Luis tenía una casa muy amplia y alojaba a toda persona que estaba de paso por Karkemish. Con mucha atención escuchaba los relatos de estas personas. Ellos decían, que caminando hacia el Este existía otro río llamado Tigris y junto al río, una ciudad mucho más grande que Karkemish. Una ciudad nunca antes vista por esos lugares, con grandes avenidas, palacios, templos y monumentos. Cada vez que llegaba un nuevo viajero que venía del Este, Luis preguntaba por la ciudad, los nuevos relatos lo entusiasmaron y decidió conocer la ciudad.
Un día, del primer mes Nīsannu, que se iniciaba con el equinoccio de primavera, Luis se despidió de todos los pobladores de Karkemish. Cruzó el río Éufrates. Caminó todo el vasto ancho del norte de Mesopotamia. Llegó a las orillas del río Tigris y vio la ciudad.
Todo era como le habían contado. La ciudad tenía una longitud de aproximadamente 50 kilómetros a lo largo del cauce oriental del río. Emocionado vadeó el río Tigris y entró a la ciudad.
Nínive fue una importante ciudad asiria, llegó a convertirse en una de las ciudades antiguas más grandes de la historia. Con una anchura mayor de 20 kilómetros, desde el río hasta las colinas del este.
Luis, demoró cinco días en recorrer las calles de norte a sur y seis días para caminar las calles de este a oeste. Admiró la construcción de los edificios y de los templos, los bloques de arcilla bellamente estampados, los monumentos a la trinidad sumeria, Enlil, Enki y Anu.
A los pocos meses de su llegada, Luis aprendió a leer y a escribir en el alfabeto cuneiforme y se inició como un obrero de la construcción.
Con el paso de los años, Luis fue reconocido como un buen artesano en la fabricación de bloques de arcilla, construcción de edificios y por los relatos que escribía. Lo contrataron como constructor y escritor. Un día, mientras almorzaba junto a otros artesanos, escuchó esta leyenda.
El dios Enlil, hastiado del ruido que provocaban los habitantes de la tierra, decidió eliminar a toda la especie humana a través de un diluvio.
Enki, se apiada de los humanos y advierte al sabio Utnapishtim del desastre que se avecina, le aconseja que fabrique un barco y que guarde en él una pareja de cada especie animal de la tierra. El sabio construyó el barco y así salvó a la humanidad.