Luis era un experto en la utilización del sello cilíndrico para estampar los bloques de arcilla, aprendió su utilización cuando visitó Uruk, el lugar del nacimiento del sello cilíndrico, del cálculo y de la contabilidad.
El diseño arquitectónico de Luis era innovador. Sus construcciones eran admiradas por su simplicidad y decoración. Fue uno de los artesanos que participó en casi todas las construcciones de la ciudad.
Luis admiraba la religiosidad de los habitantes de Mesopotamia, siempre que podía, le gustaba escuchar a los pregoneros cuando narraban estas leyendas. Una de estas leyendas que escucho en Uruk, cuenta que los ciudadanos de esta ciudad pidieron ayuda a los dioses, porque vivían oprimidos por el rey.
Los dioses enviaron a la ciudad a un guerrero llamado Enkidu para que luchara contra el rey.
En la lucha vence el rey y Enkidu reconoce a Gilgamesh como verdadero rey. Los dos se hicieron amigos y juntos deciden hacer un largo viaje en busca de aventuras. En este viaje se enfrentan a toda clase de animales fantásticos y peligrosos.
Al regreso del viaje, la diosa Inanna, que había cuidado y protegido la ciudad, le declara su amor a Gilgamesh, pero él la rechaza y provoca la ira de la diosa. En venganza, la diosa envía el Toro de las tempestades para destruir a los dos amigos y a la ciudad entera. Gilgamesh y Enkidu matan al toro y los dioses se enfurecen por este hecho y castigan a Enkidu con la muerte.
Gilgamesh muy apenado por la muerte de su amigo recurre al único humano inmortal, para pedirle que le otorgue la vida eterna. El sabio Utnapishtim, le dice que el otorgamiento de la inmortalidad a un humano no volverá a repetirse porque ya había sucedido en el Diluvio Universal. Los dioses habían concedido la inmortalidad a él y a su esposa.
La esposa de Utnapishtim, se compadece de Gilgamesh y le pide a su esposo que le diga donde localizar la planta de la juventud eterna pero no de la vida eterna.
El sabio revela que la planta está en lo más profundo del mar.
Gilgamesh decide ir buscarla y la encuentra.
De regreso a Uruk, Gilgamesh decide tomar un baño y deja la planta a un lado.
Mientras se bañaba, una serpiente se come la planta.
Gilgamesh llega a Uruk, donde finalmente muere y las serpientes vuelven a la juventud cada vez que cambian de piel.