''La música es el sonido de la vida''
Líder de La Tabaré desde sus inicios, Tabaré Rivero cuenta por qué la dictadura fue ''el momento justo'' para la banda y cómo evita ''hacer jingles de shampoos''.
Líder de La Tabaré desde sus inicios, Tabaré Rivero cuenta por qué la dictadura fue ''el momento justo'' para la banda y cómo evita ''hacer jingles de shampoos''.
Autor: Sofía Pérez
¿Cuál fue tu formación como artista?
Mi padre era actor y escritor de teatro, yo me crié viéndolo escribir radioteatros. Él escribía los episodios y hacía la puesta en escena, después presentaba las obras por todo el interior y yo lo acompañaba. También muchas veces hizo comedia musical, tanguera o de música folklórica, y eso es lo que más me gustaba, ver cómo afinaban los músicos… En un momento de mi vida quise aprender a tocar el bandoneón y no me dieron bola. Mi tía me enseñó a tocar un poco la guitarra y ahí empecé con la eléctrica. Quise formar un conjunto de música beat y lo armé cuando tenía 13 años, pero nunca estuve muy seguro de qué hacer con mi vida hasta los 21, que entré a la Escuela Municipal de Arte Dramático. Además, egresé del Teatro Circular.
¿Cuánto te influenció la comedia musical?
Me influenció desde todo punto de vista. A mí la música siempre me interesó mucho más que el teatro.
Para pensar en teatro tengo que leer un libro o ir a una función, en cambio la música la tengo constantemente, la música es el sonido de la vida. Aunque estudié música no profundicé demasiado, pero escuché tanta música, presté tanta atención a diversos estilos de música que me considero un estudiante, de alguna manera, un autodidacta.
¿Te pareció difícil hacerte conocer como artista en 1985?
No, era el momento justo. Ya había armado bandas en el año ’75 y en el ‘82, pero no era el momento indicado. Era la dictadura y no había público para nada; las canciones que uno cantaba podían ser malinterpretadas y corrías el riesgo de ir preso. Pero en el ‘85 fueron los primeros albores del rock uruguayo y justo encajamos. Armé una banda para hacer un concierto en el Circular y, con solo tres días de anticipación, se agotaron todas las entradas. Grabé un demo, lo mandé a una radio y lo pasaban todo el día, habíamos tocado solo tres veces y la gente ya se sabía las canciones, un éxito rarísimo. Después tuvimos varios fracasos, pero ese principio fue maravilloso.
¿Te gusta que los fanáticos de La Tabaré sean de culto?
No me gusta mucho la palabra ‘fanáticos’, porque eso implica que les gusta hasta la ropa que uso. No quiero generar fanatismos donde se entienden cosas que no son. Sí me gusta que a la gente le gusten las canciones y que entiendan que La Tabaré no es solo moda, sino que es una banda con respeto por el arte dramático, por el arte escénico, por la canción, por la canción popular, por la poesía, por todo eso… Si entienden eso, mejor.
También hay gente que entiende que La Tabaré son cuatro o cinco canciones, nada más, y eso también está bueno. A mí me gustaría ser menos “famoso” yo y que sean más famosas mis canciones.
¿Los cambios de integración benefician a la banda?
El sueño de mi vida era una banda como los Beatles, que seamos cuatro o cinco fijos y que fuéramos del mismo barrio, del mismo liceo, que nos gustara la misma música y seguir juntos. Nunca pude, ni desde la primera formación de La Tabaré: nosotros teníamos distintas edades, distintas clases sociales, distintos barrios, distintos gustos musicales, y por eso nunca pude forma una banda con un espíritu único. Pero sí logré que no sea un solista, a pesar de que cambien los músicos siempre es una banda.
Es por eso que creo que los cambios no nos perjudican, al contrario, creo que hacen que nuestros discos sean siempre distintos a los anteriores: con propuestas distintas y que suenen de acuerdo a los años en los que fueron grabados y a la situación socio-política del momento.