Entre montes, por ásperos caminos,
tropezando con una y otra peña,
iba un viejo cargado con su leña,
maldiciendo su misero destino.
-¡Que venga la muerte, que venga la muerte y me lleve!
Armada de guadaña en esqueleto,
la muerte se le ofrece en aquel punto,
mas el viejo temiendo ser difunto,
lleno mas de temor que de respeto.
-¡Señora, señora...!- le decía balbucean te-
Yo la llamaba a usted desesperado.
-¡Pero habla! ¿que quieres desdichado?
-¡que me cargue esta leña solamente!