InicioInfoSoriano: Bayer Vs Sarlo (historia de un destrato) I

Soriano: Bayer Vs Sarlo (historia de un destrato) I

InfoFecha desconocida
Osvaldo Soriano y la detestable academia

La anécdota
Estas son las líneas de la nota “El efecto Soriano” de Guillermo Saccomanno a las que responde Sarlo.




“Me doy cuenta de que en estas líneas se me crispa el tono. Inevitable, sí, cuando me acuerdo lo que a Soriano le importaba obtener un reconocimiento de la crítica literaria que presumía de culta.

Paso a ejemplificar con una anécdota que me contó Bayer en una feria del libro patagónica, una de esas ferias que suelen parecerse más a una kermesse heroica que a la Rural del Libro porteña donde las editoriales exhiben a sus toros de raza y vacas sagradas. Una vez Beatriz Sarlo invitó a Soriano a participar en una charla en el ámbito universitario. En esa época, si mal no recuerdo, parecía haber dos bandos en la narrativa: Saer en un rincón del ring y Soriano en otro. Una disyuntiva falsa. De la que sacaban partido los saerianos y los sorianescos. Descreo de la ingenuidad de Sarlo y, especialmente, del desentendimiento de Saer y el candor de Soriano. Disyuntiva falsa la de quienes levantaban por un lado la morosidad y la experimentación y por otro el artefacto narrativo popular. Disyuntiva que si a algo contribuía era a opacar la minuciosa relojería narrativa de uno y de otro. Volviendo a esa vez: Soriano invitado al ámbito académico. El alumnado se burló del escritor porque apenas si había terminado a los tumbos la primaria mientras su padre, empleado estatal, cambiaba de destino desde la pampa hacia el sur. Esa madrugada, destruido, Soriano lo llamó a Bayer. Como reivindicación y ajuste de cuentas, Bayer invitó a Ricardo Piglia a presentar a Soriano en su cátedra de Derechos Humanos en el ámbito universitario. Piglia arrancó planteando que los tres escritores argentinos más grandes de nuestra literatura no habían terminado la primaria. Arlt, Borges y Soriano. No creo recordar que el autor de Plata quemada haya publicado esta afirmación en sus ensayos. Una lástima.”

A LO QUE SARLO RESPONDE:

Una historia falsa

Por Beatriz Sarlo





Desde hace tiempo Osvaldo Bayer difunde un episodio completamente falso, que me concierne. En una oportunidad, Sylvia Saítta, que participaba del mismo panel que Bayer, le señaló la falsedad de esa historieta precariamente armada. Bayer desparrama la misma anécdota por todos lados y Guillermo Saccomanno (que la retoma en el número de Radar en homenaje a Soriano publicado el domingo último) se la escuchó en una Feria del Libro de la Patagonia. Según la leyenda negra yo habría invitado a Soriano a dar una charla en el “ámbito universitario” (entiendo que se refiere a los años en que yo enseñaba literatura argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) y habría montado un escenario para que “el alumnado se burlara del escritor porque apenas si había terminado a los tumbos la primaria”. La historia es falsa. Nunca invité a Soriano y por lo tanto todo lo que sigue es mentira. Tampoco invité a Saer a dar una charla (como podría suponerse del artículo de Saccomanno) y es completamente inverosímil que los alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras se burlen de alguien porque sólo ha terminado la escuela primaria. Han leído a Pierre Bourdieu y a Roberto Arlt. Todo es un invento de una rusticidad penosa. Cualquiera que conozca mínimamente lo que fueron mis clases en la Facultad no diría que la oposición estética era Saer-Soriano. Si Bayer o Saccomanno hubieran seguido de modo un poco menos distante el debate sabrían que escribí o hablé sobre Saer y Puig, Saer y Piglia o Borges y Cortázar, pero que nunca se me ocurrió pensar a Saer en contraposición con Soriano o viceversa. Saccomanno le creyó a Bayer. O sea que es justo que Bayer chequee las fuentes de ese episodio imaginario, ya que es muy sencillo atribuírselo a alguien que está muerto. Conocí muy poco a Soriano pero me parece improbable que anduviera inventando anécdotas elementales. Los buenos historiadores aportan pruebas y corrigen los errores. Para ser franca, no me interesa mucho lo que diga Bayer sobre mí. Pero me interesa que no se piense que mientras enseñaba literatura argentina en la UBA, los estudiantes y todo el equipo de cátedra se dedicaban al escarnio de escritores. Enseñábamos lo mejor que podíamos, la mejor literatura que creíamos que se escribía en la Argentina.

Osvaldo Bayer le responde a Sarlo

Una historia verdadera

Por Osvaldo Bayer




Llego del otro mundo, el domingo pasado, y todavía en el aeropuerto encuentro mi nombre en Radar, bajo el título “Una historia falsa”. Es una nota de la señora Beatriz Sarlo que reprueba un relato mío que yo habría hecho en el pasado acerca de cómo se trató a Soriano en la cátedra de la cual ella era titular. Sí, Sarlo reprueba pero agrega “por ser franca, no me interesa mucho lo que diga Bayer sobre mí”. Esto hace nacer la pregunta: “Si yo no le intereso, ¿para qué me dedica una página de Radar?”.


Y le respondo porque esto habla de, y deja en claro, las diferencias entre el llano lenguaje del aprendizaje y el academicismo de acentos aristocráticos. Sin darse cuenta, en su nota la señora Sarlo pone el acento en la poca importancia que le daba a la obra de Soriano. Dice: “Nunca invité a Soriano”. Y “escribí y hablé sobre Saer y Puig, Saer y Piglia o Borges y Cortázar”. Es decir, está claro que a Soriano no le abrió la puerta de su academia. Debo decir que yo, en cambio, les abrí sí las puertas de mi cátedra a todos aquellos que tenían que ver con el tema de los derechos humanos: poderosos y humildes, protagonistas, testigos y olvidados. Hasta la invité a la propia señora Sarlo para que viniera a mi cátedra a debatir con David Viñas, después del episodio televisivo que terminó en un altercado cuando Viñas le reprochó a Sarlo sus sustanciales cambios ideológicos. Yo mismo le hablé por teléfono a la señora Sarlo para invitarla al aula y seguir allí con Viñas el debate sobre aquellos años. Pero ella me contestó en el teléfono sólo con cuatro palabras: “No, no tengo tiempo”. En cambio, David Viñas sí concurrió y respondió ante el alumnado que desbordaba el aula magna.

Pero vayamos a Soriano. Estando ya muy enfermo me llamó muy triste para decirme que había tenido una muy mala experiencia en la Facultad de Filosofía y Letras. Eran los fines del curso del ’96. Me relató que un grupo de docentes y alumnos de la cátedra Sarlo lo habían invitado a un reportaje en vivo. El concurrió y fueron todas preguntas para humillarlo. La definitiva fue: “Dígame, Soriano, ¿usted qué estudios tiene?”. “Le respondí la verdad: ‘Tercer año nacional’. Esto provocó la carcajada general de los presentes”. Hubo un silencio de su parte y yo le respondí: “No te hagas problemas, Osvaldo. Yo te voy a invitar a mis clases de los viernes, la haremos en el aula magna, y te reivindicaremos”. “Te agradezco infinitamente”, me respondió. “¿Sabés una cosa? Y quiero entrar a la Facultad por la puerta grande.”

Pero mientras esperábamos el próximo curso, Soriano falleció en ese verano. A pesar de todo, apenas reiniciadas las clases hicimos el acto en su homenaje, en el Aula Magna de esa Facultad de Filosofía y Letras. Los memoriosos señalan hoy todavía que fue una de las clases magistrales más concurridas de la historia de nuestra facultad. La anunciamos previamente por todos lados, en lo que nos ayudaron fundamentalmente las representaciones estudiantiles. Sí, no pudo estar Osvaldo presente, pero sí, en el medio de la primera fila estaban su viuda, Catherine, y su hijo Manuel, de siete años, que estuvo toda la noche en silencio mirando con grandes ojos. Fue una de las jornadas de más emoción en mi vida. Hubo hasta un apagón en esa parte de la ciudad y nos quedamos sin luces. Mejor: fuimos a comprar velas y con esa iluminación hablaron los oradores. Primero hablé yo y relaté mi relación con Osvaldo en el exilio y el regreso, y cómo se lo había humillado en esa misma facultad. Después de mi prefacio lo invité a hablar a Ricardo Piglia, no sólo un consagrado escritor y docente universitario de literatura en la Argentina sino también en el exterior. Piglia comenzó así: “Los tres más grandes escritores argentinos no terminaron sus estudios secundarios: Domingo Faustino Sarmiento, Roberto Arlt y Jorge Luis Borges”.

Estaba todo dicho. Todavía resuenan en mis oídos los aplausos del público. Hubo una emoción muy grande. Justamente en la misma Facultad de Filosofía y Letras donde los titulados academicistas se habían querido burlar del querido escritor del pueblo.

Todo eso tuvo una enorme trascendencia en la facultad. En los pasillos quedaron durante mucho tiempo los ecos del acto por el cual el escritor Osvaldo Soriano había entrado por la puerta grande. El Centro de Estudiantes publicó los discursos.

Lo que me llama mucho la atención es que pese a la resonancia del acto, la profesora Sarlo no haya reaccionado en aquel tiempo. Lo hace recién diez años después, mientras tanto guardó silencio. Ahora, ella misma, en la nota de Radar, señala que su alumna Sylvia Saítta le relató que yo en Berlín, en un seminario sobre Roberto Arlt, había narrado esa experiencia sobre Soriano. Vuelvo a preguntar: ¿por qué la señora Sarlo no reaccionó entonces y lo hace sí cuando han pasado diez años del hecho? Si, como usted dice, todo es mentira, a pesar de los cientos de testigos que hay del hecho, ¿por qué no me inició juicio por calumnias e injurias? Esto me hace recordar al general Elbio Carlos Anaya, quien sostuvo que era mentira lo que yo había sostenido sobre los fusilamientos ordenados por él de peones patagónicos en 1921. Pero poco después, en un reportaje en La Opinión al señor general se le escapó la verdad: “Los fusilados por mi orden lo fueron de acuerdo al código militar”.

La profesora Sarlo esperó diez años para señalar que todo es mentira.

Pero, profesora, aunque todo esté prescripto, recurramos al debate. La invito al mismo lugar desde el que se hizo el desagravio a Soriano. Lleve usted a dos de sus colegas que piensan como usted. Yo por mi parte invitaré a David Viñas y a Ricardo Piglia. Luego dejamos al público que diga su opinión, como prueba de la verdad democrática, que es lo único que vale.



Aclaración necesaria y refutación historica:

La conferencia que Sarlo niega, existio

Por Germán Ferrari


Ir al archivo a buscar el sobre de X, hurgar en la hemeroteca o revolver papeles y recortes en estantes olvidados, suele deparar muchas sorpresas y no pocas certezas. “¡Fuentes, quiero fuentes!”, es (¿o era?) la muletilla escuchada por cualquier periodista desde los comienzos de su trabajo. La memoria es una fuente invalorable, pero si se le suman datos, mejor. Mancharse los dedos con el polvo que acumula el papel y estornudar un par de veces es síntoma de buena salud periodística e investigadora.

El desarrollo alcanzado por esta polémica despierta una pregunta sencilla: ¿Soriano mencionó alguna vez que habló en las aulas universitarias? Quiero aportar algunos datos que servirán para despejar y combatir dudas y chicanas.



En una entrevista al escritor publicada por la revista La Maga, en la edición del 27 de mayo de 1992, el periodista Carlos Ares reflexionaba: “Pero usted mismo a veces se pone a la defensiva, como si no se creyera un buen escritor. El año pasado dijo: Yo estoy en el borde de la literatura”. Y el entrevistado respondió: “Eso lo dije en la Facultad de Letras, ante un auditorio hostil. La Facultad de Letras forma gente para entender la literatura de una manera, no de varias. Ciertos sectores que se formaron allí son lo menos pluralista que yo conozco. Salen como hechos por un molde y se encuentran con esto: un sujeto que viene de otro lugar, que no es de la literatura, que no pasó por la facultad, que no ha hecho la carrera de las artes, que viene del interior, que escribe y que tiene lectores y valores diferentes... eso genera una hostilidad. Frente a eso yo trataba de explicarme con sinceridad, sin hipocresía. No soy el primero que viene de otro lugar. Fue Camus el tipo que dijo que ‘en una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos. El que no entienda eso, no entenderá nada de literatura...’. Ahora, claro, una cosa es que lo diga Camus y otra que lo diga yo. Entonces uno se siente como alguien raro frente a los que te reclaman las razones a las que obedece tu literatura, el proceso de creación”.

Unos meses antes, el 26 de diciembre de 1991, el suplemento “Cultura y Nación” del diario Clarín titulaba en la página 12: “Yo camino por la cornisa de la literatura”, una frase textual de Soriano. La entrevista fue firmada por Telma Luzzani e Hinde Pomeraniec. En el encabezado de la página se anunciaba: “En un reportaje público, Osvaldo Soriano habló de técnicas y motivaciones a la hora de escribir”. Y un pequeño copete completaba la información: “En el ciclo: ‘Conversaciones en Puán’, Osvaldo Soriano se reunió con los estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA; niño mimado del éxito de librerías y huérfano del éxito de la crítica especializada, Soriano se animó como visitante y resistió firme, amparado en la fuerza de los que llegan atropellando”.

Tras la lectura de la entrevista, no queda claro si lo que se reproduce es un fragmento de aquella charla pública o una conversación entre el escritor y las dos periodistas, antes o después de la presentación académica. Pero eso no interesa a los fines de la polémica entablada en Radar.

No hay duda de que Soriano estuvo en persona en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y que, según su relato y el de Clarín, fue maltratado. Faltan nombres propios. Seguramente podrán conocerse si alguien responde a otra pregunta sencilla: ¿quién organizó ese ciclo universitario de fines de 1991?




Termino de armar el post, y recuerdo unas palabras del gran escritor Ricardo Piglia,a proposito de Roberto Arlt (Respiración artificial)

"cualquier maestra de primer grado podrìa corregir su ortografìa, ninguna producir texos con su fuerza)"



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3605-2007-02-11.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3656-2007-03-06.html
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