En 1953, el ingreso por persona de Corea era 70 dólares; su economía dependía 44% de la agricultura, y 62% de la población trabajaba en esta actividad. En el mismo año, el ingreso del ecuatoriano fue 150 dólares anuales, mas del doble del coreano, la agricultura representaba 32% del producto interno bruto y 40% de la población laboraba en esta actividad. Medio siglo mas tarde, Corea del Sur tiene un ingreso por habitante mas de 4 veces que el de Ecuador, es un país que dejo atrás el subdesarrollo, su economía produce bienes de alta tecnología y el porcentaje de población dedicada a la agricultura es mínimo.Cincuenta años después, Ecuador continua en el tercer mundo, sigue exportando bienes primarios y la agricultura, con 30% de la fuerza laboral, se mantiene como la principal fuente de trabajo para el ecuatoriano.En 1960 Samsung era una empresa muy pequeña y Hyundai, todavía no había nacido. Actualmente la primera se encuentra en el puesto 46 entre las corporaciones más grandes del mundo, con ventas similares al doble del producto interno bruto del Ecuador y la segunda, es el séptimo fabricante de vehículos más grande del mundo. Habiendo vendido 1300000 carros (incluidos los de la subsidiaria Kia), en el 2004 sobrepaso a Peugeot-Citroen. Para el 2010 tiene planeado vender 5000000 de unidades, lo que la ubicara en quinto lugar, por encima de Volkswagen. En 1960, la empresa mas grande de Ecuador no vendía mas de 50 millones de dólares, actualmente factura 500 millones de dólares, menos del 1% de las ventas de Samsung.Al observar los caminos tan distintos seguidos por dos países conviene preguntarse si la cultura tiene la misma influencia en todas las sociedades, si algunos rasgos culturales promueven el desarrollo económico a rasgos culturales inmutables y si son autónomos el desarrollo económico y la cultura.Es evidente que los valores culturales son muy importantes en el crecimiento de los pueblos. Los primeros seres humanos son originarios de África, sin embargo e el continente mas atrasado del mundo; el progreso es muy lento en América Latina donde el libre mercado y la democracia no han funcionado.Desde hace dos décadas se realizan investigaciones en prestigiosos centros de estudios a nivel mundial para determinar el impacto de la cultura en la economía. Las conclusiones son claras e irrefutables. Hay sociedades dinámicas y otras estáticas. En las primeras se encuentran las asiáticas, donde prevalecen el alto sentido de orden y propósito, actitud positiva hacia la educación y respeto a la enseñanza, preocupación por el detalle, obsesión con la precisión, elevada ética en el trabajo, extraordinaria capacidad de adaptación, gran disciplina, integridad empresarial, desinterés por la ostentación, trabajo incansable, inclinación al ahorro, amplitud mental a las nuevas ideas, respeto a la autoridad, costumbre de rendir cuentas, elevado sentido de honestidad y auto dependencia.Los rasgos antes mencionados se encuentran en poblaciones como Corea del Sur y Japón pero lamentablemente escasean en los sudamericanos. Esto explica porque los asiáticos tiene comportamiento competitivo y nosotros no, porque ellos ven al arduo trabajo como la única garantía para alcanzar el merito y los sudamericanos mejoran gracias a “los amigos” y “recomendaciones”. Para ellos, le educación, investigación y la salud son inversiones fundamentales, usadas para alimentar el cerebro que va a generar inmensas posibilidades en el futuro. Para nosotros no tienen importancia, como lo demuestra cualquier presupuesto de Estado.Un mexicano-japonés al preguntársele las diferencias entre ambas culturas, afirmaba: “los mexicanos van a los templos a pedir y esperar, en el Shintoismo, los japoneses van a ofrecer” y ofrecen muy bien hacer los mejores bienes del mundo. En toda actividad productiva que se han metido no han tenido rival. Lo hicieron con los electrodomésticos y actualmente lo hacen con los automóviles. Toyota se ha convertido en el segundo fabricante más grande del mundo, después de General Motors, y sobrepasaría a esta empresa en el 2010.Los asiáticos tienen una visión del mundo y de la vida muy diferente a la de los latinoamericanos. Ellos siempre están buscando la “tierra incógnita”, son los exploradores de la segunda mitad del siglo XX y del XXI. En la búsqueda, se interesan por las ventajas materiales, mostrando deseos insaciables de acumular, fomentan el interés propio y apoyan el cambio e innovación. Los latinos, en cambio, ponen énfasis en la suerte, el culto a las personalidades, el estatus, y la figuración. Si es posible cambiar los valores culturales, otras sociedades lo han hecho.
Fuente:Sección Análisis, Diario El Universon, Ecuador. Escrito por Guillermo Arosemena Arosemena.
Fuente:Sección Análisis, Diario El Universon, Ecuador. Escrito por Guillermo Arosemena Arosemena.