Todo visitante que llegaba a la ciudad extensa y poblada, esplendorosa y dinámica, quedaba maravillado al contemplar las imponentes murallas que protegían la ciudad, el elaborado sistema de 18 canales llevaba el agua desde las colinas hasta Nínive, las entradas principales adornadas por toros con cabeza humana, las amplias calles y plazas, los palacios fabulosos con esculturas en todas sus paredes, los templos dedicados a Sin, Nirgal, Inanna, Shamash, Ishtar, y Nabu.
Los ninivitas vivían buscando siempre el placer de los sentidos corporales y para obtener este placer, lo hacían con violencia, pero Luis siguió viviendo según su rutina diaria, como lo hizo durante miles y miles de años, placeres sencillos, satisfecho con su suerte, vivir cada día con serenidad y alegría. Un día, Luis escuchó a un pregonero, decía ser enviado por Dios, el Dios de los dioses ninivitas. El pregonero recorría las calles anunciando la destrucción de la ciudad, para evitar esta destrucción, los habitantes debían de arrepentirse y cambiar su conducta hedonista y violenta. El pregón también fue escuchado por el rey de Nínive.
El rey se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Mandó proclamar el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, deberán probar bocado, no coman ni beban agua; vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos". Los ninivitas ayunaron y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Dios se arrepintió de las amenazas que había hecho y no destruyó ni a los habitantes ni a la ciudad.
Cientos de años después, cuando Luis ya se encontraba en Ur, los babilonios y los medos se unieron para invadir la ciudad. El asedio duró mas de 3 meses, atacaron simultáneamente toda la muralla para debilitar la defensa asiria, desviaron el curso del río Khosr y cuando el río se secó, por el cauce seco entraron a la ciudad. Nínive fue arrasada hasta los cimientos. El imperio asirio llegó a su final. Los babilonios y los medos se repartieron las provincias.