Encontré este texto, impreso y pegado en una pared en una pequeña casa de comidas en San Javier, Córdoba, cuya dueña es una gran artista plástica (Gracias, Carmen Cuenca!!!!!). Luego, buscando en la red, lo encontré citado y lo elegí como mi primer post.
Esta es la historia de un macabro personaje de la mitología griega, Procusto, que inevitablemente nos refiere a nuestra cotidiana intolerancia a aquellos que son diferentes, que piensan distinto.
¿Por qué nos molesta a veces lo diferente? Puede ser porque lo desconocemos o puede ser por todo lo contrario: algo del diferente habita en nosotros, alguna de sus características (que consideramos reprochables) es parte de nuestra personalidad, pero no lo toleramos, lo negamos, lo proyectamos en otros y así, más tranquilos con nosotros mismos, podemos "odiarlo" en el otro, porque es el otro el que tiene esas características que rechazamos. Bien lo explicó Jung (un discípulo de Freud que, en mi opinión, después se fue un poco por las ramas), cuando hablaba de "la sombra"...
Ahí va el texto, espero que les guste:
Procusto
Es un gran molestador. Tenía una estatura y fuerza prodigiosa. Atraía a su oscura mansión a los caminantes para robarles y, al mismo tiempo, hacerles sufrir atroces suplicios. Procusto acostaba a sus víctimas en un lecho de hierro y las sujetaba con firmeza. Si las piernas de sus prisioneros excedían los límites de la cama, cortaba de un hachazo la parte sobrante. Si, por el contrario, las piernas eran menores que la extensión del lecho fatal, las extendía hasta que diera la longitud exacta del perverso tálamo. Este cruel uniformador social reducía a cualquiera que se animase a tener una altura diferente de sus dimensiones preferidas y exactas. Es el famoso salteador de la mitología griega (hijo de Poseidón) que atacaba indiscriminadamente a todos los peregrinos desprevenidos, mutilaba tanto a altos como a pequeños, simplemente porque no daban cabal cumplimiento a un modelo sin compasión ni criterio diferenciador. Por lo tanto, Procusto, constituye el paradigma perfecto de la vulgarización de la mediocridad y de todas las cárceles mentales en las que suele aprisionarnos la estudipez organizada. Así se pervierten los ideales: en el mero conformismo por coacción, que conserva raíces procustianas. En la tiranía ética e intelectual ejercida por personas autoritarias que no toleran percepciones ni juicios que no sean exactamente como las de sus propios criterios.
También, en la roca del autoritarismo se han estrellado todas las escuelas, al tiempo que el pensamiento creador y las iniciativas innovadoras han tenido su castigo pertinente por subversión.
Procusto vive. Está presente en los abusos del poder, en las conductas invasoras e impertinentes, en la falta de comunicación y convivencia armoniosa. No existen dos individuos iguales, ni dos impresiones digitales idénticas, ni dos tréboles silvestres. Porque buscamos la uniformidad como única forma de interrelación humana. Así sometemos a la inteligencia en la formación de los niños y jóvenes en los esquemas de la propia autoestimulación que sufrimos por moldes de época, de moda ocasional, como fueron las ventosas obligatorias en la medicina casera u oficial.
Procusto sigue viviendo, no ha menguado su fortaleza, vigila; no puede ni sabe perdonar. Si pierde el goce del control, muere y no desea ese destino. Prefiere matar. La inteligencia radica en la habilidad social de aprender a convivir con lo distinto, no con lo uniforme. Allí reside el punto de armonía con el conflicto. Procusto está tan loco como vigente. Es en la armonía de las diferencias donde la vida ofrece, generosamente, sus perlas más bellas.
Enrique Mariscal
Lo encuentran en la página 16 en el siguiente
Esta es la historia de un macabro personaje de la mitología griega, Procusto, que inevitablemente nos refiere a nuestra cotidiana intolerancia a aquellos que son diferentes, que piensan distinto.
¿Por qué nos molesta a veces lo diferente? Puede ser porque lo desconocemos o puede ser por todo lo contrario: algo del diferente habita en nosotros, alguna de sus características (que consideramos reprochables) es parte de nuestra personalidad, pero no lo toleramos, lo negamos, lo proyectamos en otros y así, más tranquilos con nosotros mismos, podemos "odiarlo" en el otro, porque es el otro el que tiene esas características que rechazamos. Bien lo explicó Jung (un discípulo de Freud que, en mi opinión, después se fue un poco por las ramas), cuando hablaba de "la sombra"...
Ahí va el texto, espero que les guste:
Procusto
Es un gran molestador. Tenía una estatura y fuerza prodigiosa. Atraía a su oscura mansión a los caminantes para robarles y, al mismo tiempo, hacerles sufrir atroces suplicios. Procusto acostaba a sus víctimas en un lecho de hierro y las sujetaba con firmeza. Si las piernas de sus prisioneros excedían los límites de la cama, cortaba de un hachazo la parte sobrante. Si, por el contrario, las piernas eran menores que la extensión del lecho fatal, las extendía hasta que diera la longitud exacta del perverso tálamo. Este cruel uniformador social reducía a cualquiera que se animase a tener una altura diferente de sus dimensiones preferidas y exactas. Es el famoso salteador de la mitología griega (hijo de Poseidón) que atacaba indiscriminadamente a todos los peregrinos desprevenidos, mutilaba tanto a altos como a pequeños, simplemente porque no daban cabal cumplimiento a un modelo sin compasión ni criterio diferenciador. Por lo tanto, Procusto, constituye el paradigma perfecto de la vulgarización de la mediocridad y de todas las cárceles mentales en las que suele aprisionarnos la estudipez organizada. Así se pervierten los ideales: en el mero conformismo por coacción, que conserva raíces procustianas. En la tiranía ética e intelectual ejercida por personas autoritarias que no toleran percepciones ni juicios que no sean exactamente como las de sus propios criterios.
También, en la roca del autoritarismo se han estrellado todas las escuelas, al tiempo que el pensamiento creador y las iniciativas innovadoras han tenido su castigo pertinente por subversión.
Procusto vive. Está presente en los abusos del poder, en las conductas invasoras e impertinentes, en la falta de comunicación y convivencia armoniosa. No existen dos individuos iguales, ni dos impresiones digitales idénticas, ni dos tréboles silvestres. Porque buscamos la uniformidad como única forma de interrelación humana. Así sometemos a la inteligencia en la formación de los niños y jóvenes en los esquemas de la propia autoestimulación que sufrimos por moldes de época, de moda ocasional, como fueron las ventosas obligatorias en la medicina casera u oficial.
Procusto sigue viviendo, no ha menguado su fortaleza, vigila; no puede ni sabe perdonar. Si pierde el goce del control, muere y no desea ese destino. Prefiere matar. La inteligencia radica en la habilidad social de aprender a convivir con lo distinto, no con lo uniforme. Allí reside el punto de armonía con el conflicto. Procusto está tan loco como vigente. Es en la armonía de las diferencias donde la vida ofrece, generosamente, sus perlas más bellas.
Enrique Mariscal
Lo encuentran en la página 16 en el siguiente
Cita:http://www.ccas.org.ar/publica/cuadernillos/cuadernillo01.pdf