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El gladiador del medio campo: giunta

InfoFecha desconocida
Hola muchachos, hace rato tenia ganas de hacer un post de este gladiador del medio campo, de este asesino serial de tibias, perone y lo que se cruse por delante, este tipo si que juega por amor al futbol y la camiseta, ACLARO QUE NO SOY DE BOCA, pero me gustaba como era dentro de la cancha, porque hay que reconocer que no era ningun virtuso con la pelota ni mucho menos, pero lo que tenia de habilidad lo tenia de garra....

Ficha Técnica
Nombre: Blas Armando Giunta
Posición: Volante
Lugar de Nacimiento: Capital Federal, Buenos Aires.
Fecha: 06/09/63

Trayectoria: San Lorenzo (1983-1984), Cipolleti de Río Negro (1984-1985), Platense (1985-1986), San Lorenzo (1986-1988), Murcia -España- (1988-1989), Boca Juniors (1989-1993), Toluca -México- (1993-1995), Boca Juniors (1995-1997), Ourense -España- (1997-1998), Defensores de Belgrano (1998-1999).

Nacido en Capital Federal, Buenos Aires, el 6 de Septiembre de 1963, este rústico volante está grabado a fuego en el corazón del hincha de Boca Juniors. El clásico “Huevo, Huevo, Huevo, Giunta, Giunta, Giunta” aún lo emociona. Se lo ha ganado.
Ese reconocimiento de la parcialidad auriazul a un mediocampista de mucho temperamento, personalidad y entrega no es por casualidad. Es por lo que Blas Armando Giunta dejó dentro de los campos de juego, no solo en la Bombonera.
Sus inicios en el fútbol barrial fueron en el equipo “Bomberos de La Matanza”, para de ahí pasar a Liniers (equipo de Primera “D”) y posteriormente, con el pase en su poder, fichar en San Lorenzo de Almagro. En 1988 lo compra el Zaragoza y lo cede al Murcia (España) para retornar al país y recalar en Boca Juniors en donde se consagra como ídolo de la “12” y logra la Supercopa 1989, la Recopa Sudamericana 1990, la Copa Masters 1992 y el Torneo Apertura 1992.
En 1993 se va a México donde jugará por dos años en el Toluca y un nuevo regreso a su amado Boca Juniors, hasta 1997, año en que se va al Ourense (España).
En 1999 se retira del fútbol jugando en el ascenso argentino con Defensores de Belgrano.
Al ser un claro ejemplo del futbolista que se convierte en ídolo sin más atributos que su corazón, y por una personalidad graciosa y desenfadada, esto lo hace simplemente quedar grabado en la retina de los fanaitocs del futbol ( nunca dije buen futbol, aclaro).







FRASES QUE QUEDARON EN LA HISTORIA DEL GLADIADOR

"Cuando el equipo pierde, no vivo."

"Soy un jugador entrenando y otro adentro de la cancha. A mis compañeros no les hago sentir el rigor."

"Al hueso (frase que describe claramente donde entrarle a un rival)".

"Los plateístas que vengan todos acá, uno por uno, yo laburo todos los días acá, que me vengan a buscar si me tienen algo que decir que yo los voy a atender."

"Cuando íbamos en el micro desde el hotel a la cancha y pasábamos por Casa Amarilla, veíamos a la gente, a toda esa marabunta. Yo me motivaba, me creía que era He-Man, que era un gladiador."

“En las más difíciles, en los partidos más importantes, siempre estaba ahí. Cobrando, no cobrando… En buenos momentos, en malos. A mí nunca me dolía nada”


“No me echaban mucho. Yo creo que parecía más de lo que me rajaban. Yo era más de amarilla. Tenía buena relación con los árbitros y me daban una chance más. Lo mío era pegar sin mala leche”

“Antes de entrar a la cancha yo me motivaba, me creía que era He-Man. “Ahora, cuando esté adentro de la cancha, los tengo que matar”, pensaba. “Soy un gladiador y los tengo que matar”.

“Si la cancha estaba embarrada era lo mejor que me podía pasar. Me podía deslizar mucho mejor. Y los agarraba en el viaje con el tackle deslizante, no tenía drama.”


¿Tiraste un caño alguna vez? “Sí, cuando laburé de plomero”

“Hoy puedo decir que les pegué a todos. De mí no se salvó nadie”

Blas Giunta según Latorre

"Es un tipazo. He tenido muy buenos compañeros pero pocos como Blas... Me defendía en las prácticas. Cuando a alguno se le iba una patada, saltaba. Decía: "Pará que Diego nos tiene que hacer ganar plata el domingo"




ANECDOTAS DEL GUERRERO

*** Al “Chino” Tapia lo volvíamos loco… A “Corky” Mac Allister, también. Un día se calentó, vino y me tiró los mocos en la comida. Pasa que el Colorado ya estaba harto de que lo jodiéramos. Le decíamos que tenía los brazos cortos y que no podía hacer los laterales. Pero yo no me calenté, me cagué de risa y pedí que me cambiaran el plato.
A Neffa también lo matábamos. Sólo quería el dulce de leche, el “Gordo” Neffa. En Unión, todos decían “mirá, cómo le pega, tiene un cañón”. Cuando vino a Boca, le decíamos: “Dale, gordo dulce de leche, hijo de puta. Ni te acercás a patear los tiros libres. Ahora pateá, la concha de tu madre”. Y en el medio del partido le gritábamos “¡dale, gordo de mierda! ¡Largá el dulce de leche!”. Y también lo imitábamos al Maestro Tabárez: “Este muchacho Saturno es impresionante. Es el impredecible”, decía. Después a Saturno le pusimos “Larva”, por el personaje de Pergolini.


*** Siempre llevaba un revólver encima. Sabía tirar porque íbamos a cazar, con Marchesini, con Stafuza, con Cucciuffo... Lo llevaba cargado, sí. Pero todos teníamos un arma encima, eh, cada uno tenía su bazooka. Una vez, en San Lorenzo, me vinieron a apretar porque yo jugaba por el 20 por ciento. Lo vi a Goycochea, que estaba por ir al Ciclón y se había ido a hacer la revisación médica, y le dije: “Goyco, prestame la matraca”. Y salí de la práctica con el caño. ¡No se me acercó nadie! Andábamos todos con matraca o con una escopeta…

*** Una vez, en un entrenamiento, me rompieron la oreja. Estábamos jugando y un boludo me pisó. Yo sentía la parte de atrás colgando y despegada. El médico vino, me puso anestesia y me dijo que tenía todo partido. Claro, nadie quería decir quién me había pisado, se hacían los boludos. Cuando se me fue el efecto de la anestesia, me seguí entrenando, porque no le quería dar espacio a nadie, no quería perder el tren. Pero cuando corría, sentía que me ardía mal. Entonces le dije: “Che, tordo, me duele mucho acá atrás. Abro la boca y siento que se me raja todo”. Me miró y me vio toda la oreja despegada. “Te tengo que poner anestesia otra vez”, me decía. ¿Qué anestesia? Coseme así, como está. Dale, loco. Dale porque no da para más. Dejate de joder con la anestesia”, le contesté. Me cosió y seguí entrenándome toda la tarde. Yo era así. El fútbol era lo más sagrado del mundo.

*** "Que hacés nene? Querés morir en este instante?"
Se lo dijo Blas Armando Giunta al Mono Burgos en un Boca-Ferro.
Así lo cuenta él: "Se me tiró mal. Yo me acuerdo que quedó la pelota boyando y fui como loco para meter el gol, y en eso lo vi venir al Mono, que salió como para matarme, pero meter el gol era más importante que cuidar mi vida. Burgos se me tiró con las piernas en plancha, y ahí yo se la metí por abajo. Me partió las dos canilleras. Y ahí le dije: "''¿Qué hacés, nene, querés morir en este instante?". Esa frase quedó instalada. Yo lo puteé con todo y él se quedó mudo, porque era un pibe. ¡Y encima el árbitro anuló el gol por offside y me sacó amarilla!.





ENTREVISTA EN EL GRAFICO
( dejo las preguntas mas importantes o mas divertidas, porque son 100 preguntas , te vas aburrir de leer)
¿Trabajabas? Sí, en una fábrica de guitarritas, a tres cuadras de mi casa, en Ramos Mejía. Y después laburé de plomero. Tenía que hacer muchas canaletas. Eso me mataba, porque quería jugar a la pelota y terminaba muerto, me iba a joder los meniscos laburando así, martillando. Y además siempre me daba en la mano, un dolor terrible. Se complicaba, ¿viste?

“Soy un jugador entrenando y otro adentro de la cancha. A mis compañeros no les hago sentir el rigor”. Eso lo dijiste hace 15 años. Sí, pasa que siempre me entrené bien, fui un tipo muy profesional, pero me parecía que en los entrenamientos si podía evitar la pierna fuerte, lo hacía. Porque eran compañeros míos y porque teníamos que defender la guita después. Pero cuando jugaba, me transformaba. Si me tiraban un caño en un entrenamiento, los aplaudía. En cambio, si era en un partido, lo tomaba de otra manera: lo tenías que matar.

“Cuando el equipo pierde, no vivo”. Esa también es tuya… Sí, muy triste era. Es que yo lo vivo así al fútbol. Disfruto de las alegrías y en las derrotas sufro mucho. Por eso no me gusta perder, no quiero perder a nada. Las derrotas me las llevo conmigo y me hacen muy mal. Una muy fea fue cuando perdimos la final con Newell’s, en 1991. No lo merecíamos y eso me quedó muy adentro. Pero ojo: a mí me pasa con ese partido y con todos los partidos que jugué. Todo era… morir.

¿Qué te acordás del partido contra Colo Colo? Nos manotearon mal. El segundo gol que nos hacen fue en offside, y nosotros habíamos errado un gol de Batistuta, mano a mano, con Latorre al lado. Encima, después se nos lesiona Abramovich, que estaba jugando bárbaro. Lo teníamos ahí, sabíamos que lo podíamos ganar. Y sentíamos que éramos campeones de la Libertadores. El quilombo surge porque a Apud lo tiran a la fosa cuando va a buscar la pelota…

Y ahí se transformaron… Imaginate. Vemos que lo tiran a la fosa y salimos a buscarlos. A Yáñez, que había tirado la pelota lejos, yo lo quería matar. Le tiré una patada y no lo agarré, si no… Y después se armó. Los periodistas empezaron a pegarnos con las cámaras. Me acuerdo de que el Maestro Tabárez estaba separando y se comió un golpe terrible. Y cuando se calentaba el Maestro, chau… Se puso como loco. Después a Hrabina le pegaron de atrás y ahí empezamos a correrlos por toda la cancha. Pegamos todos y cobramos todos.

¿Alguno se quedó en el molde? Y… Pico, Simón y Dieguito Latorre acompañaban… (Risas). Pasa que a Dieguito le habían pegado un codazo contra Lanús y le aflojaron los dientes. Pero estaban todos, eh. No es que no pegaban. Después, al Maestro y a mí nos llevaron a la comisaría. Tábarez era tranquilo, pero cuando se tocó la cara y vio sangre, se transformó. Un gran tipo, uno de los mejores técnico que tuve.

El choque de Mascherano el año pasado, cuando Damián Giménez le mete el planchazo en el pecho. ¿Lo viste? Sí, me emocionó. ¿Sabés de esos choques cuántos tuve? Y quizás me reventaba la cabeza, ¿pero de no ir al choque? Ni a palos. En ese momento, adelante.

¿Morán, de Mandiyú, fue el rival más duro que te tocó enfrentar? Me lesionó dos veces, así que imaginate. En el fútbol se conoce quién tiene buena intención y quién no. Morán era jodido. Una vez me fue a pegar y yo levanté el brazo, para taparme, lo vi venir. Y cuando caigo al piso, el tipo cae arriba y se me rompe el hombro. Otra vez me lesionó el tobillo. Perdomo, el uruguayo, también era duro. Nos matábamos.

¿Cómo salían a jugar los clásicos con River? Ellos sabían que iban a perder y nosotros sabíamos que con la camiseta de Boca los comíamos crudos. Ellos nos podían pelotear todo el partido, pero todos sabíamos que después iba a llegar nuestro gol. Teníamos como… no sé… Era como tener la mente superior a ellos en las más difíciles.

¿Y la semana previa a cada clásico? ¿Cómo era? Y… todos metían fichas. Y no sabés cómo entrábamos a la cancha, con una motivación impresionante. Pisábamos el pasto, mirábamos a los morochos y decíamos “a esta gente no le podemos fallar”. Vivíamos pensando en ellos. Mirá, cuando íbamos en el micro desde el hotel a la cancha y pasábamos por Casa Amarilla, veíamos a la gente, a toda esa marabunta. Yo me motivaba, me creía que era He-Man. “Ahora, cuando esté adentro de la cancha, los tengo que matar”, pensaba. “Soy un gladiador y los tengo que matar”.

¿Qué sentías cuando escuchabas el “Huevo, huevo, huevo, Giunta, Giunta, Giunta”? Uhhh, terrible. Podía tener anginas, estar fusilado, pero revivías… Te cantaban y era como que podías dar más o que tenías veinte motores. Cuando ya me pasaban a mí, la gente se empezaba a agarrar la cabeza, ya sufría porque no era común que me dejaran en el camino, era la pelota o el jugador. Entonces me cantaban y me transformaba.

¿Cuál es la patada que más recordás? Al Chino Tapia, cuando él jugaba en Mandiyú. Maranga me había dicho, antes del partido: “Blas, metele una al Chino porque nos va romper las bolas todo el partido”. No lo podía agarrar, estaba muy movedizo… hasta que lo cacé contra el lateral. Le metí un morrazo en el pecho y él, mientras caía, con los brazos abiertos, me decía “Blasito, ¡no me podés hacer estoooo!”. Después le pedí perdón.

¿Y alguno que tenías de punto? Sí: Hernán Díaz. Me encantaba porque yo me golpeaba el pecho y le decía: “Vení, vení para acá, dale, dale”. El jugaba por derecha, o sea la izquierda nuestra. A mí no me importaba, me cruzaba la cancha para ir a buscarlo. ¿Sabés cómo lo agarraba? Pegaba un salto y daba 36 vueltas. Y era un llorón: “¡Ay, ay, ay!”, gritaba. “Dale, ya estáaaa, levantate, maricón”, le decía yo.

Una vez, Passarella le dio la orden al Gallego Vázquez de tirarte un caño. ¿Tanto te odiaba la gente de River?Sí, porque me hacían calentar, era un calentón. Y yo los odiaba a ellos también. Cuando yo jugaba en Boca, veía la camiseta blanca y roja y ya está: me daba odio, el de enfrente era el enemigo número uno.

¿Y con un compañero? ¿Alguna vez le diste a uno de tu equipo? Sí, siempre. Por ejemplo, al Turco Ahmed, en San Lorenzo. El tipo tenía siempre alguien al lado y nunca la pasaba. Y un día lo encaré: “¿Pendejo, por qué no pasás la pelota?”. Estábamos por salir campeones, era un momento importante. Lo puteé en el túnel, se me retobó y le di.

¿El jugador más amarrete que conociste? ¿Qué no le guste gastar? Chiche Soñora. Chiche todavía tiene ahorrado el premio de la Supercopa del 89.






























Bueno amigos espero que les guste el post del gladiador, de un jugador que tendria que ser ejemplo en el futbol, ya que jugaba por amor al futbol y no como muchos jugadores actuales que son mercenarios y les calienta poco y nada la camiseta que visten, saludosssssssssss
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