Breve y no tan nuevo
Solamente, estoy en pleno estudio para un final, espero ke sirva...
Sobre el “terror”
La Revolución francesa no solo nos legó la Marsellesa, las Banderas Tricolor, la importancia de la noción de Patria, las nociones de centro, derecha e izquierda, sino tambien el concepto de Terror. La historia es bien conocida y estó muy bien contada, los miserables de la tierra, ante la violencia del hambre y la ostentación de nobles y reyes, se terminaron levantando contra el viejo orden francés. Constituyeron un gobierno revolucionario que en sus primeras fases tuvo que ser impiadoso para destruir el viejo orden y evitar por todos los medios: el reflujo y la contrarrevolución. Para ello aplicaron políticas de juicios sumarios y violencia explicita, conocidos como “ el terror”.
Así, el estado revolucionario utilizo tácticas terroristas para poder asegurar su estrategia revolucionaria. El uso de violencia se asocia entonces a la necesidad de destruir un régimen para ir construyendo uno que lo sustituya. La violencia revolucionaria está guiada con una finalidad política; la violencia doméstica, puede anclarse en razones patológicas o en acciones coyunturales, pero sin dudas la violencia revolucionara es cualitativamente distintiva.
Incluso antes que al terror se lo conociera como Terror, la utilización de violencia con fines socio políticos, en este caso motivados por razones no seculares, se dio en las grandes religiones de la humanidad, Islam (con su secta de los asesinos), Judaísmo (los zelotas), Hinduismo (thughs) y Catolicismo ( Inquisicion).
Sin duda, los rusos trabajaron teórica y prácticamente sobre las tácticas terroristas. Nechaev y su “catecismo revolucionario”, Bakunin, Kropotkin. El mundo que nacía a la modernidad y la tecnología, los inicios del capitalismo, los avances tecnológicos, el avasallamiento del estado policíaco por sobre los capas menos favorecidas, se revela como campo fértil para nuevas doctrinas políticas que se anclan en la acción violenta directa.
Para el anarquismo, la sociedad solo puede ser sacudida de su letargo y mecanicismo, no ya por la lectura de un manifiesto o una obra escrita, sino por medio de la acción violenta directa, por medio de un gran BOOM. El bombazo del anarquista es el mensaje. La explosión del atentado constituye a la vez que la acción, el mensaje. El destinatario del mismo, se vera compelido a responder, y esa respuesta la dará generalmente con golpes brutales, socavando a la vez las propias “leyes” y “principios” que dice encarnar – las muertes sumarias de Sacco y Vanzetti son paradigmáticas en este sentido.
Es así que rápidamente a la utilización de tácticas violentas por medio de grupos anarquistas y radicales de izquierda, el poder de principio de siglo les responderá demonizándolos ante la sociedad y reprimiéndolos con furia. Nuestra propia patagonia está abonada de la sangre de los primeros luchadores sociales anarquistas y socialistas.
Mucho más cerca en el tiempo, el cartucho de dinamita tirado por un minero boliviano y su explosión, significa la lucha contra el sistema excluyente y opresor, el grito de los ninguneados.
En algún momento de nuestra historia moderna, entonces, ser “terrorista” no fue algo que remite a seres oscuros y sádicos y que se utiliza como sinónimo de sicario: cuando Vera Zasulich, una anarquista, hirió a un comandante de policía ruso que había maltratado a unos prisioneros detenidos en una manifestación, lanzando su arma al suelo proclamo que “era una terrorista y no una asesina”. En el juicio llevado sobre la misma, la sociedad entera termino por respaldarla. Hoy a nadie se le ocurriría exclamar eso en tanto defensa, no?
Para acercarnos, entonces a la cuestión de terrorismo, es preciso entonces dejar de lado los preconceptos y las construcciones que del mismo se vienen haciendo en los ultimas ocho décadas como mínimo. Es una tarea difícil, por los múltiples usos semánticos que se le han dado.
El terrorismo es una táctica. Se emplea en intrigas políticas, se emplea contra opresores, se emplea contra opositores, se emplea para asegurar negocios, como los intentos de pablo escobar de evitar persecuciones judiciales en Colombia, se emplea para tratar de parar una revolución, como la cubana. Así, derechas e izquierdas, paridas en la revolución francesa, harán uso de las tácticas violentas hijas del terror jacobino.
Tácticas violentas en tanto acción insurgente, impulsadas por principios, doctrinas, esperanza de cambios. Lucha contra la esclavitud (como la propia independencia haitiana que liquido a todos los amos blancos), lucha contra el colonialismo, lucha por proyectos de autonomía regional y política.
Dos 11 de Septiembre:
El del 73, que le pone broche final a una serie de acciones terroristas motorizadas por los EEUU contra el gobierno de Allende. Tácticas terroristas, más acciones criminales de fuerzas armadas que asesinan a un presidente electo e inauguran periodo nefasto de contrarrevolución en América Latina.
El del 2001, que expresa un proyecto contrarrevolucionario milenarista en el sentido que el acto expresa una represalia por la ocupación de un estado occidental (EUA) de un país ( Arabia Saudita) caro a los intereses religiosos y económicos del islam político más retrógrado.
A partir de este último 11 de Septiembre del 2001 y la construcción de la Doctrina Bush, todo aquel que no esté de acuerdo con el proyecto de dominación estadounidense es plausible de ser llamado terrorista o amigo de terrorista.
El término aquí significaría “ un enemigo que utiliza la violencia por una sed intrínseca de muerte, una anomalía social que nos amenaza y nos odia, que no puede ser tratado con los privilegios de nuestra sociedad, que no tiene derechos”. El acto exitoso implica una realidad que ninguna sistema se permite bancar: el de la vulnerabilidad.
De esta manera, entran en esta categoría convenientemente todo aquel que represente una amenaza, real o imaginaria. Pero aquí el uso del término es en la línea de termino despectivo, como ya el propio Teodoro Roosevelt lo comenzó a utlizar en contra de los anarquistas de fines del siglo XIX, así como de aquellos centroamericanos que osarán oponerse a su doctrina del big stick o garrote.
Para evitar entonces este libelo, los sectores progresistas y de izquierda no suelen conceptualizar a grupos insurgentes como grupos terroristas. Farc paradógicamente nació a partir del asesinato de una figura política que abre una historia de crisis política endémica en Colombia. Farc hoy puede utilizar tácticas terroristas, pero cuando los gobiernos latinoamericanos de Ecuador, o Venezuela, se niegan a tildarlos de grupos terroristas y lo llaman insurgencias, lo que están haciendo es reconocer la plataforma política que impulsa a dichos grupos a utilizar tácticas terroristas en algunos casos. No esgrimirían la violencia como fin en si mismo sino como medio.
Es así que en torno al concepto, hay una batalla semántica. Como bien dijo Focault, conocimiento es poder. Las palabras expresan relaciones de poder.
Además, hoy ser considerado terrorista por las grandes potencias significa poder ser confinados en campos de concentración sin ningún tipo de garantías, ni judiciales ni del ámbito del derecho de guerra – el famoso status de combatiente enemigo que viene utilizando EEUU.
La sociedad post industrial, el capitalismo hiperconectado fue construyendo una cultura de lo light, de los relativismos, de la antipolítica y la anomia. Cualquier acto que atente contra esa armonía, y especialmente aquellos que estén motivados en “nostálgicos deseos de cambios estructurales” será tildado de peligroso, de terrorista. Así como la mano tiene el reflejo natural de destruir al reloj despertador que le invita a despertarse de su pesado sueño...
Solamente, estoy en pleno estudio para un final, espero ke sirva...
Sobre el “terror”
La Revolución francesa no solo nos legó la Marsellesa, las Banderas Tricolor, la importancia de la noción de Patria, las nociones de centro, derecha e izquierda, sino tambien el concepto de Terror. La historia es bien conocida y estó muy bien contada, los miserables de la tierra, ante la violencia del hambre y la ostentación de nobles y reyes, se terminaron levantando contra el viejo orden francés. Constituyeron un gobierno revolucionario que en sus primeras fases tuvo que ser impiadoso para destruir el viejo orden y evitar por todos los medios: el reflujo y la contrarrevolución. Para ello aplicaron políticas de juicios sumarios y violencia explicita, conocidos como “ el terror”.
Así, el estado revolucionario utilizo tácticas terroristas para poder asegurar su estrategia revolucionaria. El uso de violencia se asocia entonces a la necesidad de destruir un régimen para ir construyendo uno que lo sustituya. La violencia revolucionaria está guiada con una finalidad política; la violencia doméstica, puede anclarse en razones patológicas o en acciones coyunturales, pero sin dudas la violencia revolucionara es cualitativamente distintiva.
Incluso antes que al terror se lo conociera como Terror, la utilización de violencia con fines socio políticos, en este caso motivados por razones no seculares, se dio en las grandes religiones de la humanidad, Islam (con su secta de los asesinos), Judaísmo (los zelotas), Hinduismo (thughs) y Catolicismo ( Inquisicion).
Sin duda, los rusos trabajaron teórica y prácticamente sobre las tácticas terroristas. Nechaev y su “catecismo revolucionario”, Bakunin, Kropotkin. El mundo que nacía a la modernidad y la tecnología, los inicios del capitalismo, los avances tecnológicos, el avasallamiento del estado policíaco por sobre los capas menos favorecidas, se revela como campo fértil para nuevas doctrinas políticas que se anclan en la acción violenta directa.
Para el anarquismo, la sociedad solo puede ser sacudida de su letargo y mecanicismo, no ya por la lectura de un manifiesto o una obra escrita, sino por medio de la acción violenta directa, por medio de un gran BOOM. El bombazo del anarquista es el mensaje. La explosión del atentado constituye a la vez que la acción, el mensaje. El destinatario del mismo, se vera compelido a responder, y esa respuesta la dará generalmente con golpes brutales, socavando a la vez las propias “leyes” y “principios” que dice encarnar – las muertes sumarias de Sacco y Vanzetti son paradigmáticas en este sentido.
Es así que rápidamente a la utilización de tácticas violentas por medio de grupos anarquistas y radicales de izquierda, el poder de principio de siglo les responderá demonizándolos ante la sociedad y reprimiéndolos con furia. Nuestra propia patagonia está abonada de la sangre de los primeros luchadores sociales anarquistas y socialistas.
Mucho más cerca en el tiempo, el cartucho de dinamita tirado por un minero boliviano y su explosión, significa la lucha contra el sistema excluyente y opresor, el grito de los ninguneados.
En algún momento de nuestra historia moderna, entonces, ser “terrorista” no fue algo que remite a seres oscuros y sádicos y que se utiliza como sinónimo de sicario: cuando Vera Zasulich, una anarquista, hirió a un comandante de policía ruso que había maltratado a unos prisioneros detenidos en una manifestación, lanzando su arma al suelo proclamo que “era una terrorista y no una asesina”. En el juicio llevado sobre la misma, la sociedad entera termino por respaldarla. Hoy a nadie se le ocurriría exclamar eso en tanto defensa, no?
Para acercarnos, entonces a la cuestión de terrorismo, es preciso entonces dejar de lado los preconceptos y las construcciones que del mismo se vienen haciendo en los ultimas ocho décadas como mínimo. Es una tarea difícil, por los múltiples usos semánticos que se le han dado.
El terrorismo es una táctica. Se emplea en intrigas políticas, se emplea contra opresores, se emplea contra opositores, se emplea para asegurar negocios, como los intentos de pablo escobar de evitar persecuciones judiciales en Colombia, se emplea para tratar de parar una revolución, como la cubana. Así, derechas e izquierdas, paridas en la revolución francesa, harán uso de las tácticas violentas hijas del terror jacobino.
Tácticas violentas en tanto acción insurgente, impulsadas por principios, doctrinas, esperanza de cambios. Lucha contra la esclavitud (como la propia independencia haitiana que liquido a todos los amos blancos), lucha contra el colonialismo, lucha por proyectos de autonomía regional y política.
Dos 11 de Septiembre:
El del 73, que le pone broche final a una serie de acciones terroristas motorizadas por los EEUU contra el gobierno de Allende. Tácticas terroristas, más acciones criminales de fuerzas armadas que asesinan a un presidente electo e inauguran periodo nefasto de contrarrevolución en América Latina.
El del 2001, que expresa un proyecto contrarrevolucionario milenarista en el sentido que el acto expresa una represalia por la ocupación de un estado occidental (EUA) de un país ( Arabia Saudita) caro a los intereses religiosos y económicos del islam político más retrógrado.
A partir de este último 11 de Septiembre del 2001 y la construcción de la Doctrina Bush, todo aquel que no esté de acuerdo con el proyecto de dominación estadounidense es plausible de ser llamado terrorista o amigo de terrorista.
El término aquí significaría “ un enemigo que utiliza la violencia por una sed intrínseca de muerte, una anomalía social que nos amenaza y nos odia, que no puede ser tratado con los privilegios de nuestra sociedad, que no tiene derechos”. El acto exitoso implica una realidad que ninguna sistema se permite bancar: el de la vulnerabilidad.
De esta manera, entran en esta categoría convenientemente todo aquel que represente una amenaza, real o imaginaria. Pero aquí el uso del término es en la línea de termino despectivo, como ya el propio Teodoro Roosevelt lo comenzó a utlizar en contra de los anarquistas de fines del siglo XIX, así como de aquellos centroamericanos que osarán oponerse a su doctrina del big stick o garrote.
Para evitar entonces este libelo, los sectores progresistas y de izquierda no suelen conceptualizar a grupos insurgentes como grupos terroristas. Farc paradógicamente nació a partir del asesinato de una figura política que abre una historia de crisis política endémica en Colombia. Farc hoy puede utilizar tácticas terroristas, pero cuando los gobiernos latinoamericanos de Ecuador, o Venezuela, se niegan a tildarlos de grupos terroristas y lo llaman insurgencias, lo que están haciendo es reconocer la plataforma política que impulsa a dichos grupos a utilizar tácticas terroristas en algunos casos. No esgrimirían la violencia como fin en si mismo sino como medio.
Es así que en torno al concepto, hay una batalla semántica. Como bien dijo Focault, conocimiento es poder. Las palabras expresan relaciones de poder.
Además, hoy ser considerado terrorista por las grandes potencias significa poder ser confinados en campos de concentración sin ningún tipo de garantías, ni judiciales ni del ámbito del derecho de guerra – el famoso status de combatiente enemigo que viene utilizando EEUU.
La sociedad post industrial, el capitalismo hiperconectado fue construyendo una cultura de lo light, de los relativismos, de la antipolítica y la anomia. Cualquier acto que atente contra esa armonía, y especialmente aquellos que estén motivados en “nostálgicos deseos de cambios estructurales” será tildado de peligroso, de terrorista. Así como la mano tiene el reflejo natural de destruir al reloj despertador que le invita a despertarse de su pesado sueño...
Cita:Camila Lopez Alfonsino Ferruello