. Es la consecuencia de una exposición larga y reiterada a estímulos adversos de los demás. El misántropo opta por retirarse del mundo dado que el trato recibido no le ha complacido y descarta que pueda haber otro trato mejor. Esa retirada no comporta un aislamiento físico sino una suspensión de las relaciones humanas. Grandes filósofos han optado por esta resolución para quedar a salvo de las variables adversas del exterior o para minimizar su impacto. A diferencia de la fobia social que no puede tolerar psíquicamente el contacto con situaciones de grupo, el sujeto misántropo llega a una conclusión peyorativa ante el género humano en su conjunto descartando que pueda dar más de si de lo que ha dado. La misantropía es un reconocimiento del fracaso humano en sus predicados de amor, solidaridad y comunicación. Se convierte en un síntoma patológico cuando el perfil del misántropo se transforma en un odio profundo y sistemático al otro sea quien sea y donde sea sin entrar a discriminar cada personalidad y situación concreta. Pero se mantiene dentro de la razonabilidad y del campo de gestión si es auto explicada convenientemente en quien la adopta como conducta. La misantropía como proceso es una consecuencia relativamente lógica cuando es proporcionada a la cantidad de experiencias dolorosas que se han tenido, debidas a contactos humanos amargos. Es un síntoma de pronóstico severo y de cura impredecible cuando el sujeto misántropo va socavando su abismo con el resto de la especie. El perfil misantrópico puede iniciarse con experiencias dolorosas concretas con un tipo de personas y de grupos humanos y ser extendido incondicionalmente a toda representación humana y estrato colectivo. Ese segundo salto incorpora la obsesión y la fobia La misantropía en un grado mínimo aparece pronto y de una manera generalizada cuando las personas van adoptando criterios estables de desconfianza hacia el resto de la humanidad en general. El ser humano como proyecto en una humanidad racional y consciente es un fracaso rotundo a pesar de muchos de sus comportamientos loables. Esa tesis de la derrota mantenida dentro de un cierto control no es grave si se consiguen maneras adaptativas que permitan soportar los protocolos sociales. Pero se convierte en algo grave cuando da soporte a una indisposición emocional hacía el otro, no solo a la colección de otros concretos, en una, generalmente, extensa lista de nombres precisos, sino también hacía el otro por conocer, de una cantera cuantiosa de nueva gente en un número indeterminado al que no se desea conocer. Ese segundo extremo reduce al misántropo a su espacio personal de control sin desear salir del mismo. Eso no tiene porque repercutir contra otros ámbitos de su salud personal si recicla sus recursos y poderes con proyecciones creativas no dejándose amilanar por el aislamiento. La proyección creativa puede remitir a una pulsión narcisista que busca un reconocimiento aun desde la situación más abyecta y retirada, pero de eso hablaremos en otra parte. La gravedad del misántropo es que los nuevos contactos humanos le confirman lo que ya sabe de la humanidad avalado por los anteriores contactos tenidos. Para el misántropo el contacto con el otro no puede dar lugar a novedades experimentales que le hagan cambiar de idea. No hay alternativa reparadora para corregir ese sesgo, porque la misantropía tiene más de actitud existencial y filosófica que de síntoma psíquico. Es el punto de confluencia entre una valoración existencial y el modo de concluir como seguirla viviendo. La alternativa al misántropo sería una humanidad en la que poder confiar. Esto coloca en las condiciones objetivas la resolución de unas condiciones subjetivas lo cual hace inviable la propuesta. Al igual que el resto del sintomatograma al individuo aquejado hay que proponerle soluciones concretas para remontar sus crisis y coordenadas estancas. Y el sujeto sintomático ante sí mismo le toca gestionar los ímputs que le van entrando a su sistema perceptivo y relacional, tratando de contrarrestar la cantidad de experiencias de desagrado con otras que sean reforzantes de una disposición al agrado. Siempre se ha oído hablar -o se ha referido- la figura del huraño, de la persona refractaria, de la desengañada, de la amargada, de la que ya no cree en nada ni quiere saber nada con nadie. Hurgando en sus biografías encontramos una cierta cantidad de fracasos de interrelación social. La misantropía concreta es a escala de individuo lo que una mayoría cree a escala de disposición sentimental y conceptual. La diferencia está en que el misántropo es victima de su sinceridad o de su honestidad con su propia conciencia. Eso se desmarca del curso normal de los acontecimientos en que predomina la figura adaptativa capaz de sacrificar parte de la conciencia personal para seguir en el palco de las relaciones humanas. La misantropía admite la gestión que puede dar a su situación una rentabilidad si la persona afectada reconduce sus relaciones y sus energías a aquello y a aquellas personas con las cuales puede mantener una sintonía y un interés. La propuesta del criterio universal de estar abierto a todo y a todos, falla estrepitosamente en estos casos. Pero vivir la propia individualidad desde el máximo de autentificación podrá permitir que un itinerario biográfico vaya desarrollándose con la máxima de satisfacciones por una vida interior rica aun fuera de un máximo de interacciones por una vida exterior casi nula. Narcisimo Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban. Pero él, lleno de vanidad y orgullo despreciaba y rechazaba a todos sus amantes, tanto mujeres como hombres. La ninfa Echo estaba perdidamente enamorada de él, y cuando Narciso la rechazó ella se consumió en su dolor hasta quedar transformada en una simple voz. Un muchacho a quien Narciso había despreciado del mismo modo, rezó a los dioses para pedirles que se amara a sí mismo sin descanso. La diosa Némesis escuchó sus ruegos e hizo que Narciso se parase a beber en un manantial en la cima del monte Helicon. Cuando vio su propia imagen reflejada en el agua se enamoró al instante de ella, pero no podía abrazarla porque cada vez que lo intentaba la imagen se desvanecía con el movimiento ondulante de las aguas. Incapaz de dejar de contemplarse, se quedó allí hasta que murió de hambre. Pero no fue su cuerpo lo que permaneció, ya que en su lugar apareció una flor. ¿Algunas características del narcisismo? Grandiosidad. El narcisista se cree enormemente importante, considerándose por encima de cualquier persona, incluida su pareja o amistades. Falta de empatía. No es capaz de ponerse en el lugar del otro y compartir sus sentimientos. Puede sentirse ofendido si un amigo le dice que no puede ir a su fiesta porque acaban de ingresar a su madre en un hospital. Se muestran insensibles y desconfían de los motivos de los demás. Arrogancia e intolerancia a las críticas. Se siente ofendido con facilidad, reacciona con rabia cuando lo critican, tratando de destruir o infravalorar a esa persona o bien arma tal jaleo que al final los demás tienen que darle la razón. Manipulación Dado que consideran que los demás están ahí para satisfacer sus necesidades no dudan en manipularlos y en tratarlos como objetos que le sirven para lograr sus objetivos. Fantasías Fantasea con lograr éxito, admiración, belleza, poder en cantidades ilimitadas y con encontrar el amor ideal y perfecto. Lo que se esconde debajo. - Como hemos visto, debajo de ese enorme ego se esconde una persona con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal e inmadurez emocional. - Esos sentimientos le parecen inaceptables y los oculta. - En su lugar crea un ego grandioso y superior para compensar. - Al ser este ego falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verla confirmada. Es como si no llegara a creerse del todo esa grandiosidad que trata de transmitir. - Las críticas echan abajo esta frágil construcción. Por eso reaccionan ante ellas con tanta rabia: ven amenazada su valía personal. El narcisista humillado querrá destruir al causante de dicha humillación para demostrar así que no es cierto lo que dijo de él y poder recuperar sus sentimientos de valía personal. - La falta de empatía procede de una preocupación excesiva por sí mismo y de la dificultad para reconocer a los demás como individuos separados con sus propias necesidades (inmadurez emocional). Narcisismo y agresividad Como hemos visto, muchos narcisistas reaccionan con violencia al ser criticados. Varios psicólogos estadounidenses realizaron un estudio en el que comprobaron que los narcisistas son más agresivos que los demás. Estos investigadores afirman que los recientes tiroteos y asesinatos cometidos por adolescentes es Estados Unidos pueden guardar cierta relación con tendencias narcisistas, que podrían aumentar la violencia en las escuelas. "Si los chicos empiezan a desarrollar opiniones excesivamente optimistas sobre sí mismos y dichas creencias son constantemente rechazadas por otros, sus sentimientos de amor a sí mismos pueden hacer a estos chicos potencialmente peligrosos". Una Frase: "La suerte de las feas..a las bonitas nos vale..." ¿Qué es un sociópata La sociopatía, también conocida como trastorno de personalidad antisocial (TPA), es una patología de índole psíquico que deriva en que las personas que la padecen pierden la noción de la importancia de las normas sociales, como son las leyes y los derechos individuales. Si bien, generalmente, puede ser detectada a partir de los 18 años de edad, se estima que los síntomas y características vienen desarrollándose desde la adolescencia. Los sociópatas son personas que padecen un mal de índole psiquiátrico, un grave cuadro de personalidad antisocial que les hace rehuir a las normas preestablecidas; no saben o no pueden adaptarse a ellas. Por esto que, a pesar de que saben que están haciendo un mal, actúan por impulso para alcanzar lo que desean, cometiendo en muchos casos delitos graves. Es común que se confunda a la sociopatía con otras patologías de la misma clase, como podrían ser la conducta criminal, la antisocial o la psicopatía. Pero son trastornos, aunque relacionados, de diferentes características, con otros tratamientos y consecuencias. CAUSAS Se estima que este trastorno es causado por una variedad de factores. Muchos son de índole genético, heredados de algún miembro de la familia que ya los padeció. Pero también el entorno de la persona, especialmente el de los familiares directos, tiene mucha importancia en su posterior desarrollo. Los investigadores también consideran que existen factores biológicos que pueden contribuir en su progreso. La manifestación de procesos químicos anormales en el sistema nervioso y posibles daños en las partes del cerebro que atañen a la toma de decisiones pueden llegar a despertar un comportamiento impulsivo y agresivo. El abuso de estupefacientes también puede ser una de las causas de TPA. SÍNTOMAS Si bien la sociopatía es más común entre los hombres que en las mujeres, no existen barreras de ninguna clase para padecerlo. Pero para ser diagnosticado, la persona debe tener al menos 18 años de edad aunque, por lo menos, desde los 15 años ya puede presentar algunos síntomas para que el trastorno sea dictaminado con precisión. Entre las características más comunes del TPA se encuentran la ausencia de empatía, de miedo y remordimiento, también una visión de la autoestima distorsionada, una constante búsqueda de nuevas sensaciones (que pueden llegar a extremos insólitos), la deshumanización de la víctima o la falta de temor a las consecuencias. El egocentrismo, la falta de responsabilidad, la extroversión, el exceso de hedonismo, altos niveles de impulsividad, o la motivación por experimentar sensaciones de control y poder también son muy comunes. Este tipo de psicosis no se relaciona con ataques de pánico o con esquizofrenia. TRATAMIENTO Las personas con trastorno de personalidad antisocial no logran admitir que están frente a un problema que debe ser tratado. Es por ello que es fundamental que exista un estímulo externo que les permita aceptar dicha condición. Puede venir desde la propia familia como también desde la justicia, que le ordene un tratamiento en vistas de los problemas que le puede acarrear. Este trastorno puede agravarse, en algunos casos, especialmente cuando la persona a tratar tiene como hábito el consumo de drogas. Muchos tipos de terapia pueden colaborar a sobrellevar de mejor modo la enfermedad. Dentro de la órbita psiquiátrica, los medicamentos se usan para combatir síntomas específicos, como la agresividad y la irritabilidad. Los fármacos conocidos como “antipsicóticos” han demostrado tener éxito en el tratamiento del trastorno. CONSECUENCIAS De no ser tratado a tiempo, el trastorno de personalidad antisocial puede acarrear graves consecuencias no sólo para la persona que lo padece sino también para las personas que puedan verse afectadas por estos comportamientos. El TPA no solo puede generar aislamiento o desprecio hacia las demás personas y normas, sino que puede alcanzar ribetes mucho más drásticos. El sociópata, al igual que el psicópata, es imputable y plenamente consciente de sus actos. Pero sus impulsos y la necesidad de satisfacer sus deseos hacen que no le importen los metodos que tenga que emplear para lograrlo. Hay recordar que el TPA, una vez desarrollado con cierta intensidad, conlleva agresiones de todo tipo que pueden dirigirse hacia personas (o animales) pero también hacia bienes materiales, derivando en robos, destrucción de la propiedad o violaciones graves a las reglas de convivencia en sociedad. Por esto mismo es que se transforma en un hecho de suma importancia el buscar un tratamiento adecuado para el trastorno. No solamente para colaborar con la persona que lo sufre, sino también para salvaguardar a quienes se puedan ver afectados. La relación entre la inteligencia y la maldad La gente malvada con una inteligencia normal intenta cuidadosamente hacer lo mejor posible por inmiscuirse en la sociedad buena. Esto los aísla y protege de que la gente buena reaccione enfadada; ¿quién se atrevería a criticarlas tan duro como critican a los malvados menos inteligentes? En efecto, la gente mala con un nivel normal de inteligencia logra mezclarse tan exitosamente con la sociedad que sus afirmaciones, objetivos y cultura se han convertido en algo 'normal' y 'aceptado'. Por ejemplo, la tira cómica 'Miss Peach' es un ejemplo de la conducta y las acciones de la gente mala con un nivel normal de inteligencia. El comportamiento de agresión pasiva que consiste en "rebajar", insultar, "hablar por detrás" son conductas típicas de la gente mala de inteligencia normal. Todas estas actitudes son tan comunes que mucha gente buena las adopta como maneras razonables de comportarse; pero no lo son. Son tan malas como puede ser cualquier otra cosa. La gente mala de inteligencia normal es, de lejos, el tipo de gente mala más común con la cual se topa la mayoría de la gente. El estrés en la vida de la mayoría de la gente proviene de la interacción con gente malvada de inteligencia normal. El propósito de la persona malvada promedio es hacer que la vida de la gente que la rodea sea lo más miserable posible, sin hacer lo suficiente como para atraerse la retribución que se merecen. Un escalón más arriba se encuentra la persona malvada con una inteligencia por encima del promedio. Esta gente tiene un propósito similar al de la gente mala de inteligencia promedio: la producción de miseria humana. Sin embargo, ve la oportunidad de hacer algo que la gente malvada de inteligencia normal no sabe concebir: asesinar a alguien y salirse con la suya. Comprenden que la manera de asesinar a alguien y salir indemnes es no darle importancia a quién matan, cómo lo matan, o cuándo lo matan. Estas personas preparan todo para que alguien muera 'accidentalmente' y esperan a que se den tales circunstancias. Esto nos deja con aquéllos que son malvados y de una inteligencia mayor. La mayoría de la gente también está familiarizada con esta clase de personas; los llamamos líderes, tanto en la industria como en el gobierno. Es el propósito de tales personas asesinar a las masas y salirse con la suya. Un ejemplo mostrará cómo lo planean: Si analiza la guerra en Vietnam, nada tiene mucho sentido; ni desde el punto de vista político, ni económico y mucho menos, desde una perspectiva militar. Examinemos el famoso caso de 'Hamburger Hill'; un campo de batalla en la guerra de Vietnam. En este conflicto las fuerzas estadounidenses se abrieron camino hasta lo alto de una colina luchando contra una oposición feroz. Una vez que se hubieron apoderado de la colina, los soldados recibieron la orden de *volver marchando hacia abajo* y de devolver la colina a la oposición. Repitieron este acto varias veces. La razón dada fue que las fuerzas estadounidenses estaban cansando al enemigo forzándolo a luchar repetidamente. Pero claro, la estrategia militar convencional consiste en agotar al enemigo intentando que vuelvan a tomar la colina por la fuerza, en lugar de devolvérsela sin chistar. La estrategia de 'Hamburger Hill' es totalmente ilógica, a menos que uno asuma que muy arriba en el gobierno estadounidense se encontraba una persona malvada muy inteligente cuyo fin era asesinar a decenas de miles de personas y salir indemne. Si se la ve de esta manera, toda la guerra de Vietnam toma otro enfoque y pasa a cobrar sentido. Según mis conocimientos, esa es la *única* explicación que hace que la guerra tenga sentido. Fuente: http://sussanamaraselva.blogspot.com http://psicopatia-narcisismo.blogspot.com
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