No estar ni comprometida ni casada ni nada
ya no es sinónimo de quedarse para vestir santos.
Adiós a la clásica solterona. Bienvenidas las solterísimas.
La idea no es convencerlas de que se olviden de sus planes de matrimonio o partan a buscar el mejor abogado de divorcios.
por el solo hecho de ser mujeres, la palabra solterona más de alguna vez nos ha rondado como un fantasma latero. Y esto vale incluso para las casadas en segundas o terceras nupcias. Como sea, en algún momento de nuestras vidas hemos temido convertirnos en la clásica caricatura de la mujer solitaria rodeada de gatos y esclava de sus mañas. De mañas de solterona. Y aunque así no hubiese sido, no falta quien nos haya recordado que “ya está bueno de seguir paveando, mijita, no vaya a ser cosa que se le pase el tren”. ¿Y el famoso tren? ¿Alguien supo alguna vez para dónde iba?
Por fortuna las cosas han cambiado.
Quizás el único momento de gloria para las ‘no colocadas’ ocurrió después de las grandes guerras que asolaron el siglo XX: la comunidad suponía que las señoritas habían perdido a su futuro marido en las trincheras. Así de duro era el panorama hasta que los movimientos feministas de los años 60 y 70 impulsaron nuestra autonomía. Sin embargo, la famosa revuelta para quemar sostenes sólo pareció calmar la ansiedad de una elite de iluminadas que, entre otras cosas, aborrecía la depilación. Mientras tanto, el resto de las mortales seguía esperando con el vestido en la cartera.
Por si acaso.
¿En qué momento llegó entonces la verdadera revolución? Si espera que estas líneas le digan que el momento es ahora, ya, pues se equivocó. Porque si la realidad cambia a pasos agigantados,todavía quedan varios mitos que la ciencia y la simple constatación atmosférica están llamados a romper.
¿Se me pasó el tren? ¡Me voy en avión!
Hay que partir, explican los expertos, por cambiar la opinión que las propias solteras tienen de sí mismas.
Si googlea la palabra solterona ¿con qué se encuentra? Con una infinidad de páginas donde muchas autoras dejan en evidencia que no se aguantan las ganas por llegar al altar, al registro civil o, por último, por conseguir un escaldasono parlante. Un ejemplo de esta desesperación es que en el ciberespacio abundan los foros con preguntas del estilo, “¿A qué edad una comienza a ser solterona?”. Las pesimistas dicen que a los 25 años; las optimistas apuestan por los 50.
Lo paradójico es que, a pesar del discurso oficial que promueve las bondades de una vida de a dos, el número de matrimonios y de interesados en formar una familia va en picada. Según un estudio realizado , a un 43% de las solteras mayores de 30 años, simplemente, no les interesa tener vida en pareja. Y no se trata de que quieran priorizar sus estudios o consolidar sus carreras porque eso lo dan por descontado. Se trata, más bien, de mantener un estilo de vida que les parece más cómodo y libre de ataduras. Por eso no es extraño que el mercado se enfoque cada vez más en la consumidora single, con ofertas que van desde un monono vaso unipersonal para cepillos de dientes, hasta paquetes turísticos que tientan a la viajera solitaria con pasarlo genial compartiendo en el Caribe con las tortugas carey. (Antes la idea era conocer a un homo sapiens para, de alguna forma, perpetuar la especie).
¡Salud!
Uno de los últimos mitos que quedan por ser derribados es que la soltería es sinónimo de mala salud física y mental. De más está decir que las lobas esteparias son regularmente caricaturizadas como criaturas rabiosas y, para peor, enclenques, debido a la falta de un partner que les prepare una limonada llegado el momento. Pero ¡sorpresa!, el mito es falso !
57,3% de las solteras sobre los 30 años se declara
‘feliz’ o ‘muy feliz’,
un porcentaje interesante considerando lo
bueno que somos para quejarnos.
Los únicos preocupados con este panorama son los pobres santos que se quedan sin devotas interesadas en vestirlos.
fuente
ya no es sinónimo de quedarse para vestir santos.
Adiós a la clásica solterona. Bienvenidas las solterísimas.
La idea no es convencerlas de que se olviden de sus planes de matrimonio o partan a buscar el mejor abogado de divorcios.


Por fortuna las cosas han cambiado.
Quizás el único momento de gloria para las ‘no colocadas’ ocurrió después de las grandes guerras que asolaron el siglo XX: la comunidad suponía que las señoritas habían perdido a su futuro marido en las trincheras. Así de duro era el panorama hasta que los movimientos feministas de los años 60 y 70 impulsaron nuestra autonomía. Sin embargo, la famosa revuelta para quemar sostenes sólo pareció calmar la ansiedad de una elite de iluminadas que, entre otras cosas, aborrecía la depilación. Mientras tanto, el resto de las mortales seguía esperando con el vestido en la cartera.
Por si acaso.
¿En qué momento llegó entonces la verdadera revolución? Si espera que estas líneas le digan que el momento es ahora, ya, pues se equivocó. Porque si la realidad cambia a pasos agigantados,todavía quedan varios mitos que la ciencia y la simple constatación atmosférica están llamados a romper.
¿Se me pasó el tren? ¡Me voy en avión!
Hay que partir, explican los expertos, por cambiar la opinión que las propias solteras tienen de sí mismas.
Si googlea la palabra solterona ¿con qué se encuentra? Con una infinidad de páginas donde muchas autoras dejan en evidencia que no se aguantan las ganas por llegar al altar, al registro civil o, por último, por conseguir un escaldasono parlante. Un ejemplo de esta desesperación es que en el ciberespacio abundan los foros con preguntas del estilo, “¿A qué edad una comienza a ser solterona?”. Las pesimistas dicen que a los 25 años; las optimistas apuestan por los 50.
Lo paradójico es que, a pesar del discurso oficial que promueve las bondades de una vida de a dos, el número de matrimonios y de interesados en formar una familia va en picada. Según un estudio realizado , a un 43% de las solteras mayores de 30 años, simplemente, no les interesa tener vida en pareja. Y no se trata de que quieran priorizar sus estudios o consolidar sus carreras porque eso lo dan por descontado. Se trata, más bien, de mantener un estilo de vida que les parece más cómodo y libre de ataduras. Por eso no es extraño que el mercado se enfoque cada vez más en la consumidora single, con ofertas que van desde un monono vaso unipersonal para cepillos de dientes, hasta paquetes turísticos que tientan a la viajera solitaria con pasarlo genial compartiendo en el Caribe con las tortugas carey. (Antes la idea era conocer a un homo sapiens para, de alguna forma, perpetuar la especie).

¡Salud!
Uno de los últimos mitos que quedan por ser derribados es que la soltería es sinónimo de mala salud física y mental. De más está decir que las lobas esteparias son regularmente caricaturizadas como criaturas rabiosas y, para peor, enclenques, debido a la falta de un partner que les prepare una limonada llegado el momento. Pero ¡sorpresa!, el mito es falso !

57,3% de las solteras sobre los 30 años se declara
‘feliz’ o ‘muy feliz’,
un porcentaje interesante considerando lo
bueno que somos para quejarnos.
Los únicos preocupados con este panorama son los pobres santos que se quedan sin devotas interesadas en vestirlos.

fuente