Hola les traigo un articulo interesante sobre esta organización que crece fuerte en varios países. Sabias quien la financia?, sabias que reciben ordenes y tienen una disciplina estricta que no permite el debate ni las discusiones de los trasfondos políticos que causan la pobreza estructura?l. No sera una estrategia sistemica para desviar la atención y la ganas de cambiar las cosas de quienes sienten la necesidad de hacer algo para que el mundo no siga siendo tan injusto. Los invito a leer y a pensar estas cuestiones.
Sera inteligencia colectiva? O inteligencia de los de arriba?
- Hola ¿les puedo dar un volante? Somos de la ONG “Un techo para mi país”… ¿nos conocen?
- Sí –respondo yo-, tengo un amigo que milita ahí.
- ¿Cómo “milita”? Nosotros no militamos, nosotros somos voluntarios.
Así comenzó la conversación con dos “voluntarias” que nos ofrecían sus volantes de difusión en las escaleras de la Facultad de Humanidades (UNLP). El segmento Militancia Light ya se ha ocupado de escribir este experimento voluntarioso, autocomplaciente y pretendidamente apolítico. Por mi parte, quisiera profundizar la descripción y polemizar un poco con Aldo F., siempre con espíritu sumante.
Varias son las aristas por donde analizar este fenómeno. En primer lugar, esta ONG se enmarca en lo que el politólogo Sergio De Piero denomina “neobeneficencia”: una práctica que retoma elementos de la beneficencia tradicional como “la ayuda inmediata, la asistencia directa, el rechazo a la política y al conflicto social, y en ocasiones la pertenencia de clase”, y los fusiona“con elementos nuevos como las alianzas con el mundo empresario y una nueva ocupación del espacio público” (De Piero, 2005; pág.116). Así, la organización funciona para sus miembros como un ejercicio de autocomplacencia: “la solidaridad aparece como terapia y entretenimiento”, es una “solidaridad para estar bien con uno mismo” (De Piero; pág.109), y además es vista como una práctica “honesta” y “desinteresada” (voluntaria) en contraposición a“la política concebida como corrupta y saturada de intereses mezquinos” (De Piero; pág.115).
En segundo lugar, hay que entender este fenómeno como un resabio de las políticas neoliberales: el Banco Mundial y los Estados nacionales de Latinoamérica fomentaron, durante los años noventa, la creación de ONG’s y su “participación” en las políticas públicas, como forma de acotar la acción del Estado y la utilización de recursos públicos.
Por otro lado, están las grandes empresas locales y extranjeras que financian las ONG’s, que lavan su imagen frente a la sociedad con el cuento de la “responsabilidad social empresaria”, como así también varios bancos internacionales.
También están las personas famosas, siempre tan dispuestas a la caridad publicitaria aportando su cara junta plata, y lxs socixs o colaboradorxs esporádicxs –a través de colectas- que “se solidarizan” desde la puerta de su casa (de material).
Por otra parte, hay que identificar a lxs ideólogxs del proyecto, que quizás sean varixs: empresarixs, políticxs, religiosxs, representantes todxs de un pensamiento peligrosamente conservador. Y de la mano de estos personajes, es necesario comprender el objetivo y la consecuencia fundamental de este tipo de proyectos: la coartación de la posibilidad del cuestionamiento del sistema por parte de ”lxs techadxs”.
Por último, hay una gran cantidad de “voluntarixs” (sólo en Argentina hay 10.000, según dice el volante) y en ellxs quiero detenerme, recordando otra parte memorable de la charla al pie de las escaleras:
- A mí me ayudó mucho “Un techo…”, yo antes pensaba que a los pobres había que hacerles un cerquito en su barrio y meterles una bomba. Ahora entiendo que eso estaba mal, y me molesta incluso que les digan “negros”.
Cuánto fascismo en pocas palabras, dirán ustedes. Es cierto, pero también es cierto que esa chica hoy no piensa igual que antes, y que puede pensar distinto mañana. Muchos y muchasjóvenes, estudiantes de universidades públicas y privadas y profesionales de clase media seguramente participen “voluntariamente” motivadxs por un cierto “altruismo”, o algo parecido. ¿Son ellxs ideólogxs de la reproducción del sistema capitalista? Seguramente muchxs de ellxs no, sino quienes la ponen en práctica. ¿Son responsables? Claramente sí, pero hay que saber diferenciar. Alcanza con sentarse a charlar para saber cuáles de ellxs están convencidxs y cuáles están influidxs por múltiples factores culturales. A lxs ideólogxs hay que denunciarlxs, a lxs que están confundidxs hay que convencerlxs. ¿De qué? De que su “voluntariado” necesariamente tiene implicancias políticas (y hasta partidarias en ciertos casos) y deben reconocerlas; de que la palabra “donar” es una ficción; de que solidaridad y caridad son cosas distintas; de que las empresas son las culpables de la pobreza; de que al finalizar la colocación de las casas, la desigualdad ni se mosqueó; de que con cada casa le ponen un techo a la posibilidad del reclamo, la organización popular y la rebelión (algo que, en otra medida,también hace el peronismo cuando les da las casas con sus planes de vivienda y estaciona en sus puertas los micros que lxs llevan a las manifestaciones oficialistas, pero ese es otro debate); y, finalmente, convencerlxs de que hay otras formas de construir, que la política no es mala palabra y es una herramienta de transformación; que cualquier acción que no esté de la mano de un proyecto político transformador y no tenga en cuenta la disputa del Estado, tiene un techo (y esto vale también para lxs compañerxs autonomistas).
Y para convencerlxs y sumarlxs a otro tipo de acción colectiva, no alcanza con satirizar. La sátira sirve para la reafirmación ideológica del grupo de “lxs convencidxs”, pero no favorece el convencimiento de lxs demás. Lxs necesitamos también a ellxs y a su “voluntad” para la verdadera transformación de la sociedad, para un proyecto político que dispute las ideas y las instituciones, y si no hacemos un esfuerzo discursivo y militante que colabore con ese objetivo, nuestra militancia satírica en contra de la militancia light, se convierte también en light.
* Aclaración del autor: la utilización de las “x” en el texto es una norma de este medio comunicacional. Adapto mi nota a esas condiciones, pero sin dejar de manifestar mi desacuerdo por tratarse de un mecanismo poco útil en la disputa contra el lenguaje sexista. La igualdad de género en el lenguaje es una lucha fundamental y habrá que poner los mejores esfuerzos y la creatividad colectiva para alcanzarla. Hoy no tengo una solución al problema pero entiendo que tampoco éste se subsana con una letra que no puede ser pronunciada por nadie al momento de su lectura, lo cual nos deja nuevamente bajo el monopolio de las “o” o de las “a”.
Bibliogarfía: De Piero, Sergio. Organizaciones de la sociedad civil, Paidós, Bs. As, 2005
Sera inteligencia colectiva? O inteligencia de los de arriba?
Un techo para (el Conflicto en) mi pais
- Hola ¿les puedo dar un volante? Somos de la ONG “Un techo para mi país”… ¿nos conocen?
- Sí –respondo yo-, tengo un amigo que milita ahí.
- ¿Cómo “milita”? Nosotros no militamos, nosotros somos voluntarios.
Así comenzó la conversación con dos “voluntarias” que nos ofrecían sus volantes de difusión en las escaleras de la Facultad de Humanidades (UNLP). El segmento Militancia Light ya se ha ocupado de escribir este experimento voluntarioso, autocomplaciente y pretendidamente apolítico. Por mi parte, quisiera profundizar la descripción y polemizar un poco con Aldo F., siempre con espíritu sumante.
Varias son las aristas por donde analizar este fenómeno. En primer lugar, esta ONG se enmarca en lo que el politólogo Sergio De Piero denomina “neobeneficencia”: una práctica que retoma elementos de la beneficencia tradicional como “la ayuda inmediata, la asistencia directa, el rechazo a la política y al conflicto social, y en ocasiones la pertenencia de clase”, y los fusiona“con elementos nuevos como las alianzas con el mundo empresario y una nueva ocupación del espacio público” (De Piero, 2005; pág.116). Así, la organización funciona para sus miembros como un ejercicio de autocomplacencia: “la solidaridad aparece como terapia y entretenimiento”, es una “solidaridad para estar bien con uno mismo” (De Piero; pág.109), y además es vista como una práctica “honesta” y “desinteresada” (voluntaria) en contraposición a“la política concebida como corrupta y saturada de intereses mezquinos” (De Piero; pág.115).
En segundo lugar, hay que entender este fenómeno como un resabio de las políticas neoliberales: el Banco Mundial y los Estados nacionales de Latinoamérica fomentaron, durante los años noventa, la creación de ONG’s y su “participación” en las políticas públicas, como forma de acotar la acción del Estado y la utilización de recursos públicos.
Por otro lado, están las grandes empresas locales y extranjeras que financian las ONG’s, que lavan su imagen frente a la sociedad con el cuento de la “responsabilidad social empresaria”, como así también varios bancos internacionales.
También están las personas famosas, siempre tan dispuestas a la caridad publicitaria aportando su cara junta plata, y lxs socixs o colaboradorxs esporádicxs –a través de colectas- que “se solidarizan” desde la puerta de su casa (de material).
Por otra parte, hay que identificar a lxs ideólogxs del proyecto, que quizás sean varixs: empresarixs, políticxs, religiosxs, representantes todxs de un pensamiento peligrosamente conservador. Y de la mano de estos personajes, es necesario comprender el objetivo y la consecuencia fundamental de este tipo de proyectos: la coartación de la posibilidad del cuestionamiento del sistema por parte de ”lxs techadxs”.
Por último, hay una gran cantidad de “voluntarixs” (sólo en Argentina hay 10.000, según dice el volante) y en ellxs quiero detenerme, recordando otra parte memorable de la charla al pie de las escaleras:
- A mí me ayudó mucho “Un techo…”, yo antes pensaba que a los pobres había que hacerles un cerquito en su barrio y meterles una bomba. Ahora entiendo que eso estaba mal, y me molesta incluso que les digan “negros”.
Cuánto fascismo en pocas palabras, dirán ustedes. Es cierto, pero también es cierto que esa chica hoy no piensa igual que antes, y que puede pensar distinto mañana. Muchos y muchasjóvenes, estudiantes de universidades públicas y privadas y profesionales de clase media seguramente participen “voluntariamente” motivadxs por un cierto “altruismo”, o algo parecido. ¿Son ellxs ideólogxs de la reproducción del sistema capitalista? Seguramente muchxs de ellxs no, sino quienes la ponen en práctica. ¿Son responsables? Claramente sí, pero hay que saber diferenciar. Alcanza con sentarse a charlar para saber cuáles de ellxs están convencidxs y cuáles están influidxs por múltiples factores culturales. A lxs ideólogxs hay que denunciarlxs, a lxs que están confundidxs hay que convencerlxs. ¿De qué? De que su “voluntariado” necesariamente tiene implicancias políticas (y hasta partidarias en ciertos casos) y deben reconocerlas; de que la palabra “donar” es una ficción; de que solidaridad y caridad son cosas distintas; de que las empresas son las culpables de la pobreza; de que al finalizar la colocación de las casas, la desigualdad ni se mosqueó; de que con cada casa le ponen un techo a la posibilidad del reclamo, la organización popular y la rebelión (algo que, en otra medida,también hace el peronismo cuando les da las casas con sus planes de vivienda y estaciona en sus puertas los micros que lxs llevan a las manifestaciones oficialistas, pero ese es otro debate); y, finalmente, convencerlxs de que hay otras formas de construir, que la política no es mala palabra y es una herramienta de transformación; que cualquier acción que no esté de la mano de un proyecto político transformador y no tenga en cuenta la disputa del Estado, tiene un techo (y esto vale también para lxs compañerxs autonomistas).
Y para convencerlxs y sumarlxs a otro tipo de acción colectiva, no alcanza con satirizar. La sátira sirve para la reafirmación ideológica del grupo de “lxs convencidxs”, pero no favorece el convencimiento de lxs demás. Lxs necesitamos también a ellxs y a su “voluntad” para la verdadera transformación de la sociedad, para un proyecto político que dispute las ideas y las instituciones, y si no hacemos un esfuerzo discursivo y militante que colabore con ese objetivo, nuestra militancia satírica en contra de la militancia light, se convierte también en light.
* Aclaración del autor: la utilización de las “x” en el texto es una norma de este medio comunicacional. Adapto mi nota a esas condiciones, pero sin dejar de manifestar mi desacuerdo por tratarse de un mecanismo poco útil en la disputa contra el lenguaje sexista. La igualdad de género en el lenguaje es una lucha fundamental y habrá que poner los mejores esfuerzos y la creatividad colectiva para alcanzarla. Hoy no tengo una solución al problema pero entiendo que tampoco éste se subsana con una letra que no puede ser pronunciada por nadie al momento de su lectura, lo cual nos deja nuevamente bajo el monopolio de las “o” o de las “a”.
Bibliogarfía: De Piero, Sergio. Organizaciones de la sociedad civil, Paidós, Bs. As, 2005