
Tu sonrisa pervierte mi fe.
Arrodillada irredenta frente a tu sombra
sometiendo mis sentidos a tus instintos.
Los Dioses todos, me restaran sus favores
al descubrirme hincado ante tu templo
ofrendando lágrimas desde mis heridas.
¡Que sublime poder tienes para vencer mi voluntad!
Tiras por tierra mis creencias, mis virtudes
volviéndome esclava de tus deseos irrefrenables.
¿Será tu boca siempre volcán en erupción,
trastocando en su lava ardiente mis besos,
talando inclementes las parcelas de mi cuerpo
O tal vez tus manos esculpiendo en mi espalda
movimientos de olas embravecidas.
Tal vez la seda de tus manos, cinceles volátiles,
deslizándose sobre mi piel.
Quizá sean tus ojos de mirada penetrante.
Misterios con destellos oscuros de lujuria
estremeciéndome hasta los huesos.
O la dulce ondulación de tu cuerpo sobre el mío
péndulo que hipnotiza, sin destino naufrago
por los acantilados de tus brazos.
¡Demonio!
Atrapada en tu infierno,
el alma cruelmente se calcina.
Muero prisionero de la hoguera
y, a mi pequeño ángel de la guarda
oigo derrumbarse a mis espaldas.
Desde el oscuro fondo de la certeza
Sabía…
Sabía tal vez por las palabras
de aquel nuevo idioma que comenzaste
a hablar y no entendía.
Quizás desde el áspero y torpe
deslizarse de tu mano por mi espalda.
A lo mejor por esa mirada lejana
o los largos silencios espesos
que se cerraban como pulseras.
Sabía…
sabía sin saber que lo sabía.
Mi piel se rasgó como un lienzo
demasiado expuesto al sol,
tu mano ya no desfloraban caricias
era un roce despiadado, mecánico,
bajo una mirada distraída
sin temblores ni deseo.
Comprendí que ya no estabas aquí,
que solo eras una sombra
bamboleándose sobre mi cuerpo,
en silencio abrí la ventana
corrí la cortina para perderte
en la oscuridad gélida de la noche.
Deja en la cara oculta de la luna
Esa carta de amor que me escribiste
Ese poema inconcluso
La tarjeta no enviada para mi aniversario
Deja la rosa que se marchitó
En tu mesa de noche sin entregármela
Déjame los besos que nunca me diste
Y el manojo de llaves que abren tu corazón
Mañana es luna llena subiré por ellos
Cuando el silencio y las sombras
cubran la ciudad
¡Ah y no olvides de dejar el mapa
que me lleve a tu guarida!
