FAVELAS
Cada morro de Río de Janerio tiene su favela. Cada elevación de esta ciudad maravillosa, que creció asida a una caprichosa y escarpada topografía, se encuentra coronada de miseria y marginación.
El 20% de sus seis millones de habitantes (11 millones si se cuenta el área metropolitana) residen en favelas, mientras la tasa de asentamientos precarios en el resto del país es del 6%.
La mayoría de quienes viven en estos barrio son personas que han llegado desde las zonas rurales en busca de una oportunidad de progreso. Un éxodo multitudinario que no tuvo lugar sólo en Brasil sino en casi todo el planeta.
La edad común de entrada es de entre 12 y 15 años. Hay jefes narcos, conocidos como "gerentes", de apenas 18 y 19 años.
El 33% trabaja de venderores, lo que se conoce en la jerga local como "vapor". El 24% son "soldados", o sea, que portan armas y se encargan de las tareas de seguridad.
La Rocinha
Son media docena, muy jóvenes y sostienen con desparpajo unos fusiles de largo tamaño. Unos hacia abajo, otro para arriba como si fueran bolsos colgados del hombro. En las culatas de madera les han grabado iniciales con cuchillo. Son de las novias o de los amigos muertos en los tiroteos. El grupo está en la primera vuelta que da la calle húmeda y desordenada que trepa en espiral y lleva al corazón de la favela de la Rocinha, una de las más grandes de Río de Janeiro y reinado privado del grupo narco de los ADA, los jefes de esos muchachos.
El camino es la entrada a una ciudadela pertrechada de más de 200 mil habitantes donde estos grupos armados, especialmente al atardecer, aparecen en cada recodo, patrullando de a dos en las callejuelas interiores de ese enjambre de casas agrupadas sin criterio, según la mano de quien se adivinó constructor primero.
En octubre del año pasado este cronista logró ingresar a la favela y permanecer una noche dentro de ella, recorriendo la ciudadela desde el ingreso hasta el extremo del morro. Para hacerlo, contó con la asistencia de dos habitantes de Rocinha autorizados por el poder real que la gobierna. Con uno atrás y otro adelante, dando el saludo a los vigilantes nocturnos y el dato de "amigo" sobre el forastero, esa caravana mínima subió por las calles que en algunos lugares miden medio metro de vereda a vereda.
El dato inmediato es la seguridad interna enorme y visible. Dentro de la Rocinha no se ven policías. Pero no hay robos. Un código no escrito pero propalado por la tropa de los narcos prohíbe con penas máximas e inapelables el hurto, la violación e incluso toman denuncias de mujeres que han sido golpeadas por sus maridos o de enfermos de sida que han sido discriminados.
Los narcos han establecido ahí y en otras de las 500 favelas de Río tribunales de justicia que inmediatamente luego que se comete el delito y el causante es arrestado dictan su fallo. Si el caso no es grave hay una advertencia; pero si se reitera, el castigo puede ser expulsión o ejecución.
Hay cantidades de negocios en las calles que viborean entre las casas de material, algunas de hasta cinco pisos construidas sin plomada encima de los techos de otras. Se ven bares y almacenes, carnicerías o negocios de venta de electrónicos. Cuando alguien cambia su heladera, la antigua la dejan en la puerta de la casa en oferta para la reventa. Nadie la llevará de ahí sin permiso.
Los narcos son el Estado. Ellos financian las postas sanitarias y las escuelas. Ese reino feudal tiene ese rigor debido a que lo que quieren es vender droga y para eso debe haber calma.
Las tropas armadas lo están no sólo por la vigilancia, sino porque la ciudadela suele ser atacada por la Policía o por bandas rivales. Como en la Edad Media, hay batallas y a veces el reino cambia de mano. ADA, "amigos de los amigos", copó la villa de manos del legendario Comando Vermelho en una de esas guerras tribales.
Cuando atardece comienzan a escucharse disparos esporádicos. Ajuste de cuentas o sólo deseos de usar sus armas. A esas horas nocturnas la plata que deja la droga que vende un enjambre de pequeños dealers es colocada, arrugada, en bolsas de consorcio. De ahí pasa a un contador que organiza los billetes y hace los cálculos. Según la Policía, US$ 18 millones se transan cada mes en esa favela. Y es sólo una de 500.
http://www.clarin.com/diario/2007/04/12/elmundo/i-02504.htm
Dentro de la favela no hay nombre de calles, no se reparte el correo, no entra la policía, nadie paga impuestos, todo el mundo está enganchado a los puestos de luz "by the face"....
Documental:
link:
Este es el trailer de el ducumental "favela rising"
Favela Rising documental un hombre y su movimiento, una ciudad divida y una favela unida. Perseguido por los fantasmas de los asesinos de su familia y muchos de sus amigos, Anderson Sá es un antiguo traficantes de drogas que se ha trasnformado en un revolucionario social en el barrio más temido de Río de Janeiro. A través de su hip-hop, los ritmos callejeros y el baile afrobrasileño, él ha organizado a su comunidad en contra de la opresión sostenida por la corrupción policial y la ejercida por las bandas armadas de jóvenes narcos.
En el amanecer de su liberación, un trágico accidente amenaza con silenciar para siempre el movimiento de Afro Reggae de Anderson.
El filme nace de la preocupación de ambos realizadores por contar historias de “comunidades que trabajan”, tal y como afirma Zimbalist:
…Mi deseo de más historias documentales en las noticias, en la televisión y las salas de cine sobre comunidades que triunfan, que se levantan por encima de grandes adversidades y que, unidas, alcanzan sus metas.
Si yo me encuentro rodeado de historias en la que el mundo se hace pedazos, es lógico que imagine el mundo como un lugar que se está destruyendo. Mientras mayor sea mi acceso a historias de comunidades que trabajan, más puedo imaginar un mundo en el que la gente también está luchando por el cambio y salvando los obstáculos que se le oponen.
En la website de Favela Rising, además del excelente del filme trailer en varias versiones, podrán encontrar música y toda la información relacionada con este excelente documental brasileño.
Cada morro de Río de Janerio tiene su favela. Cada elevación de esta ciudad maravillosa, que creció asida a una caprichosa y escarpada topografía, se encuentra coronada de miseria y marginación.
El 20% de sus seis millones de habitantes (11 millones si se cuenta el área metropolitana) residen en favelas, mientras la tasa de asentamientos precarios en el resto del país es del 6%.
La mayoría de quienes viven en estos barrio son personas que han llegado desde las zonas rurales en busca de una oportunidad de progreso. Un éxodo multitudinario que no tuvo lugar sólo en Brasil sino en casi todo el planeta.
La edad común de entrada es de entre 12 y 15 años. Hay jefes narcos, conocidos como "gerentes", de apenas 18 y 19 años.
El 33% trabaja de venderores, lo que se conoce en la jerga local como "vapor". El 24% son "soldados", o sea, que portan armas y se encargan de las tareas de seguridad.
La Rocinha
Son media docena, muy jóvenes y sostienen con desparpajo unos fusiles de largo tamaño. Unos hacia abajo, otro para arriba como si fueran bolsos colgados del hombro. En las culatas de madera les han grabado iniciales con cuchillo. Son de las novias o de los amigos muertos en los tiroteos. El grupo está en la primera vuelta que da la calle húmeda y desordenada que trepa en espiral y lleva al corazón de la favela de la Rocinha, una de las más grandes de Río de Janeiro y reinado privado del grupo narco de los ADA, los jefes de esos muchachos.
El camino es la entrada a una ciudadela pertrechada de más de 200 mil habitantes donde estos grupos armados, especialmente al atardecer, aparecen en cada recodo, patrullando de a dos en las callejuelas interiores de ese enjambre de casas agrupadas sin criterio, según la mano de quien se adivinó constructor primero.
En octubre del año pasado este cronista logró ingresar a la favela y permanecer una noche dentro de ella, recorriendo la ciudadela desde el ingreso hasta el extremo del morro. Para hacerlo, contó con la asistencia de dos habitantes de Rocinha autorizados por el poder real que la gobierna. Con uno atrás y otro adelante, dando el saludo a los vigilantes nocturnos y el dato de "amigo" sobre el forastero, esa caravana mínima subió por las calles que en algunos lugares miden medio metro de vereda a vereda.
El dato inmediato es la seguridad interna enorme y visible. Dentro de la Rocinha no se ven policías. Pero no hay robos. Un código no escrito pero propalado por la tropa de los narcos prohíbe con penas máximas e inapelables el hurto, la violación e incluso toman denuncias de mujeres que han sido golpeadas por sus maridos o de enfermos de sida que han sido discriminados.
Los narcos han establecido ahí y en otras de las 500 favelas de Río tribunales de justicia que inmediatamente luego que se comete el delito y el causante es arrestado dictan su fallo. Si el caso no es grave hay una advertencia; pero si se reitera, el castigo puede ser expulsión o ejecución.
Hay cantidades de negocios en las calles que viborean entre las casas de material, algunas de hasta cinco pisos construidas sin plomada encima de los techos de otras. Se ven bares y almacenes, carnicerías o negocios de venta de electrónicos. Cuando alguien cambia su heladera, la antigua la dejan en la puerta de la casa en oferta para la reventa. Nadie la llevará de ahí sin permiso.
Los narcos son el Estado. Ellos financian las postas sanitarias y las escuelas. Ese reino feudal tiene ese rigor debido a que lo que quieren es vender droga y para eso debe haber calma.
Las tropas armadas lo están no sólo por la vigilancia, sino porque la ciudadela suele ser atacada por la Policía o por bandas rivales. Como en la Edad Media, hay batallas y a veces el reino cambia de mano. ADA, "amigos de los amigos", copó la villa de manos del legendario Comando Vermelho en una de esas guerras tribales.
Cuando atardece comienzan a escucharse disparos esporádicos. Ajuste de cuentas o sólo deseos de usar sus armas. A esas horas nocturnas la plata que deja la droga que vende un enjambre de pequeños dealers es colocada, arrugada, en bolsas de consorcio. De ahí pasa a un contador que organiza los billetes y hace los cálculos. Según la Policía, US$ 18 millones se transan cada mes en esa favela. Y es sólo una de 500.
Marcelo Cantelmi
(Clarin)http://www.clarin.com/diario/2007/04/12/elmundo/i-02504.htm
Cualquier niño al que le preguntes qué es lo que quiere ser de mayor te dirá: "jugador de fútbol o dealer-traficante"
.Dentro de la favela no hay nombre de calles, no se reparte el correo, no entra la policía, nadie paga impuestos, todo el mundo está enganchado a los puestos de luz "by the face"....
Rocinha tiene casi 300.000 habitantes. Parte de ellos bajaron el cerro para cortar el tránsito, protestando contra la violencia de la policía y contra la prisión de Denís, poderoso narcotraficante y protector de la favela. Esa manifestación se extendió a lo largo de casi seis horas, provocando embotellamientos de hasta ocho kilómetros en el tránsito.
Documental:
link:
Este es el trailer de el ducumental "favela rising"
Favela Rising documental un hombre y su movimiento, una ciudad divida y una favela unida. Perseguido por los fantasmas de los asesinos de su familia y muchos de sus amigos, Anderson Sá es un antiguo traficantes de drogas que se ha trasnformado en un revolucionario social en el barrio más temido de Río de Janeiro. A través de su hip-hop, los ritmos callejeros y el baile afrobrasileño, él ha organizado a su comunidad en contra de la opresión sostenida por la corrupción policial y la ejercida por las bandas armadas de jóvenes narcos.
En el amanecer de su liberación, un trágico accidente amenaza con silenciar para siempre el movimiento de Afro Reggae de Anderson.
El filme nace de la preocupación de ambos realizadores por contar historias de “comunidades que trabajan”, tal y como afirma Zimbalist:
…Mi deseo de más historias documentales en las noticias, en la televisión y las salas de cine sobre comunidades que triunfan, que se levantan por encima de grandes adversidades y que, unidas, alcanzan sus metas.
Si yo me encuentro rodeado de historias en la que el mundo se hace pedazos, es lógico que imagine el mundo como un lugar que se está destruyendo. Mientras mayor sea mi acceso a historias de comunidades que trabajan, más puedo imaginar un mundo en el que la gente también está luchando por el cambio y salvando los obstáculos que se le oponen.
En la website de Favela Rising, además del excelente del filme trailer en varias versiones, podrán encontrar música y toda la información relacionada con este excelente documental brasileño.