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La libertad y otras enfermedades

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La libertad y otras enfermedades



Muy bueno. Parece mentira pero ya Aristoteles en su obra "La Politica" calificaba a la exaltacion de la juventud como una desviacion a la que llamo " Efevocracia".


La libertad y otras enfermedades


La libertad es un principio muy digno cuando se equilibra con otros (Ley,

Orden, Progreso) pero totalmente siniestro cuando se hipertrofia. Esto es

exactamente lo que sucede en nuestro país.




Por Rolando Hanglin

Los argentinos nos hemos habituado al uso patológico de ciertos valores que, en

sí mismos, son adorables.

En nuestra mente desquiciada, se puede hablar, por ejemplo de “rock nacional”.

Como si el rock-and-roll, una forma típica del folklore norteamericano como el

jazz o el hillbillie, pudiera ser “nacional argentino”, siendo que se toca en

tríos y cuartetos con batería, guitarra eléctrica, bajo y teclados

electrónicos. Es más yanqui que la manteca de maní, y sin embargo, lo hemos

declarado nacional. Esto es como si el gran jazzista gitano y alemán Django

Reinhardt hubiera declarado que acababa de inventar el “jazz gitano” o el “jazz

alemán”.

De alguna manera nos han convencido de que la democracia es una forma de

gobierno “nueva”, inaugurada en nuestro país en el año 1984, cuando en verdad

este sistema político, importado de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos,

fue instalado en 1810. Y desde entonces se viene perfeccionando, con avances y

retrocesos. Pero hubo una cantidad enorme de gobiernos democráticos antes de

1984: Roca, Irigoyen, Alvear, Perón, Frondizi.

La nueva sociedad argentina ha inventado tres valores intocables: la libertad,

la diversión y “ser uno mismo”.

La libertad es un principio muy digno cuando se equilibra con otros (Ley,

Orden, Progreso) pero totalmente siniestro cuando se hipertrofia. Esto es

exactamente lo que sucede en nuestro país.

Un ciudadano decide vivir en la calle, y elige el portal de nuestra casa. Las

instituciones humanitarias de la ciudad vienen a recogerlo para que no pase la

noche al sereno. Pero el ciudadano, ya no marginal sino una especie de beatnik,

decide que no, que prefiere dormir en nuestro zaguán, comer en nuestro zaguán,

cagar en nuestro zaguán -ustedes perdonen- y no hay fuerza pública que pueda

trasladarlo. Porque él es libre.

Diez empleados de la Dirección Impositiva, cuando se les adeudan seis meses de

sueldo no-remunerativo (?) deciden cortar la 9 de Julio, paralizando en un

embotellamiento infernal a un millón de personas. La policía protege a los

manifestantes. Los automovilistas los insultan. Pero se está ejerciendo la

libertad, ante todo. ¡Somos libres y hacemos todo lo que queremos! El pueblo, o

sea los demás, que se embrome.

Si ocurre a la inversa (un millón de personas torturando a diez empleados)

podemos obtener un acampe de los Pueblos Originarios, o una huelga de hambre en

Plaza Miserere. ¡Seremos desdichados y viviremos en el disparate, pero somos.

libres!

Compramos un departamento, luego de ahorrar 20 años. Nos instalamos en nuestro

flamante nido. Nos acostamos temprano para despertar a las 7, al efecto de

ganar nuestro estipendio. Intentamos conciliar en sueño a las 23, pero ocurre

que los chicos del departamento vecino han organizado un baile con birra y CDs,

en alto volumen hasta las cinco. Al día siguiente otros vecinos hacen el amor

furiosamente. Y al tercer día, una conversación ebria entre cuatro adolescentes

(en el pasillo) se convierte en grito pelado. Siendo imposible dormir, vendemos

el departamento y perdemos 20.000 dólares.

Vivir así es imposible. ¡Pero todos son libres! Sobre todo los muchachitos

jóvenes, que ES NECESARIO QUE LO PASEN BIEN. También sería necesario que se

construyeran paredes más gruesas y se cumplieran los reglamentos del consorcio,

pero suena demasiado represivo y milico.

Una amante despechada reclama, para las concubinas de ocasión, el mismo derecho

a “una indemnización” que se reconoce en la Justicia argentina a las ex-

esposas, por ser mujeres. ¡Las exconcubinas también están en su derecho!

Mientras tanto, los exconcubinos y exesposos duermen solitos, lejos de sus

hijos y su hogar, en un monoambiente, y estudian la viabilidad del celibato

definitivo. Pero, atención: la amante despechada es absolutamente libre de

reclamar lo que le parezca. ¡Libre, libre, libre!

De lo contrario, caeríamos en la discriminación. Que es el único pecado de la

Argentina contemporánea. Todo está permitido, menos discriminar. Un viejo debe

ser tratado como si fuera joven, un joven como si fuera viejo y una mujer como

si fuera hombre, un travesti como si tuviera útero y una lesbiana como si

tuviera pene y testículos. ¡No se puede discriminar! ¿O usted, amable lector,

acaso me está discriminando? ¿Piensa interrumpir la lectura, o tal vez escribir

algún insulto al pie de esta página, en el foro de lectores? ¡Lo denunciaré al

Inadi!

Libres, somos todos libres. Los niños de 14 años son libres de salir todas las

noches desde las 3 A.M. hasta el mediodía del día siguiente. ¿Quién lo va a

impedir? ¿Un fascista, un represor, un papá autoritario? ¡No! Sus mamás y sus

papás culposos autorizamos todas las ebriedades y todos los vómitos, para que

los chicos no sufran y no se sientan prisioneros.

No se advierte que cada empresa que se acomete en la vida significa un

sacrificio de libertad. Casarse para formar una familia representa perder un

gran segmento de libertad. Jugar al fútbol profesional hasta ganar millones de

euros insume (además del talento necesario para superar a miles de competidores

africanos, brasileños, serbios, colombianos, uruguayos) un enorme sacrificio de

libertad. Hay que concentrarse durante cinco días por semana, a veces meses

enteros, y tomar como esposa a la primera botinera que se presente medio

borracha en una disco. Sacrificio. Porque pronto se llevará el 50%, ya se sabe.

Cuando se pretende obtener un título de abogado, escribano, médico, odontólogo,

es necesario estudiar hasta la extenuación. Seis, ocho, diez, veinte años. Toda

la vida. Sacrificar la libertad por un objetivo de vida, ya que los otros

chicos de la pandilla salen a bailar, pero uno, que es un nerd, se sacrifica.

No es libre.

Para todo se requiere coartar la libertad: tener un hijo, subir al Aconcagua,

llegar a presidente de la Nación, comprar una estancia en Nueve de Julio, poner

una tienda de comestibles, hacerse rico, volver a ser pobre, dar la vuelta al

mundo en bicicleta, sostener una huelga de hambre, fundar una nueva nación.

Todo requiere esfuerzo, sacrificio, entregar grandes trozos de nuestra libertad

a cambio de algo.

O sea: la libertad es una bella tendencia pero no un dios dogmático: debe ser

equilibrada por la Ley, el Orden y el Sentido Común.

¡Pero es la Sociedad quien tiene la culpa de todas las cosas! La sociedad

convierte a un buen chico en un delincuente. El chico es víctima. ¿Y la víctima

del chico, la mujer violada, el almacenero acribillado a tiros, el jubilado

saqueado en su casita de Villa Martelli, qué serán entonces? ¿Víctimas de las

víctimas?

Ese es otro valor que estimamos de modo enfermo: el victimismo. Sólo las

víctimas merecen libertad. Los demás van presos.

Hablando de presos: cuando la Justicia, en un caso excepcional, sanciona a un

delincuente con una pena privativa de libertad (así se llama) lo retienen muy

poco tiempo, para otorgarle luego (aunque sea un terrible sinvergüenza) algo

que se llama “libertad condicional”, “salidas laborales” o “dos por uno”. De

modo tal que el canalla redomado vuelve a robar, a matar y a violar. ¡Es libre,

es un ciudadano libre, todas las culpas quedan para la sociedad!

Nuestra preocupación está centrada en que nuestros hijos no lo pasen mal por

ningún concepto. Es necesario que se diviertan, que disfruten. Que no vivan la

vida de nosotros mismos (y ni hablar de nuestros abuelos inmigrantes, que

bajaron de la infecta bodega de un barco) cuando éramos jóvenes y repasábamos

Trigonometría para marzo, y en castigo, sin veraneo en Miramar. ¡No hay

Trigonometría, no hay marzo, no hay Miramar! Lo importante es que se diviertan,

que lo pasen bien, para eso tienen 16 años. Vivir, gozar, pasarlo bien: Todos

los participantes lo dicen, al entrar a la Casa del Gran Hermano. Se trata de

“vivirlo todo”.

¡Los jóvenes tienen derecho a pasarlo bien sin pagar por ello ningún tributo,

ningún esfuerzo, ninguna tortura!

Los viejos, en cambio, no tenemos ningún derecho a nada. Tal vez, a la muerte

digna, pero primero deben resolverlo los filósofos, los curas y los

tanatólogos.

¡Como viejos, podríamos reclamar por la discriminación que nos aflige cuando, a

los 40 años, ya nos declaran ineptos para todo servicio! Pero, pensándolo bien,

no tiene sentido, porque en la actualidad los jóvenes de 30 son adolescentes, y

recién a los 40 empiezan a buscar su vocación, por lo cual les quedan escasos

meses para hallarla y ponerla en marcha. Y después, obtener un empleo decente,

en blanco, con aportes sociales y salario familiar. ¿Familiar para qué familia,

dirán ustedes? Bueno, alguna familia habrá, aunque sea la familia del cónyuge o

de los nietos o del vecino.

Lo importante no es todo esto, tan confuso, sino el imperativo central de

nuestro tiempo: ser uno mismo. gay o lesbiana, músico o ingeniero, marginal o

presidente, genio o vagabundo, bueno o pervertido. ¡Uno mismo! No hay nada peor

que convertirse en otro, obedecer a otro, someterse a otro (por ejemplo el

juez, o la ley). ¡Ser uno mismo, eso ante todo!

A mí me gustaría ser Salvador Dalí, y no yo mismo, pero no hay que olvidar que

Salvador Dalí le chupó los dedos del pie a Barbra Streisand (está documentado)

y a raíz de este episodio pudo ser enviado al séptimo infierno: el de los

Fetichistas Machistas. Porque eso sí que es malo, malo, malo: ser machista y

sexómano. Aunque ya se hayan extinguido hace 40 años los últimos machistas, y

esté a punto de suspirar por última vez el macho sobreviviente, el chivo loco

en su cueva de granito. No importa. La sociedad libre no olvidará sus

fechorías.

Todo este mamarracho viene a traducir el lenguaje enfermo de nuestro país, en

este tiempo. Hablando dicha lengua, una presidente se convierte en

“presidenta”, una ministra es en cambio la “señora ministro”, y lo siniestro ya

no viene a ser una barbaridad, sino que es “complicado”.

Somos tan libres, pero tan, tan libres, que da asco. diría Fito Páez.




¡HOLA, TOMÁS! Excelente comentario el de Hanglin sobre nuestra realidad. Me

extraña que se olvidó de mencionar a los alumnos que, a veces acompañados por

su padre o su madre , por haber recibido una mala nota van y cagan a trompadas

al maestro, maestra o director, como ha ocurrido recientemente. Y no es la

primera vez que pasa. En el aspecto gramatical, corrijo la palabra

"efevocracia", pues se escribe con "b" y no con "v". Deriva de "efebo", de

origen griego, que significa "adolescente, mancebo, doncel". Y ya que hablamos

de los jóvenes, existe también la palabra "neofrenia", poco conocida y menos

usada, que se refiere a cierta patología definida como "desorden mental de los

adolescentes". Creo que habría que darle más difusión a ese término, vista la

cantidad de muchachos que hoy padecen tal dolencia.
Cordial abrazo de Joaquín.


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