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ALFONSINA STORNI









BUENO AMIGOS RECORDAR HOMENAJEAR

,A UNA MUJER

SUS POEMAS Y SU MAR


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una de nuestras poetisas más románticas y combativas, feminista impenitente sin perder jamás su feminidad; quien se suicidó a los cuarenta y seis años en Mar del Plata, para morir, como sus heroínas, sumergida entre las olas del mar











Hace 70 años, la poetisa suizo-argentina Alfonsina Storni se arrojó al mar y con su muerte dio vida a uno de los mitos más románticos y trágicos de la historia de la literatura hispánica.
Maestra, actriz, periodista, escritora y madre soltera, derritió el cemento de la Buenos Aires del siglo XX con sus versos y desafió todos los prejuicios.

Quien lee la obra de Alfonsina Carolina Storni (así reza su partida de nacimiento extendida el 22 de mayo de 1892, en Sala Capriasca, cantón Tesino) puede vislumbrar a la mujer que hay detrás de la poesía:







Una mujer de principios de siglo que escribe con una voz femenina y potente, que es sensual, pasional y cerebral, al mismo tiempo que contradictoria y anímica. Una mujer fuerte y débil a la vez, que trasluce las escenas clave de su historia, sin excederse ni esconderse del todo.
La artista que aunque menuda fue 'loba' para defender a su cría y que supo coquetear con las letras rozando lo que muchos, en su época, creían indecente...










La producción literaria de Storni tiene la misma valentía que su vida, ya que algunos de sus más famosos poemas, cuyos contenidos sirvieron de reivindicación y de bandera a las mujeres de toda una época, aunque hoy estén pasados de moda, sirven como modelo de análisis de la sociedad de entonces. Y la fascinación que ha ejercido sobre los lectores sigue vigente. De ahí que Félix Luna y Ariel Ramírez hubieran creado esa canción tan bella llamada “Alfonsina y el mar”.














Alfonsina Storni era hija de suizos establecidos en la provincia de San Juan. Cuando regresan a Suiza por un breve período, nace en Sala Capriasca Alfonsina, en 1892. Cuando ella contaba cuatro años de edad, sus padres regresan a San Juan, Argentina, de dónde emergen sus primeros recuerdos.



Pasados escasos años, su padre se suicida y la vida familiar se empobrece y se desarrolla con grandes dificultades. Contando con solamente trece años, en un cuerpo que parece mayor, comienza a trabajar como actriz. Luego, abandona la actuación y estudia magisterio; se convierte así en una maestra rural que cosechá un gran éxito dentro de la comunidad provincial. Esto le permite relacionarse con revistas literarias donde comienza a publicar sus poemas.




En 1912, cuando cuenta con 20 años, se convierte en madre soletera y se instala en Buenos Aires. Alfonsina no se esconde y tampoco se avergüenza de sus circunstancias, lo que supone un claro desafío a la pacatería reinante en la sociedad de la época; sobre todo, porque la situación se vio agravada por el hecho de que el padre de la criatura era en ese momento un hombre casado. (Cuando años después, él quiso unir su vida a la de ella, fue rechazado, tal como de alguna manera lo deja entrever en su poema “El racimo inocente”).



La maternidad en soledad le impone deberes insoslayables y trabaja como cajera alternando su trabajo con sus colaboraciones en revistas. Más tarde, se emplea como Profesora en la prestigiosa Escuela Normal de Lenguas Vivas; todo ello sin dejar nunca de escribir y de vivir apasionados romances con grandes escritores del momento. Al parecer, Horacio Quiroga, el gran cuentista, cuya vida estuvo signada por la muerte, y transparentada a través de sus magníficas descripciones y cuentos desarrollados en Misiones, fue uno de ellos.



El éxito total le llega a los treinta y un años de vida, cuando la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina y pulsaba la opinión de los lectores, realizó una encuesta donde preguntaba acerca de quiénes eran los tres o cuatro poetas argentinos de más de treinta años, más respetados y admirados. Alfonsina es uno de los elegidos, y apenas había cumplido los treinta y uno. Tal reconocimiento se debió probablemente a que su libro Languidez, publicado en 1920, había obtenido dos prestigiosos premios: el primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo premio Nacional de Literatura. Desde entonces, su fama no cesará de acrecentarse.



Fue amiga y discípula de los más grandes poetas, artistas, escritores y pensadores de lengua castellana de la época, entre otros: Gabriela Mistral, Juana de Ibarborou, José Ingenieros, Amado Nervo, Emilio Centurión, Benito Quinquela Martín, Norah Lange, Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, Manuel Gálvez, Julio Herrera y Reissing, Rubén Darío u Horacio Quiroga. A este último, como dijimos, se le liga sentimentalmente a Alfonsina; el genial escritor estuvo marcado por el destino de sucesivos suicidios familiares, había partido a un rincón misionero con el afán de escribir, vivir y emprender un negocio en su paraíso propio. Al tiempo de su aventura amorosa con nuestra poetisa, Quiroga era ya un literato que había dado a luz sus mejores creaciones, como Cuentos de la Selva, Anaconda o El Desierto. Otro destacado intelectual que trabó amistad con Alfonsina fue Federico García Lorca, a quien había conocido en las famosas peñas celebradas en el “Café Tortoni” y a quien dedicó un bellísimo poema.



Durante años, esta mujer intervino en la lucha gremial de forma apasionada e intensa, y fue parte en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores.



En mayo de 1935, Alfonsina es operada de un cáncer de pecho. Al año siguiente, se suicida Horacio Quiroga, a quien ella le dedica un poema que resulta una profecía de su propio final: las almas melancólicas, por muy combativas que sean, siempre coquetean con la idea de la muerte y luego la ponen en acto.



El 23 de enero de 1938, Alfonsina recibe con gran alegría la invitación del Ministerio de Instrucción Pública del Uruguay para participar en un evento que la convocará junto a las otras dos grandes poetisas americanas del momento: Juana de Ibarborou y Gabriela Mistral. Meses después, aparecerían sus libros Mascarilla y Trébol y una Antología poética con los poemas preferidos por ella. La enfermedad la sumergió entre la incertidumbre y el miedo debido a la reincidencia del mal que la aquejaba.



Viaja a Mar del Plata el día 23 de octubre y en la madrugada del día 25, tal como la heroína de su exquisito poema Dolor, se hunde en el mar.












Cualquier lector puede reconstruir su vida a través de sus poemas sin necesidad de leer su biografía. En Dolor anticipa como le gustaría que fuera su muerte. En Duerme tranquilo, hallamos un irónico y dolido reproche investido de poesía al que fue el padre de su hijo. El Racimo Inocente relata el rechazo a este hombre cuando pasado muchos años quiso reparar el daño y casarse con ella, porque ya la protagonista ha vivido otros amores. En Presentimiento, hay una especie de profecía de lo que intuye durará su vida. En “Carta lírica a otra mujer” expresa sin envidia la suerte de ser la otra, la elegida, y no ella misma. “Tú me quieres blanca” muestra la recriminación a uno de sus amores, mujeriego contumaz, por el hecho de que para casarse buscara a una mujer virgen, como era de uso en esa época ( tan cercana y lejana al mismo tiempo de la nuestra). Así, al igual que Sor Juana, reprocha y ama, ama y reprocha, a esos hombres que la hacen sufrir. En fin, todos sus poemas hablan del amor, del dolor y de todas esas cosas....




Alfonsina Storni nunca se casó. A pesar de tantos amores, nadie la amó lo suficiente; además, sin sentir ella verdaderamente amor, no aceptaba tampoco el casamiento.



Su hijo, afamado médico marplatense, ha participado activamente en innumerables homenajes a su madre.











Cuando vayan a Mar del Plata, no dejen de ver, frente a la playa La Perla, el sitio donde la ciudad le rinde homenaje a esta mujer en una escultura de piedra, donde se la recuerda, vestida de espuma, hundiéndose en el mar.











Personalmente cuando veo el monumento en Mar del Plata en su homenaje, vuelve a mi mente sus poemas y su vida.













SU HIJO









Entrevista con Alejandro Storni 2003





El día 15 de junio de 2003 me entrevisté una vez más con el hijo de Alfonsina Storni.
El lugar de encuentro fue el Café Tortoni, el sitio donde Alfonsina brillara durante inolvidables noches.
Una atmósfera cálida me envolvió mientras, como viajera perdida en el tiempo, recorrí la vida de esta mujer a través de las invalorables palabras de su hijo.
No necesité moverme de ese espacio para reconocer la magia que inspiró aquella vida, plagada de buenos momentos pero también de un sinnúmero de desilusiones.
Con sus palabras tuve una vez más, la certeza de que Alfonsina marcó surcos en el difícil camino de vivir, y dejó junto a su paso una estela de utopías como sólo los grandes pueden hacerlo.........CCS


"...yo me eduqué así por ser el hijo de Alfonsina Storni..."
[ ver texto-2003 ] [ ver fotos-2002/3 ] [ escuchar su voz-2002 ]

"...mi reconocimiento a su generosidad..."
[ ver poesia-2003 ]











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Alfonsina Storni



(Sala Capriasca, Suiza, 1892 - Mar del Plata, Argentina, 1938) Poetisa argentina de origen suizo. A los cuatro años se trasladó con sus padres a Argentina, y residió en Santa Fe, Rosario y Buenos Aires. Se graduó como maestra, ejerció en la ciudad de Rosario y allí publicó poemas en Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Se trasladó luego a Buenos Aires y fue docente en el Teatro Infantil Lavardén, en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y en 1917 se la nombró maestra directora del internado de Marcos Paz.

Alfonsina Storni comenzó a frecuentar los círculos literarios y dictó conferencias en Buenos Aires y Montevideo; colaboró en las revistas Caras y Caretas, Nosotros, Atlántida, La Nota y en el periódico La Nación. Compartió además la vida artística y cultural del grupo Anaconda con Horacio Quiroga y Enrique Amorín y obtuvo varios premios literarios.

En la década de 1930 viajó a Europa y participó de las reuniones del grupo Signos, donde asistían figuras importantes de las letras como Federico García Lorca y Ramón Gómez de la Serna. En 1938 participó en el homenaje que la Universidad de Montevideo brindó a las tres grandes poetas de América: Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y ella misma. Ese año, el 25 de octubre, víctima de una enfermedad terminal, decidió suicidarse en Mar del Plata.

Madre soltera, hecho que no era aceptable en su época, fue sin embargo la primera mujer reconocida entre los mayores escritores de aquel tiempo. Su trayectoria literaria evolucionó desde el Romanticismo hacia la vanguardia y el intimismo sintomático del Modernismo crepuscular. El rasgo más característico de su producción fue un feminismo combativo en la línea que se observa en el poema Tú me quieres blanca, el cual se halla motivado por las relaciones problemáticas con el hombre, decisivas en la vida de la poetisa.









SUS OBRAS



Alfonsina Storni se divide en dos etapas: a la primera, caracterizada por la influencia de los románticos y modernistas, corresponden La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920) y Ocre (1920).



La segunda etapa, caracterizada por una visión oscura, irónica y angustiosa, se manifiesta en Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Hizo también incursiones en la dramaturgia: en 1927 estrenó en el Teatro Cervantes El amo del mundo y en 1931 aparecieron Dos farsas pirotécnicas, que incluían Cimbellina en 1900 y pico y Polixena y la cocinerita. En 1950 se editó Teatro infantil, pero varias de sus obras para niños permanecen inéditas. En 1936 colaboró en el IV centenario de la fundación de Buenos Aires con el ensayo Desovillando la raíz porteña.







Obras de Alfonsina Storni:


La inquietud del rosal, 1916.

El dulce daño, 1918.

Irremediablemente, 1919.

Languidez, 1920.

Ocre, 1925.

Poemas de amor, 1926.

El amo del mundo: comedia en tres actos. 1927.

Mundo de siete pozos, 1934.

Mascarilla y trébol, 1938.

Antología poética, Buenos Aires, Espasa Calpe Argentina, 1938.

El dulce daño, 1920.

Dos farsas pirotécnicas, 1932.

Irremediablemente, 1919.

Cinco cartas y una golondrina, Buenos Aires, Instituto Amigos del
Libro Argentino, 1959.

Antología poética, selección de Alfredo Veirave, Buenos Aires,
Centro Editor de América Latina, 1968.

Poesías completas, 1968.

Poesías. Selección de poesías de Alejandro Alfonso Storni, Buenos Aires,
Sociedad Editora Latinoamericana, 1990.

Antología mayor, selección y edición Jesús Munárriz, Madrid, Hiperión, 1997.

Nosotras y la piel: selección de ensayos, 1998.

La caricia perdida, Colección dirigida por Ana María Moix,
selección Esther Tusquets, Barcelona, Plaza & Janés, 1999.

Antología poética. Selección y edición Cristina Bast Gras; prólogo
y presentación, Francesc Ll. Cardona. Barcelona: Edicomunicación,
1999. 219 páginas.






















La caricia perdida


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?










Frente al mar


Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.










Dolor



Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.










¿Cómo murió Alfonsina Storni?




La canción misma habla de una mujer que sufre y que decide marcharse “vestida de mar”, y el mito ha establecido que la autora de El dulce daño caminó aguas adentro hasta ahogarse, víctima de una depresión amorosa. Una muerte más poética, imposible. Pero lo cierto es que no fue así como ocurrió: ni caminó aguas adentro ni se suicidó por mal de amores.

En la exposición del Centro Virtual Cervantes está este artículo de Guzmán Urrero Peña que aclara el asunto. La depresión de Alfonsina sí era real, pero su motivo era el cáncer que tres años antes le había arrebatado un seno durante una operación quirúrgica. Y su muerte en el mar también fue real pero, en lugar de caminar aguas adentro, Alfonsina se lanzó desde el espigón —un macizo saliente en la costa— de la playa La Perla, en Mar del Plata, y su cuerpo fue hallado a la mañana siguiente por dos obreros que pasaban. En el lugar se ha erigido el monumento de la foto que encabeza esta nota, al que cada 25 de octubre se acercan cientos de personas a honrar la memoria de Alfonsina.

Al respecto reflexiona Urrero Peña:

Hay mucho secreto en el suicidio de un poeta. El lector busca ingredientes extraordinarios en ese hormigueo penoso que empuja al creador más allá del abismo. Por esta senda, triunfa el cliché romántico. Es inevitable, por consiguiente, relacionar la desolación marina de Storni con los motivos literarios que desgrana su biógrafa, Josefina Delgado: la naturaleza, “potente y que despierta todos los instintos”, que “se funde con la mujer y le dice que tiene un cuerpo y que debe oírlo”.

Aun otro mito rodea a Alfonsina y es su postura feminista, manipulada a lo largo de los años, algunas veces por desconocimiento y otras por el puro interés de sumar nombres mayúsculos a las causas propias. Lo comenta Alberto Acereda en este trabajo:

…las críticas del feminismo radical (y el adjetivo es importante) no cesan en su intento de dar una falsa idea de erudición presentando la obra de Storni (y lo mismo de cuantas poetas salgan a su paso) dentro de un galimatías crítico-teórico plagado de pura demagogia. (…) Pero basta leer la poesía de Alfonsina Storni para comprobar el mito falseado del feminismo más burdo. En la Storni está el yo de mujer, el sentimiento encarnado de la hembra que aboga por la igualdad con el varón pero que confiesa también, sin escrúpulos, la necesidad del hombre como compañero.

¿Qué importancia tiene saber la verdad, o las verdades, sobre Alfonsina Storni? Seguramente ninguna. Solemos preferir los mitos porque en ellos podemos moldear nuestra imagen del mundo, arrancarle esa costra de roñosa realidad que lo reviste.






El poeta escribe para un futuro que no va a conocer.

Roger Wolfe




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