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Pequeñas historias detrás de la lluvia

La gente está acostumbrada a los chaparrones en el Grand Slam británico; de las ganancias por el consumo a los costos por las jornadas perdidas

LONDRES.- En promedio, alrededor de 450.000 personas recorren las calles del All England Lawn Tennis &Croquet Club durante los 13 días de Wimbledon, aunque puede contabilizarse alguna jornada más, en caso de que la lluvia obligue a la postergación de los encuentros. Y cada día incluye, en condiciones ideales, alrededor de nueve horas para disfrutar de los partidos o, simplemente, recorrer este inmenso complejo ubicado en la periferia sur de Londres. Aunque dentro de las tradiciones que alberga este torneo tan particular es imposible obviar a la lluvia, que ayer obligó a una suspensión que incluyó los partidos de los argentinos Juan Martín del Potro y Juan Ignacio Chela.

Ya han pasado 130 años desde que Wimbledon se disputó por primera vez y, en 120 campeonatos, sólo en tres no hubo ninguna interrupción por culpa del clima. La última vez que el sol se vio a pleno durante las dos semanas fue en 1995; pero ahora el cielo no da tregua. Acostumbrados como están por aquí a un verano pasado por agua, los espectadores que consiguen un ticket -el más barato, sólo para las canchas secundarias, cuesta 20 libras, unos 120 pesos- para disfrutar unas horas en este acontecimiento social saben bien cómo responder a la añeja consulta sobre dónde va la gente cuando llueve.

Una buena opción es llenar el estómago. El Tea Lawn y el Long Bar, ubicados a pocos metros del court central, y el Aorangi Park, inaugurado hace ya diez temporadas, surgen como los centros de consumo más importantes. Las indispensables frutillas con crema, pizzas, cervezas, fish & chips (pescado con papas fritas), gaseosas y el té son algunos de los preferidos para calmar el hambre y la sed. Como los precios son elevados (una porción de pizza cuesta 3 pounds, unos 18 pesos), los menos adinerados prefieren venir con su bolsito de picnic, y se sientan frente a la pantalla gigante del Aorangi, que todo el tiempo pasa tenis: en vivo o material de archivo. El clásico de estas transmisiones es el tie-break de 34 puntos del cuarto set de la final de 1980 entre Björn Borg y John McEnroe. Aunque Big Mac se quedó con el parcial, el sueco logró su quinto título aquí, al imponerse por 1-6, 7-5, 6-3, 6-7 (16-18) y 8-6.

El consumo deja enormes ganancias para el torneo, que suma ingresos por la venta de entradas, los derechos televisivos, los sponsors -que en realidad no son reconocidos como tales, sino como "apoyos oficiales"- y, por supuesto, el merchandising, que abarca desde llaveros y cartas de póquer (lo más barato), hasta sacos de impecable estilo, con un costo de 250 libras.

Para pasar el tiempo también está el museo, con edificio nuevo desde 2006, con increíbles reliquias que lo convierten en uno de los mejores en el mundo del deporte. Otros se guarecen y dedican las horas a leer los diarios; los más pesimistas, directamente se traen un libro de 600 páginas.

Según diversos cálculos, se estima que, en cada temporada, Wimbledon obtiene ganancias netas de 30 millones de libras, poco más de 60 millones de dólares. Nada mal por tratarse del Grand Slam que más sufre los embates del clima. Australia, en pleno verano del Cono Sur, puede soportar alguna contingencia sin problemas: tiene dos estadios cerrados que le permiten mantenerse siempre en actividad y buena parte de sus instalaciones están techadas. Aunque en los últimos años también se están incrementando los inconvenientes meteorológicos en Roland Garros y el US Open.

Es que un día de poco tenis tiene altos costos. La política de lluvia en el All England establece que, si se juega menos de una hora, se devolverá el total de la entrada adquirida; si se disputó más de una hora y menos de dos, el reintegro es del 50 por ciento, y si hubo más de dos horas de acción, se considera como jornada completa. Siempre, el monto de la compensación se envía al poseedor del ticket -tras dejar una dirección postal- a vuelta de correo. Según cifras extraoficiales, el torneo pierde aproximadamente un millón de libras cuando la lluvia obliga a la cancelación total. De allí puede entenderse que dotar de un techo al court central, asunto que demorará dos años más, será, a largo plazo, más una inversión que un gasto. Ahora, mientras la gente se dispersa tras escuchar por los altoparlantes el anuncio de la suspensión definitiva, va un último detalle: ¿sabe cuál es el objeto perdido más popular en Wimbledon? Pues sí, como no podía ser de otra manera... los paraguas.



Como siempre, muchos lugares para comprar
Un parate por lluvia aparece como una buena razón para hacer compras. El extenso catálogo de merchandising oficial puede conseguirse en la tienda principal, que a la vez es la entrada al museo y funciona todo el año; en dos grandes locales en el court Nº 1 y en nueve puestos más distribuidos en el predio.


Por José Luis Domínguez
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